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Armenia zakárida



La Armenia zakárida, Armenia zacárida, Armenia de los zacarianos o Armenia de los Zakarian (en armenio, Զաքարյան Հայաստան) es el nombre utilizado para designar los territorios armenios dados en feudo por la reina Tamar de Georgia a los miembros de la familia de los Zakarian, en 1201. Después de la toma de Ani por los mongoles en 1236, la soberanía de estos últimos sustituyó a la georgiana. Los Zakarian se mantuvieron con dificultad hasta los años 1330, cuando Armenia cayó en manos de tribus turcomanas y desaparece de las fuentes históricas hacia 1360. Estrictamente, el «periodo zakárida» cubre solamente la primera mitad del siglo XIII, y acaba hacia finales 1260.[1]

Durante el reinado de los príncipes zakáridas, estos territorios disfrutaron de una estabilidad relativa que permitió a las ciudades armenias enriquecerse. Se fundaron también varios monasterios, y tuvo lugar un verdadero renacimiento. A su caída, la región del Reino de Armenia conoció un nuevo periodo sombrío de su historia.

Desde el final del siglo X, los reinos bagrátidas y artsruni de la región de la Gran Armenia fueron cayendo en manos de los bizantinos: Taron en 968,[2]Tayk en 1001, Vaspurakan en 1021[3]​ o 1022,[4]Ani en 1045 y Kars en 1065;[5]​ solo Lori escapó a la expansión imperial.[6][7][7]​ Este dominio bizantino, de corta duración, propició la marcha del grueso de la nobleza armenia a Anatolia y Cilicia;[7]​ la amenaza selyúcida despuntaba ya.

La primera incursión de estos se produjo en 1045-1046, y siguieron muchas otras; el 16 de agosto del 1064, el sultán Alp Arslan tomó Ani.[8]​ La mayor parte de Armenia sucumbió entonces a los asaltos selyúcidas, excepto Lori y Syunik';[9]​ la batalla de Manzikert, en 1071, confirmó la conquista de Armenia, así como la separación geográfica entre Bizancio y la región.[10][11]​ Esta se integró en la Persia selyúcida y se confió a diferentes emires instalados principalmente en Dvin y Ganja;[12]​ los últimos reductos (Lori y Syunik') quedaron sometidos en el siglo XII.[13]​ Una parte considerable de la población que había sobrevivido a estas incursiones emigró a Capadocia, e incluso más lejos, a Polonia y Galicia,[14]​ mientras que en todo el Cáucaso se produjeron —hasta el siglo XV— diversas oleadas de inmigración de pueblos turcos.[15]

En la misma época y aprovechando la desmembración del Imperio selyúcida, los Bagrationi de Georgia, David IV y Jorge III, ayudados sobre todo por los najarark refugiados en su reino, comenzaron a apoderarse de la Armenia septentrional.[14][16]​ En 1118, conquistaron Lori y Ajtala; Ani cayó en su poder temporalmente en 1123.[17]

En el seno de la corte georgiana, una familia armenia, los Zakarian, antaño vasalla de los reyes de Lori y que había traspasado su lealtad a los Bagrationi georgianos, destacaba entre la nobleza del reino y adquirió una influencia determinante en ella durante el reinado de la reina Tamar; los hermanos Zakarê y Iván Zakarian obtuvieron respectivamente los títulos de amirspadalar («jefe de la caballería») y atabeg («padre del principe»).[16]​ Lograron conquistar una parte importante del territorio de la Gran Armenia: tomaron Amberd en 1196, la llanura de Ayrarat y Ani en 1199, Dvin en 1203, derrotaron a Süleyman II Shah, sultán de Rum, en 1204 y alcanzaron el margen septentrional del lago de Van en 1208-1209; sometieron igualmente a tributo a los emires de Karin (Erzurum) y de Yerzenka (Erzincan).[18][16]

La reina les otorgó entonces en feudo estos territorios armenios: Zakarê gobernó Ani e Iván, Dvin, ambos con el título de rey.[19]​ Aunque nominalmente bajo soberanía georgiana, esta «Armenia zakárida», que se extendía de Artsaj a Kars, gozaba de amplia autonomía.[20]​ Este periodo relativamente apacible y de recuperación no estuvo exento sin embargo de disputas con la nobleza, entre las que destacaron los enfrentamientos entre los Zakarian y los Orbelian de Syunik'.[20]​ En todo caso, los Zakarian no controlaban directamente el conjunto de sus territorios: además de los que gobernaban las antiguas familias de najarark —a las cuales les ligaban a menudo lazos matrimoniales (sobre todo con los Artsruni, familia a la que pertenecía la propia madre de Zakarê y de Iván)—, entregaron diversos señoríos a algunos de sus subalternos, creando así una nueva nobleza.[21]

