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Bomba sucia



Bomba sucia es un término reciclado que actualmente se utiliza para denominar a los artefactos explosivos que diseminan elementos radiactivos en la atmósfera. Inicialmente se usó sobre todo para calificar a las bombas de fisión de bajo rendimiento así como las bombas termonucleares con cubierta físil en contraposición con las bombas limpias sin apenas residuos radiactivos (Ver Bomba atómica). Pero, más recientemente, se ha usado para denominar a uno de los posibles tipos de los llamados dispositivos de dispersión radiológica (DDR). Otra denominación que se utiliza para este artefacto es el de bomba radiológica.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 el tema ha cobrado actualidad ya que se considera como un arma relativamente barata de fabricar y posible candidato a ser usada por grupos terroristas. A pesar del temor suscitado entre la gente una bomba sucia no es un arma de destrucción masiva ya que no produciría gran cantidad de muertes. Sus daños sin embargo serían más fruto del pánico así como importantes daños económicos.

Las primeras noticias de un intento de uso militar de un explosivo junto a una fuente radiactiva datan de la Guerra Irán-Irak (1980-1988) y de la Guerra del Golfo (1990-1991), en la que se utilizaron indiscriminadamente armas de destrucción masiva químicas y biológicas. Según informes de la ONU de esa primera guerra contra Irán, Irak ante la imposibilidad de obtener armas atómicas, se inclina por la fabricación más barata y sencilla de estas bombas sucias. En 1987 sus científicos prueban una bomba sucia de una tonelada pero los militares la desestiman para uso militar debido a la baja letalidad de la misma. Además observaron que para una buena dispersión del material radiológico requerían de unas condiciones atmosféricas ideales. A pesar de todo, se cree que se adaptaron alrededor de 100 bombas para armamento químico como bombas sucias.

En 1995 rebeldes chechenos colocaron una bomba sucia en el parque de Izmailovsky en Moscú compuesta por alrededor de 5 kg de explosivo y una fuente de Cesio-137, al parecer de uso médico. Aunque no fue utilizada más que como amenaza y demostración de fuerza, sí sirvió como aviso de la posibilidad de su construcción por los grupos terroristas.

A partir de entonces se ha informado de varios intentos de obtención de material radiactivo por parte de grupos terroristas, siendo el arresto del terrorista portorriqueño José Padilla[1]​ uno de los casos más famosos, intensificando los controles de las posibles fuentes radiactivas que pudieran formar parte de una de estas bombas sucias.

Los accidentes que se han producido con fuentes radiactivas desde los comienzos de su uso práctico demuestran que deben tenerse en cuenta y preverse todo tipo de uso malintencionado de esas mismas fuentes por parte de grupos terroristas.

Estos ejemplos de accidentes con fuentes huérfanas nos muestran lo graves que pueden ser las consecuencias si no se trata adecuadamente la emergencia. E incluso podrían resultar más graves ya que existe una diferencia fundamental entre estos casos accidentales y una bomba sucia, y es que una bomba sucia es el resultado de una acción premeditada que está dirigida a causar el mayor daño posible, mientras que un accidente no.

El uso civil de fuentes radiactivas en aplicaciones médicas, industriales o académicas o militar como señuelos, fuentes de calibración, o incluso en plantas de fabricación de armamento, y sobre todo la cantidad ingente de fuentes huérfanas que comienzan a aparecer en el mercado negro ha hecho que hoy día sea relativamente factible para un grupo terrorista hacerse con una de ellas. Todos los gobiernos han acentuado el control de las fuentes conocidas y se está tratando de encontrar la pista de otras sobre las que se desconoce su ubicación (las llamadas fuentes huérfanas).

Según la OIEA, la Nuclear Regulatory Commission (NRC) estadounidense y otros estudios los radioisótopos con más posibilidades de ser usados son:

Quizá la fuente intensa que más llama la atención son los GTR (RTG en inglés), con un contenido en Sr-90 comparable a la cantidad de este isótopo vertido en el accidente de Chernobyl (aunque por supuesto la actividad total vertida en este accidente superaría con creces a la emitida por una bomba sucia).

