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Sin techo



El sinhogarismo,[1]​ también conocido como sintechismo,[1]​ se refiere al fenómeno social de las personas que carecen de un lugar permanente para residir y que se ven obligadas a vivir a la intemperie, ya sea en la calle, en los portales de viviendas o temporalmente en albergues, normalmente a causa de una ruptura encadenada, brusca y traumática de sus lazos familiares y sociales. Generalmente, esta condición va acompañada además de la carencia de un medio de vida.[2]

Es el nivel máximo de exclusión social y marginación que realiza una sociedad moderna. En los países occidentales, la amplia mayoría de las personas en situación de calle son varones (75-80 %), los varones solteros estando particularmente afectados.[3][4][5]

El miedo a revivir situaciones traumáticas suele provocar en esta persona rechazo (de distintos grados, según los casos) a volver a intentar llevar una vida laboral y a rehacer relaciones familiares y sociales.

A lo largo de la historia las personas que se hallan en estas condiciones han recibido distintos nombres, entre otros los siguientes:

Se suele insistir en que las razones por las que estas personas se encuentran en esta situación son rupturas de lazos de tres tipos:

En psicología suele denominarse a estos acontecimientos sucesos vitales estresantes. Se trata de rupturas que pueden y suelen caracterizarse por tres rasgos:

Por la naturaleza de este problema, resulta muy difícil llevar a cabo investigaciones que consigan abarcar todos los aspectos del problema.

Según cifras del Ministerio de Planificación y Cooperación, en Chile existían 12 423 personas viviendo en «situación de calle» en 2011, incluidos 785 menores de edad. El 84 % de los catastrados correspondía a hombres. La mayoría (46,5 %) se concentraba en la Región Metropolitana de Santiago, seguida de la Región de Valparaíso (8,0 %) y la Región del Biobío (7,1 %).[8]​ En 2003 la cifra llegaba a 7254 personas,[9]​ mientras que en 2010 la cifra fue de unas 15 mil personas.[10]

El gobierno de Chile ha trabajado constantemente con las organizaciones de la sociedad civil para visualizar una pobreza no contemplada por las políticas sociales. Asimismo, ha trabajado para adecuar las políticas de protección social existentes —vía Chile Solidario— a las particularidades de la población.

En España apenas existen estudios oficiales de las características de este colectivo. Tanto es así que el número de personas sin hogar en España, según la fuente que se consulte, puede oscilar entre 20 000 y 30 000 personas en toda España y entre 2000 y 9000 personas en Madrid.

Según datos de diciembre de 2005 del Instituto Nacional de Estadística español,[11]​ el 82,7 por ciento de las personas sin hogar son varones. La edad media de este colectivo es de 37,9 años y sus ingresos medios son de 302 euros al mes.

Además:

Dicha investigación realizó un muestreo de los usuarios de centros de acogida de ciudades de más de 20 000 habitantes; por tanto, tiene el sesgo de las personas que, aunque cumplen con los criterios de la definición dada en dicha investigación de "persona sin hogar", no son usuarios de los centros de acogida (posiblemente un porcentaje alto).

Según el estudio "Personas sin Techo en Madrid"[12][13]​ de Pedro Cabrera y Mª José Rubio, profesores de sociología de la Universidad Pontificia de Comillas:

Esta investigación combinó métodos cualitativos y cuantitativos y realizó barridos sistemáticos a diferentes horas del día a lo largo de una semana de referencia, abarcó las zonas céntricas de Madrid e incluyó, según el estudio, "sus manifestaciones más visibles y notorias"; por tanto, dicho estudio no llega al fenómeno en ambientes rurales ni en zonas marginales de las grandes ciudades.

Se calcula que en el otoño de 2017, hubo unos 4751 personas sin hogar, de las cuales aproximadamente un 25 % se encuentra en Londres.[14]

En los países occidentales, la amplia mayoría de las personas en situación de calle son varones (75-80 %), los varones solteros estando particularmente afectados.[3][4][5]

En los años 2004 y 2005 se llevó a cabo un estudio descriptivo de los usuarios del centro de Acogida e Inserción de Alicante, dónde se observa un incremento de la población en el intervalo del año 2003 al 2005 de personas de entre 18 y 30 años.

