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Ley Hawley-Smoot



La Tariff Act of 1930 (en español, Ley de Aranceles), conocida como Ley Hawley-Smoot, fue una ley aprobada en Estados Unidos el 17 de junio de 1930, propuesta por los senadores Reed Smoot y Willis C. Hawley, que elevó unilateralmente los aranceles estadounidenses a los productos importados, para intentar mitigar los efectos de la Gran Depresión iniciada en 1929.

Lo destacable de esta norma fue el notable aumento de los aranceles fijados y su extensión a cerca de 20.000 productos importados, lo que causó un fuerte impacto en el comercio internacional de la época. De hecho, las tasas de aranceles en la Ley Hawley-Smoot fueron los segundos más elevados de la historia estadounidense, después de los fijados en la Ley de Aranceles de 1828, pero con la diferencia que a un siglo de distancia los EE. UU. se habían transformado en el principal mercado de importación y exportación del mundo.

El incremento de los aranceles estaba destinado a proteger a los agricultores y trabajadores de EE. UU. contra la competencia foránea, especialmente después que se agravara la Gran Depresión. Si bien el presidente Herbert Hoover mostraba deseos de aumentar los aranceles a los productos agrícolas en febrero de 1929, tras el jueves negro de octubre de ese año los senadores Smoot y Hawley postularon la urgencia de elevar los aranceles también a productos industriales, presentando su propuesta en marzo de 1930 ante la Cámara de Representantes.

Ya con la propuesta de elevación de aranceles agrícolas en febrero de 1929 el gobierno de EE. UU. había recibido protestas de 23 países que se veían perjudicados como socios comerciales, entre ellos Canadá. No obstante, la versión final propuesta en marzo de 1930 aumentaba más el alcance de los nuevos aranceles e incrementaba sustancialmente las tasas de estos, lo que motivó una protesta formal de 1028 economistas [cita requerida]de todo Estados Unidos, firmando una petición para que el presidente Herbert Hoover vetara el proyecto en el Senado. De igual modo banqueros e industriales pidieron rechazar la propuesta de Hawley y Smoot, temiendo que otros países imitarían esta clase de medidas como represalia contra EE. UU., perjudicando grandemente el comercio internacional.

Pese a que el presidente Hoover compartía estos temores, prefirió seguir la fuerte corriente de opinión que exigía la adopción de nuevos aranceles como un beneficio para la industria estadounidense y sus agricultores, en tanto el Partido Republicano (al que pertenecía Hoover) había auspiciado el proteccionismo económico en su campaña presidencial de 1928. El 17 de junio de 1930 la Ley Hawley-Smoot entró en vigor.

Tal como muchos habían anticipado, surgieron de forma inmediata en todo el mundo represalias comerciales contra Estados Unidos. Canadá, el principal exportador de productos agrícolas al mercado estadounidense, decidíó elevar sus aranceles en un 30% contra 16 productos originarios de EE. UU., mientras firmaba nuevos vínculos económicos con la Commonwealth británica. Por su parte Gran Bretaña y Francia adoptaron también medidas proteccionistas como represalia contra la Ley Hawley-Smoot, mientras que Alemania optaba por aspirar oficialmente a la autarquía económica en lo que fuese posible o desarrollar lazos comerciales solo con Europa. Otros países adoptaron medidas de represalia parecidas en lo que fuese posible, o dirigieron sus exportaciones preferentemente a mercados ajenos a los Estados Unidos.

Si bien los primeros efectos de la Ley Hawley-Smoot beneficiaron a corto plazo a las industrias estadounidenses y a los agricultores de ese país, con el transcurso de los meses se apreció que las represalias arancelarias del resto del mundo perjudicaban el comercio internacional y particularmente la exportación de productos estadounidenses, causando perjuicios a su industria. De igual forma, el deterioro de la economía de EE. UU. como resultado de la Gran Depresión tornó inefectiva la barrera arancelaria formada para defender los precios de productos agrícolas, en tanto estos continuaron disminuyendo al no crecer la demanda.

La nueva administración de Franklin D. Roosevelt, sucesor de Hoover desde enero de 1933, rechazó continuar la política arancelaria que había resultado perjudicial y desde 1934 redujeron sustancialmente las tarifas arancelarias fijadas en la Ley Hawley-Smoot, la cual perdió gran parte de su fuerza como barrera proteccionista. Tras la Segunda Guerra Mundial, en los Acuerdos de Bretton Woods en 1944, se pactó no fijar aranceles unilaterales como los establecidos en la Ley Hawley-Smoot.

