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Seyyed Alí Jameneí



Alí Hoseiní Jamenei (en persa, Acerca de este sonido  سید علی حسینی خامنه‌ای ) (Mashhad, 17 de julio de 1939)[1]​ es actualmente líder supremo de Irán, cabeza de la clase dirigente clerical islámica de su país y «fuente de emulación» (marŷaʿ) del chiismo duodecimano.

Presidente de Irán entre 1981 y 1989, y líder supremo desde que fuera designado para suceder al ayatolá Jomeini en dicho cargo en junio de 1989, es reconocido como una de las tres figuras que más han marcado la trayectoria de la República Islámica de Irán, siendo las otras dos el propio Jomeini, fundador de la República Islámica, y el ayatolá Akbar Hashemí Rafsanyaní.[2]​ En 2010, la revista Forbes lo clasificó como la 26ª "persona más poderosa del mundo".[3]

Casado y con seis hijos, el ayatolá Jameneí desciende de una familia clerical originaria de Tafresh, instalada en Tabriz.[4]​ Alí Jameneí es el segundo de ocho hermanos, dos de los cuales son también ulemas.

Su hermano mayor Mohammad es antiguo miembro del Consejo de Expertos Constitucionarios y preside la Fundación Sadra de Sabiduría Islámica. Su hermano menor Hadí es miembro influyente de la reformista Asamblea de Clérigos Combatientes, ha sido varias veces diputado en el Parlamento, y fue editor del diario reformista Hayât-e No, clausurado en 2003 por orden del Tribunal Especial del Clero.[5]​ Su hermana Badri Hoseini Jameneí era esposa del ulema revolucionario Sheij Alí Tehraní. Ambos formaron parte de la organización armada de oposición Muyahidines del Pueblo de Irán, hasta el año 1995 en que volvieron a Irán de su exilio iraquí. Su hermano menor Hasán Jameneí es responsable de la Comisión de Seguimiento de las Infracciones Administrativas del ministerio del Petróleo.[6]

Una de las hijas de Alí Jameneí es nuera de Mohammad Golpayeganí, director del Despacho del Líder Supremo desde 1989.[7]​ Su hijo Moŷtabá Jameneí es yerno de Gholamalí Haddad Adel, antiguo presidente del Parlamento, miembro del Consejo de Discernimiento del Interés del Estado, director de la Academia de la Lengua Persa y miembro del Alto Consejo de la Revolución Cultural.[8]​ Su hijo Mostafá es yerno del ayatolá Joshvaqt, miembro del Consejo Superior de la Revolución Cultural en los primeros años de la Revolución Islámica.

Alí Jameneí fue criado con suma sencillez y austeridad. Desde su niñez siguió un currículo tradicional de estudios islámicos y literarios bajo la supervisión de su padre y otros clérigos, entre ellos el conocido lider, Ahmad El-Kababbus, que fue sentenciado por haber acosado sexualmente a varios alumnos, sin embargo Alí siempre feliz en sus clases. Tras asistir a los seminarios islámicos de Mashhad, hizo un peregrinaje a Nayaf, donde estudió durante varios meses hasta que, tras varios meses, su padre lo obligó a regresar a Irán.[1]​ Entre 1958 y 1964, Jameneí prosiguió con sus estudios en los seminarios de Qom, donde se benefició de las enseñanzas de ulemas de gran prestigio, como los grandes ayatolás Seyyed Hosein Boruyerdí y Allamé Tabatabaí y del ayatolá Ruhollah Jomeini, que en aquellos años empezaba a destacar por su activismo político contra los proyectos modernistas del Shah.

