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Dirección espiritual



La dirección o acompañamiento espiritual en la Iglesia católica es la ayuda que un cristiano presta a otro a través de sus consejos, de cara a mejorar la vivencia de su Fe, aumentando sus virtudes (principalmente las sobrenaturales, pero también las humanas) así como su disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios.

La dirección espiritual, en el sentido en que la entiende la Iglesia, supone en el dirigido tanto la libertad como la docilidad a las inspiraciones que el Espíritu Santo infunde en su alma a través de los consejos del director espiritual. Es decir: por un lado el dirigido sabe que solo recibe consejos (no órdenes), y por otro también es consciente de que con frecuencia el Espíritu Santo se valdrá del director para transmitirle inspiraciones y sugerirle propósitos de cara a avanzar en el camino de su santidad.

Entendida en un sentido amplio, dirección espiritual es la ayuda que le presta al fiel cualquier otro cristiano a la que aquel solicita consejo: el confesor, los padres (cuando aconsejan acerca de asuntos espirituales), etc. Sin embargo la Iglesia suele restringir la aplicación de esta expresión (y sobre todo la de director espiritual) a la relación que se establece con una sola persona. Es decir, una cosa sería el director espiritual y otra el confesor, los padres, etc. Además, se sobrentiende que para que haya propiamente dirección espiritual es necesario que antes el dirigido haya comunicado su intimidad (al menos en parte) al director: si los consejos se realizasen en base al comportamiento externo del dirigido no se hablaría de dirección espiritual.



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