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Marquesado del Valle de Oaxaca



El marquesado del Valle de Oaxaca (México) es un título nobiliario hereditario concedido el 20 de julio de 1529 por el emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico al explorador, descubridor y conquistador pacense Hernán Cortés, gobernador y capitán general de la Nueva España, en reconocimiento por sus servicios a la Corona «y especialmente en el descubrimiento y población de la Nueva España».[1]

A pesar de su nombre, las tierras del marquesado cubrían un área mucho más grande que el Valle de Oaxaca: comprendía una vasta extensión de tierra de las hoy entidades mexicanas de Oaxaca, Morelos, Veracruz, Michoacán, Estado de México y ciudad de México.

Después de la caída de Tenochtitlan, con la captura del último Tlatoani mexica, Cuauhtémoc, el 13 de agosto de 1521, el Imperio azteca desapareció, pasando a formar parte del Imperio español. El triunfo le dio estatus legal a Cortés, cuya posición había sido impugnada durante la conquista.[2][3]

El 15 de octubre de 1522, se emitió una Real Cédula nombrándolo gobernador y capitán general de Nueva España. Cortés gobernó personalmente los territorios recién conquistados hasta 1524, cuando se fue a Las Hibueras, hoy Honduras, al frente de una expedición contra el rebelde Cristóbal de Olid, quien había declarado su independencia de España, reclamando el territorio como suyo.

De regreso a la Ciudad de México en 1526, tras haber derrotado a Olid, Cortés encontró que sus enemigos: el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, presidente del Consejo de Indias y Diego Velázquez de Cuéllar, gobernador de Cuba, habían convencido a Carlos V de que iniciara un juicio de residencia en su contra. El rey nombró juez de la residencia y gobernador a Luis Ponce de León, quien sucedió a Cortés de su cargo de gobernador el 16 de julio de 1526. Ponce de León murió poco después y fue reemplazado por Marcos de Aguilar, quien también falleció al poco tiempo. Cortés, acusado por sus opositores de envenenar a ambos,[3]​ decidió regresar a España para apelar a la justicia del rey.

En 1528, Cortés llegó a Castilla, donde se presentó con gran esplendor ante la corte de Carlos V y respondió con franqueza a las acusaciones de sus enemigos. Se ganó el favor real, se confirmó oficialmente sus tenencias de tierras y vasallos y le fue creado el título de marqués del Valle de Oaxaca, mismo que le fue otorgado por una Real Cédula emitida el 6 de julio de 1529. También fue honrado con el título de caballero de la Orden de Santiago y el cargo honorífico de Capitán general de Nueva España y de la costa del Mar del Sur,[4]​ y el noble título de Don, pero no le fue reintegrado el cargo de gobernador de Nueva España. como él deseaba.

Cortés regresó a Nueva España en 1530, para encargarse de las exploraciones en el Mar del Sur, como se llamó entonces al Océano Pacífico.[5]​ Llegó acompañado de su segunda esposa, la noble española Juana de Zúñiga y Ramírez de Arellano. Fueron padres de seis hijos, cuatro de los cuales llegaron a la edad adulta, incluyendo a Martín, su único varón legítimo, quien recibió el título, tras la muerte de su padre, en 1547.

Cortés estaba emparentado de manera directa por su madre con Francisco Pizarro, quien alcanzó también el rango de noble otorgado por el rey de España en reconocimiento de sus conquistas en América en defensa de los intereses de la corona española.

El 27 de julio de 1529 se emitió una nueva Cédula Real, permitiendo a Cortés establecer un mayorazgo.[6]​ La institución del mayorazgo, que tuvo lugar el 9 de enero de 1535,[6]​ garantizó la permanencia del Marquesado, ya que implicó la mayor parte de las tierras de Cortés, sus propiedades urbanas y vasallos, haciéndolo heredable, junto con la dignidad del Marquesado. El mayorazgo también estableció la sucesión al título, que es de preferencia por la primogenitura masculina, es decir, a la mujer se le permite acceder solo si carece de hermanos vivos y si sus hermanos difuntos no dejaron descendientes masculinos legítimos. También se especifica que el marqués o marquesa tiene que ser católico, leal al rey, y llevar el nombre y las armas de Cortés.[6]

La propiedad de Cortés, su marquesal,[7]​ como se dice técnicamente, fue una jurisdicción señorial hereditaria. Eso significó que el marqués del Valle de Oaxaca tenía jurisdicción civil y criminal total sobre sus 23,000 vasallos,[8]​ y podía nombrar a los funcionarios administrativos y de justicia.[9]​ A pesar de que la Corona había concedido el título y los privilegios, las "autoridades reales hicieron esfuerzos continuos para prevenir que el Marquesado adquiriera plenamente el poder político y jurídico típico el modelo clásico feudal".[10]

