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Emilio Zola



¿Qué día cumple años Emilio Zola?

Emilio Zola cumple los años el 2 de abril.


¿Qué día nació Emilio Zola?

Emilio Zola nació el día 2 de abril de 1840.


¿Cuántos años tiene Emilio Zola?

La edad actual es 184 años. Emilio Zola cumplió 184 años el 2 de abril de este año.


¿De qué signo es Emilio Zola?

Emilio Zola es del signo de Aries.


Émile Édouard Charles Antoine Zola, más conocido como Émile Zola (París, 2 de abril de 1840-ibídem, 29 de septiembre de 1902), fue un escritor francés, considerado el padre y el mayor representante del naturalismo. Tuvo un papel muy relevante en la revisión del proceso de Alfred Dreyfus, que le costó el exilio de su país.

Émile Zola nació en París, hijo de François Zola, un ingeniero veneciano naturalizado, y de la francesa Émilie Aubert. Su familia se trasladó a Aix-en-Provence y tuvo graves problemas económicos tras la muerte temprana del padre. Tuvo como compañero de colegio a Paul Cézanne,[1]​ con quien mantendría una larga y fraternal amistad. Volvió a París en 1858. En 1859, Émile Zola suspendió dos veces el examen de bachillerato. Como no quiso seguir siendo una carga para su madre, abandonó los estudios con el fin de buscar trabajo.

En 1862 entró a trabajar en la librería Hachette[1]​ como dependiente. Escribió su primer texto y colaboró en las columnas literarias de varios diarios. A partir de 1866, cultivó la amistad de personalidades como Édouard Manet, Camille Pissarro y los hermanos Goncourt.

En 1868 concibió el proyecto de Les Rougon-Macquart, que empezó en 1871 y concluyó en 1893. Su aspiración era realizar una novela «fisiológica», a la que intentaba aplicar algunas de las teorías de Taine sobre la influencia de la raza y el medio sobre el individuo y de Claude Bernard sobre la herencia. "Quiero explicar cómo una familia, un pequeño grupo de seres humanos, se comporta en una sociedad, desarrollándose para dar lugar al nacimiento a diez o a veinte individuos que parecen, a primera vista, profundamente diferentes, pero que el análisis muestra íntimamente ligados los unos a los otros", dirá Zola en el prefacio de la primera novela de la saga, que sigue, aunque solo en parte, el modelo de Honoré de Balzac en la Comedia humana. El subtítulo de la serie reza Historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio.

La obra consta de veinte novelas y se inicia con La fortuna de los Rougon en 1871: un retrato social que, siguiendo el esquema del naturalismo, tiene altas dosis de violencia y dramatismo y resultó a veces demasiado explícito en sus descripciones para el gusto de la época. Las novelas, sin embargo, fueron elaboradas con imaginación, pese a los datos que había buscado previamente.

Se casó en 1870 con Alexandrine Mélay. A partir de 1873, se relacionó con Gustave Flaubert y Alphonse Daudet. Conoció a Joris-Karl Huysmans, Paul Alexis, Léon Hennique y Guy de Maupassant que llegaron a ser habituales de las veladas de Médan, un lugar cerca de Poissy donde Zola tenía una casita de campo desde 1878. Se convirtió en el líder de los naturalistes. Un volumen colectivo nacido de esas Veladas apareció dos años después.

En 1886, Zola y Cézanne se distanciaron, cosa que se ha atribuido, aunque con poco fundamento, a los paralelismos existentes entre Paul Cézanne, el amigo y pintor, con el personaje[2]​ de Claude Lantier, pintor fracasado de La obra de Zola. La diferencia fundamental radica en que solo algunos rasgos de la personalidad —por ejemplo, hábitos, valoraciones y forma de trabajar del personaje— fueron inspirados sobre la base de las notas que tomó Zola de la vida de su amigo. Sin embargo, la obra plástica ficticia de Claude Lantier está inspirada en una interpretación del mismo Zola de un conjunto de pintores que conocía bien, incluyendo Manet, Le Déjeuner sur l'Herbe; como aficionado al arte contemporáneo que era, planteó un análisis convencional sobre dicha obra de Manet, atribuyéndosela a un personaje con ideas artísticas, un carácter, expectativas y costumbres completamente opuestos a los de Cézanne, además de dotarlo de una historia trágica y dramática. Contrariamente a lo que se creyó en su momento no correspondían con la vida de Paul, pero si bien todo el conjunto de circunstancias descritas en la novela evocaban elementos muy diferentes a los que en realidad le correspondían, estos eran en parte significativos para la vida y obra de Paul Cézanne.

Criticó habitualmente los criterios utilizados en las exposiciones de arte oficiales del siglo XIX, en las que se rechazaba de forma continuada las nuevas obras impresionistas.

Por otro lado, la publicación de La tierra levantó polémica: el «Manifiesto de los cinco» marcó la crítica de escritores naturalistas jóvenes. Se hace amante de Jeanne Rozerot en 1888, con la que tendrá dos hijos.[2]​ En 1890, se rechazó su entrada en la Academia francesa. En 1894 la Santa Sede decretó la inclusión de toda su obra en el Índice de Libros Prohibidos de la Iglesia católica.[3]

Desde 1897, Zola se implicó en el caso Dreyfus, un militar francés, de origen judío, culpado falsamente por espía.

El novelista interviene en el debate dada la campaña antisemita, y apoya la causa de los judíos franceses. Escribe varios artículos, donde figura la frase "la verdad está en camino y nadie la detendrá" (12-1897). Finalmente publicó en el diario L'Aurore su famoso J’accuse…! (Carta al Presidente de la República), 1898, con trescientos mil ejemplares, lo que hizo que el proceso de revisión tuviera un brusco giro. Pues el verdadero traidor (el que espió) fue el comandante Walsin Esterházy, que fue denunciado en un Consejo de Guerra el 10 de enero de 1898, pero sin éxito.