El ensamblaje de una bomba así es algo más complicado que unir el material a un cartucho de dinamita. Una construcción de este tipo haría que la fuente radiactiva saliera despedida o como mucho se fragmentara en pedazos muy peligrosos, difíciles de localizar pero fácilmente controlables una vez localizados haciendo muy fácil la descontaminación de la zona. Una bomba sucia bien fabricada pulverizaría el material lo suficiente como para dispersarlo y existiría la probabilidad de contaminar una zona de una ciudad poblada. El área que se contaminaría sería mayor o menor dependiendo de las condiciones atmosféricas, siendo tanto más peligrosa la radiactividad cuanto menos se dispersara, pero a la contra, si se dispersara mucho afectaría a más personas.

El contenido en explosivo convencional puede variar desde algunos kilogramos, como la bomba sucia chechena, hasta varias toneladas, como en el caso de un camión bomba.[2]

No es probable el uso de este tipo de armas en aplicaciones militares debido a su baja letalidad y a que sus efectos probabilísticos (como el cáncer) aparecerían demasiado tarde para convertir la bomba sucia en un arma efectiva. Es más probable su uso estratégico pero incluso éste resulta bastante peligroso ya que puede convertirse fácilmente en un arma de doble filo.

Además de los estudios realizados por Irak, prácticamente todas las agencias del mundo ocupadas de la seguridad de las fuentes radiactivas, ya civiles o militares, se han volcado en conocer los posibles efectos de uno de estos artefactos.

Tanto la OIEA (Organización Internacional para la Energía Atómica), la ICRP (International Comission on Radiological Protection), la HPS (Health Physics Society) y otros organismos, están de acuerdo en afirmar que los efectos inmediatos a la salud no serán mayores que los producidos por el explosivo en sí mismo.

Se considera que los mayores efectos inmediatos que provocaría una bomba sucia serían los económicos y el pánico de las personas. El objetivo más probable serían las zonas más densamente pobladas donde el impacto sería mayor. Aun así, debido a que los efectos de las radiaciones no serían inmediatos, puede afirmarse que se podría actuar adecuadamente en un tiempo que minimizara suficientemente los efectos a la salud de esas radiaciones.

En caso de quedar contaminadas zonas importantes de la ciudad puede que tuviesen que ser descontaminadas o incluso demolidas algunas casas para retirar el material irradiado con el consiguiente trastorno en las comunicaciones y en la vida diaria. Cuanto más densa sea la ciudad los gastos por descontaminación y limpieza de la zona serían mayores.

Incluso la demolición de edificios prevista como contramedida para ciertos casos de contaminación extrema, y aplicada en accidentes como el de Goiânia (Brasil-1987) se vería dificultada por el hecho de que afectara a edificios que tuvieran una gran importancia social, histórica o cultural.

Además se ha demostrado que las actuaciones de demolición en ese accidente de Goiania causaron un trastorno psicológico y económico tan grave a las familias afectadas y a la propia ciudad de Goiania que difícilmente podían estar justificados (una de las premisas de la protección radiológica) para esas familias por un aumento de la probabilidad de padecer cáncer a lo largo de su vida (supuesta de 75 años) de un 0.005 %. Debido a eso en estos momentos se considera que no es válido adoptar los criterios de riesgo (traducido en el nivel de dosis legal de 1 mSv/año) utilizados para un funcionamiento normal de las aplicaciones radiactivas, sino que se debe considerar que es una situación grave, excepcional y accidental y actuar en consecuencia. Hoy en día se considera que recibir una dosis de 100 mSv, o lo que es lo mismo, aumentar la probabilidad de tener un cáncer en esas personas a lo largo de su vida en un 0.5 %, en caso de accidente es preferible a desubicarlas permanentemente de su casa.

