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Alpha Tauri



Aldebarán (Alfa Tauri / α Tau / 87 Tauri / HIP 21421)[1]​ es la estrella más brillante de la constelación de Tauro («El Toro») y la decimotercera más brillante del cielo nocturno. De magnitud aparente +0,85, es de color rojo anaranjado. Aunque visualmente parece ser el miembro más brillante del cúmulo abierto de la Híades, en realidad no forma parte del mismo y simplemente está en la misma línea de visión. Junto a Sirio (α Canis Majoris) y Arturo (α Bootis), permitió a Edmund Halley descubrir el movimiento propio de las estrellas mediante la comparación de sus posiciones de entonces con las que figuraban en los catálogos antiguos.

El nombre Aldebarán proviene del árabe الدبران, al-dabarān, cuyo significado es «la que sigue», en referencia a que esta estrella sigue al cúmulo de las Pléyades en su recorrido nocturno a través del cielo. Numerosas fábulas populares la utilizan para designar al hombre y a la mujer perseverante que no acepta derrota.

Ptolomeo la llamó "portador de la antorcha",[2]​ y en griego también recibió el nombre de Omma Boos, nombre que más tarde fue traducido literalmente al latín: Oculus Tauri (ojo del toro). En el siglo XVII, el astrónomo Giovanni Riccioli la denominó más específicamente Oculus Australis («ojo del sur»).[3]

En Persia la estrella era conocida como Taschter. El astrónomo persa Al Biruni citaba Al Fanik («el camello semental»), Al Fatik («el camello gordo») y Al Muhdij («el camello hembra») como nombres indígenas árabes para esta estrella. En la antigua Roma recibía el nombre de Palilicium, término que proviene de Palilia o Parilia, la fiesta de Pales, divinidad pastoril de la mitología romana. El título de Hrusa designaba a esta estrella en la antigua Bohemia.[3]

En astronomía hindú se identifica con la nakshatra —mansión lunar— de Rohini, y es una de las veintisiete hijas de Daksha y la esposa del dios Chandra.[3]

Situada a 65,1 años luz de distancia,[4]​ Aldebarán es una estrella gigante naranja de tipo espectral K5III con una temperatura superficial de 4010 K.[5]​ Al estar cerca de la eclíptica es ocultada por la Luna periódicamente y, gracias a ello, se ha podido medir su diámetro angular, 0,020 segundos de arco, lo que conduce a un radio 44 veces mayor que el radio solar. Situada en el lugar del Sol, se extendería hasta la mitad de la órbita de Mercurio, y en el cielo de la Tierra aparecería como un disco de 20° de diámetro. Su velocidad de rotación proyectada es de 5,2 km/s, por lo que su período de rotación puede ser de hasta 400 días.[6]

Aldebarán es 425 veces más luminosa que el Sol pero su masa es solamente de 1,7 masas solares; dado el enorme tamaño de esta estrella, su densidad media resulta ser muy inferior a la del Sol. A diferencia de la mayor parte de las gigantes naranjas, que en su núcleo están fusionando helio en carbono y oxígeno, Aldebarán se hallaría en un estado preliminar en el que su núcleo todavía inerte de helio estaría en el proceso de contraerse y calentarse, provocando que, en conjunto, la estrella se expanda y aumente en brillo. Está empezando a perder masa por medio de un viento estelar que envuelve la estrella hasta una distancia de 100 ua. Dentro de solo unos pocos millones de años, la estrella alcanzará una luminosidad 800 veces mayor que la del Sol, momento en el que comenzará la quema del helio y se frenará la contracción del núcleo, lo que conllevará una disminución en su brillo.[6]​ Aldebarán está catalogada como una variable pulsante irregular, con una fluctuación del brillo de 0,2 magnitudes.[7]

Aldebarán es un sistema binario: la estrella gigante tiene una compañera lejana y pequeña, Aldebarán B, de magnitud +13,50. Es una enana roja de tipo espectral M2V, cuya masa puede ser tan solo el 15 % de la masa solar y su radio el 36 % del radio solar. Su separación actual de Aldebarán A es de 609 ua.[8]

En la actualidad la sonda Pioneer 10 se dirige hacia Aldebarán, a donde llegará dentro de 1 690 000 años.

En 1997 se anunció el descubrimiento de un planeta gigante, Aldebarán b, de unas 9,5 masas de Júpiter, en órbita alrededor de la estrella principal. El descubrimiento fue dudoso y no fue confirmado hasta 2015. De hecho es difícil detectar la existencia de un compañero subestelar en torno a una estrella muy evolucionada como Aldebarán, ya que las estrellas gigantes, al ser muchas veces estrellas pulsantes, muestran oscilaciones en su velocidad radial análogas a las causadas por la presencia de planetas.[8]



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