En 1964 se ve obligado a regresar a Mashhad para cuidar de su padre, que ha perdido la visión de un ojo a causa de unas cataratas. En Mashhad siguió estudiando hasta 1968, además de comenzar a impartir clases para los seminaristas más jóvenes.[9]

Jameneí domina el persa y el árabe, además de hablar con menos fluidez el azerí, lengua materna de su padre. Ha traducido del árabe al persa varios libros, incluidas obras del influyente teórico islamista Seyyed Qotb. Como otros numerosos estudiantes de su época, Alí Jameneí se implicó mucho más en la militancia política que en los estudios religiosos.[10]​ En su juventud, Alí Jameneí fue muy aficionado a la poesía e incluso la música, y frecuentó los círculos literarios de Mashhad, y a sus poetas más destacados como Mehdí Ajaván-e Salés y Mohammad-Reza Shafií Kadkaní.[11]

Si bien Alí Jameneí se presenta como discípulo del ayatolá Jomeini en materias de fiqh, principios teológicos, política y activismo revolucionario, afirma que las primeras chispas de su combate contra el régimen monárquico las recibió de Navvab Safaví, quien en 1952 organizó junto a su grupo Fedayines del Islam un encendido discurso en Mashhad en la misma escuela Soleymán Jan en que estudiaba Jameneí, discurso en el que trató de la revivificación del islam y la puesta en vigor de sus mandatos, y mostró su oposición al régimen Pahlevi y al Reino Unido, acusándolos de falsos y traidores a la nación iraní.[12]

Alí Jameneí fue detenido por primera vez el 2 de junio de 1963, y salió libre al día siguiente. El 5 de junio del mismo año fue detenido el ayatolá Jomeini, dando lugar a un multitudinario y cruento movimiento de protesta. Jameneí fue entonces de nuevo arrestado en la ciudad de Biryand, y retenido durante 10 días. A finales de enero de 1964 fue detenido por la SAVAK tras pronunciar un discurso en Kermán, y fue encarcelado en régimen de aislamiento durante dos meses en Teherán. En 1965, la persecución de la SAVAK por sus clases de pensamiento islámico lo llevaron a la clandestinidad. Entre los años 60 y 70 volvió a pasar varias veces por prisión, en un ambiente pre revolucionario en que frente a la represión gubernamental surgían distintos grupos armados y los clérigos veían aumentar el público que escuchaba sus prédicas cada vez más politizadas. Detenido en enero de 1975, fue mantenido en régimen de aislamiento hasta otoño del mismo año. En marzo de 1978, fue de nuevo detenido y desterrado a Iranshahr (en Sistán y Baluchistán) hasta el otoño. En vísperas ya de la caída del régimen Pahlevi, Jamenei fue llamado por Jomeini a integrar el Consejo de la Revolución Islámica, junto a figuras como Morteza Motahharí, Mohammad Beheshtí y Rafsanyaní, y en marzo contribuyó a la fundación del Partido de la República Islámica.[1]

Desde el triunfo de la revolución, Alí Jameneí ocupó numerosos puestos: en 1979, viceministro de Defensa, jefatura de los recién formados Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (los Pasdarán) y director de la plegaria de viernes en Teherán. En 1980, representante del pueblo de Teherán en el Parlamento de Consulta Islámica y delegado del ayatolá Jomeini en el Consejo Superior de Defensa (era frecuente su presencia activa en el frente de guerra a raíz de la invasión del territorio iraní en septiembre de 1980 por el régimen de Saddam Husein).[1]

En junio de 1981, tras declararse la organización Muyahidines del Pueblo en pie de guerra contra el nuevo régimen, Jameneí fue víctima de un atentado en una conferencia de prensa, con un explosivo camuflado en una grabadora de casete. Jameneí salvó la vida por poco, y perdió para siempre el uso de su brazo derecho[13]​ .[14]​ Tras el asesinato en agosto del presidente Rayaí, Jameneí fue elegido para sucederlo por una mayoría abrumadora en elecciones celebradas en octubre, convirtiéndose en el primer clérigo en ocupar el cargo.

En su discurso de investidura, Jameneí se comprometió a eliminar "las desviaciones, el liberalismo y el izquierdismo influido por Estados Unidos".[15]​ El nuevo régimen se enfrentó a la enérgica oposición de distintos sectores, tanto pacífica como violenta (con asesinatos, guerra de guerrillas e insurrecciones). Tanto antes como durante la presidencia de Jameneí, la represión estatal fue brutal a lo largo de la década de 1980, hallando la muerte miles de simples miembros de los grupos insurgentes, a menudo juzgados sumariamente por los tribunales revolucionarios.[16]

Tras la expulsión del ejército iraquí de Irán en 1982, Jameneí fue junto al primer ministro Mir-Hosein Musaví uno de los principales oponentes a la decisión del ayatolá Jomeini de contraatacar invadiendo el territorio iraquí.[17]

En 1985, Alí Jameneí fue reelegido para un segundo mandato presidencial, obteniendo el 85,66% del total de votos emitidos.

