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Shame (película)



Shame (titulada como Shame: Deseos culpables o Shame: Sin reservas en algunos países hispanohablantes) es una película británica estrenada en 2011. Dirigida por Steve McQueen sobre un guion propio y de Abi Morgan, la cinta está protagonizada por Michael Fassbender y Carey Mulligan.

La película narra la historia de Brandon Sullivan (Michael Fassbender), un hombre de unos 30 años que vive y trabaja en Nueva York. Brandon sufre de adicción sexual, pasa su tiempo buscando todo tipo de aventuras sexuales: ve películas pornográficas en la computadora, contrata prostitutas, busca mujeres en los bares o contacta mujeres en el metro y también entra a un establecimiento de encuentros homosexuales. De repente, su hermana (Carey Mulligan) -que sin solución para sus problemas psicológicos, está recurriendo a él una vez más- aparece en su apartamento. Él decide, con la presencia de ella en su vida, romper con todo: tira a la basura toda su pornografía e intenta iniciar una relación de pareja comprometida con Marianne (Nicole Beharie), una de sus compañeras de oficina.

La música original de la película es de Harry Escott. Incluye también temas de John Coltrane, Chet Baker y Glenn Gould.[2]

Peter Travers de Rolling Stone expresó: «Shame es demasiado devastadora y brutal como para resultar reconfortante. Pero Fassbender y Mulligan son dinamita y McQueen un provocador nato».[3]

Mientras, Justin Chang de Variety, dijo: "Hay muchas razones para estar agradecido por Shame".[4]

Todd McCarthy de The Hollywood Reporter opinó: «Guiada por una interpretación feroz y brillante de Michael Fassbender, Shame es un auténtico paseo por el lado oscuro».[5]

En tanto, Roger Ebert, del Chicago Sun Times, la calificó con cuatro estrellas y la consideró una de las mejores películas del año y opinó: «"Shame contiene la verdad sin pestañear. Éste es un gran acto de filmación y de actuación. No creo que sea capaz de volver a verla».[6]

Rafael Aviña, del diario mexicano Reforma, la calificó con tres estrellas y media y la ve como «una disección intimista de la represión, el abuso y la culpa (...) el retrato de un malestar compartido: el dolor de una generación subordinada al sexo y en el interior de una sociedad tecnócrata, consumista y competitiva. La genitalidad es la única motivación de una sociedad incapaz de reconocer sus limitaciones y sus miedos.»[2]

Según Leonardo García Tsao, del diario mexicano La Jornada, «McQueen es un cineasta promisorio. Lo que le falta es saber conciliar sus evidentes intereses estéticos y gusto por la imaginería cristiana con una mirada que igual podría ser distanciada frente a sus personajes, pero más profunda».[7]



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