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Os pinos



Os pinos es un poema del escritor y poeta gallego Eduardo Pondal publicado dentro de su obra Queixumes dos pinos en 1886. Consta de 10 estrofas, las cuales las cuatro primeras dan la letra al actual Himno de Galicia, adoptado oficialmente tras la aprobación del Estatuto de autonomía de Galicia de 1981, al que puso música, en un trabajo conjunto con Pondal en 1890, Pascual Veiga.[1]​ Como himno se ha llegado a utilizar también la totalidad del poema.

El poema está escrito en octava italiana de versos heptasílabos. Forman pareados el segundo y tercer verso, tienen rima libre el primero y el quinto y son agudos y rimados entre sí el cuarto y el octavo y el sexto y el séptimo ajustándose al esquema fijo de -a a b' -c c b'.[2]

Se cree que la sonoridad que da la composición en octavilla italiana en métrica heptasílaba pudiera haber influido en Xosé Fontenla Leal para su selección como himno gallego debido a su sonoridad.

Abunda la prosopopeya (figura retórica que da facultades de seres animados y vivos a objetos) que implica el mismo en el ambiente cultural e idiosincrasia del pueblo gallego. Identifica la tierra, la patria, con los elementos que se hallan en ella, los árboles, los pinos, la luz de la luna, el verdor de los montes, el suelo...

Como en el resto de la obra de Pondal en este poema no aparece el nombre de «Galicia» que es sustituido por las vinculaciones con Breogán, como padre de la patria gallega. Se nombra el «hogar de Breogán» en la segunda estrofa; la «nación de Breogán» en la cuarta estrofa, la «región de Breogán» en la quinta, el «rebaño de Breogán» en la sexta, las «hijas de Breogán» la séptima, «arpa de Breogán» en la octava, «armas de Breogán» en la novena y del «solar de Breogán» en la décima estrofa, para hacer referencia siempre a Galicia.

La utilización del lenguaje figurado haciendo uso de las similitudes, nombrando el «todo» por la parte o por su causa trae el pasado gloriosa de los orígenes celtas en contraposición del presente y la ilustración de un futuro para el cual se pide un cambio.

Que din os rumorosos
na costa verdecente
ao raio transparente
do prácido luar?
Que din as altas copas
de escuro arume arpado
co seu ben compasado
monótono fungar?

Do teu verdor cinguido
e de benignos astros
confín dos verdes castros
e valeroso chan,
non des a esquecemento
da inxuria o rudo encono;
desperta do teu sono
fogar de Breogán.

Os bos e xenerosos
a nosa voz entenden
e con arroubo atenden
o noso ronco son,
mais sóo os iñorantes
e féridos e duros,
imbéciles e escuros
non nos entenden, non.

Os tempos son chegados
dos bardos das edades
que as vosas vaguedades
cumprido fin terán;
pois, donde quer, xigante
a nosa voz pregoa
a redenzón da boa
nazón de Breogán.

Teus fillos vagorosos
en que honor soo late,
a intrépido combate
dispondo o peito van;
se, por ti mesma, libre
de indigna servidume
e de oprobioso alcume,
rexión de Breogán

Á nobre Lusitania
os brazos tende amigos,
ós eidos ben antigos
con un punxente afán;
e cumpre as vaguedades
dos teus soantes pinos
duns máxicos destinos,
¡oh, grei de Breogán!

Amor da terra verde,
da verde terra nosa,
acende a raza briosa
de Ousinde e de Froxán;
que aló nos seus garridos
xustillos, mal constreitos,
os doces e albos peitos
das fillas de Breogán;

que á nobre prole insinen
fortísimos acentos,
non mólidos concentos
que ás virxes só ben están;
mais os robustos ecos
que, ¡oh, patria!, ben recordas
das sonorosas cordas
das arpas de Breogán.

Estima non se alcanza
cun vil xemido brando;
calquer requer rogando
con voz que esquecerán;
mais cun rumor xigante,
subrime e parecido
ao intrépido sonido
das armas de Breogán.

Galegos, sede fortes,
prontos a grandes feitos;
aparellade os peitos
a glorioso afán;
fillos dos nobres celtas,
fortes e peregrinos,
luitade plos destinos
dos eidos de Breogán

¿Qué dicen los rumorosos,
en la costa enverdecida
al transparente rayo
de la plácida luz de luna?
¿Qué dicen las altas copas
de oscuro follaje arpado
con su bien acompasado
monótono zumbar?

De tu verdor ceñido
y de benignos astros,
confín de los verdes castros
y del valeroso suelo,
no des al olvido
de la injuria el rudo enconamiento;
despierta de tu sueño
Hogar de Breogán.