En 1989, tras ser forzado a renunciar a su puesto el gran ayatolá (âyatollâh-ol-ozmâ, آیت‌الله العظما) Hosein Alí Montazerí por haber criticado las torturas y ejecuciones en las cárceles, Jomeini designó a Jameneí como director de la plegaria pública de los viernes en Teherán.

Durante toda la década de los años 80, Jameneí contribuyó en la dirección del país mientras este atravesaba la dura guerra frente a Irak, lo que le permitió desarrollar estrechos vínculos con la crecientemente poderosa Guardia Revolucionaria. El presidente Jameneí era conocido por su notable interés en los asuntos militares, presupuestarios y administrativos.[13]

La noción de la tutela de un alfaquí o jurista islámico (en persa, ولی فقیه /vali-e faqih/, o /velâyat-e faqih/) sobre el gobierno había sido desarrollada por el ayatolá Jomeini en una serie de conferencias publicadas después en forma de libro.[18][19]​ La Constitución de Irán denomina como “Líder”, “Guía” o “Caudillo” (en persa rahbar: رهبر) al alfaquí que ejerce dicha tutela sobre el Estado islámico,[20]​ función que fue desempeñada por el propio ayatolá Jomeini desde el triunfo de la revolución islámica hasta su muerte, acaecida el 3 de junio de 1989. Un día después, la Asamblea de Expertos del Liderazgo designó a Alí Jameneí (por mayoría de dos tercios) para ocupar el cargo, tras haber rechazado la formación de un directorio de tres personas (los ayatolás Meshkiní, Musaví Ardabilí y Jameneí), así como el Liderazgo del gran ayatolá Mohammad Reza Golpayganí.[21][22]

La Constitución de la República Islámica exigía que el Líder Supremo sea marŷa (marŷa'-e taqlid, مرجع تقلید «fuente de emulación»), grado que no había alcanzado Jameneí (ni siquiera era ayatolá). Sin embargo, la disconformidad del ayatolá Jomeini con los candidatos disponibles para sucederlo lo llevó a designar en abril de 1989 una comisión para reformar la Constitución en el sentido de que se requiriese al Líder ser sólo experto en jurisprudencia islámica y poseer las «capacidades políticas y de administración adecuadas».[15][23]​ La élite política de la República Islámica cerró filas en torno al designado y su estatuto pasó de hoyyatoleslam a ayatolá de la noche a la mañana. La enmienda constitucional no había sido aún sometida a plebiscito, por lo que en un primer momento la Asamblea de Expertos otorgó a Jameneí un título provisional, hasta que entró en vigor la nueva ley fundamental.

El estatuto de marŷa de Jameneí es controvertido para algunas personas. En 1994, tras fallecer el gran ayatolá Mohammad Alí Arakí, la Asociación de Profesores del Seminario de Qom declaró a Jameneí como nuevo marŷa. Sin embargo, cuatro 'grandes ayatolás' pertenecientes a la oposición iraní se negaron a reconocerle ese rango: Mohammad Shirazí, entonces en arresto domiciliario por su oposición a Jomeini; Hosein Alí Montazerí; Hasán Tabatabaí Qomí y Yasuboddín Rastegarí.[24][25]

A pesar de esta controversia, el propio Alí Jameneí es autor de una fátua que decreta que el criterio del vali-ye faqih en materias relacionadas con el islam prevalecen sobre el del pueblo entero.[26]​ En calidad de Marya´ (referencia religiosa), Jameneí ha emitido, como otros religiosos que han llegado a su jerarquía, fátuas en respuesta a preguntas planteadas por fieles musulmanes chiíes de todo el mundo «sobre todos los temas, de la ley islámica a las apuestas sobre baloncesto, las ayudas de estudio para niños cuidados por no musulmanes, el uso de motocicletas por mujeres o la estancia en hoteles frecuentados por budistas». Ha decretado en contra del uso de corbatas y a escuchar determinados tipos de música, aunque no contra los pirsin en la nariz, siempre y cuando queden cubiertos.[27]

