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Sacramentos



En el cristianismo, un sacramento es un acto mediante el cual el creyente manifiesta su relación con Dios. Las diversas corrientes cristianas discrepan sobre los actos que deben considerarse sacramentos, así como sobre las formalidades de los mismos.

El vocablo sacramento proviene del latín sacramentum, con el cual en las traducciones más tempranas del griego al latín se buscó traducir el griego mystērion (μυστήριον).

Morfológicamente, sacramentum es una derivación del verbo sacrare ('hacer santo') mediante el sufijo denominalizador -mentum (instrumental, "medio para"), esto es, sacramentum equivale gramaticalmente a 'instrumento para hacer santo'. Este vocablo se usaba a la llegada del cristianismo a Roma para designar un juramento de los soldados romanos de servicio incondicional al ejército imperial.

En cuanto a mystērion, refiere a lo que hoy en día llamamos con la palabra 'misterio' o con 'místico'. El griego bíblico, hace referencia a "lo que, estando fuera de la comprensión natural, puede ser conocido solo por revelación divina".

Los sacramentos —en la teología de la Iglesia católica, ortodoxa y copta— son signos sensibles y eficaces de la gracia invisible de Dios a través de los cuales se otorga la vida divina, es decir, ofrecen al creyente el ser hijos de Dios. Según el catolicismo, la ortodoxia y el coptismo fueron instituidos por Jesucristo y confiados a la Iglesia.

En total las Iglesias católica, ortodoxa y copta, reconocen siete sacramentos, en orden:

Los sacramentos se administran en distintos momentos de la vida del católico y simbólicamente la abarcan por entero, desde el bautismo (que se suele administrar a los niños) hasta la unción de los enfermos (que antes del Concilio Vaticano II se aplicaba solo a los que estuvieran en peligro de muerte). Mientras la totalidad de los sacramentos pueden ser administrados por el obispo, solo cinco de los siete sacramentos pueden ser administrados por un presbítero. Los diáconos por su parte solo pueden administrar el bautismo y el matrimonio. El bautismo, en ocasiones excepcionales, puede ser administrado por cualquier laico, o incluso no católico, que tenga la intención de hacer con el signo lo que la Iglesia hace. Además, según la opinión de la mayoría de los teólogos de rito latino en el sacramento del matrimonio los ministros son los mismos contrayentes, sin embargo prácticamente la totalidad de los teólogos de rito oriental y una importante minoría de los de rito latino rechaza esta tesis.

En el caso de la Ortodoxia (Iglesia ortodoxa) y del Coptismo (Iglesia Copta) bautismo, confirmación y eucaristía (en ese orden) se administran a los niños durante el primer año de vida. Los niños siguen recibiendo la eucaristía sin condición previa hasta que tiene uso de razón, desde este momento deben confesarse antes de acceder a la Eucaristía. El Matrimonio es administrado por el sacerdote. Al contrario de la Iglesia Católica por lo regular a los diáconos no se les permite administrar sacramentos en estas iglesias.

La Iglesia Anglicana solo acepta los dos sacramentos que según dicha iglesia están claramente presentes en los evangelios, el bautismo y la eucaristía. Sobre otros sacramentos existen debates y diversas posturas teológicas, y reciben el nombre de "sacramentos menores". Respecto a esto es menester saber que la Iglesia Anglicana está dividida en tres partes: "Iglesia Alta" o "Anglocatólica" surgida del Movimiento de Oxford a principios del siglo XIX sector que acepta y practica los siete sacramentos o actos de fe que nos relacionan con el Dios de la creación, la Iglesia Baja o sector que por mantener posturas calvinistas rechaza que estos actos de fe, definidos por la Iglesia con sustentación bíblica, se llamen sacramentos, y la Iglesia liberal que considera que todos los sacramentos son puramente simbólicos. Por eso, no para toda la Iglesia Anglicana solo existen dos sacramentos, para muchos anglicanos en el mundo, los sacramentos son siete.

