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Fuente del Agua Feliz



La fuente del Agua Feliz (en italiano, Fontana dell'Acqua Felice) también conocida como fuente del Moisés es una fuente de Roma, llamada así en honor del papa Sixto V (Felice Peretti): la intención del papa era suministrar agua a los barrios surgidos en las colinas del Viminal y del Quirinal y en particular a su suntuosa y vastísima Villa Montalto, que se extendía entre ambas colinas.

Con este objetivo fue restaurado el acueducto Alessandrino, llamado así en honor del emperador romano Alejandro Severo bajo cuyo reinado fue construido a partir de 222, utilizando el agua de los manantiales presentes en el Prati dell’osteria y en la Pantanella, no lejos de Palestrina.

El 28 de mayo de 1585, en el mismo mes de su subida al trono de San Pedro, Sixto V adquirió a Marzio Colonna, por una suma de 25.000 escudos, los terrenos de donde surgían estas aguas. Los trabajos de canalización de las aguas fueron encargados a Matteo Bortolani, de Città di Castello, «esperto architetto di quel tempo ed in tali affari versato», cuyos errores de cálculo sobre la pendiente de los conductos del acueducto impidieron, sin embargo, el flujo regular del agua: ésta, de hecho, «si faceva retrograda al suo disegno, tornando indietro».

Después de haber gastado en vano 100.000 escudos, el papa encargó entonces el proyecto al arquitecto Giovanni Fontana, hermano del más conocido Domenico Fontana. Fontana escribió en su relación sobre los trabajos que fue:

Trabajos que tuvieron un coste de casi 300.000 escudos.

En agosto de 1586 Camilla Peretti llevó a su augusto hermano una botella con la primera agua emanada de los conductos, la cual analizada por los farmacéuticos de Castel Sant' Angelo, fue calificada (quizá con alguna pequeña contaminación) como la mejor agua potable de Roma. En octubre, las fuentes de su Villa Montalto, sobre el Viminal, manaban agua y a finales de año el agua Felice alcanzaba la más alta de las colinas romanas, el Quirinal, de forma que se pudieron iniciar las obras para la fuente de Montecavallo, entre las dos estatuas colosales de los hermanos Cástor y Pólux, y para la fuente de Santa Susana, en Porta della vigna dei Ponziani, en la actual piazza San Bernardo.

Aquí fue finalmente inaugurada el 15 de junio de 1587 la muestra monumental proyectada por el mismo Giovanni Fontana, con tres arcos cerrados escoltados por cuatro columnas jónicas, dos de mármol de Cipolin y dos de brecha gris, con cuatro leones al estilo egipcio a sus pies. Las columnas sostienen las arquitrabes sobre las cuales se posa el ático en el que aparece el escudo papal sujeto por dos ángeles y escoltado por dos pequeños obeliscos. Para proteger la bañera de la fuente existe una balaustrada proveniente de un edificio erigido bajo el pontificado de Pío IV.

La inscripción que aparece bajo el gran marco del ático dice así:

mientras la inscripción sobre el ático reza:

Gran parte del travertino proviene de las cercanas termas de Diocleciano; los leones originales, dos de pórfido y dos de mármol claro, provenían del Panteón de Agripa donde fueron encontrados, junto con otras ornamentaciones, en las excavaciones realizadas durante el pontificado de Eugenio IV (14311439), y del ingreso central de la basílica de San Juan de Letrán, donde sostenían las columnas situadas al lado de la puerta. Transferidos a los Museos Vaticanos bajo el pontificado de Gregorio XVI (1831-1846), para protegerlos de posibles daños, fueron sustituidos por copias del escultor Adamo Tadolini.

En los dos nichos laterales se pueden observar dos altorrelieves, a la izquierda Aarón guiando al pueblo hebreo al agua emanada del desierto, obra de Giovan Battista della Porta y a la derecha Gedeón elige a los soldados observando su modo de beber de Flaminio Vacca y Pietro Paolo Olivieri, autores también del friso con el escudo papal de Sixto V.

En el nicho central se encuentra representado Moisés que señala las aguas milagrosamente surgidas de la roca, obra de Leonardo Sormani, con la colaboración de Prospero Antichi, conocido como il Bresciano, al cual fue atribuida durante años la totalidad de la obra, con la falsa leyenda de que a causa de la vergüenza por él experimentada a causa de la fealdad de la estatua, se habría suicidado. Además del anacronismo de la presencia de las Tablas de la Ley, que Moisés no había aún recibido en la época del milagro de las aguas, la estatua se presenta corpulenta y enfática tanto como para ser bautizada por los romanos como el "Moisés ridículo" y ser objeto de comentarios tales como:

y también:

Fue la primera de las muestras de agua romanas, pero su imponencia no salva la desarmonía entre el frontispicio y el cornamento, la mezquindad de los dos pequeños obeliscos y, naturalmente, la infeliz consecución de la estatua de Moisés, que debería ser la principal referencia artística de la obra.



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