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Crimen de la carretera Málaga-Almería



La masacre de la carretera Málaga-Almería, conocida popularmente como La Desbandada[1]​ (en variante andaluza la Desbandá),[2]​ fue un ataque a civiles por parte del bando sublevado ocurrido durante la Guerra Civil Española, el 8 de febrero de 1937, tras la entrada en Málaga de las tropas franquistas. Una multitud de refugiados que abarrotaban la carretera huyendo hacia Almería, ciudad bajo control del Ejército Popular Republicano, fue atacada por mar y aire causando la muerte a entre 3000 y 5000 civiles.[3]​ Un testigo de la masacre, el doctor Norman Bethune, la llamó «doscientos kilómetros de miseria».[4]

En la actualidad, a la carretera Málaga-Almería se la denomina N-340, denominación dada por el gobierno franquista en 1941 al eje viario Cádiz-Barcelona del que esta carretera forma parte.

La masacre de la carretera de Almería constituyó el episodio más cruento de la Guerra Civil en Málaga y uno de los peores de todo el conflicto.

Durante la II República, Málaga se había caracterizado por la fuerza del movimiento obrero, en especial de la CNT y del Partido Comunista de España, que en las elecciones de febrero de 1936 había conseguido el primer diputado de su historia por esta provincia: Cayetano Bolívar lo que llevó a que durante esta época Málaga fuera denominada Málaga la Roja. Durante estos años se produjeron varios hechos violentos debidos a la polarización social, entre los que destaca la quema de conventos y la constante violencia política.[5]

Tras el levantamiento militar del 18 de julio de 1936 contra la República, la ciudad de Málaga y gran parte de su provincia quedaron bajo control republicano debido a la acción de las milicias obreras que consiguieron sofocar el golpe. Durante los primeros meses de guerra, Málaga estuvo prácticamente aislada del resto del territorio de la República ya que la única vía terrestre que la enlazaba y que no estaba en poder de los sublevados era la carretera de Almería, la cual era vulnerable al bombardeo marítimo y dificultaba el envío de soldados y provisiones a la provincia. De hecho esta carretera se encontraba cortada a principios de 1937 por unas inundaciones acaecidas en Motril. Por ello las autoridades de Málaga actuaron en muchas ocasiones al margen de las decisiones del gobierno republicano.

El 17 de enero de 1937 el general Queipo de Llano lanzó una primera ofensiva sobre la provincia de Málaga, ocupando Marbella por el oeste y, desde Granada, tomaron Alhama y los territorios cercanos. En estos dos ataques simultáneos apenas hubo resistencia por parte de los republicanos y provocaron un primer éxodo de civiles hacia la capital malagueña. Sin embargo, las autoridades republicanas no creyeron que estos movimientos iniciaran una campaña general en el sur y no fueron enviados refuerzos.

En el norte de la provincia, los camisas negras italianos reunieron a nueve batallones, es decir, unos 10.000 hombres. Por su parte, la República contaba en Málaga con 12.000 milicianos, pero tan solo 8.000 fusiles y pocas municiones y artillería.

El 3 de febrero comenzó el ataque definitivo contra Málaga desde Ronda, encontrando los franquistas una fuerte resistencia. En Málaga cundió el pánico entre los defensores y los civiles por el miedo a quedar aislados. El 6 de febrero los italianos tomaron las cumbres de Ventas de Zafarraya, desde donde dominaban cualquier posible retirada por la carretera de Almería. Ese mismo día se ordenaba la evacuación de Málaga y, al día siguiente, las tropas italianas entraban en los suburbios. El día 8 toda la capital estaba en poder del Ejército sublevado.

Ante los primeros movimientos franquistas hacia Málaga, en la capital cundió el pánico por miedo a la represión, por lo que muchos civiles y milicianos optaron por huir por la carretera de Almería. Esta no había sido cortada, si bien estaba a merced de los bombardeos desde tierra, mar y aire.[6]

Se calcula que fueron decenas de miles los que intentaron huir, aunque el camino era extremadamente difícil tanto por los bombardeos como por el hecho de que la carretera se encontraba en pésimas condiciones a la altura de Motril.

Participaron en el bombardeo, además de la fuerza aérea franquista, los buques Canarias, Baleares y Almirante Cervera, así como los tanques y la artillería rebeldes. La escuadrilla aérea España, fiel a la República, trató de defender a los huidos con poco éxito. La mayoría de pueblos en el camino hacia Almería no ayudaron a los fugitivos ante el miedo a las represalias posteriores por parte de los sublevados, que continuaban avanzando. Sin embargo este mismo miedo hizo también abandonar sus casas a muchos de los vecinos de estos pueblos situados en la costa malagueña; tal es el caso de Lagos, en el término municipal de Vélez-Málaga, un conjunto de casas frente al mar donde algunos supervivientes ubicaron los primeros bombardeos de barcos y aviación contra la población inocente que huía por la carretera. Asimismo, el 8 de febrero también tuvo lugar un desembarco en Torre del Mar con la intención de cortar la retirada de los huidos.[7]

Durante este suceso, se produjo la intervención del doctor Norman Bethune, que se desplazó expresamente desde Valencia hacia Málaga con su unidad de transfusión de sangre para socorrer a la población civil que estaba siendo masacrada. Durante tres días él y sus ayudantes Hazen Sise y T.C. Worsley socorrieron a los heridos y ayudaron en el traslado de refugiados hacia la capital almeriense.[8]​ Esta traumática experiencia le llevaría a escribir el relato El crimen de la carretera Málaga-Almería: «Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros tiempos...».[9][10]

Por su parte Worsley dejó escrito su testimonio desgarrador en el libro Behind the Battle (1939):[11]

Otros de los testigos presenciales de la masacre fue el periodista Lawrence Fernsworth corresponsal de The Times de Londres.[11]

Los cálculos sobre la cantidad de huidos de Málaga son confusos y difíciles. Se calcula que fueron entre 15 000 y 150 000. La acción del ejército franquista sobre los huidos por la carretera de Almería provocó entre 3000 y 6000 muertos, la mayoría civiles.[12]Norman Bethune calculó que los desplazados serían unos 40 000 y que los muertos estarían en torno a los 3 000.[13]

Igualmente, la represión sobre aquellos que habían permanecido en la ciudad fue la más brutal desde la Masacre de Badajoz, en agosto de 1936. El historiador Hugh Thomas calcula en unos 8000 el número de fusilados y enterrados en fosas comunes como las del cementerio de San Rafael, de los que ya se ha obtenido el nombre de 6100.

Miguel Ángel Melero, profesor de la Universidad de Málaga, reconoce que sobre aquella huida aún cuesta poner números. Entre 200 000 y 250 000 desplazados –aunque hay quien eleva la cifra hasta los 300 000– y entre cuatro mil y seis mil muertos, tal y como recoge Melero, explica:

En febrero de 2005 se inauguró un memorial en Torre del Mar en recuerdo de las víctimas de la masacre, con la asistencia de algunos de los supervivientes del éxodo. Desde entonces, cada 7 de febrero se realiza allí una ofrenda floral que, desde 2007, coincide también con la llegada de una Marcha-Homenaje a las Víctimas de la Crta. Málaga-Almería.

Durante los últimos años se han realizado varios actos de recuerdo a las víctimas y supervivientes, así como una exposición fotográfica itinerante con el título El Crimen de la carretera Málaga-Almería, basada en el relato de Bethune.



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