Otras de las de las escasas jurisdicciones señoriales hereditarias concedidas en los dominios del imperio español fueron: el Ducado de Veragua otorgado, con el título de Marquesado de Jamaica, a los descendientes de Cristóbal Colón; el Ducado de Atrisco y el Marquesado de Santiago de Oropesa.[11]​ La Corona española prefirió premiar a los conquistadores a través del sistema de encomienda, la concesión de tributo y de trabajo de los asentamientos indígenas específicos para el titular de la encomienda.[12][13]​ Estas solo podían ser heredadas hasta dos generaciones, y los encomenderos no tenía ningún poder político o judicial en sus territorios, dependían de la pertinente Real Audiencia y la Capitanía general o la Intendencia.[13]

El marquesal concedido a Cortés no era una propiedad geográficamente unificada, consistía en áreas con valor económico, separadas, fértiles, pobladas, y a menudo estratégicas, en diferentes partes de México. Las tenencias cubrieron una extensión total de más de 11,500 km².[8][14]​ Cortés construyó un palacio en Cuernavaca, ahora capital del estado de Morelos, que está relativamente cerca de la ciudad de México, donde tuvo participaciones significativas.

Hacia 1535 se hizo un censo de casa por casa en lengua náhuatl. Se conserva el de la región de Cuernavaca, que da información importante sobre la estructura social y económica de las comunidades indígenas que tuvo Cortés. Es probable que el censo se llevara a cabo como parte de su disputa con la Corona española sobre el número de tributarios que realmente tuvo. Cortés está censado con su título de marqués, así que es fácil ubicarlo. El censo también da información importante sobre el grado de eficacia a nivel local de la evangelización cristiana, ya que cada miembro del hogar fue identificado como bautizado o no bautizado.[15][16]

Este tipo de documentación a nivel local escrito en lenguas indígenas es utilizado en la Etnohistoria o Nueva Filología de Mesoamérica para escribir la historia desde el punto de vista de los indígenas. Los censos de Cuernavaca, levantados 15 años después de la conquista de México, muestran cómo Cortés, reconocido como jefe supremo de las comunidades indígenas, propició que estas siguieran funcionando con pocos cambios.

El marquesal se componía de siete jurisdicciones:[9]​Cuatro corregimientos y tres Alcaldías Mayores.[9]

Las inversiones dieron enormes ingresos al Marquesado. Cuando se manejaba bien, era una empresa económica, lucrativa, con una administración centralizada.[19]

Hasta 1567, el marqués le asignó la supervisión general de los asuntos inmobiliarios a su mayordomo mayor, un funcionario que dependía directamente de él, cuyo trabajo consistía en la administración fondos y materiales, así como la realización de juicios.[20]​ En ese año, las autoridades virreinales descubrieron la llamada "Conspiración del marqués del Valle", Martín Cortés, segundo marqués y su hermano Martín Cortés (el Mestizo), para desconocer al rey de España, con el apoyo de los hijos de los conquistadores, quienes estaban descontentos con las Leyes Nuevas que restringieron la herencia de encomiendas.[21]​ El rey ordenó la incautación del Marquesado, lo que significó que la Corona tomó el control de la propiedad y de todos sus ingresos; los hermanos Cortés fueron expulsados de la Nueva España y se les prohibió volver. Algunos otros participantes, como los hermanos Ávila, fueron condenados a muerte y ejecutados. Finalmente, la legislación entró en vigor, excepto la disposición de la no herencia de las encomiendas. La norma que subsistió fue la concesión por "dos vidas": la del titular y su heredero.

A pesar de que la incautación fue levantada en 1593, los marqueses perdieron el control directo de la administración de la propiedad, ya que tuvieron que mantener la estructura a través de la cual la Corona había estado trabajando, que les quitaba la autonomía de gobierno que solían ejercer.[20]​ A partir de entonces, el Marquesado tuvo una burocracia fija: el juez gobernador y privativo de la propiedad; el contador; el abogado de Cámara; el procurador; el agente solicitador; el ministro ejecutor; el administrador de las casas y la renta del suelo y el intérprete del náhuatl.[9]​ Cuando se trataba de discutir asuntos inmobiliarios, los funcionarios sesionaban en grupo, llamado Junta. Además, había una oficina en Madrid, la Dirección General, por lo que las decisiones se tomaban junto con los agentes del marqués.[20]

