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Literatura egipcia



La literatura de Egipto tiene sus orígenes en el Antiguo Egipto y es una de las primeras literaturas conocidas. Los egipcios fueron la primera cultura en desarrollar una literatura tal y como se la conoce hoy en día.[1]

Los antiguos egipcios escribieron textos en papiros así como en paredes, tumbas, pirámides y obeliscos. Tal vez el ejemplo más conocido de la literatura de este periodo es la Historia de Sinuhé.[2]​ Otras obras conocidas incluyen el Papiro Westcar (una colección de cuentos) y el Papiro Ebers (un tratado de farmacopea), así como el Libro de los Muertos (instrucciones rituales para llegar a la otra vida), cuya versión más completa nos ha llegado en el llamado Papiro de Ani.

Se puede dividir la literatura del antiguo Egipto en religiosa y profana. La mayor parte es religiosa: sortilegios, oraciones funerarias, descripciones de la vida de ultratumba, narraciones mitológicas sobre la Enéada... Fuera del ya mencionado Libro de los muertos, de los Textos de las pirámides y de los Textos de los sarcófagos, destaca un conjunto de inscripciones halladas en los hipogeos del Valle de los Reyes que describe el mundo subterráneo o inframundo: el Libro del Amduat, el Libro de las puertas, el Libro de la Vaca Sagrada, el Libro de las cavernas, el Libro de la Tierra, el Libro del día y de la noche y la Letanía de Ra.

La literatura profana consiste sobre todo en libros sapienciales (literatura pensada para la educación más que para el entretenimiento); incluso se creó un subgénero didáctico específico de este tipo, el sebayt, que recuerda, salvadas las distancias, la instrucción de príncipes cristiana o el adab musulmán. Pero también se escribieron narraciones, biografías y poemas amorosos, elegíacos y filosóficos cuyo fin era el entretenimiento, el desahogo artístico o sentimental o la meditación sobre el fin de la vida. Asimismo, la autobiografía es una de las formas más antiguas de la literatura egipcia y nos han llegado las del chaty (visir) Uni y la de Hirjuf. Resulta curiosa la escasa presencia de epopeya; solo se ha conservado un largo poema que celebra la dudosa victoria de Ramsés II en Qadesh, el Poema de Pentaur.[3]​ El cuento fue un género muy estimado, de difusión casi siempre oral. El antólogo y mitógrafo Roger Lancelyn Green (1918-1987) reunió algunos que se han conservado enteros en inscripciones (El príncipe y la Esfinge, La legendaria reina Hapshepsut, La princesa y el demonio, Jnum, dios del Nilo, Ra y sus hijos, Horus el Vengador) papiros (El Loto de oro, Djedi, el Hechicero, Los dos hermanos, El campesino elocuente, la Historia del náufrago, Se-Osiris y la carta sellada, El libro de Thot, la Historia de Sinuhé, La toma de Yapu) o resúmenes transmitidos por escritores griegos como Estesícoro (La princesa griega) o el historiador Heródoto (El ladrón de tesoros, La muchacha de las zapatillas rojas). Este último es la versión más antigua del cuento tradicional de La cenicienta.[4]

Casi toda la producción literaria del Egipto clásico se ha conocido por las inscripciones de los monumentos que han sido descifradas por los arqueólogos y lingüistas, también porque los autores griegos preservaron en sus historias importantes aportaciones, y finalmente una pequeña porción se conservó en rollos e papiro y en vendas. La extraña y misteriosa producción literaria del Egipto antiguo no ha llegado en su totalidad hasta nosotros y muchas veces está estragada por lagunas; sin embargo, se han recopilado varias obras de diferente época, a veces con reescrituras, adaptaciones, refundiciones y variantes significativas, de contenido muy diverso, habida cuenta del largo tiempo transcurrido en esta tradición y de las diferencias teológicas y religiosas de las distintas épocas.

A continuación se presenta este cuadro sinóptico mencionando las obras representativas conocidas, remarcando las más importantes de cada época.