El Liderazgo de Jameneí ha diferido en mucho del de Jomeini. Si bien ha proseguido con la política de Jomeini consistente en "mantener en equilibrio a unos grupos contra otros, asegurándose de que ninguna facción acapara demasiado poder",[13][28]​ al carecer del carisma y estatus clerical de Jomeini, Jameneí ha desarrollado distintas redes de influencia. Primero, dentro de las fuerzas armadas; a continuación, entre los clérigos administradores de las grandes fundaciones religiosas (los bonyad) y de los seminarios islámicos de Qom y Mashhad.[28]​ El politólogo Vali Nasr señala que pasar al Liderazgo, conservó muchos de los poderes de la Presidencia, convirtiéndose en un "supervisor todopoderoso de la escena político iraní". Los agentes a las órdenes de Jameneí influyen las distintas instituciones iraníes, en ocasiones en conflicto entre sí: "el Parlamento, la Presidencia, el Poder Judicial, la Guardia Revolucionaria, el ejército regular, los servicios de inteligencia, los organismos policiales, la élite clerical, los directores de la oración del viernes y gran parte de los medios de comunicación", así como diversas "fundaciones no gubernamentales, organizaciones, consejos, seminarios y grupos empresariales".[13]

En sus discursos, Jameneí acostumbra mencionar motivos habituales de la revolución de 1979 y de las problemáticas actuales del mundo islámico: justicia social, independencia nacional, autosuficiencia, gobierno basado en principios islámicos y oposición resuelta a Israel y Estados Unidos. No ha viajado fuera de Irán desde que accedió al puesto de Líder supremo, aunque sí efectuara un viaje a Libia en su período de presidente de la República Islámica.[29]

Jameneí, como Líder Supremo, es comandante en jefe de todas las fuerzas armadas de Irán, y designa a los jefes del Poder Judicial y de la radiotelevisión nacional IRIB.

Alí Jameneí ha alentado el programa de privatizaciones llevado a cabo por los distintos gobiernos de Irán,[30]​ en particular con la modificación del artículo 44 de la Constitución iraní, que reservaba para la gestión estatal las infraestructuras básicas del país.[31]​ Jameneí ha mostrado su apoyo a la gestión del presidente Ahmadineyad, afirmando que nadie tenía derecho a culpar a su gobierno de los problemas económicos y recomendando a la población contentarse y evitar despilfarros, sin preocuparse por las sanciones económicas impuestas a Irán.[32][33]

En un discurso de 2002, el ayatolá Jameneí manifestó su descontento con la actuación del ministro de Ciencias y Educación reformista Mostafá Moín por haber permitido que los estudiantes realizasen actividades que él consideraba contrarias al Islam, como estudiar e interpretar música y otras artes, viajar a países no islámicos y realizar viajes de carácter no religioso. Jameneí reclamó que se aplicara un control más estricto en este sentido.[34]

Alí Jameneí alienta en sus discursos el progreso científico. Fue de los primeros religiosos islámicos en permitir la investigación con células madre (a condición de ser usada para crear partes, no seres humanos enteros), así como la clonación terapéutica.[35][36]​ En 1999, Jameneí emitió una fetua sobre reproducción asistida que contradecía la antes promulgada por Gad El-Hak Ali Gad El-Hak, de la universidad islámica egipcia de Al-Azhar, en el sentido de una liberalización. Jameneí decretaba legítima la intervención de un tercero, ya sea por donación de esperma u óvulo, o una madre de alquiler.[37]​ Esto condujo a un alza del "turismo de fertilidad" en Irán.[38]

Jameneí también ha manifestado su convicción de la importancia de la tecnología nuclear de uso pacífico, por no ser eternas las reservas de petróleo y gas.[39]

