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Sexo casual



Sexo ocasional, sexo casual o sexo esporádico hace referencia a la práctica de sexo entre personas cuyo vínculo puede englobar desde un encuentro de una noche hasta una relación romántica. Este amplio espectro hace referencia a diversas relaciones interpersonales que están siendo objeto de estudio sociológico en los últimos años.

Esta definición engloba relaciones heterosexuales y homosexuales, y pueden ser practicadas entre personas de diversas orientaciones sexuales y géneros. Tienen en común que, en principio, no se trata de relaciones continuadas en el tiempo y que están motivadas por la búsqueda del placer sexual.

A finales del siglo XX, se ha producido[¿dónde?] un equilibrio social entre hombres y mujeres[cita requerida]; dicho acto, apoyado por el crecimiento y establecimiento de las nuevas tecnologías en la sociedad, ha posibilitado la aparición de páginas web que ofrecen la posibilidad de encontrar personas que busquen sexo ocasional o una relación de una noche.

Los orígenes del sexo ocasional están vinculados directamente a la historia de la sexualidad humana. Con la llegada de la Edad Media y la consagración de la religión como un fuerte estamento social, el sexo ocasional cambió de definición y pasó a considerarse un acto impuro. Esto no es óbice para que no fuera una práctica habitual; dicho acto, según fuera cometido por hombres o mujeres, suponía un castigo nimio o grave respectivamente. Este halo de prohibición acompaña a su práctica hasta nuestros días. Durante los siglos XVII, XVIII y XIX, gracias a la influencia de las corrientes humanistas, el sexo ocasional no cambió su estatus de tabú. Sin embargo, dichos estudios sociales y filosóficos comienzan a analizar su influencia en los individuos desde el punto de vista de las relaciones sociales. Ya en el siglo XX, autores como Sigmund Freud o Michel Foucault tratan el sexo ocasional en varios de sus tratados más importantes. Asimismo, en la década de los 60 se inicia en Europa y EE. UU. una revolución social donde se abandonan las antiguas diferencias sociales[1]​ para buscar una sociedad donde el peso de las mujeres sea equitativo al de los hombres.[2]​ Esto favorece a que las primeras adquieran mayor autonomía en cuestiones sexuales así como una asimilación positiva del sexo ocasional. Este hecho ha propiciado un buen caldo de cultivo para lo que actualmente se entiende como tal.

A pesar de ser un acto arraigado en la historia de la Humanidad, existe cierta reticencia a hacer pública dicha intención. Los primeros estudios sobre sexualidad en general datan de inicios del siglo XX gracias al doctor alemán Iwan Bloch quien publicó la primera revista sobre sexología. Muchos se unieron a dicho movimiento, estableciendo así las bases para futuros estudios. Entre ellos, uno de los más importantes es el Informe Kinsey[3]​ realizado en 1948. Allí, la mayoría de los encuestados aseguraron practicar regularmente el sexo esporádico; sin embargo, también afirmaron mantenerlo en secreto por el miedo a una repulsa social. Estos resultados han sido el punto de partida de otros estudios donde se indaga sobre las razones que lleva a la sociedad a tratar el sexo ocasional como un tabú. Este estudio científico también apuntó que una de las razones que llevaba a los entrevistados a practicar el sexo ocasional era la sensación de excitación que provocaba en los usuarios el saber que era un acto socialmente inapropiado. Estudios recientes al respecto se centran en lo que empuja a las personas a buscar sexo ocasional. Desde hace décadas, la tendencia a buscar un encuentro esporádico ha aumentado entre los jóvenes. Así concluye el informe realizado por el Dr. Justin Lehmiller[4]​ de la Universidad de Colorado. Las motivaciones que llevan a buscar este tipo de relación son, entre otras, la satisfacción de un impulso sexual. Sin embargo, este mismo informe apunta que detrás de dicho instinto se esconde una necesidad de encontrar una estabilidad emocional combinado con el hecho de disfrutar de las relaciones sociales y sexuales. Este fenómeno ha ido creciendo a lo largo de los años. Tanto es así que la industria cinematográfica ha utilizado este argumento para muchas de sus últimas superproducciones. Títulos como Sin compromiso, protagonizada por Natalie Portman y Ashton Kutcher o Amigos con beneficios, interpretada por Justin Timberlake y Mila Kunis, cuentan con una relación sexual ocasional como eje de la trama. El binomio necesidad biológica-rechazo social favorece el uso de las redes sociales en busca de una relación ocasional ya que proporciona al usuario la sensación de privacidad y confidencialidad necesaria para acallar ciertos prejuicios morales al respecto.

Son muchas las páginas de citas o dating que ofrecen la posibilidad de contactar con otras personas con pensamientos e intenciones similares. A través de conversaciones vía chat o e-mail, los usuarios de estas redes sociales entran en contacto virtual con otras personas con el objetivo de transformar ese contacto “on line” en una cita sexual. Esta nueva forma de búsqueda ha generado un mercado empresarial en torno al sexo esporádico. Este mercado engloba a grandes empresas multinacionales con presencia en decenas de países así como las redes sociales emergentes. Por tanto, son innumerables las páginas web que ofrecen servicios como intermediarios entre usuarios.



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