El luteranismo considera a los sacramentos como base esencial de la religión. En las Confesiones de Augsburgo de 1530, primera exposición oficial de sus principios, dice que los sacramentos son «ritos basados en un mandamiento o precepto de Dios y a los que se ha añadido la promesa de gracia». Apoyado en ese principio las Confesiones de Augsburgo establecen también que "los verdaderos sacramentos" son dos:

Los sacramentos reconocidos por las Iglesias Presbiterianas son solo dos:

La Iglesia Presbiteriana considera el bautismo como el acto por medio del cual los creyentes testifican su fe por medio de una profesión pública. Según esta iglesia, con el bautismo los creyentes no solo son admitidos en la Iglesia Visible y dentro de la Familia de Dios, sino que a través de dicho acto reciben la señal y el sello del Pacto de Gracia y de este modo, expresan que han experimentado en su encuentro personal con Cristo, el lavamiento o regeneración que opera el Espíritu Santo en el interior de sus vidas.

El elemento externo que se usa para este acto es el agua común y la forma y práctica para administrarlo, tanto a los niños como a los adultos, es por aspersión o efusión. Se administra en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Para la Iglesia presbiteriana es el sacramento, que expresa la redención de Jesucristo y uno de los medios de gracia para la nutrición espiritual y testimonio de los creyentes acerca de su unión con Cristo, como el nuevo Pueblo de Dios; unión sellada con el Nuevo Pacto, a través de su sangre.

Según la Iglesia presbiteriana, este sacramento fue instituido directamente por Jesucristo la noche en que fue entregado a sus enemigos.

Se utilizan dos elementos, el pan y el vino. Siendo el pan, pan común, a criterio de cada iglesia. Aunque algunas iglesias prefieren usar pan u obleas sin levadura, quedando en libertad para hacerlo.

En cuanto al vino, usan preferentemente jugo auténtico de uva; pudiendo usar también vino de consagrar.

La Sociedad Religiosa de los Amigos (Cuáqueros) no reconocen ningún sacramento, de acuerdo al principio que la inspira de comunicación directa de cada creyente con Dios.

En las iglesias del cristianismo evangélico, adhiriéndose a la doctrina de la Iglesia de creyentes, hay dos ordenanzas que son el bautismo del creyente (por inmersión en agua) y la comunión. [1][2]​Algunas denominaciones bautistas y pentecostales también practican el lavatorio de los pies como una tercera ordenanza. [3][4]

La Iglesia Adventista del Séptimo Día reconoce dos ritos, que no considera sacramentos:

Los Adventistas del Séptimo Día practican el bautismo de los creyentes por inmersión completa, en forma similar a los Bautistas. Argumentan que el bautismo requiere consentimiento por entendimiento, y responsabilidad moral. De manera que los bebés solamente son dedicados al Señor, que en realidad es un símbolo de la gratitud a Dios por el bebé, por parte de los padres, la comunidad e Iglesia, y de su compromiso de criar al niño en el amor de Jesús. Los Adventistas del Séptimo Día creen que el bautismo es un nuevo nacimiento hablando espiritualmente, testifican su muerte al pecado y de su intención de caminar en una vida nueva. El bautismo es símbolo de la unión con Cristo, del perdón de los pecados, y de la recepción del Espíritu Santo y es contingente sobre una afirmación de fe en Jesús y un arrepentimiento de pecados evidente, es una declaración pública del compromiso de la vida del individuo y su entrega a Jesús; por lo tanto comienza una nueva vida en el Señor.

Los Adventístas del Séptimo Día practican la Cena del Señor (conocida en otras denominaciones como eucaristía), la cual es un servicio abierto, basado en el informe de San Juan capítulo 13.[5]​ El servicio incluye una ceremonia de lavamiento de los pies y la participación de la Cena del Señor que consiste de panes sin levadura y jugo de uva no fermentado.

Los testigos de Jehová reconocen un solo sacramento, el bautismo. Sin embargo, ellos no utilizan la expresión sacramento para referirse al bautismo, ni lo consideran un rito.

Solo pueden bautizarse aquellos que tienen capacidad de elegir y comprender qué simboliza el bautismo. Por tanto, no bautizan a los recién nacidos. Hay una serie de pasos previos antes del bautismo:

El único sacramento reconocido por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es:



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