La Literatura Egipcia surgió de las antiguas civilizaciones como resultado de la voz popular. Esta transita por diversos lugares y moldea las culturas modernas. La literatura arcaica faraónica comprende mitos, fábulas, cuentos populares, proverbios, oraciones y algunas prácticas rituales y fórmulas mágicas representadas como si fueran obras teatrales. Toda esta artística tiene en común el empleo de recursos estilísticos frecuentes en las producciones arcaicas que consistían en:

La literatura egipcia trataba diferentes temas:

El Nilo tuvo una enorme influencia en los escritos de los antiguos egipcios[8]​ al igual que los poetas greco-romanos que llegaron a Alejandría para recibir el apoyo de los numerosos mecenas que vivían ahí, así como para aprovechar los recursos de la Biblioteca de Alejandría[9]​ invitados por el faraón Ptolomeo II Filadelfo, muy amante de la cultura y que, por ejemplo, mandó traducir la Biblia hebrea al griego, versión conocida como la Septuaginta o "los Setenta", porque fue encomendada a setenta traductores. Dos son los grupos principales de esta especie de edad de oro alejandrina, la llamada Pléyade poética (Teócrito, Filico de Corcira, Nicandro, Homero de Bizancio, Arato, Licofrón de Calcis y Apolonio de Rodas o Eántidas) y la Pléyade trágica. Muchos grandes poetas del helenismo fueron a esta ciudad, incluyendo a Calímaco de Libia, maestro del epigrama, y Teócrito de Siracusa, autor este último de memorables Idilios no solo pastoriles. Uno de los escritores egipcios más notables fue Apolonio de Rodas, autor de una epopeya, las Argonáuticas, así como Nono de Panópolis, autor de otra mitológica pagana, las Dionisíacas. A Herodas se le deben diversos Mimos. Por demás, el sacerdote del siglo III a. C. Manetón nos conservó en griego la primera historia íntegra del país, su Historia de Egipto (Αίγυπτιαχά; en latín, Aegyptiaca), entre otras obras. Vinculado a Alejandría estuvo además el poeta Licofrón. De época romana imperial ya es el historiador Apiano. El último representante del paganismo griego fue el epigramista Páladas, del siglo IV d. C.

A partir del siglo VIII, Egipto fue conquistado por los árabes musulmanes, que impusieron su lengua, aunque quedó tolerada una gran minoría cristiana copta (que desarrolló una importante literatura religiosa de carácter gnóstico conservada bajo la denominación de Manuscritos de Nag Hammadi) escrita en la lengua que resultó de la evolución del egipcio antiguo, el copto, y otra judaica, cuyos máximos representantes fueron el filósofo judío helenizado Filón de Alejandría, en el siglo III a. C., y en el siglo XI d. de C. el gran teólogo y filósofo cordobés Maimónides, quien pasó sus últimos años en Egipto. Destruida varias veces por los romanos la Biblioteca de Alejandría, en su mayoría de textos griegos, y por último por el califa Umar ibn al-Jattab, que gobernó entre 636 y 644 y ordenó la destrucción de miles de manuscritos, la literatura en árabe, y especialmente las bibliotecas en esta lengua, prosperaron bajo el nuevo Egipto creado por los conquistadores musulmanes.[10]​ Se produjeron algunos cambios importantes durante este periodo que afectaron a los escritores. Los papiros fueron sustituidos por el papel de tela y se introdujo la caligrafía como sistema de escritura. El foco principal de los escritos fue el islam. En cuanto a la literatura oral, se ha conservado la Epopeya Hilali o Al-Sirah al-Hilaliyyah que cuenta la saga de la tribu de beduinos Banu Hilal y su migración desde la Península arábiga hasta África del Norte en el siglo X. Desde el siglo XIV, esta epopeya se canta en verso por poetas acompañados de un instrumento de percusión y de un violín de dos cuerdas (rubab) en acontecimientos importantes y en bodas y circuncisiones. Antaño muy difundida, la única versión que ha llegado hasta la actualidad es la egipcia y ha sido inscrito en la lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.[11]