Si bien es poco probable la afectación por efectos agudos de la radiación podrían aparecer efectos radiológicos a largo plazo si no se realizará algún tipo de intervención sobre la zona contaminada. Si la zona fuera evacuada y descontaminada convenientemente aumentarían muy considerablemente los daños económicos (serían métodos muy caros y se debería reubicar temporalmente a las personas), pero los casos calculados de cáncer inducidos (a partir de la dosis proyectada) se reducirían considerablemente. Si no se interviniera sobre la zona porque la contaminación fuese muy baja existiría cierta probabilidad de que surgiera algún cáncer inducido (por encima de lo normal) a lo largo de la vida de las personas afectadas (supuesta de 75 años) pero los daños económicos serían menores.

La situación variará según el tipo de radiación que emita la fuente. En el caso de los rayos gamma estos atraviesan sin dificultad la ropa y la piel y afectan sobre todo de forma externa, y no tanto de forma interna (isótopos emisores gamma son el Cobalto-60 y el Cesio-137). Los emisores beta afectan de forma externa y sobre todo interna, con lo que son más peligrosos si se inhalan o ingieren (un isótopo beta puro es el Estroncio-90 por ejemplo). Los emisores alfa no afectan de forma externa, y sí cuando son inhalados (respirados con el aire) o ingeridos (con la comida o por la resuspensión). Esto es así porque la radiación alfa es poco penetrante y no puede atravesar la ropa o la piel (un isótopo emisor alfa es el Plutonio-238). Sin embargo, la radiación alfa dentro del cuerpo tiene un peligro o Efectividad Biológica Relativa (RBE) 20 veces mayor que los otros dos tipos. Los daños que produjeran efectos inmediatos (tales como quemaduras) solo podrían ocurrir bajo determinadas hipótesis, como la fractura de la fuente radiactiva en lugar de su dispersión.

El daño sobre la población de la zona afectada a largo plazo dependerá de ciertas hipótesis conservadoras (es decir, suponen que el daño es mayor de lo que podría ser en cualquier caso) como la llamada Lineal Sin Umbral (LNT en inglés) que supone que los daños a bajas dosis son igual de importantes que a dosis altas y que no existe una dosis por debajo de la cual no aumente el riesgo de efectos probabilistas (siendo posible que incluso sean beneficiosos, teoría esgrimida por los defensores de la hormesis que afirman que el ser humano ha vivido desde siempre con un fondo radiactivo que ayuda a luchar contra virus y bacterias, o bien que no tuvieran efectos). La teoría LNT consiste en afirmar que un ligero aumento en las dosis de radiación induce siempre un incremento en la probabilidad de sufrir cáncer u otros efectos probabilístas a lo largo de la vida. Esa es la teoría (conservadora) utilizada para realizar todos los cálculos de aparición de cánceres y otros por todas las instituciones científicas dedicadas a la protección radiológica.

Según la hipótesis LNT el riesgo de que una persona que haya recibido una dosis de 1 mSv (que es el límite Europeo anual para la dosis recibida por el público, y la mitad de la dosis recibida por la radiación natural) contraiga un cáncer es de un 0.005 %. Si la dosis recibida por el individuo fuera de 1 Sv el aumento en la probabilidad de que contrajera un cáncer inducido por la radiactividad a lo largo de su vida sería de un 5 %.

Se ha demostrado, y los terroristas conocen y han utilizado en repetidas ocasiones el efecto, que los actos terroristas causan efectos políticos si no son adecuadamente tratados.

En el caso de la bomba sucia el efecto se vería amplificado por las repercusiones sociales que posee cualquier tema relacionado con la radiactividad, por lo que los agentes políticos deberían tratar el ataque con absoluta delicadeza. Se recomienda que los responsables políticos:

1- Posean planificaciones ante este tipo de emergencias detalladas, simples y bien estructuradas. Esto dará seguridad tanto a las fuerzas políticas, como a las de seguridad y a la población. Todo el mundo sabría que tiene que hacer y se reduciría el efecto del pánico.

