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Encabalgamiento



El encabalgamiento es un fenómeno métrico que tiene lugar cuando hay un desacuerdo entre unidad sintáctica y unidad métrica, esto es, cuando la unidad sintáctica excede la pausa versal y se desborda en el verso siguiente (lo que en francés recibe el nombre de rejet), o bien, cuando se anticipan al final de un verso elementos de la unidad de sentido que constituye el verso siguiente (contre-rejet).[1]​ En ambos casos, la frase inconclusa queda «a caballo» entre dos versos, lo que le otorga ese sentido metafórico al verbo encabalgar, del que procede el nombre del fenómeno.[2]​ El término francés enjambement, que se ha popularizado también entre filólogos alemanes e ingleses —pese a que se pueden encontrar equivalentes en sus propias lenguas[3]​— procede de un uso figurado del verbo enjamber (‘franquear’, ‘atravesar’), derivado etimológicamente del sustantivo jambe (‘pierna’), que establece una asociación metonímica con el pie métrico o versal.[4]​ El fenómeno métrico opuesto recibe el nombre de esticomitia.

El efecto que produce el encabalgamiento es la alteración de «la armonía del paralelismo entre las estructuras rítmica, métrica y sintáctica»[5]​ o, en otras palabras, una «dislocación del ritmo fluyente».[6]​ De acuerdo con Alarcos, en el poema coexisten dos ritmos: el puramente lingüístico de la sintaxis, y el ritmo del verso, constituido por una secuencia marcada por acentos de intensidad colocados de una forma determinada y delimitada por la pausa versal o estrófica. El encabalgamiento desacompasa estos dos ritmos y tiende a hacer más breve la pausa versal, sustituyéndola por la pausa sintáctica, que en el caso de los encabalgamientos abruptos rompe en dos el verso siguiente, frenando con ello la lectura.

Los encabalgamientos pueden producir diversos efectos estilísticos, según el texto de que se trate y la coincidencia o contraste respecto a otros elementos. Entre ellos están, de acuerdo con Domínguez Caparrós, «dotar al ritmo de cierta variedad, ya que la coincidencia de unidad sintáctica y unidad rítmica acaba produciendo la sensación de monotonía; posibilidad de inserción del discurrir de la lengua hablada en el verso, puesto que se amplían los límites de la frase al no imponer limitaciones la pausa rítmica; las partes del grupo dividido por la pausa adquieren relevancia expresiva, pues por quedar aisladas se subrayan».[7]

Helena Beristáin, por su parte, enumera los siguientes efectos de sentido: «Así, puede apoyar la ambigüedad; puede estimular la velocidad de la lectura para subrayar una impresión de impetuosidad que armonice con la pasión expresada; puede contrastar (produciendo sorpresa) con el apego a la regularidad con que se presentan otros aspectos de la forma elegida por el escritor. El encabalgamiento “niega parcialmente el metro” y el ritmo, y significa un retorno a la prosa, puesto que suprime en cierta medida la forma que es característica del verso».[5]

Con respecto a esto último, podemos aludir también a los usos estilísticos que de este fenómeno se han dado en el llamado verso libre: «En algún caso el encabalgamiento obliga al metanálisis de la lectura, bien deshaciendo un cliché (Hombro a hombro, hasta ver a un pueblo en pie / de paz, izando un alba, Otero), bien haciendo que liguemos al rejet un elemento que, en primera instancia, habíamos unido a una palabra del verso primero (Domingo, flor de luz, casi increíble / día, Ángel González)».[8]

Además de la ya mencionada tipología francesa del enjambement, que distingue entre rejet y contrarejet, tradicionalmente se ha considerado, de acuerdo con la denominación propuesta por Dámaso Alonso,[9]​ que existen dos tipos de encabalgamientos según la longitud del verso encabalgado:

banal, si se compara
con este andar a tientas

Otra tipología posible es la propuesta por Quilis, quien tiene en cuenta la naturaleza de los elementos escindidos por el encabalgamiento y distingue tres tipos:

mente se están los otros abrasando

de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía

Quedarían fuera de esta tipología aquellos casos en los que la pausa métrica escinda el sujeto y el verbo, o el verbo y el complemento directo. De acuerdo con Quilis, estas no crearían una pausa anómala a la estructura interna de la lengua y serían, pues, «susceptibles de una fácil escisión»[11]​ y, por tanto, no recibirían el nombre de encabalgamiento. Kurt Spang propone la denominación de enlace métrico para designar esta «cohesión entre partes de la oración que no lleguen a la estrecha fusión de los elementos de una palabra y de un sirrema, pero que no dejan de notarse como más vinculados que otros».[12]

Por último, otra tipología de encabalgamientos, también propuesta por Quilis,[13]​ sería aquella que tiene en consideración la pausa métrica a la que la unidad sintáctica no se ajusta, y que nos haría distinguir entre:

Podría añadirse a esta última tipología el encabalgamiento estrófico, propuesto por Nogales-Baena,[14]​ que coincidiría con la pausa estrófica y que puede encontrarse con frecuencia entre los cuartetos y los tercetos que forman un soneto:

que, no obstante el peligro, al mismo Apolo
quisiera gobernar con atrevida

mano, el rápido carro en luz bañado
todo lo hiciera, y no tomara sólo

Alarcos, Emilio (1997). Blas de Otero. Oviedo: Nobel. 

Alonso, Dámaso (1950). Poesía española: ensayo de métodos y límites estilísticos. Madrid: Gredos. 

Beristáin, Helena (1995). Diccionario de retórica y poética. México: Porrúa. 

Domínguez Caparrós, José (2004). Diccionario de métrica española. Madrid: Alianza editorial. 

Lázaro Carreter, Fernando (2008). Diccionario de términos filológicos. Madrid: Gredos. 

Marchese, Angelo; Forradellas, Joaquín (2013). Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona: Ariel. 

Spang, Kurt (1993). Análisis métrico. Pamplona: Eúnsa. 

Nogales-Baena, José L. (2013). «El encabalgamiento en los sonetos de 'Ancia', poemario de Blas de Otero». Philologia Hispalensis 27 (1-2): 95-12. 



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