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Monasterio de San Pedro el Viejo (Huesca)



El monasterio de San Pedro el Viejo, antes fue llamada «iglesia antigua de San Pedro el Viejo» de Huesca, es un edificio románico del siglo XII situado en el casco antiguo de la ciudad de Huesca (España). Considerado Monumento Nacional desde 1885,[1]​ su arquitectura y escultura lo convierten en uno de los conjuntos históricos más importantes del románico aragonés.

Lo que fue su Sala Capitular cumple la función de panteón real, con los sepulcros de dos reyes de Aragón: Alfonso I el Batallador y su hermano y sucesor, Ramiro II el Monje.

Aunque restos arqueológicos hallados en el lugar revelan que allí hubo algún tipo de templo o necrópolis romana, hay que esperar hasta el final de la Alta Edad Media para encontrar el rastro histórico del edificio.

Esta iglesia es una de las más antiguas de España y de las pocas que conservaron íntegras del tiempo de los godos. En la conquista de los musulmanes se les cedió a los cristianos que quedaron en la ciudad como tributarios con la facultad de celebrar allí su culto, el lugar se conocía en su tiempo como barrio de los mozárabes.

Al conquistar la ciudad de Huesca en 1096, los cristianos del Reino de Aragón descubrieron, en el lugar que hoy ocupa el monasterio, un templo cristiano visigodo dedicado a San Pedro y que había sido utilizado durante el dominio árabe por los mozárabes de la ciudad (entonces llamada Wasqa). El templo fue apodado “el viejo” por estos cristianos recién llegados, nombre que ha perdurado hasta nuestros días. La iglesia fue permutada a la abadía y castillo de Montearagón por la Mezquita mayor de Huesca que le había prometido tres años antes Sancho Ramírez de Aragón mediante privilegio magno.

El templo fue donado a la orden de los benedictinos, los cuales quisieron renovarlo y convertirlo en un monasterio acorde a los cánones estéticos de la época, es decir, lo que se denomina actualmente estilo románico. El comienzo de su construcción se sitúa en el año 1117, durante el reinado de Alfonso I el Batallador y poco antes de la conquista de la ciudad de Zaragoza (1118).

Se puede considerar que a finales del siglo XII el edificio estaba terminado, aunque se le fueron añadiendo diversos elementos con posterioridad (pinturas, esculturas, retablos, etc.), como es habitual en este tipo de construcciones.

El edificio tiene dos partes principales: la iglesia y el claustro.

La iglesia está formada por tres naves y sus respectivos ábsides. El retablo mayor es de madera policromada realizado por Juan de Alí (artista navarro) a principios del siglo XVII. Las capillas que circundan la iglesia muestran interesantes obras de arte de diversos periodos:

Su claustro rectangular está formado por arcos de medio punto y columnas dobles con elaborados capiteles (38 en total, 18 originales y el resto reproducciones del siglo XIX) que representan la vida de Jesús, así como otras escenas de carácter alegórico e histórico. Este claustro tiene en su lado este varias capillas en desigual estado de conservación:

Las antiguas dependencias de los monjes (situadas en la zona oeste del claustro) se dedican hoy en día a albergar diferentes piezas de gran valor artístico e histórico del monasterio (piezas de orfebrería, pequeñas estatuas, etc.).



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