Sin embargo, en 1220, los mongoles, con una horda de veinte mil soldados lanzados en persecución de un rey jorezmita (Ala ad-Din Muhammad), encontraron y debelaron al ejército del rey Jorge IV de Georgia, que mandaba Iván; en enero de 1221, continuaron su avance y saquearon el norte de Armenia y el sudeste de Georgia.[22][23][24]​ En 1222, les siguieron los kiptchaks, que batieron a las tropas de Iván Zakarian; este acabó sin embargo por vencerlos en 1223.[25]​ De 1225 a 1230, los jorezmitas de Jalal ad-Din les sucedieron como principales enemigos y devastaron sobre todo Dvin, Lori y Tiflis[26]​ antes de ser derrotados por una coalición compuesta fundamentalmente por tropas del Sultanato de Rum y del Reino armenio de Cilicia.[23]

El año 1236 marcó el regreso de los mongoles: la reina georgiana Rusudan I se refugió en Georgia occidental con su corte y los invasores se apoderaron de la mayor parte de la Armenia zakárida (de Ani y Kars en 1239); se adueñaron del resto, los territorios al sur y al oeste, entre 1242 y 1245.[27][28]​ Avag Zakarian, generalísimo tras la muerte de Iván (fallecido en 1227/1228), se sometió a la soberanía mongola, al igual que hizo el señor de Ani (cuya población había sido pasada a cuchillo) e hijo de Zakarê (muerto en 1213), JahenJah Zakarian.[29][29][30]​ El primero se trasladó a Karakorum, donde permaneció durante al menos cinco años, y adonde acudieron también los hijos de JahenJah.[31]​ Los mongoles instauraron una estructura política que integró las existentes y dividieron Armenia en dos valiatos, el de la Gran Armenia y el de Georgia, que recuperó las tierras de los Zakarian; la familia no obstante conservó el control del territorio, dividido en tres tuman (circunscripciones militares) mandados por Avag, Jahenjah y su pariente Vahram de Gag.[32]​ En 1243, el kan Güyük impuso una onerosa tributación a los territorios conquistados, que causó una insurrección de la nobleza en 1248/1249, brutalmente aplastada.[33]

El año 1256 se fundó el Ilkanato de Hulagu en Irán, en el cual quedó incluida Armenia; el reclutamiento en los ejércitos mongoles que siguió (Zakarê, hijo de Jahenjah, se distinguió durante la conquista de Bagdad en 1258), y que dejó la región indefensa frente a las bandas nómadas, atizó el descontento y originó una segunda revuelta entre 1259 y 1261, sofocada del mismo modo que la primera.[34][35][36]​ Jahenjah fue apresado y pasó apuros para salvar la vida; su hijo Zakarê murió. A partir de 1261, las regiones caucásicas sufrieron asimismo los enfrentamientos entre los Estados mongoles del Ilkanato y la Horda de Oro.[37][38]​ La llegada al trono del Ilkanato de Ghazan en 1295 supuso un punto de inflexión en el periodo mongol: este soberano se convirtió al islam y emprendió persecuciones de cristianos, que precipitaron una tercera rebelión, de nuevo reprimida con severidad.[39][40]

A la muerte en 1335 de Abu Saíd Bahador Jan, el Ilkanato se descompuso y Armenia se convirtió en objeto de disputa entre dos clanes: los chupánidas y los yalayeríes; los primeros arrasaron Ani en los años 1350.[41]​ A estos los reemplazó en 1357 la Horda de Oro, a la que los yalayeríes derrotaron en 1358. Pero en 1374, mongoles, turcomanos y kurdos se repartieron sus territorios.[42]​ Reducidos a un papel puramente local desde 1350, los nobles armenios desaparecieron de las fuentes históricas durante este periodo, incluidos los Zakarian, que se desvanecen desde 1360.[43][44]

Después del contratiempo que supuso la llegada de los selyúcidas, las ciudades armenias reanudaron su crecimiento a finales del siglo XII, en especial Ani y Dvin.[19]​ Los metzatoun, la clase urbana incipiente formada por los ricos comerciantes, aumentaron su influencia y riqueza, en paralelo con el restablecimiento del comercio internacional; este último lo atestigua el crecimiento de la acuñación de moneda de oro (la moneda de cobre estaba reservada al comercio interior).[45][23]​ Estos metzatoun comenzaron igualmente a sustituir a los najarark como propietarios de tierras.[23]

