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De Cartago a Sagunto



De Cartago a Sagunto es la quinta novela de la quinta serie o serie final de los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós.[1]​ Escrita en Santander y Madrid, entre agosto y noviembre de 1911, refleja en su título la actividad cantonalista entre julio de 1873 y enero de 1874, y las insurrecciones provocadas por los republicanos federales «intransigentes».[a][2]

El relato histórico viene presentado por el extraño personaje narrador de los cuatro último episodios dictados por un Galdós casi ciego,[3]​ (Tito Liviano, retratado por Pedro Ortiz-Armengol como «el enano cuyos amores se disputan unas cuantas mujeres de tercera y cuarta categoría, (...) poetisas cutres, celestinas; la supuesta hija de una cura, llamada Floriana que hace papel de dama misteriosa...»).[4]​ Tito, víctima de espasmos neuroimaginarios que el personaje describe como «traqueteo nervioso y epiléptico» víctima del «riesgo desencadenante»;[4]​ un Tito/Galdós que, aun en medio del caos histórico y la decepción, ya avisaba en el episodio anterior de su generosa vida de amante:[5]

La vida personal del escritor, los mundos literarios de los personajes del «ciclo mitológico» de las Novelas españolas contemporáneas,[3][6]​ la incertidumbre histórica y el sometimiento desvalido de la ceguera, componen la trama esencial de un Galdós viejo pero aún activo, que «con su experiencia, encuentra el significado de la Historia»,[7]​ y que ha dejado definitivamente atrás al Galdós joven que «iba a la Historia en busca de la experiencia».[7]​ Y en su postrero manifiesto, hace que Tito, el personaje esperpéntico que le verbaliza,[6]​ deambule mezclando sueño, visión y realidad, por una sucesión de lupanares de Madrid, Cartagena, Cuenca y ‘Carquilandia’,[8]​ para, como escribe Joaquín Casalduero, «mostrar su desprecio por la sociedad beata, mojigata e hipócrita de los últimos Alfonsos; esa sociedad estúpida, ñoña e inmoral, que todo podía aceptarlo menos el escándalo, incapaz como era de escandalizarse de sí misma. (...) Sin sentido religioso y sin sentido moral, los hombres de la Restauración tenían necesidad de una armazón de buenas formas que ocultara el vacío de sus almas y la pobreza de sus vidas...»[8]

Los personajes de la trama fabulada,[3]​ entre sueños y fantasmagorías asistirán en Cartagena al asedio de la ciudad, y en Madrid a la caída del último gobierno republicano y al profético asalto del Congreso en las Cortes por la Guardia Civil. Y viajarán en pos de las correrías carlistas y, en Cuenca, a la caída de la ciudad y la consiguiente sangrienta represión. A pesar del título del episodio, la acción histórica narrada no llega hasta Sagunto, donde tendrá lugar la restauración monárquica, como avisa el escritor en el último capítulo de esta novela.



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