Durante el año 2004, 1686 personas hicieron uso de algún programa del centro, el 22,5 % de la población eran menores de 30 años de edad. Durante el año 2005 esta cifra se elevó tanto en el número de personas atendidas (1816 individuos) como la cifra de jóvenes menores de 30 años, que asciende al 29,42 %. De estos datos, se observó que prevalecía el sexo masculino sobre el femenino, con una diferencia de un 50 %.

En las entrevistas de corte sanitario que se llevaron a cabo se observaron los siguientes problemas:

De una población de 347 personas entrevistadas en consulta de enfermería, el 45,14 % declararon tener problemas de conducta adictiva, y el 42,96 % de esa población eran policonsumidores (consumo combinado de cocaína, opiáceos, benzodiazepinas, cannabis y/o alcohol).

El 15,75 % de los entrevistados tenían algún problema de salud mental diagnosticado.

Solo el 12,63 % solicitaron expresamente ayuda para cambiar sus estilos de vida.

Los datos son similares a los de otros estudios realizados en jóvenes sin hogar (Manolo Romero et al., 2002).

Un problema habitual entre las personas sin hogar es la farmacodependencia. La adicción a sustancias puede ser causa pero también puede ser consecuencia de la vida sin techo. La adicción más extendida en este grupo de población es el alcoholismo, pero también pueden darse adicciones a otros tipos de sustancias.

Las condiciones de vida en las que viven pueden generar graves problemas de salud física. Por ejemplo, muchas personas soportan largos periodos de malnutrición, hipotermia, no acuden al médico o no tienen dinero para pagar medicamentos y tampoco cuidan su higiene. Así, existen numerosos problemas dentales, heridas infectadas y enfermedades mal curadas y cronificadas.

Junto a los problemas de salud física, también es habitual la existencia de problemas de salud mental. De igual modo que las adicciones, los problemas de enfermedad mental pueden ser causa o consecuencia de la situación en la que viven las personas sin hogar. La depresión es muy común, pero también hay personas que sufren algún tipo de paranoias, una alta cronificación o institucionalización o el síndrome de Diógenes. Este último probablemente es el más visible, ya que en la memoria de todos encontramos la figura típica de una persona sin hogar que arrastra un carro de la compra cargado con numerosos objetos aparentemente inútiles.

Algunos estudios indican que las personas sin hogar que padecen problemas de salud física o mental tienen menor probabilidad de solicitar las ayudas económicas públicas existentes, y por tanto es más difícil para ellos salir de la situación en la que se encuentran.[15]

Sobre el desconocimiento del perfil sanitario de las personas sin hogar y el uso que hacen de los recursos sanitarios se recoge la siguiente información, generada a partir de un estudio realizado en Alicante sobre la automedicación en las personas sin hogar (muestra de 50 personas de edades comprendidas desde los 18 a los 65 años), donde el 32,6 % tomaba, en el momento del estudio, medicación analgésica sin prescripción médica, de los cuales el 86,66 % refería padecer alguna enfermedad que lo necesitara.

Refirieron haber padecido, en algún momento de los últimos tres meses, algunos de los siguientes problemas:

El 53,12 % de la población va al médico para recetar medicación analgésica sin padecer patología alguna que lo requiera.

El 21,3 % sufren dolores a diario y el 14,9 % sufren dolores más de dos días a la semana.

El 34 % de la población nunca acude al médico para que se les recete un medicamento.

En situaciones de dolor, el 63,9 % referían tomar de una a cuatro pastillas al día. Y el 29,78 % de la población no acudían al médico, a pesar de tener un dolor persistente.

El 27,9 % de la población encuestada acude una vez a la semana a la farmacia a comprar medicación, otro 14,9 % acuden una vez al mes.

El 80,9 % de la población refieren no tener dificultad alguna para conseguir la medicación.

El 31,9 % han tomado alguna vez alcohol con los medicamentos, y el 66,66 % de ellos saben que ello podría ser perjudicial para su salud.