Una de las primeras novelas escritas en el Egipto árabe fue Al-Risalah al-Kamiliyyah fil Siera al-Nabawiyyah, traducida al latín como El teólogo autodidacto, de Ibn al-Nafis. Es un relato teológico con algunos elementos futuristas que han sido descritos por algunos críticos como de "ciencia ficción". Por otra parte, muchos de los cuentos incluidos en Las mil y una noches se pueden rastrear como pertenecientes a tradiciones medievales egipcias. Este tipo de materiales se sumó a otras dos tradiciones que estaban también presentes en esta colección en el siglo XV, la hindú y la persa.

El pionero del teatro egipcio fue Yaqub Sannu (1839-1912), llamado "el Molière de Egipto". Escribía en árabe dialectal y se inspiraba en los modelos europeos de Molière, Goldoni y Richard Sheridan. Ahmed Chawqi (1868-1932), llamado "el Príncipe de los poetas", estudió en Francia y allí tomó por modelos a Pierre Corneille y Jean Racine, escribiendo numerosas piezas de teatro en verso inspiradas en la historia egipcia y las leyendas árabes, por ejemplo La muerte de Cleopatra y La locura de Leyla.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX el mundo árabe experimento la Al-Nahda, un movimiento renacentista que afectó a todos los aspectos de la vida, incluyendo la literatura. Algunos años más tarde Muhammad Hussein Haykal (1888-1956) escribió la primera novela moderna en lengua árabe, Zaynab (1914), una historia de amor ambientada en un entorno rural. Su contemporáneo Taha Hussein (1889-1973) fue uno de los grandes nombres del movimiento modernista en el mundo árabe. Ciego desde muy joven, recibió una formación religiosa tradicional en la mezquita cairota de Al-Azhar, que evoca en su autobiografía novelada El libro de los días (Al-Ayyam, 1929-1932). Se interrogó sobre varios aspectos de la cultura árabe, y estudió la poesía preislámica con aparato crítico moderno. Se aproximó asimismo a otras tradiciones culturales mediterráneas, como la griega, la francesa y la italiana.

Tawfiq Al-Hakim (1898-1987) creó el teatro egipcio moderno, que hasta entonces estaba dominado por la farsa y la comedia ligera. Sus piezas están inspiradas por ideas del patrimonio árabe y del occidental: Sherezade (1934), Edipo rey (1939), Pigmalión (1942), o incluso temas sociales como El secreto de la suicida (1937) o Una bala en pleno corazón (1944). También se atrevió a escribir una pieza sobre el profeta, Mahoma (1936), destinada a la lectura y no a ser representada. Una de las figuras más importantes de este periodo es Naguib Mahfuz, el primer egipcio en ganar el Premio Nobel de literatura.

El origen de la novela en Egipto está vinculado a la ola de traducciones, más bien adaptaciones, de la narrativa europea romántica, detectivesca e histórica que se produjo a finales del siglo XIX. Dos autores son los más representativos de este momento: Yuryi Zaydan (1861-1914) y Mustafa Lufti al-Manfaluti (1876-1924).

Durante mucho tiempo Egipto ha sido una tierra cosmopolita, en particular la ciudad y puerto de Alejandría, cuya población provenía de diversos lugares. Numerosos escritores importantes han así adoptado otras lenguas y no el árabe para sus obras, que sin embargo forman parte del corpus literario egipcio. Se pueden citar, entre otros, a Edmond Jabès, Albert Cossery y Andrée Chedid en francés, a Stratís Tsircas y Constantino Kavafis en griego, y a la novelista Ahdaf Soueif en inglés. Además, numerosos escritores, expatriados o no, han hecho de Egipto el marco de sus escritos, y sin duda el más célebre es el inglés Lawrence Durrell, autor de El cuarteto de Alejandría. También se puede citar a Terenci Moix y su tetralogía de novelas históricas No digas que fue un sueño (1986), El sueño de Alejandría (1988), El amargo don de la belleza (1996) y El arpista ciego (2002).



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