Los buenos y generosos,
nuestra voz entienden
y con devoción atienden
nuestro ronco sonido,
pero solo los ignorantes
y los salvajes y los duros,
imbéciles y oscuros,
no nos entienden, no.

Ya llegaron los tiempos
de los bardos de las edades
en que vuestras vaguedades
cumplido fin tendrán;
pues, por doquier, gigante
nuestra voz pregona
la redención de la buena
Nación de Breogán.

Tus hijos valerosos
en los que el honor solo late,
a intrépido combate
con el pecho dispuesto van;
se, por ti misma,
libre de indigna servidumbre
y de deshonrrado apodo
región de Breogán.

A la noble Lusitania
tiende los brazos amigos,
los solares bien antiguos
con un pujante afán;
y cumple con las vaguedades
de tus sonantes pinos
de unos mágicos destinos,
¡oh, rebaño de Breogán!

Amor de la tierra verde,
de la verde tierra nuestra,
enciende la raza briosa
de Ousinde y de Froxán;
más allá de sus llamativos
jubones mal cosidos,
los dulces y blancos pechos
de las hijas de Breogán

Que a la noble prole enseñen
fortísimos acentos
no frágiles conceptos
que a las vírgenes van;
sino robustos ecos
que, ¡oh patria! bien recuerdas
de las sonoras cuerdas
del arpa de Breogán.

La estima no se alcanza
con el vil gemido blando
pues de quien pide rogando
su voz olvidarán;
no así al rumor gigante,
sublime y parecido
del intrépido sonido
de las armas de Breogán.

Gallegos, sed fuertes,
prestos a grandes hechos;
aparejad los pechos
a igual glorioso afán;
hijos de los nobles celtas,
fuertes y peregrinos
luchad por los destinos
del Solar de Breogán.

El texto del himno es fruto de la correspondencia que mantuvieron Eduardo Pondal y Pascual Veiga en 1890, en el que el compositor le solicitaba al escritor un texto para una partitura que iba a presentar con motivo de un certamen en el que se iba a elegir el mejor himno gallego para el caso que el premio resultara desierto. Después de varias redacciones, Pondal le envía un primer texto que tituló Breogán. Pascual Veiga le solicita algunos cambios en la acentuación para adaptarlo rítmicamente a la música que había compuesto.

El texto definitivo se publicó ya como Os Pinos por primera vez el 22 de mayo de 1890 en un folleto del certamen musical que había convocado el Orfeón n.º 4 de La Coruña para elegir la mejor Marcha Regional Gallega. El texto apareció también en A Monteira de Lugo y en El Eco de Galicia de La Habana. Al final, aunque hubo ensayos, el himno no se interpretó (la mayoría de las versiones de la letra del himno derivan del texto que apareció en la número 18 de la revista Galicia de La Habana en 1905; en 1935 el texto se integró en la segunda edición, realizada por la Real Academia Gallega, de Queixumes dos pinos, base de las versiones modernas del texto).

El 20 de diciembre de 1907 se estrena en Habana y pasó a ser considerado himno gallego interpretado en los actos de regionalistas y agraristas tomando popularidad y llegando a ser aceptado y reconocido cómo tal, imponiéndose a otras propuestas como el Himno de la Acción Gallega. Cuando se prohibió el uso durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera, las sociedades gallegas de América intensificaron su interés por su interpretación pública. Durante la Segunda República consiguió un cierto grado de reconocimiento, sin embargo no llegó a ser considerado oficialmente como Himno de Galicia. La primera grabación de la que se tiene constancia la realizó el Coro Cantigas y Aturuxos de Lugo el 19 de noviembre de 1918.

Prohibido durante la dictadura franquista fue apareciendo en la etapa de aperturismo cantándose en actos culturales como una canción más del folclore gallego. Desde 1960 comienza a interpretarse de forma más explícita, aunque disimulando sus aspectos ideológicos. En concreto, se cantaba sólo la primera parte.

En 1975, mientras tenían lugar unos actos folclóricos en la fiesta del Apóstol, la gente comenzó a levantarse de las sillas para entonarlo. Al año siguiente se instauró esta costumbre de manera definitiva en la Plaza de la Quintana, siendo asimismo ratificado por las autoridades competentes y asistentes al acto. Al fin y al cabo, la mayoría de los partidos no nacionalistas lo deberían asumir durante la campaña electoral de 1977.

De las diez estrofas que componen el poema en el actual himno en vigor se usan, solamente, las cuatro primeras. Incluso, de estas, las dos últimas han sido en diversas ocasiones históricas censuradas. Aun cuando el mensaje que el poema da se entiende desde las primeras estrofas, es conveniente que la interpretación se realice teniendo en cuenta la integridad de la obra.