La versión íntegra en español del alegato en favor del capitán Alfred Dreyfus, dirigido por Émile Zola mediante esa carta abierta al presidente francés M. Felix Faure, y publicado por el diario L'Aurore, el 13 de enero de 1898, en su primera plana, es la siguiente:

Acuso al general Mercier por haberse hecho cómplice, al menos por debilidad, de una de las mayores iniquidades del siglo.

Acuso al general Billot de haber tenido en sus manos las pruebas de la inocencia de Dreyfus, y no haberlas utilizado, haciéndose por lo tanto culpable del crimen de lesa humanidad y de lesa justicia con un fin político y para salvar al Estado Mayor comprometido.

Acuso al general Boisdeffre y al general Gonse por haberse hecho cómplices del mismo crimen, el uno por fanatismo clerical, el otro por espíritu de cuerpo, que hace de las oficinas de Guerra un arca santa, inatacable.

Acuso al general Pellieux y al comandante Ravary por haber hecho una información infame, una información parcialmente monstruosa, en la cual el segundo ha labrado el imperecedero monumento de su torpe audacia.

Acuso a los tres peritos calígrafos, los señores Belhomme, Varinard y Couard por sus informes engañadores y fraudulentos, a menos que un examen facultativo los declare víctimas de una ceguera de los ojos y del juicio.

Acuso a las oficinas de Guerra por haber hecho en la prensa, particularmente en L'Éclair y en L'Echo de París una campaña abominable para cubrir su falta, extraviando a la opinión pública.

Y por último: acuso al primer Consejo de Guerra, por haber condenado a un acusado, fundándose en un documento secreto, y al segundo Consejo de Guerra, por haber cubierto esta ilegalidad, cometiendo el crimen jurídico de absolver conscientemente a un culpable.

No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí los artículos 30 y 31 de la Ley de Prensa del 29 de julio de 1881, que se refieren a los delitos de difamación. Y voluntariamente me pongo a disposición de los Tribunales.

En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia.

Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los Tribunales y que me juzguen públicamente.

Así lo espero".

Era la primera síntesis del proceso, y se leyó en todo el mundo. La reacción del gobierno fue inmediata. Un agitado proceso por difamación (con gran violencia, centenares de testigos, incoherencias y ocultaciones por parte de la acusación) le condenó a un año de cárcel y a una multa de 7500 francos (con los gastos), que pagó su amigo y escritor Octave Mirbeau.

Agobiado por la agitación que causó su proceso, Zola se exilió en Londres, donde vivió en secreto. A su regreso, publicó en La Vérité en marche sus artículos sobre el caso. Solo en junio de 1899, con la prosecución del proceso, puede regresar a su país. Pero Alfred Dreyfus es condenado, con atenuantes, y Zola le escribe nada más llegar. Zola adquiere una gran dimensión social y política, pero tiene grandes problemas económicos (la justicia le embarga bienes) y es puesto en la picota por medios muy influyentes.

Escribió finalmente dos ciclos de novelas más, pese a su salud. La primera, fue la gruesa serie de Las tres ciudades, trilogía compuesta por Lourdes (1894), Roma (1896), París (1898). La segunda fue la tetralogía que denominó Los cuatro evangelios, formada por Fecundidad (1899), Trabajo (1901), Verdad (1903)[2]​y la inconclusa Justicia.

En un artículo largo y famoso, un escritor tan distinto, Henry James, que llegó a conocerle, señaló el carácter mecánico y poco enérgico de esas últimas obras, pero hacía el siguiente balance global: "nuestro autor era verdaderamente grande para tratar asuntos que le eran apropiados. Si los otros, los asuntos de orden personal o íntimo, más o menos inevitablemente lo hacían 'traicionarse', le cabe no obstante el gran honor de que cuanto más promiscuo y colectivo podía ser, aun cuanto más podía ilustrar nuestra gran porción natural de salud, sinceridad y grosería (por repetir mi impugnación), más podía impresionarnos como penetrante y verídico. No fue un honor fácil de alcanzar ni es probable que su nombre lo pierda en poco tiempo".[4]

Zola no pudo acabar ese ciclo de Les quatre évangiles, pues el 29 de septiembre de 1902 murió en su casa, supuestamente asfixiado, pero más probablemente asesinado por alguien que tapó la chimenea de una estufa (ya uno de los abogados de Dreyfus, Fernand Labori, había padecido un intento de asesinato).

Zola y su mujer, después de cenar y charlar sobre la última edición de los tres primeros tomos de Les quatre évangiles, se acostaron. De madrugada, su esposa se encontró enferma, fue al cuarto de baño y al regresar encontró a Zola despierto y también mal. Cuando este se levantó cayó al suelo y su mujer trató de llamar al servicio, pero se desvaneció sobre la cama.

Su entierro se celebró el domingo 5 de octubre con asistencia de un gentío inmenso. El Nobel de Literatura Anatole France proclamó un discurso que terminaba así: «No le compadezcamos por haber padecido; envidiémosle. Erigido sobre el cúmulo de ultrajes que la estupidez, la ignorancia y la maldad hayan jamás provocado. Su gloria alcanza una altura inaccesible. Envidiémosle, su destino y su corazón le concedieron la mayor recompensa: ha sido un momento de la conciencia humana».

Estuvo seis años enterrado en el cementerio de Montmartre, en París, pero sus cenizas fueron trasladadas al Panteón el 4 de junio de 1908, máximo honor en Francia.

Se rehabilitó tardíamente a Alfred Dreyfus en 1906.



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