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Pan blanco



El pan blanco es un pan elaborado con harina de trigo refinada, es decir, aquella a la que se ha retirado el salvado (resultado de la molienda de las capas más externas del grano) y a menudo también el germen del cereal, en contraste con el pan integral hecho con harina integral de trigo, en la que estas partes se dejan y contribuyen al color parduzco.

La harina de trigo se llama harina blanca, y a menudo se blanquea usando mejoradores del pan. De este modo se aumenta su fecha de caducidad y se elimina el color amarillento y sus propiedades de horneado se vuelven más predecibles.

Se diferencia del pan integral en que la harina con la que se fabrica este último (La harina de trigo) sí que conserva el salvado y el germen.

Entre las propiedades nutricionales del pan blanco destaca la ausencia de colesterol. También proporciona más energía que el pan integral y contiene menos grasa por porción.

El pan blanco sigue siendo el más habitual en nuestras mesas a pesar del empuje cada vez mayor del integral. Los motivos pueden ser que suele costar menos que el integral, dura más (lo que permite dejarlo para otro día si es necesario) y también que la harina blanca es la que estamos más acostumbrados a ver.

Aunque suela decirse que el pan blanco es peor que el integral, lo cierto es que también tiene propiedades saludables. Por ejemplo, un estudio reciente detectó que el pan blanco favorece el crecimiento de la flora intestinal, las bacterias “buenas” que ayudan a protegernos de enfermedades.

El pan blanco se critica a menudo por ser menos nutritivo que otros panes. Algunas de las vitaminas propias del trigo se retiran junto con el germen. La mayoría del pan blanco comercial contiene poca fibra alimentaria en comparación con el pan que incluye el salvado, lo que no contribuye a un adecuado tránsito intestinal.




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