Solo el 42,6 % de los encuestados piensan que los medicamentos analgésicos puedan tener efectos secundarios, y el 40,4 % piensan que el abuso puede tener efectos perjudiciales en su cuerpo.

Existen pocos recursos en la actualidad que trabajan con esta población y ninguno de ellos es reconocido como recursos oficiales sanitarios, situación que si se ofrece, por ejemplo, en el Reino Unido (Mistral, 2001), donde la intervención sanitaria en la población sin hogar se da desde el nivel de atención primaria. En el centro de acogida e inserción de personas sin hogar de Alicante se han podido solventar muchos de los problemas mencionados anteriormente, tanto de apoyo a nivel asistencia -comida, alojamiento- como de ayuda íntegra para que las personas puedan salir de esa situación: talleres de empleo, apoyo al tratamiento de las conductas adictivas, talleres individuales y grupales educativos, seguimiento psicológico, social y sanitario, etc.

A través de las instituciones públicas, las organizaciones de beneficencia y las ONG, se han dado muchos tipos de atención a este colectivo:

En España, se está consolidando en los últimos años[¿cuándo?] el día 28 de noviembre como el Día de las Personas Sin Hogar. Durante este día se realizan diversas campañas para sensibilizar a la sociedad sobre la situación de estas personas.

Según datos de HATENTO Observatorio de Delitos de Odio contra Personas sin Hogar, en España el 47% de las personas sin hogar ha sufrido un delito o incidente de odio.[16]​ Al no tener familia, relaciones sociales fuertes y atención por parte de la administración, la situación de desamparo es extrema. Por esta razón sufren todo tipo de agresiones, como por ejemplo la agresión física directa. Algunos criminales aprovechan la desprotección que sufren estas personas para robarles y agredirles.

En España, un caso famoso fue el de María del Rosario Endrinal Petit, que murió a los 51 años en un cajero de Barcelona quemada viva a manos de tres jóvenes, uno de ellos menor de edad.[17]

El abate Pierre (1912-2007) fue un religioso francés que fundó la Orden de Emaús, dedicada a quienes no tienen hogar.

Las organizaciones Cáritas, FACIAM, fePsh (Federación de Entidades de apoyo a las Personas Sin Hogar), XAPSLL (Xarxa d' atenció a Persones sense llar) y BesteBi (Plataforma por la inclusión social y a favor de las personas sin hogar de Bizkaia) que trabajan a favor de las personas sin hogar impulsaron celebrar cada 27 de Noviembre el Día de las Personas sin Hogar con lo que reclaman, con motivo la visibilidad para estas personas.[18]

En el año 2017 actuaron bajo el lema "Por dignidad. Nadie Sin Hogar",[19]​ lanzando así un el reto de construir un modelo de sociedad diferente, que ponga a las personas y su dignidad en el centro. Destacó la frase de "Hazme visible", ya que para defender la dignidad de las personas sin hogar es reivindicar su visibilidad.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas establece que toda persona tiene derecho a la vivienda. Sin embargo, este derecho está lejos de estar garantizado para muchas personas alrededor del mundo. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), hay aproximadamente 100 millones de personas sin hogar en todo el mundo. Se han realizado esfuerzos para combatir la falta de hogar tanto a nivel nacional como desde los gobiernos locales, a través de programas de vivienda que tienen entre sus objetivos aumentar la estabilidad residencial para las personas sin hogar.

Una revisión sistemática de 43 estudios, realizados la mayoría en Estados Unidos, y el resto en el Reino Unido, Australia, Canadá y Dinamarca, determinó que una variedad de programas de vivienda e intervenciones de manejo de casos parecen reducir la falta de hogar y mejorar la estabilidad de la vivienda, en comparación con los servicios habituales. Entre estas intervenciones están: vales de vivienda, Housing First (“La Vivienda Primero”), tratamientos residenciales, entre otras. Todas ellas parecieran tener efectos beneficiosos similares, por lo que no está claro cuál es las más efectiva. Igualmente, se requiere evidencia de mejor calidad.[20]



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