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Echidna



Los taquiglósidos o equidnas (Tachyglossidae) son la única familia conocida del suborden Tachyglossa, donde se clasifican a los equidnas actuales y sus ancestros extintos. Estos mamíferos, similares en apariencia a los erizos, habitan en las islas de Nueva Guinea, Salawati, Australia, Tasmania y otras islas menores próximas a las costas de estas. Además de ser muy difíciles de encontrar, su rareza reside en que son los únicos mamíferos, junto con los ornitorrincos, que ponen huevos.[1]

Los equidnas deben su nombre a la ninfa mitológica madre de todos los legendarios monstruos de la Grecia Clásica. Tienen el cuerpo cubierto de espinas, lo que unido a la dieta que llevan, mayoritariamente insectívora, y en algunos casos con predilección por las hormigas y termitas (mirmecofagia), les ha valido el nombre de «hormigueros espinosos».

En la actualidad se reconocen dos géneros vivientes, con solo cuatro especies:[2]

Son animales de cuerpo compacto, cubierto de un denso pelaje del que sobresalen largas púas empleadas como método de defensa. Normalmente, miden entre 35 y 45 centímetros de largo, con una cola de 10 centímetros, y un peso promedio de 2 a 7 kilogramos. Los machos son por regla general de mayor tamaño que las hembras.

El cráneo es largo y redondeado, la cara larga con la mandíbula inferior poco desarrollada, constituida por dos delgados y largos huesos. Su dieta, constituida por insectos y lombrices, determina un aparato bucal tubular de estrecha abertura, provisto de una larga lengua pegajosa que puede alcanzar 20 centímetros de longitud, con la que atrapan el alimento, que, al carecer de dientes, será triturado con unas espinas córneas situadas en el paladar al final de la boca. Para localizar los alimentos, además de un agudizado sentido del olfato, están dotados de electrorreceptores táctiles en el rostro con los que les resulta fácil hallar las colonias de hormigas y termitas.

Son poderosos excavadores que emplean pies y manos para construir galerías y oquedades o escarbar en la tierra en busca de alimento. Para ello sus extremidades poseen manos y pies cavadores dotados de poderosas uñas. El segundo dedo de las extremidades posteriores es más largo y lo emplean para rascarse y limpiarse el pelo y la piel.

Los machos y algunas hembras, poseen espolones tras la articulación de la rodilla, pero a diferencia de Ornithorhynchus sp., este animal no sintetiza ninguna sustancia tóxica, por lo que se desconoce la función real de los mismos.

Las hembras desarrollan un marsupio temporal mientras dura la incubación y la lactancia. El pene de los machos tiene cuatro cabezas, algo común entre reptiles pero raro en mamíferos. A pesar de ser mamífero, la cría del equidna nace a partir de huevos, ya que es uno de los dos mamíferos ovíparos, junto al ornitorrinco (Ornithorhynchus anatinus), que existen en la Tierra.

A diferencia de lo que se cree, los equidnas no hibernan como respuesta al frío. El estado de torpor al que se ven sometidos algunos ejemplares aislados, parece estar relacionado más bien con un proceso digestivo anómalo.

Al contrario de lo previamente investigado, los equidnas sí entran en sueño REM,[3]​ aunque sólo cuando la temperatura del ambiente está alrededor de los 25 °C. A temperaturas de 15 °C y 28 °C, el sueño REM se suprime.[4]

La hembra pone un solo huevo. La incubación tarda diez días; el equidna joven succiona la leche de los poros de las dos glándulas mamarias (los monotremas no tienen pezones) y permanecen en la bolsa durante cuarenta y cinco a cincuenta días,[5]​ en dicho tiempo comienzan a desarrollar las espinas. La madre cava una madriguera y deposita al pequeño, retornando cada cinco días para amamantarlo hasta el destete, que es a los siete meses.

Los equidnas machos tienen un pene tetracapitado, pero solo dos de las cabezas se usan durante el apareamiento. Las otras dos cabezas "se cierran" y no crecen en tamaño. Las cabezas usadas se intercambian cada vez que el mamífero copula.[6]



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