El ayatolá Jameneí es autor de un decreto religioso según el cual está prohibido en el islam producir, almacenar o usar armamento nuclear.[40]​ La fetua fue citada en declaraciones oficiales del gobierno iraní en una reunión en Viena con la Agencia Internacional de la Energía Atómica en agosto de 2005.[41]

El período de Jameneí se ha caracterizado por una serie de medidas que ponen de manifiesto intolerancia hacia grupos minoritarios. La comunidad bahaí de Irán, minoría religiosa no islámica más numerosa del país, sufre a este respecto en mayor grado al no estar reconocida como confesión legítima, a diferencia del zoroastrismo, cristianismo y judaísmo. Tras la persecución sufrida durante la primera década de República Islámica, bajo el liderazgo del ayatolá Jameneí las acciones violentas han tendido a ser sustituidas por una estrategia de exclusión social y difamación en los medios de comunicación estatales, como expresa el documento presentado ante la ONU en 1993 como memorando oficial secreto, y que porta la firma del ayatolá Jameneí. Las autoridades iraníes niegan la autenticidad del documento, conocido como Memorando Golpayganí, aunque las medidas prescritas se aplican en Irán, como la exclusión del sistema universitario, y la detención con cargos políticos de los líderes de la comunidad.[42][43][44]

La Constitución iraní atribuye al Líder Supremo la potestad de designar y destituir al director de la radiotelevisión estatal IRIB.[45]​ En 2000, Jameneí secundó el veto del Consejo de Guardianes a una reforma parlamentaria de la ley de prensa, aduciendo que la ley vigente había evitado que los enemigos del Islam se apoderaran de la prensa.[46]​ Ese mismo año, el Comité para la Protección de los Periodistas lo calificó como "uno de los diez mayores enemigos de la prensa y la libertad de expresión".[47]

Alí Jameneí ha secundado enérgicamente[48]​ la vasta serie de operaciones policiales lanzadas desde el primer mandato presidencial de Mahmud Ahmadineyad bajo el nombre de «Plan de Incremento de la Seguridad en Sociedad» (طرح ارتقاء امنیت اجتماعی),[49]​ que ha marcado de manera notable la vida social iraní, además de suscitar vivas controversias jurídicas al atribuir competencias legislativas no previstas en el ordenamiento legal de Irán a los cuerpos policiales y al Consejo Superior de la Revolución Cultural, primer expositor del plan.[50]​ Entre los aspectos del plan se encuentran violentas intervenciones contra individuos expuestos públicamente, sin juicio previo, como "chusma";[51]​ la sistematización del control vestimentario de los viandantes por patrullas específicas;[52]​ abordaje de clientes a la salida de tiendas de ropa y cierre de las mismas;[53][54]​ incremento de la fiscalización del parentesco entre personas de distinto sexo en espacios públicos;[55]​ cierre de estudios fotográficos, cafés, cyber-cafés, etc.;[56]​ apertura de expedientes judiciales por vestimenta inapropiada de mujeres;[57]​ control de contenidos de los teléfonos móviles (aun desmentido oficialmente),[58]​ etc.

En julio de 2007, Jameneí criticó a las militantes iraníes pro derechos de la mujer y la CEDAW, afirmando: «En nuestro país… algunas activistas, y algunos hombres también, han estado tratando de jugar con las normas islámicas para adecuarse a las convenciones internacionales referentes a las mujeres. Esto está mal». Jameneí realizó estas declaraciones dos días después de que fuera condenada la militante feminista Delaram Alí a 34 meses de cárcel y 10 latigazos.[59]​ En relación con la vestimenta femenina, el ayatolá Jameneí aboga por la obligatoriedad del hiyab.[60]

Como Líder Supremo, Alí Jamenei influencia los procesos electorales iraníes a través de la designación de la mitad de los miembros del Consejo de Guardianes, encargados de ratificar o vetar todas las candidaturas. En las elecciones legislativas de febrero de 2004, el Consejo de Guardianes anuló miles de candidaturas, incluidas las de ochenta diputados salientes —uno de ellos el vicepresidente de la cámara—, gran parte de los parlamentarios reformistas y todos los candidatos del Frente de Participación del Irán Islámico, partido del entonces presidente Jatamí. A consecuencia de estos vetos, los conservadores obtuvieron el 70% de los escaños, marcando un punto de inflexión decisivo en la evolución política de Irán, ya que los comicios pusieron punto final al movimiento de reformas iniciado por Mohammad Jatamí desde que fuera elegido por mayoría abrumadora en mayo de 1997.[61]

