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Raquel Carolina Ángela Negro



Raquel Carolina Ángela Negro (María) (26 de abril de 1949, Santa Fe, secuestrada y desaparecida el 2 de enero de 1978 en Mar del Plata)[1]​ fue una trabajadora social y militante de Montoneros víctima de la última dictadura cívico militar de Argentina

Raquel estudió en el Normal de Santa Fe y se recibió de trabajadora social. Militó en el Movimiento Evita, en las FAR y en Montoneros.[2]​ En 1973 se desempeñó en la Secretaría de Cultura y Acción Social de la Municipalidad de Santa Fe.[3]​ Estuvo casada con Marcelino Álvarez Fernández (nacido el 11 de diciembre de 1945), quien había desaparecido el 4 de noviembre de 1976, en Rosario, Argentina.[4]

Tenía un hijo de un año y medio, Sebastián Álvarez. El 2 de enero de 1978 Raquel, Sebastián y Tulio Valenzuela fueron secuestrados en las calles Luro y Catamarca, en el centro de Mar del Plata.[5]​ Ese mismo día fueron llevados al centro clandestino de detención llamado "La Quinta" de Funes, en los alrededores de Rosario, Santa Fe, donde estaba arrestada clandestinamente casi toda la cúpula regional de Montoneros.[5]​ Sebastián Álvarez estuvo cautivo unos pocos días en la Quinta de Funes y luego fue restituido a sus abuelos maternos.[6]​ Raquel Negro, embarazada de mellizos, quedó como rehén en ese centro clandestino de detención, mientras su pareja, Edgar Tulio Valenzuela, era llevado para la Operación México, un intento del entonces jefe del Comando del Segundo Cuerpo de Ejército, Leopoldo Galtieri, para asesinar a los máximos dirigentes montoneros.[2]

Tulio tenía una decisión acordada con su pareja Raquel: simuló colaborar, pero al llegar a destino denunció públicamente lo que pasaba, desmanteló la operación y responsabilizó al jefe militar por la vida de su mujer y su hijo (no sabía que eran mellizos).[2][6]​ Al momento de la despedida Raquel le habría dicho: «Vos conmigo tenés un problema, Tucho. Si vas y hacés lo que convinimos, lo que nos juramentamos que tenés que hacer, me van a matar, van a matarnos como a perros a todos los que estamos aquí y no podamos escapar, pero si no lo hacés me perdés para siempre, porque te dejo, te lo juro, nunca más en tu vida me volvés a ver, ¿está claro?».[7]

Tucho viajó a México y, tal como había convenido con María, en vez de concretar la misión encomendada, desenmascaró ante la dirección de Montoneros y la prensa local y extranjera el operativo motorizado por Galtieri.

Sus hijos mellizos, un niño y una niña, Sabrina, nacieron el 26 de marzo de 1978 en el Hospital Militar de la ciudad de Paraná, Entre Ríos, hecho averiguado por Abuelas de Plaza de Mayo. La joven recuperó su identidad el 23 de diciembre de 2008. Del varón no hay más datos.[2]​ Dos integrantes del grupo de tareas rosarino que había secuestrado a la pareja en Mar del Plata, Walter Pagano y Juan Daniel Amelong, llevaron a la beba hasta la puerta del Hogar del Huérfano de Rosario. Sabrina fue adoptada por la familia Gullino, de Ramallo.[2]

Tulio volvió a la Argentina pocos meses después, y fue atrapado por los represores.[2]

Sabrina no imaginó que era hija de desaparecidos, al no haber nada sospechoso en el trámite de su adopción. Al empezar a estudiar en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario, se interesó por la historia reciente. La fecha de su nacimiento la empujó a tomar la decisión de hacerse un análisis de ADN. Desde diciembre de 2008, la vida de Sabrina cambió radicalmente. Conoció a su hermano mayor, Sebastián –hijo de Raquel y Marcelino Álvarez– que la había buscado incansablemente. Juntos, continúan buscando al hermano mellizo de Sabrina. El año 2009 conoció a su hermano Matías, hijo de Tulio.[2]

Por una ordenanza del Concejo Municipal de Santa fe, de agosto de 2010, se decidió denominar con nombre de mujeres ilustres de la ciudad de Santa Fe a las calles del puerto local: una de ellas lleva el nombre Raquel Negro.[3]

Sabrina, Sebastián y Matías, hijos de Edgar Tulio Valenzuela y de Raquel Negro, protagonistas de la historia en la que se basa la película Operación México, un pacto de amor criticaron el planteamiento de la historia de sus padres realizado por el director del film, Leonardo Becchini.[7]

En ese artículo el excanciller Rafael Bielsa, autor del libro original Tucho. La Operación México o lo irrevocable de la pasión, reflexiona sobre esta tragedia arquetípíca de los años 70 y una generación con la que dijo sentirse totalmente identificado.[7]​Se trata de su primera novela, publicada por Edhasa.[8]

Los hijos dicen: «Como argentinos heredamos un legado histórico-político complejo. Una historia densa, muchas veces abrumadora, incómoda de asimilar, pero rica en experiencias de luchas colectivas. Esta parte del legado es la que elegimos. Ser hijos de una generación que fue capaz de dedicar su vida para transformar la realidad, comprometida totalmente con su tiempo».[9]



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