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Mira (Cuenca)



Ayuntamiento de Mira

Mira es un municipio español de la provincia de Cuenca, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Tiene una superficie de 212,86 km² con una población de 905 habitantes (INE 2019) y una densidad de 4,59 hab/km².

El origen del nombre no está del todo claro; según algunos diccionarios de topónimos se le concede el significado que el DRAE otorga a mira en las fortalezas antiguas, es decir, obra que por su elevación permitía ver bien el terreno. En 1866 el historiador Trifón Muños y Soliva[3]​ afirmó que podría venir de la palabra hebrea Schamira, guarda, centinela, custodio; y de ella se quedó en Mira. Mucho más reciente es la opinión de Bernat Mira Tormo,[4]​ quien ha estudiado con gran interés la toponimia ibérica, y asegura que Mira es uno de los hidrónimos ibéricos, citados desde la antigüedad y cuyo significado sería "El río". De este hidrónimo y sus derivados, existiría una gran abundancia de nombres en España como en Portugal, como Mira, Mier, Miera, Mieres, Mera, Mérida o Miranda. Por su parte Francisco Piqué Más[5]​ piensa que su origen estaría en el antropónimo de Banü Amira, uno de los linajes que durante los primeros tiempos de la islamización tuvieron una importante presencia en la región de Santaver, región a la que por entonces pertenecía todo el territorio de Mira.

El escudo actual, elaborado en el año de 1996, está basado en un antiguo sello concejil de Mira del año 1252. Este sello constituye desde luego un inestimable testimonio a la hora de crear el escudo de armas. Pero mayor interés estiba en que marca el límite meridional de la difusión de un tipo de sello concejil arraigado en Aragón a principios de XIII, bien diferenciado del que por entonces era común en los concejos castellano-leoneses. Son sellos de una sola cara y de módulo mediano, semejante a los que vemos en países ultrapirináicos. En Castilla y león eran habituales los bifaces de mayor módulo. El origen aragonés queda confirmado en el caso del sello de Mira, pues el documento antes citado es un convenio con el Concejo de Teruel, que por cierto poseía en 1217 un sello análogo.[6]

En el sello se aprecia una torre de vigía alzada sobre una base o recinto de dos alturas, rodeada por una leyenda del SCONCEL de Mira, o sea, S.(igillum) CONCELLO MIRA, finalizando o empezando con una cruz patada. En definitiva, las armas de Mira quedan: de verde, una torre de plata aclarada del campo.

La bandera de Mira, es cuadrada de color blanco, con el escudo de armas en su centro.

El pueblo de Mira está situado en la falda de la ladera de un monte, en la comarca de la Serranía Baja de Cuenca, en el límite con la provincia de Valencia.

Con una superficie de 212,86 km², le convierte en el séptimo término municipal más grande de la provincia, por detrás de Cuenca, Huete, San Clemente, Iniesta, Las Pedroñeras y Campos del Paraíso.

Su término municipal es bastante agreste y con un desnivel de 808 m. La elevación más importante es el Pico Cabero (1398 msnm) y el punto más bajo se sitúa en el Pajazo (590 msnm), junto a la ribera del río Cabriel. En la siguiente lista están las principales elevaciones del municipio:

Cuenta con una climatología de tipo continental, con veranos cálidos e inviernos fríos, aunque con matiz mediterráneo. Mira cuenta con una estación de meteorológica automática perteneciente a la red de la Agencia Estatal de Meteorología.

Pertenecen al municipio de Mira las pedanías de La Cañada de Mira y Cañavedija. Hasta la década de 1960, existieron las pedanías de la Fuencaliente, el Panizar y el Cañaveral, que fueron desalojadas y posteriormente inundadas por las aguas del embalse de Contreras.

Por el término municipal de Mira discurren dos ríos:

La vegetación autóctona está representada por pinos, de distintas variedades, abundante matorral mediterráneo y plantas aromáticas silvestres, principalmente. Los cultivos agrícolas de tipo leñoso más destacados en Mira son los viñedos, almendros, frutales y olivos. También se cultivan cereales como el trigo y la cebada, y abundantes huertas cercanas al río Ojos de Moya que cruza el pueblo (denominándose a partir de ahí como río Mira) y riega los campos hasta desembocar en el embalse de Contreras.

De tiempos de la dominación musulmana no hay restos ni vestigios, exceptuando el sistema de regadío de las huertas que mantiene su estructura original sin sufrir apenas cambios, pero en lo alto del cerro a cuyos pies se halla el pueblo hubo un castillo, enclave defensivo del paso hacia Valencia. Ya en esta época Mira era dependiente de la ciudad de Requena. El castillo de Mira fue conquistado a los moros por el arzobispo de Toledo, don Rodrigo Jiménez de Rada en el año 1219. Dos años después, en 1221, el mismo arzobispo toledano entrega el castillo en feudo al noble aragonés Gil Garcés de Azagra, sobrino de los dos primeros señores de Albarracín.

La carta del Concejo de Teruel del año 1252, es una Carta de alianza entre el Concejo de Teruel y el de Mira sobre deudores y fianzas, y que informa de Gil Garcés II como dueño y señor de Mira. La carta se autentifica con un sello de cera del concejo municipal y del que hoy se ha elaborado el escudo de la Villa.