2- Pidan, se informen y comuniquen lo antes posible (en tiempo real si es posible) a la población toda la información sobre el atentado mediante los medios disponibles. Tanto medidas, como afectados, etc. Generalmente da mayor confianza que sean personal científico y sanitario quienes den la última información disponible.

3- Se trate e informe lo antes posible a las personas afectadas por la radiactividad sobre las consecuencias que pueden tener en su salud.

4- Se comiencen las intervenciones (descontaminación, evacuación, profilaxis u otras) planificadas de antemano con la mayor rapidez posible y aconsejada por la situación.

Por supuesto estas normas son básicas ante cualquier tipo de emergencia y si se incumple cualquiera de ellas los efectos políticos serían mucho mayores.

El comportamiento de una bomba sucia es complejo, pudiendo afectar a una zona amplia si el material radiactivo se convirtiera en un polvo suficientemente fino como para ser transportado por el viento (aerosol), o a una pequeña zona si el polvo no fuera suficientemente fino o las condiciones atmosféricas fueran desfavorables (lavado por la lluvia). Dependiendo de la cantidad de explosivo, de la cantidad de material radiactivo, de la forma física y química del mismo y de las condiciones meteorológicas los efectos de las radiaciones sobre las personas pueden ser muy diferentes, ya que una concentración alta de material radiactivo hace que el peligro sea mayor, pero una concentración baja daría como resultado un número mayor de personas afectadas pero con un peligro menor.

Mediante el programa HOTSPOT desarrollado por el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore se han simulado diversas situaciones hipotéticas de emisiones radiológicas en zonas urbanas densas como Manhattan. Según cálculos realizados en Estados Unidos con el HOTSPOT, 3500 curios de cesio-137 convertidos en aerosol y con una cantidad muy importante de explosivo, contaminarían 800 km² con niveles que darían como resultado dosis superiores a 5 rem anuales (50 mSv/año) como máximo. Sin embargo ese software gratuito no es válido para realizar este tipo de simulaciones, sino que se necesitan modelos discretos realizados en supercomputadores que simulen adecuadamente el comportamiento de las partículas radiactivas. Este tipo de estudios se están llevando a cabo en los laboratorios más prestigiosos de todo el mundo para conseguir información fiable.

Aunque las posibilidades de un uso por parte de grupos terroristas de una bomba sucia es hoy por hoy alta, los daños producidos por causa de las radiaciones serían bajos si la emergencia es debidamente tratada, informando a las personas afectadas, controlando los brotes de pánico injustificados y realizando las medidas oportunas de atención psicológica y sanitaria.

1- Si se estuviera cerca del lugar de la explosión y no se estuviera colaborando en la ayuda de los heridos, alejarse de la zona cubriéndose boca y nariz con un pañuelo o similar.

2- Recluirse lo antes posible en un lugar cerrado, cerrando puertas y ventanas y apagando toda ventilación que introduzca aire del exterior. Ello evitará la entrada de partículas radiactivas.

3- Si antes de encerrarse sospecha que ha podido estar expuesto a la nube radiactiva proveniente de la explosión, lávese y lave también la ropa o desahagase de ella. Así evitará contaminarse con partículas que se le puedan haber quedado adheridas.

4- Encienda la radio o la televisión para conocer las posibles actuaciones recomendadas por las autoridades y aguarde manteniendo la calma. Para los servicios sanitarios así será más fácil contener la contaminación, desplazar sus dispositivos de emergencia y atender a los afectados.

5- Olvídese de las tabletas de yodo. No sirven de nada ya que es improbable que las bombas sucias hagan uso de yodo radioactivo, a diferencia de lo que ocurre cuando existe una fuga en un reactor nuclear.

6- Bajo ningún concepto debe acudir a curiosear al lugar del incidente; solo conseguiría incrementar las posibilidades de resultar afectado. Así mismo, tampoco escape precipitadamente de la ciudad y menos aun en automóvil. Solo conseguiría contribuir al probable colapso de la ciudad y, en definitiva, a entorpecer la distribución de la ayuda sanitaria.

7.- Mantenga la calma y evite correr o empujar en caso de evacuación.



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