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Alcahuete



Se llama alcahuete o alcahueta a quien facilita los encuentros amorosos y a quien trabaja para otra persona con el fin de conseguir esas relaciones. Por tanto, la acción de alcahuetear es la de hacer de mediador o encubridor de relaciones sexuales ilícitas. Es un término dado en la edad media y que normalmente en aquella época, se refería a una persona mayor de edad la cual interfería en asuntos particulares de otros con la intención de sacar provecho económico.[1]​ También se llama alcahuete, al telón más pequeño que se emplea en el escenario de un teatro, para representar un entreacto corto.[2]​ Un alcahuete era cada una de las dos o tres personas que en la Cataluña Vieja estaban encargadas de ir a buscar la novia a su casa y acompañarla hasta la iglesia donde se iba a celebrar el casamiento.[3]

La palabra procede del árabe «Al-qawwád (mensajero)», este mensajero era el encargado de regalar un caballo al marido de la mujer que otro personaje quería conquistar, así se ganaba la simpatía del marido y le era más fácil acercarse a su amada.[4]​ El escritor árabe cordobés Ibn Hazm en su obra Tawq al-hamāma o El collar de la paloma (1023) trata el tema del amor, donde aparece el personaje del «mensajero».[5]​ En el siglo XIII ya era una palabra usada, e incluso se puede encontrar en los escritos alfonsíes, fue entonces cuando poco a poco pasó a una acepción cada vez más negativa: «alcahudete que enganna las mugeres sonsacandolas fazen les fazer maldad de sus cuerpos»[6]

En obras literarias españolas, desde la edad media, se refleja en muchas de ellas la situación social que se vivía, y el personaje de alcahueta es uno de los que se solía transcribir con bastante frecuencia. Uno de los primeros autores españoles en incluirla en su obra Libro del buen amor (1330-1343), fue el arcipreste de Hita, que al relatar los amores tenidos en su propia autobiografía ficticia, narra la ayuda recibida por la alcahueta o «trotaconventos» y recomienda la búsqueda de una «buena medianera» para estas intervenciones.[5]

Un sinónimo generalizado de alcahueta es «celestina»,[7]​ nombre de la obra La Celestina atribuida a Fernando de Rojas del año 1499 (su primera edición). En ella, la alcahueta Celestina, es uno de los principales personajes que interviene en el trama de los amores de Calisto y Melibea, donde se demuestra entre otros «dimes y diretes» la extrema avaricia que se suele atribuir a todas estas personas dedicadas a estos menesteres.[8][5]

Miguel de Cervantes en El Quijote (1605), se refiere al oficio de alcahuete de un condenado a galeras «por haber sido corredor de oreja, y aun de todo el cuerpo, en efecto quiero decir que este caballero va por alcahuete», disertando de esta manera:

En 1795, José Berni y Catalán escribió sobre los «alcahuetes», explicando entre otras curiosidades que de ellos había cinco clases o maneras:

Un caso muy sonado habría ocurrido en el Perú colonial, precisamente en Trujillo, el caso de la señora Catalina Rodríguez acusada y procesada por alcahueta y hechicera[9]



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