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Caída de Dávila



El golpe de Estado de 1932 en Chile es una denominación que puede dársele a los golpes de Estado que ocurrieron en Chile en un solo año tras la caída, en 1931, del presidente de la República, General Carlos Ibáñez del Campo. El primero de ellos, también conocido como la Caída de Montero, fue una rebelión ocurrida el 4 de junio de 1932 con el objetivo de derrocar al Presidente Constitucional de la República, el radical Juan Esteban Montero. Luego de dicho acontecimiento se instaura la República Socialista de Chile, período que finaliza luego de la Caída de Dávila que fue un contragolpe de Estado ocurrido el 13 de septiembre de 1932.

Tras varios años concentrando el poder como ministro y presidente, Carlos Ibáñez del Campo renuncia a la alta magistratura de Chile. Tras asumir el poder Juan Esteban Montero, en calidad de Vicepresidente, el país se estabiliza políticamente, haciendo que la popularidad de Montero suba, hasta que en las elecciones de 1931 alcanzara un 64%.

La reputación de un gobierno que se veía favorable se despedazó con la crisis económica mundial que azotaba al país, dejándolo como el más afectado según la Sociedad de Naciones. El descontento por un gobierno descontrolado y pasivo hizo que muchos sectores de la sociedad quisieran formar grupos con el único fin de terminar el gobierno de Montero, pero según algunas fuentes la crisis económica no era la única razón del golpe, sino también el que Montero se negó a hacer nuevas elecciones en el Congreso, siguiendo con un opositor Congreso Termal durante su gobierno, donde incluso el representante de su partido (el radical) Juan Antonio Ríos, estaba en contra de él. Según los dichos de Manuel Aránguiz Latorre en su libro 4 de junio, un llamado telefónico había dicho que un grupo de personas querían asesinar a Montero en el Salón Rojo donde el mandatario se reunía con sus invitados y amigos, nunca ocurrió.

El gobierno no prestaba importancia a los grupos, ya que como eran años difíciles la gente siempre rumoreaba sobre sublevaciones, revoluciones y golpes contra el gobierno, pero esta vez era más preocupante, ya que el gobierno tenía un escaso y casi nulo apoyo militar. Luego de la Caída de Juan Esteban Montero los revolucionarios proclaman una República socialista, pero que no logró grandes resultados, haciendo que se retiraran muchos y queda Dávila solo, tras esto y sin lograr nada el Comodoro Arturo Merino Benítez, intenta sublevarse, Dávila viendo que su gobierno corría peligro y que se hallaba en una situación parecida a la de su predecesor logra parar la sublevación pero renuncia dejando el poder en manos del general Bartolomé Blanche.

Tras unos rumores poco veraces, un grupo de socialistas y adictos a Ibáñez se acuartelan en la Base Aérea El Bosque con el fin de instaurar una nueva república. Tras esta situación, el Presidente Juan Esteban Montero toma medidas para afianzar su permanencia en La Moneda hasta 1937. Primero, nombra a la cabeza de la fuerza aérea al Comandante Ramón Vergara Montero tras no conseguir nada con Adirio Jessen, decidió nombrar al comandante que lo había ayudado en la Sublevación de la Escuadra y el hermano de su exministro Carlos Vergara Montero, pero su autoridad fue desobedecida, especialmente por los seguidores de Grove. Además, hasta la madrugada, convocó a una reunión urgente de importantes políticos del país que eran fieles a él y, por último, le pidió ayuda a Arturo Alessandri Palma, quien no consiguió un acuerdo con los revolucionarios y se negó aceptar la presidencia. Si bien no hubo grandes paralizaciones en el país, los adherentes a Montero iniciaron manifestaciones e incluso se quemó una bomba de bencina. La manifestación dejó un saldo de tres muertos y más de cincuenta heridos. Los rebeldes encabezados por Arturo Puga, Carlos Dávila, Eugenio Matte y Marmaduke Grove derrocaron a Montero al anochecer del 4 de junio de 1932.

Dado que el gobierno carecía de suficiente apoyo político-civil o militar, el presidente no podía resistirse por la fuerza. Montero esperaba parlamentar con Grove o con algún revolucionario, pero estos le respondieron con un ultimátum. Montero desalojó el palacio pasivamente con sus ministros del Estado y renunció tras una nerviosa entrevista. El ahora expresidente se dirigió al aeropuerto y viajó a Argentina.

Luego de esto se proclama una República Socialista de Chile, con medidas sociales, pero con problemas internos.

Carlos Dávila, uno de los líderes golpistas tiene grandes problemas con Marmaduke Grove y con Eugenio Matte, arrestándolos y enviándolos al exilio, disolviendo al poco tiempo la República Socialista de Chile. Tras la disolución de la junta, como en el gobierno anterior poco veraces comentarios empiezan a correr la voz de que Dávila sólo ganaba tiempo para instaurar en el gobierno nuevamente al alicaído Carlos Ibáñez del Campo, ya que Dávila era un ferviente seguidor del exgobernante militar, en junio Ibáñez regresa a Chile y visita a Dávila, pero la ciudadanía rechaza la visita e Ibáñez regresa al exilio por encontrar poco apoyo.

Dávila se autoproclama Presidente provisional de la República, pero ya no era apoyado por casi nadie, su gobierno corría peligro, tanto así que el 13 de septiembre, tras 101 días de gobierno el Comodoro del Aire Arturo Merino Benítez, intenta sublevarse contra Dávila, y con gran apoyo, pero en la ciudad de Ovalle es detenido. Ante este hecho, Dávila toma en cuenta la situación y renuncia exiliándose en Estados Unidos, deja el cargo de Presidente Provisional a su Ministro del Interior, el General de División Bartolomé Blanche, a este se le sublevan dos importantes divisiones del ejército (Antofagasta y Concepción), las cuales eran apoyados por la ciudadanía, este movimiento cívico-militar exige el retorno inmediato a la normalidad institucional, la cual es un imperativo y que la situación política ya estaba normalizada por lo que los militares ya debían volver a sus cuarteles a sus actividades profesionales, dejadas de lado en este período de inestabilidad, el General Blanche, viendo que no tiene apoyo político, social, económico ni militar decide renunciar, entregando el poder al Presidente de la Corte Suprema de Justicia don Abraham Oyanedel, quien tranquiliza al país llamando a elecciones donde triunfa el expresidente Arturo Alessandri, dando fin a este extraño período de la historia de Chile, donde se sucedieron golpes de Estado, confabulaciones palaciegas, traiciones y una efímera República socialista.

(Reseña y documentos alusivos al tema en el sitio Memoria Chilena).



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