En el mismo periodo, las artes y la cultura resurgieron en el territorio de la Gran Armenia.[20]​ La arquitectura armenia, influida por los libertadores georgianos, se caracterizó por la edificación de iglesias de mayor altura; los monasterios, que gozaban entre otros beneficios de los legados de las clases acomodadas, estaban en plena expansión y se dotaron de gavit, de jamatun, de campanarios característicos y de otros edificios.[46]​ La escultura se distinguió por la ornamentación compleja y abundante que multiplicaba las composiciones figuradas, y devino en un arte destacado, con escultores como Momik; los jachkar mostraron también gran virtuosismo.[47]​ En cuanto a la pintura, conocida esencialmente por las obras religiosas, se vio influida igualmente por Georgia, como se aprecia en San Gregorio de Tigran Honents en Ani o en Kobayr.[48]​ Finalmente, el arte de la creación de libros continuó su desarrollo, sobre todo en Haghpat;[49]​ las miniaturas pintadas en estas regiones se distinguen por su carácter monumental y la intensidad por su colorido.[50]

La vida intelectual resurgió gracias a los monasterios, calificados a veces de hamalsaran («universidades»); así, junto a los antiguos centros de Haghpat y de Sanahin, se fundaron otros en Goshavank, Gladzor y Tatev (sobre todo debido al impulso de Gregorio de Tatev), o incluso en Joranashat.[51][52]​ La historia destacó en la cultura armenia de la época, con ejemplos notables de historiadores como Kirakos de Ganjak y su Historia de los Armenios, Vardan Areveltsi y su Historia universal —los dos discípulos de Hovhannès Vanakan— y Stepanos Orbelian y su Historia de Syunik'.[53]​ El Derecho, hasta entonces secundario en los estudios armenios, tuvo un desarrollo notable debido a la aparición en 1184 del Libro de leyes de Mjitar Gosh, una codificación parcial de la legislación, que pronto se volvió la base del derecho civil y religioso armenio de aquellos tiempos.[53][54]​ Los Zakarian promulgaron también las leyes de los reyes bagrátidas en sus territorios.[20]​ La literatura en lengua vernácula floreció principalmente debido a las fábulas, a menudo de inspiración religiosa, con autores como Mjitar Gosh, aunque con contenidos cada vez más laicos, como se aprecia en las obras de Jachatur Kecharetsi[55]​ o en las Frik de finales del siglo XIII.[56]

Este «renacimiento zakárida» sufrió los efectos negativos de la conquista mongola: la economía quedó arruinada por los gravosos impuestos a partir de 1243,[28]​ que causó una nueva diáspora, sobre todo a Crimea.[57][58]​ La Iglesia, eximida de la tributación temporalmente, sufrió persecuciones a finales del mismo siglo, aunque perduraron fundamentalmente intactos la vida monacal y el ímpetu intelectual de los cenobios.[39][59]​ Numerosas ciudades fueron arrasadas, como Ani en 1236; incluso las que se libraron, como Dvin, entraron en un periodo de decadencia.[60]​ Paradójicamente, el comercio internacional (al contrario del comercio interior, que menguó) se mantuvo: a cambio de una parte de sus beneficios, los mongoles protegían las caravanas de los metzatoun, lo que, conjugado con la vasta extensión del Imperio que les ofrecía nuevos mercados, contribuyó a incrementar sus riquezas.[57][61]​ La situación política de finales del siglo XIV puso fin definitivamente, empero, a esta situación: la Gran Armenia se volvió un territorio desolado.[59]

Entre los turcomanos, un grupo establecido en la Armenia central y meridional destacó en los años 1380, los Qara Qoyunlu.[62]​ La región, muy fragmentada y debilitada, no pudo hacer frente a las incursiones de Tamerlán, acaecidas en 1386-1387, 1394-1396 y 1399-1403.[63]​ La última despobló por completo ciertos distritos armenios. Al finalizar este periodo, regresaron los Qara Qoyunlu, pero ya entonces la estructura social del país había sido destruida, las familias principescas, exterminadas.[64][65][66]​ Armenia entró en la «edad oscura» de su historia, los testimonios de la época escasean, entre los que destaca el de Tomás de Metsop.[67][68]



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