En 1890, cuando fue escrito el poema original, aún no existía una norma ortográfica establecida del idioma gallego. La letra del himno oficializada en 1984 siguió la normativa ortográfica vigente (Normas Ortográficas y Morfolóxicas del Idioma Gallego) en el dicho año, por lo que, consecuentemente, existen ciertas diferencias gráficas entre la letra del himno y la versión original del poema de Eduardo Pondal.

Letra original de 1890

Letra de 1984

Letra de 1984 (castellano)

El poema gira sobre la figura de Breogan, rey celta considerado el padre mitológico del pueblo gallego, el Hogar de Breogán (en gallego fogar de Breogán) o la Nación de Breogán (en gallego Nazón de Breogán) es Galicia. De esta forma Pondal denomina a Galicia en el poema.

El mensaje es netamente nacionalista llamando a Galicia, a la Nazón de Breogán, a despertar y a no olvidar, a luchar por la libertad haciendo hincapié en la unidad de los gallegos y extendiendo esa unidad a Lusitania, a Portugal. Es un mandato continuo para que Galicia cambie su rumbo.

El poema empieza con dos interrogantes que se hacen al lector. En la primera estrofa se pregunta a ver que dicen os rumorosos (los rumorosos) al rayo de luz de luna mientras en la segunda pregunta sobre lo que dicen as altas copas. Los rumorosos son los pinos, los árboles, que se sitúan en la verde zona costera, la esencia ancestral del pueblo gallego que se representa por los árboles. Las preguntas buscan un medio de expresión, muy gallego, que busca unir e identificar a Galicia actual con la histórica.

La respuesta, que se da en el quinto verso de la segunda estrofa, es el no olvido de las injurias que han cometido con Galicia y del trato que le han dado, pidiendo que despierte de su sueño. La respuesta se da a Galicia, no al lector ni al poeta.

En la tercera estrofa se realiza la separación de quienes son favorables a Galicia y a los gallegos y quienes no. os bós e xenerosos a nosa voz entende... (los buenos y generosos nuestra voz entienden... mientras que iñorante, feridos, rudos, imbéciles e oscuros non nos entenden, non (los ignorantes, salvajes, rudos, imbéciles y oscuros no nos entienden, no).

La cuarta estrofa es un canto a la esperanza, donde se afirma que ha llegado el tiempo de la redención de la nación gallega y el fin de las vaguedades que la han atado. La figura del bardo celta que narra las hazañas de los héroes celtas que lucharon por su independencia.

La ética castrense se refleja en la quinta estrofa alardeando del valor y la nobleza de los gallegos en la lucha, donde puede significar la lucha por el bienestar allá donde se halle y por lo tanto la inmigración y el trabajo. Se pide, seguidamente, que sin ayuda de foránea Galicia sea libre de servidumbres.

El reconocimiento como Lusitania (Portugal) como parte antigua de la nación celta y la invitación al reencuentro.

El amor a la tierra, al solar patrio, es expresado en la sexta estrofa, el papel de la mujer que se reclama fundamental como lo fueron las mujeres celtas en las luchas por la libertad. Las mujeres tienen la voz de la educación de las nuevas generaciones de gallegos y a ellas se exhorta para que los hijos se eduquen en los valores de la cultura gallega. Los sonidos que todavía la patria recuerda de las cuerdas del arpa de Breogán, no son más que las voces de aquellas mujeres celtas recias, fuertes y sacrificadas.

La estima, no se puede alcanzar con gemidos y peticiones, sino al contrario, mediante la unidad y la lucha.

La décima y última estrofa llama a los gallegos a luchar por su propio destino. Les pide fuerza y preparación para la lucha, hace la ligazón directa de con los nobles celtas de quien descienden.[3]

El poema, que luego será himno, tiene un mensaje explícito y claro, enraizado en la idiosincrasia del pueblo gallego y en su historia mitológica, muy inteligible por el pueblo común sin demasiado esfuerzo.

Pondal expresa en poema una explicación total de Galicia, va desgranando cada elemento que corresponde a diferentes aspectos de la realidad social, habla del fogar (hogar) con concepto patria, de nazón (nación) como estructura sociopolítia, rexión (región) como ámbito, arpas como cultura, educación, fillas (hijas) como mujer y su papel en la sociedad, grei (grey, rebaño) como población, pueblo, armas como defensa o lucha y eidos (solar, campos) en referencia al territorio. En el poema se va tratando estrofa por estrofa cada uno de estos aspectos ligando los cambios a realizar para la liberación de Galicia al pasado celta del que se supone es el origen gallego.

La tercera y cuarta estrofa tienen una especial implicación en la vida gallega y algunas de sus frases se han utilizado como cliches para expresar y definir situaciones históricas o cualidades humanas. Os tempos son chegados y os bós exenerosos se utilizan habitualmente en discursos y artículos de políticos e intelectuales con ese fin.[4]



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