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Cementerio de Avellaneda



Coordenadas: 34°41′51″S 58°20′46″O / -34.697362, -58.346011

El Cementerio de Avellaneda es un cementerio público municipal ubicado en el barrio de Villa Corina de la localidad de Villa Domínico, partido de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, Argentina. Creado en el año 1876, se encuentra emplazado en la calle Crisólogo Larralde (ex Agüero) entre las calles Oyuela y San Lorenzo.[1]

El primer cementerio público de Avellaneda, inaugurado en 1865, se encontraba a pocas cuadras de la plaza principal de la localidad, donde hoy se emplaza el Hospital Fiorito. La capacidad del cementerio quedó rápidamente colmada debido al fuerte incremento de la población que vivió el partido en las últimas décadas del siglo XIX y a los altos índices de mortalidad registrados en la década de 1870 a causa de las epidemias de fiebre amarilla. Por esta razón, en 1874 la municipalidad compró a la familia Vedoya los terrenos donde actualmente se ubica el cementerio.[2]

El 23 de diciembre de 1975 el PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo) intentó el copamiento del Batallón de Arsenales 601 "Domingo Viejobueno" de Monte Chingolo. La acción resultó ser una emboscada del Ejército. La represión militar posterior dejó como saldo casi 70 víctimas que fueron fusiladas en el acto.[3]​ Al menos 55 de estas personas fueron enterradas de manera clandestina en fosas comunes en el cementerio de Avellaneda.[4][5]​ El trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, especialmente desde el año 2006, permitió identificar los restos de 51 víctimas, mientras que las cuatro personas restantes permanecen sin identificar.[6]

A partir de 1976, el cementerio comenzó a ser un engranaje del aparato del Terrorismo de Estado del denominado dentro del Circuito Camps. El lugar fue utilizado para ocultar los cuerpos de los detenidos desaparecidos asesinados en diferentes centros clandestinos, en la mayoría de los casos en fusilamientos disfrazados de enfrentamientos.[7]​ En los primeros meses de 1976 y por orden del intendente de facto de ese entonces, Coronel Marcelo D'Elía, se construyó un muro de 2mts de alto y unos 30mts de largo entre el paredón de la calle Oyuela y el cementerio con el objetivo de aislar el sector donde funcionaba la morgue y no quedara al descubierto lo que allí sucedía. El sector se denominó con el número 134. Se colocó un portón que permitía evitar la entrada principal y tener una entrada independiente en la misma calle Oyuela por la que ingresaban vehículos de la policía.[8]​ La zona de Villa Corina, donde se encuentra el cementerio, estaba militarizada durante la dictadura. El barrio sufrió directamente el terrorismo de Estado. Muchos vecinos, obreros de la fábrica Molinos, fueron secuestrados y desaparecidos.[9]

Durante la última dictadura militar, el cementerio tuvo dos directores. El primero fue Alberto Benegas, quien ocupó el cargo hasta el 31 de julio de 1978. En esa fecha fue reemplazado por Alfredo Yavico, quien continuó desempeñando esa función aun después del retorno de la democracia. Durante sus gestiones, las llaves de acceso al sector 134-Morgue estuvieron bajo el control de personal de la Comisaría 4ta de Sarandí y de la Unidad Regional II de Lanús.

Con un área de unos 300mts2, aislado y lindero a la morgue, el sector 134 funcionó desde los primeros meses de 1976 como espacio para el ocultamiento de los cuerpos de las víctimas del accionar represivo. Los empleados del cementerio recibían la orden de cavar fosas de 2 m de ancho, 4 m de largo y 2 m de profundidad que se denominaban vaqueras. Las vaqueras eran fosas comunes que se realizaban cada 20 o 25 días. Por la madrugada, camiones policiales y del ejército ingresaban los cuerpos que iban a parar las vaqueras ingresando por la calle Oyuela.[10]

En los libros del cementerio quedaron registrados los ingresos de los cuerpos como NN, casi todos ellos fusilados en simulacros de enfrentamientos. El procedimiento consistía sacar de los centros clandestinos de detención del Circuito Camps a grupos de detenidos desaparecidos con la excusa de trasladarlos. Ya en la calle, en lugares alejados de grandes concentraciones urbanas, se los bajaba de los vehículos y se los asesinaba a balazos.[11]

Tras el retorno de la democracia a la Argentina en 1983, diferentes testimonios dieron cuenta de la existencia de entierros ilegales en fosas comunes en el cementerio de Avellaneda. Muy pronto comenzaron las tareas de investigación. A partir de 1984, el Equipo Argentino de Antropología Forense comenzó a trabajar en la exhumación de los restos humanos enterrados en el sector 134, labor que se extendió hasta 1992. Estas excavaciones permitieron recuperar 338 cuerpos que habían sido enterrados como N.N.en 18 fosas comunes y 19 fosas individuales.[12]​ A partir de 1991 el EAAF comenzó el trabajo de identificación de los restos. A partir del año 2007, en el marco de la creación de la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas, las identificaciones de los cadáveres localizados en el cementerio de Avellaneda aumentaron considerablemente[13]

El 24 de marzo de 2012 se señalizó el sector 134 y se colocaron placas alusivas a los hechos allí ocurridos, se derribó el muro construido durante la dictadura y se realizó un mural colectivo.[14]

En el año 2014 se inauguró un mausoleo en homenaje a los militantes del ERP que habían sido asesinados y enterrados allí en fosas comunes tras el copamiento al Batallón de Monte Chingolo.[15]



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Comentarios
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sandra valeria :
esta muy deteriorado pero hay familias que no se leen las placas una familia en bobed de apellido lourido hay una chica judy y juana y julia louridoyo no vivo cerca , si no lejos lo vi en un video por curiosidad gracias
2024-05-02 23:10:14
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