En la elección presidencial de 2005, las alusiones de Jameneí a la importancia de la lucha contra la corrupción, la fidelidad a los ideales de la Revolución islámica y la superioridad de la inteligencia y dinamismo de los ingenieros fueron interpretadas por algunos como un sutil respaldo a la candidatura de Mahmud Ahmadineyad (doctor en ingeniería de tráfico). Desde la elección de 2005, Jameneí expresó su apoyo al presidente Ahmadineyad con un grado de apertura y decisión muy distintos de lo que había sido su relación con el presidente reformista Jatamí.[15]

Jameneí ha adoptado una posición de firmeza frente a lo que se ha descrito como "el mayor desafío interno en treinta años" a los dirigentes de la República Islámica: las protestas post electorales de 2009. El Líder de Irán ha declarado que no reconsiderará los resultados electorales ni cederá ante la presión popular por la controvertida reelección para la presidencia de Mahmud Ahmadineyad.[62]​ "Gracias a Dios, la elección presidencial se llevó a cabo con corrección, y los asuntos que ahora se plantean deben seguir su curso legal".[63]​ En una comparecencia pública para dirigir los rezos del viernes 19 de junio, manifestó su apoyo al vencedor anunciado y acusó a las potencias extranjeras —incluidas Reino Unido, Israel y Estados Unidos— de fomentar las protestas por los resultados electorales.[64]​ Jameneí describió en particular al Reino Unido como «el más vil» de los enemigos,[65]​ asegurando que el pueblo iraní respondería con "puño de hierro" en caso de inmiscuirse las potencias occidentales en los asuntos internos de Irán.[66]

A mediados de agosto de 2009, un grupo anónimo de antiguos legisladores reformistas reclamó a la Asamblea de Expertos que examinase la capacitación de Alí Jameneí para el ejercicio del cargo de Líder Supremo.[67]​ Una semana más tarde se publicó otra carta anónima, en nombre de un grupo de ulemas, en la que se calificaba a Alí Jameneí de «dictador» y se reclamaba su destitución. Las cartas han sido consideradas como un golpe a la reputación de Jameneí como «árbitro neutral y personalidad del Islam»,[68]​ además de un «desafío sin precedentes al hombre más poderoso del país», si bien su poder de hecho no se resintió de igual manera. El diario New York Times reflejaba cómo «había empezado a aparecer en pintadas sobre los muros de Teherán la frase "muerte a Jameneí", casi inimaginable poco tiempo atrás».[68]

De acuerdo con la Constitución de Irán, Jameneí tiene «responsabilidad directa» en la política internacional de la República Islámica, que «no puede llevarse a cabo sin su aprobación y participación directas». Posee un equipo propio de política exterior «que incluye a dos antiguos ministros de exteriores», independiente del de la presidencia, y «puede, en todo momento, introducirse en el proceso político y corregir una medida o decisión incorrectas».[29]

Ha sido recurrente el desdén manifestado por Jameneí hacia los Estados Unidos y, de modo general, Occidente, en sus discursos, ya fuera el asunto de estos la política exterior, la agricultura o la educación.[15]​ Según Jameneí, es «evidente que el conflicto y la confrontación» entre la República Islámica de Irán y EE. UU. son «algo natural e inevitable», dado que Washington «trata de establecer una dictadura global y promover sus intereses particulares subyugando a otras naciones y pisoteando sus derechos».[69]​ Pero más recientemente ha declarado posible un eventual acercamiento pese a que «la ruptura de los vínculos con Estados Unidos forma parte de nuestra orientación básica» y que «cualquier relación proporcionaría a los americanos la posibilidad de infiltrarse en Irán, allanando el camino a sus servicios de inteligencia y sus espías»: «Nunca hemos dicho que las relaciones seguirían cortadas eternamente. El día en que mantener relaciones con Estados Unidos sea beneficioso para la nación iraní, yo seré sin duda el primero en aprobarlas».[70]