El Códice del Marquesado del Valle, escrito en la segunda mitad del siglo XVI, incluyó 28 peticiones presentadas por los terratenientes locales, en lengua náhuatl, solicitando devolución de sus tierras confiscadas.[22][23]

Martín, el segundo marqués, obtuvo de Felipe II el perdón real en 1574, lo que le permitió regresar a España de su exilio en Orán, al noroeste de Argelia, y recuperar parte de sus propiedades incautadas en México. Sin embargo, se sostuvo la prohibición de su regreso a Nueva España, pagó una multa de 50,000 ducados y prestó 100,000 más a la Corona.[24]​ Murió en Madrid en 1589 y fue sucedido en el título por su hijo mayor, Hernando Cortés, tercer marqués del Valle de Oaxaca, a quien le fue reintegrado el resto de su patrimonio en 1593, con la ayuda de su cuñado, Diego Fernández de Cabrera, tercer conde de Chinchón, asesor cercano del rey.[24]​ El tercer marqués no dejó hijos legítimos, por lo que a su muerte el título pasó a su hermano, Pedro Cortés, cuarto marqués del Valle de Oaxaca, quien pudo asentarse en Nueva España y asumir personalmente la gestión de la propiedad, que había sido controlada por administradores desde 1567.

El cuarto marqués también murió sin descendientes, por lo que, con los nietos, en 1629, terminó la línea directa de Hernán Cortés. El Marquesado fue heredado por la hermana de Hernando y Pedro, Juana Cortés, la quinta marquesa, esposa de Pedro Castillo de Mendoza, Conde de Priego. A su muerte, su hija mayor, Estefanía Carrillo de Mendoza y Cortés, casada con el duque de Terranova, Diego de Aragón, heredó el título, lo que la convirtió en la sexta marquesa. Tras la herencia del título, de acuerdo con el mayorazgo o vinculación, la familia adoptó el nombre de Aragona Tagliavia Cortés, aunque comúnmente se conoce como Tagliavia d'Aragona.[25]

Estefanía y Diego tuvieron una sola hija, Juana (Giovanna), una de las más ricas herederas de su tiempo,[26]​ que se casó con Héctor (Ettore) Pignatelli, quinto duque de Monteleone, dando a luz a una dinastía que reunió a la inmensa riqueza de la Aragonas, la Tagliavias, los Pignatelli y Cortés, sus títulos y sus feudos, entre los cuales el marquesado mexicano fue la joya de la corona. Tras el matrimonio, el esposo asumió el nombre de Aragona Pignatelli Cortés para él y todos sus descendientes, pero de hecho se le conoce como Pignatelli de Aragón.[25]

Los Pignatelli continuaron recibiendo de la Monarquía Española las mercedes otorgadas por Carlos V a Hernán Cortés de manera regular, incluso después de realizarse la independencia de México, ya que al principio las deudas públicas del virreinato fueron reconocidas íntegramente por el nuevo país.

En la primera mitad del siglo XIX, los Pignatelli designaron a Lucas Alamán como su apoderado en México, quien defendió la continuidad del pago de las rentas del Marquesado, pero los liberales cancelaron dichos pagos. Rotos los lazos económicos, los Pignatelli vendieron sus propiedades en México.

El título nobiliario fue rehabilitado por el rey Alfonso XIII en 1916 a favor de José Pignatelli Aragón Cortés y Fardella, quien continuó radicando con su familia en Italia.

En 1984, al morir sin descendencia el marqués Giuseppe Aragón Tagliavia Pignatelli Cortés, se extinguió la rama masculina de los Pignatelli Aragón Cortés. El marqués era además príncipe de Noia, duque de Monteleone y de Terranova. Esos títulos pasaron a su primo hermano Nicolo Pignatelli Aragón Cortes, Príncipe del Sacro Imperio Romano Germánico.

Simultáneamente, los derechos nobiliarios del Marquesado pasaron a una rama lateral, la del español Jorge de Llanza y Albert de Bobadilla, quien los reclamó, para repatriarlo. La Diputación de la Grandeza, organismo español que administra el estamento nobiliario del reino, falló en su favor y de nuevo el Marquesado del Valle de Oaxaca pertenece a una familia española, que se desvinculó de los Pignatelli.[27][28]

Actualmente Álvaro de Llanza y Figueroa, hijo de Jorge, ostenta el título de marqués. Está casado con Isabel López-Quesada Sanchiz, con quien procreó a sus hijos Claudia, Álvaro e Isabel.

Titulares del marquesado, hijos primogénitos de los anteriores, salvo casos especificados:[29][30]



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