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Topiltzin



Cē Ācatl Tōpīltzin (en español 'Uno Caña Nuestro Señor Serpiente Emplumada'[Nota 1]​) fue un personaje histórico del Cem Ānáhuac, el cual ha sido mitificado durante los últimos siglos. Según algunas fuentes, nació el 13 de mayo de 895 D.C.,[2][3]​ en un sitio llamado Michatlauhco; (traducido 'Lugar del pez en la barranca iluminada'),[4]​ hoy asociado con el pueblo de Amatlán de Quetzalcoatl, estado de Morelos, México. Desapareció a los 52 años en la costa de Coatzacoalcos, Veracruz.

Creó un reino de paz, sabiduría y proliferación artística. La controversia de su reinado lo obligó a partir hacia el este, más según las fuentes de Chimalpahin, Motolinia, Ixtlilxochitl y el Códice Ríos, este prometió regresar. [5]

Según las fuentes de Mariano Veytia, Las Casas y Mendieta, este no regresaría, pero enviaría a sus enviados a juzgar y recrear el futuro de los mexicanos.

Su biografía se conserva en diversos documentos, tales como los Anales de Cuauhtitlan, los informantes de Bernardino de Sahagún, Īxtlixōchitl y Durán.

Por esos documentos se puede reconstruir su vida, cuyos principales incidentes fueron los siguientes: hacia los trece años fue estudiante en la ciudad de Xōchicalco. En el 923[1]​ lo eligieron rey en Tula.[Nota 2]​En algún punto de su reinado, según la tradición, fue "tentado" por el dios Tezcatlipōca quien lo convenció de embriagarse con pulque haciéndole creer que era "medicina",[6]​ motivo por el cual le expulsaron del reino. Peregrinó por Ānahuac y de ahí marchó al oriente. En 947 se dirigió a la ciudad de Hueitlapala o Huehuetlapallan, cercana a la actual Coatzacoalcos, donde se embarcó en una "balsa de serpientes" y allí se autoincineró.[7]​ Según otras versiones, como la del historiador y político mexicano Vicente Riva Palacio, Quetzalcoatl habría muerto en 931, y su muerte se habría visto ligada a una migración masiva de toltecas hacia tierras mayas, más concretamente hacia Uxmal, alrededor del año 981.[8]

Debido a la nobleza de su vida y enseñanzas, sus descendientes le nombraron Nacxitl Quetzalcōātl, 'cuarto paso de la serpiente emplumada' o Mocōnetzín 'el hijo del maguey'. Tōlpīltzin definió el canon del saber tōltēca,[Nota 3]​ recogido en diversos documentos, principalmente en el libro oral Huēhuehtlahtōlli, 'antiguas palabras', conservado a través de las transcripciones de Olmos y Bernardino de Sahagún.

La enseñanza de Tōlpīltzin se recoge en el siguiente verso del Códice Matritense: «Dios es uno, Quetzalcóātl es Su nombre. Nada pide, sólo serpientes y mariposas le ofreceréis».

Según la leyenda este fue el rey sacerdote de la ciudad de Tollan en el siglo X de nuestra era. Tollan-Xicocotitlan (Tula) era la capital de la cultura tōltēca. Él era el principal sacerdote del dios Quetzalcóātl, y tomó de los dioses las artes y ciencias para darlas a los hombres. Sustituyó el sacrificio humano por el de aves, mariposas y otros insectos. Después de verse en un espejo que le mostró Tezcatlipōca, consideró que su rostro era horrible, por lo que se dejó crecer la barba y posteriormente comenzó a usar una máscara.

Cē Ácatl Tōlpīltzin es considerado como representación de dicha divinidad en la tierra, por lo que lleva una vida ejemplar y casta. Sin embargo, no todos los habitantes de Tollan-Xicocotitlan lo ven con buenos ojos y comienza a tener enfrentamientos con los adoradores de Tezcatlipōca, y son ellos, por medio de engaños, quienes hacen que se embriague y falte a su celibato. Debido a su terrible falta, Cē Ácatl Tōlpīltzin Quetzalcóātl debe abdicar y partir exiliado, junto con sus seguidores, a la Península de Yucatán y a los países de Mesoamérica, no sin antes haber prometido su regreso.

Cē Ácatl Tōlpīltzin Quetzalcóātl, según cuenta la leyenda, no muere en el exilio, sino que se embarca de nuevo en las costas del Golfo y desaparece en las aguas, convirtiéndose en "la estrella de la mañana", Venus. Ce Acatl prometió regresar en cierta fecha del Xiuhpohualli que coincidió con la llegada de los españoles en el año de 1518, lo cual atemorizó a los mexicas, que se consideraban herederos de la cultura tolteca, a pesar de haber alterado sus enseñanzas. De acuerdo al libro de Jorge Larde y Larin, El Salvador: descubrimiento, conquista y colonización, "En los albores de 1520 el capitán Hernán Cortés permanecía aparentemente victorioso en Tenochtitlan, pues ocupaba en paz y sosiego la capital de los tenochcas, mexicas o aztecas y retenía prisionero a Moctezuma Xocoyotzin, el huey tlatoani o emperador de aquella nación. A su real o campamento militar llegaron unos nobles emisarios enviados por los señores de Huehuetlapallan o Antigua Tlapallan, un misterioso país oriental ubicado en la región del lago sagrado de Güija, de donde, según todas las tradiciones, leyendas y pinturas antiguas, dimanaron las altas culturas precolombinas de América invocadoras de Quetzalcōātl, el Lucero de la Aurora".

Cē Ácatl Tōlpīltzin Quetzalcóātl aparece en muchas de las culturas, leyendas y tradiciones en los países mesoaméricanos, reconociéndolo como aquel que edificó, reconstruyó y glorificó muchas ciudades o centros ceremoniales de Mesoamérica durante su exilio.

La tradición del Señorío de Cuscatlán indica que la ciudad de Cuscatlán fue fundada en 1054 por el anciano Topiltzín Atzil, último rey de Tula del Anáhuac.



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