En un momento todavía no determinado, Mira deja de tener un señor y pasa a realengo. Posteriormente según el privilegio dado en Toledo por Alfonso X El Sabio el 6 de febrero de 1260, la villa de Mira pasa a ser agregada a la Comunidad de Villa y Tierra de Requena, quedando como aldea suya.

En el siglo XV Mira sigue considerado como lugar de Requena aunque con Concejo propio. El siglo XVI entra en Mira marcado por el nacimiento, el 25 de marzo de 1500, de Antón Martín, uno de sus hijos más ilustres, primer seguidor de la obra de San Juan de Dios y fundador de varios hospitales en Madrid. En este siglo se construye la ermita de la Piedad. En 1537, Carlos I otorgó a Mira jurisdicción propia con el término que tenía cuando era aldea de Requena que por esta real provisión deja de serlo.

Los siglos XVII y XVIII consolidan la población y su urbanismo y es cuando se construye el edificio del Ayuntamiento en la Plaza de la Villa, y la iglesia parroquial en honor a la Asunción de Nuestra Señora. Se sospecha que para estas obras se utilizaron materiales tanto del castillo como de antiguas ermitas. Actualmente en el cerro donde estaba el castillo, solamente queda la boca de un gran pozo que cuenta la leyenda que desde él se inicia un túnel que baja por el interior de la montaña hasta el río Mira. Ese pozo es conocido en el pueblo con el nombre de Pozo Mortero.

Como en el resto de la comarca el siglo XIX lo marcó la invasión napoleónica y las guerras carlistas, mientras que el siglo XX, tras la Guerra Civil y el período posterior de actividad de los maquis, de tanto interés en toda la zona, la despoblación hacia las grandes ciudades como Valencia y Barcelona fue el elemento predominante.

Actualmente, el pueblo de Mira junto a sus pueblos vecinos se encuentra en un proceso de desarrollo rural, novedoso y moderno, y en el que se tienen grandes esperanzas de futuro para un desenvolvimiento sostenible de los recursos naturales, culturales y socioeconómicos.

     Número de habitantes según el libro de los Millones en el siglo XVI.      Número de habitantes según el censo de Floridablanca en el siglo XVIII.      Número de habitantes según el Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal de 1829.      Población de derecho (1857-1897) según los censos de población del INE del siglo XIX.      Población de derecho (1900-1991) o población residente (2001) según los censos de población del INE.      Población según el padrón municipal de 2017 del INE.

Entre el Censo de 1857 y el anterior, crece el término del municipio porque incorpora a Narboneta. Entre el Censo de 1900 y el anterior, disminuye el término del municipio porque independiza a Narboneta.

La economía mireña está basada fundamentalmente en la agricultura. Los cultivos agrícolas de tipo leñoso más destacados en Mira son los viñedos, almendros, frutales y olivos. También se cultivan cereales como el trigo y la cebada, y abundantes huertas cercanas al río Ojos de Moya que cruza el pueblo (denominándose a partir de ahí como río Mira) y riega los campos hasta desembocar en el embalse de Contreras. Su distribución y venta está controlada por dos cooperativas, una la Cooperativa Agrícola San Antonio Abad, elabora y vende vinos, y ofrece suministros y servicios a sus socios y, otra, la Sociedad Cooperativa Miroliva, que produce un excepcional aceite de oliva virgen extra. También existen cooperativas forestales, dedicadas a trabajos y servicios forestales, varias granjas cunícolas, granjas avícolas, de cerdos y otra de gallinas, así como diferentes servicios y comercios dentro de la localidad.

Por el término de Mira circulan las siguientes carreteras:[7]

Cuando en 1947 fue inaugurada la línea ferroviaria Madrid-Cuenca-Valencia, Mira contó con una estación propia, sin embargo debido a su localización distante del núcleo urbano y su mal acceso, pronto cayó en desuso y fue abandonada en favor de la estación de tren de Camporrobles, situada a 10km de distancia y donde actualmente tienen parada los trenes de las líneas L6 y R5 de los servicios de Media Distancia Renfe.[8]

Mira cuenta con suficientes infraestructuras y servicios para toda la población, tiene farmacia y centro de salud (24 horas), un Centro Social Polivalente, Biblioteca, Centro de internet, instalaciones deportivas, asistencia de servicios sociales varios, piscina municipal y un conjunto urbanístico.

Respecto a la seguridad de la localidad, cuenta con Cuartel de la Guardia Civil.

Mira es una de las etapas del Camino de Santiago de la Lana desde Valencia.

Este camino de peregrinación se inicia en Puente la Reina (Navarra) y termina en la ciudad Murciana de Caravaca de la Cruz. Su trazado recupera el camino que habría seguido la astilla del Lignum Crucis en su llegada a Caravaca de la Cruz hace ocho siglos, recorriendo para ello los cerca de 800 kilómetros que separan Puente la Reina de la Ciudad Santa murciana. El Camino discurre por el término municipal de Mira y su trazado está totalmente señalizado. Información

Su gastronomía tradicional se compone principalmente de platos fuertes, como el conejo de monte al vino tinto, el morteruelo o el gazpacho manchego de liebre o perdiz. En el apartado de postres, cabe destacar el alajú o las riquísimas pelotas de cocido en dulce.[11]





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