Los años 1920 a 1929 han sido descritos en algunas ocasiones, de forma incorrecta, como años en los que el proteccionismo ganó terreno en Europa. De hecho, desde un punto de vista general, según Paul Bairoch, el período anterior a la crisis, en Europa fue precedido por la liberalización del comercio. El promedio ponderado de los aranceles aplicados a los productos manufacturados se mantuvo prácticamente igual que en los años anteriores a la Primera guerra mundial: 24,6% en 1913, en comparación con el 24,9% en 1927. Además, en 1928 y 1929, los aranceles se redujeron en casi todos los países desarrollados.[1]​ Además, la Ley de Aranceles Smoot-Hawley fue firmada por Hoover el 17 de junio de 1930, mientras que el colapso de Wall Street ocurrió en el otoño de 1929.

Paul Krugman escribe que el proteccionismo no conduce a las recesiones. Según él, la disminución de las importaciones (que puede obtenerse mediante la introducción de aranceles) tiene un efecto expansivo, es decir, favorable al crecimiento. Así pues, en una guerra comercial, dado que las exportaciones y las importaciones disminuirán por igual, para todo el mundo, el efecto negativo de una disminución de las exportaciones se compensará con el efecto expansivo de una disminución de las importaciones. Por lo tanto, una guerra comercial no causa una recesión. Además, señala que la tarifa Smoot-Hawley no causó la Gran Depresión. La disminución del comercio entre 1929 y 1933 "fue casi enteramente una consecuencia de la Depresión, no una causa. Las barreras comerciales fueron una respuesta a la Depresión, en parte como consecuencia de la deflación".[2]

Jacques Sapir explica que la crisis tiene otras causas que el proteccionismo.[3]​ Señala que "la producción interna de los principales países industrializados está disminuyendo... más rápido que el comercio internacional está disminuyendo". Si esta disminución (del comercio internacional) hubiera sido la causa de la depresión que han experimentado los países, habríamos visto lo contrario". "Finalmente, la cronología de los acontecimientos no corresponde a la tesis de los librecambistas... El grueso de la contracción del comercio se produjo entre enero de 1930 y julio de 1932, es decir, antes de la introducción de medidas proteccionistas, incluso autárquicas, en algunos países, con excepción de las aplicadas en los Estados Unidos en el verano de 1930, pero con efectos muy limitados. Señaló que "la contracción de los créditos es una de las principales causas de la contracción del comercio". "De hecho, es la liquidez internacional la causa de la contracción del comercio. Esta liquidez se derrumbó en 1930 (-35,7%) y 1931 (-26,7%). Un estudio de la National Bureau of Economic Research pone de relieve la influencia predominante de la inestabilidad monetaria (que condujo a la crisis de liquidez internacional[3]​) y el repentino aumento de los costos de transporte en la disminución del comercio durante la década de 1930[4]​.

Milton Friedman también opinaba que la tarifa Smoot-Hawley de 1930 no causó la Gran Depresión. Douglas A. Irwin escribe: "la mayoría de los economistas, tanto liberales como conservadores, dudan que Smoot Hawley haya tenido mucho que ver en la posterior contracción".[5]

William J. Bernstein escribió [6]​:

Peter Temin, explica que un arancel es una política expansiva, como una devaluación, ya que desvía la demanda de los productores extranjeros a los nacionales. Señala que las exportaciones representaban el 7 por ciento del PNB en 1929, cayeron un 1,5 por ciento del PNB de 1929 en los dos años siguientes y la caída se vio compensada por el aumento de la demanda interna a causa de los aranceles. Concluye que, contrariamente al argumento popular, el efecto contractivo del arancel fue pequeño (Temin, P. 1989. Lessons from the Great Depression, MIT Press, Cambridge, Mass).[7]

Ian Fletcher dijo que el arancel se aplicaba a sólo un tercio del comercio de los Estados Unidos: alrededor del 1,3% del PIB. The average U.S. tariff on the subject goods[8]​ pasó del 40,1% en 1929 al 59,1 en 1932 (+19%). Sin embargo, estuvo constantemente por encima del 38% cada año desde 1865 a 1913 (del 38% al 52%). Además, también aumentó fuertemente en 1861 (del 18,61% al 36,2%; +17,6%), entre 1863 y 1866 (del 32,62% al 48,33%; +15,7%), entre 1920 y 1922 (del 16,4% al 38,1%; +21,7%) sin producir depresiones globales [9]​.



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