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Jameneí condenó los ataques y a sus autores, y pidió una condena de las actividades terroristas en todo el mundo, al tiempo que ponía en guardia con vehemencia contra una intervención militar en Afganistán.[71]

Jameneí advirtió el 4 de junio de 2006 de que, en caso de ser atacado Irán por Estados Unidos, interrumpiría el flujo energético del Golfo Pérsico (alrededor del 20% del suministro diario mundial de petróleo atraviesa el estrecho de Ormuz, frente a las costas iraníes), e insistió en que Irán no renunciaría a su derecho a producir combustible nuclear.[72]

El día 14 de septiembre de 2007, el ayatolá Jameneí predijo que George W. Bush y otros responsables estadounidenses serían algún día juzgados en un tribunal penal internacional por la invasión de Irak.[73]​ Pocas semanas después, Jameneí responsabilizó a Washington de la inseguridad y el "terrorismo ciego" reinante en Irak tras la invasión.[74]

El día 21 de marzo de 2009, un día después de ofrecer inesperadamente a Irán el presidente estadounidense Barack Obama «un nuevo comienzo» en relaciones diplomáticas, Jameneí se mostró escéptico ante lo que calificó de mero cambio retórico suficiente, añadiendo: «Observaremos y juzgaremos… Si ustedes cambian, nosotros modificaremos nuestro comportamiento».[75]​ En junio de 2011, Jameneí cuestionó el discurso de los Estados Unidos sobre «terrorismo» invirtiendo términos; acusando de terroristas las acciones de Washington en Pakistán, Afganistán, Irán y elogiando como lucha de liberación territorial la de los grupos palestinos combatientes.[76]​ En este mismo sentido, ya en 2006 Jameneí había desacreditado para dar lecciones sobre «derechos humanos y lucha contra el terrorismo» a «quien tiene prisiones como Guantánamo o Abu Ghraib».[77]

Jameneí es un firme oponente al estado de Israel y el sionismo. En 2000 tuvieron mucho eco sus declaraciones: «este tumor canceroso debe ser eliminado de la región» y «nadie permitirá que un puñado de matones y bandadas repugnantes de Londres, Washington y Moscú gobiernen a los palestinos». En la misma ocasión afirmó que «los refugiados palestinos deben regresar, y los musulmanes, cristianos y judíos podrán elegir un gobierno para sí mismos, excluyendo a los judíos inmigrados».[78]

En 2005, Jameneí replicó a la sonada frase del presidente Ahmadineyad sobre «borrar de la página del tiempo al régimen ocupante de Al-Quds» aclarando que «la República Islámica nunca ha amenazado ni amenazará jamás a ningún país».[79]​ El principal consejero de Jameneí en política exterior, Alí Akbar Velayatí, se negó además a participar en la conferencia sobre el Holocausto de 2006 en Teherán, calificando el Holocausto de genocidio y de «realidad histórica».[80]

En el sermón pronunciado en Teherán el viernes 19 de septiembre de 2008, Jameneí calificó de «erróneo, irracional, inútil y absurdo decir que seamos amigos del pueblo israelí», prohibiendo que prosiguiera un debate sobre la cuestión.[81]​ Se trataba de una refutación de las declaraciones del vicepresidente Esfandiar Rahim Mashaí en el sentido de que el conflicto de Irán con Israel no contradecía la amistad con la nación israelí.[82]

Una de las obras sobre Alí Jamenei es un libro de sus memorias. La casa editorial Andisheh Sharq (Islamoriente) publica en español el primer libro de memorias y la biografía de Seyyed Ali Jamenei.

Esta obra titulada “Las memorias más bellas del Líder de la Revolución Islámica de Irán” y escrita por Yafar Hamzeh, permite a los pueblos hispanohablantes que tengan un conocimiento de la personalidad de Jamenei.

En este libro se puede leer las memorias y los recuerdos que guardan autoridades de la República Islámica de la vida y personalidad del Líder iraní en distintas etapas de su vida.

Esta obra traducida por un grupo islámico.[83][84]




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