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Inés de Salm-Salm



Agnes Elisabeth Winona Leclerc Joy (Franklin, 25 de diciembre de 1844-Karlsruhe, 21 de diciembre de 1912), comúnmente conocida en español como la princesa Inés de Salm-Salm, fue famosa por sus múltiples intentos por salvar la vida del emperador Maximiliano I de México y haberle rogado al presidente Benito Juárez por la vida del emperador y la de su esposo el príncipe Félix de Salm-Salm.

Hija del general estadounidense William Leclerc Joy (1793–c. 1886), desde pequeña se interesó por montar a caballo. Además, su fuerte influencia paterna determinó su gusto por la guerra. A pesar de la oposición de la familia de su cónyuge, que era católica, mientras ella era protestante, se casó con el príncipe Félix de Salm-Salm (1828–1870), el hijo menor de Florentin, segundo príncipe de mediatizado de Salm-Salm y de la baronesa Flaminia di Rossi.

En varios libros escritos por personajes que convivieron con ella, como en “Mi diario en México” de su cónyuge, artículos de periódico y biografías, es descrita como una mujer alegre, vivaz, inteligente, enérgica, decidida y de carácter fuerte que siempre luchaba por conseguir lo que quería. Su belleza también fue muy reconocida y los textos afirman que gracias a ella pudo consolidar muchas de las cosas que se proponía.

Cuando tenía 21 años de edad, en 1861, llegó a Washington D. C., capital de los Estados Unidos de América. En ese mismo año llegó también a la ciudad el príncipe Félix de Salm-Salm, un príncipe de origen alemán quien, según los textos, quedó prendado de Inés al verla montar a caballo. En palabras de la princesa, ambos supieron que se atraían y aunque ni Félix hablaba inglés ni Inés alemán, se comunicaban con la mirada. Posteriormente mientras él se encontraba en el campo de batalla como general mantuvieron correspondencia.

El 30 de agosto de 1862, sin que el que Félix estuviera peleando la segunda batalla de Bull Run fuera un impedimento, contrajeron matrimonio. Inés, una vez convertida en princesa, se encargó de abrirle paso a Félix dentro del mundo militar a través de sus amigos influyentes. Gracias a esto, el príncipe dirigió algunas tropas del Norte en la guerra de Secesión de los Estados Unidos. En 1865, cuando el conflicto terminó el príncipe de Salm-Salm ofreció su espada al emperador Maximiliano, quien declinó su oferta. Posteriormente, la tomó ya que el ministro de Prusia en México, Barón Anton Von Magnus, era su amigo cercano y le pidió aceptarla. En cuanto sucedió, los príncipes de Salm-Salm se dirigieron a México.

En su libro Ten Years of My Life (Diez años de mi vida) describió posteriormente con sumo cuidado la llegada al país, el recorrido de Veracruz a la ciudad de México, los ferrocarriles, cuyo servicio considera aceptable, a pesar de que su estado no aprobaría los parámetros europeos. Habla de lo aventurado que es viajar en diligencia por el accidentado territorio, en especial de un lugar llamado “Sal si puedes” y dedicó varios párrafos al pulque y al maguey. De los indígenas le llamó la atención “su modo sumiso y su mirada melancólica, de resignación, típica de las naciones que han sido sojuzgadas por otras…”[1]

Puebla se le hizo una bella ciudad. Comentó, informada, que había sido tomada tanto por los estadounidenses y luego por los franceses. El Popocatépetl y el Iztaccíhuatl le parecieron tan bellos como las montañas suizas. Al llegar a la ciudad de México mostró que estaba enterada de la historia: desde los aztecas hasta sus días, y describió sus lugares más importantes.

1867 fue el año de la derrota del imperio. Cuando empezaron a caer prisioneros en la Ciudad de México, la princesa les hizo llegar provisiones a la cárcel. En mayo, roto el sitio de Querétaro, Maximiliano cayó junto con el príncipe Félix, ayudante de campo del Emperador. Entonces, ella trató de negociar con Porfirio Díaz la abdicación y liberación del emperador Maximiliano y de su esposo. Díaz le dio un salvoconducto para ir a Querétaro, al cuartel del general Mariano Escobedo para que este le autorizara visitar a su marido.

Cuando llegó con Escobedo éste la trató de tocar y ella lo amenazó, por lo que le negó la autorización para visitar a su esposo y le informó que el único que podía permitirlo era el presidente Benito Juárez, quien en aquel momento se encontraba en San Luis Potosí pero eso no fue impedimento para la decidida princesa, quien se trasladó hasta allá, a pedirle permiso en persona. En Ten Years of My Life la princesa de Salm-Salm afirmó que fue muy grata su sorpresa al conocer a Juárez, a quien describió como un hombre gentil y educado.[2]

El presidente Juárez le dio permiso de visitar a los prisioneros, pero dejó muy claro que no tendría piedad con los imperialistas. Ella se dirigió de nueva cuenta a Querétaro. Además del permiso, había conseguido un trato más digno para los prisioneros: la oportunidad de vivir bajo custodia en el Convento de Capuchinas. Aún protegida por las palabras de Juárez, la princesa consiguió que el general Escobedo y Maximiliano se reunieran. En dicha reunión Maximiliano ofreció la rendición y retirada del ejército austriaco, también prometió regresar a Europa con toda su comitiva, no volver a México y apoyar al gobierno republicano de Juárez. Su oferta fue rechazada, pero muy agradecido Maximiliano le dijo a la princesa: "Has sido muy amable con alguien que me temo no podrá corresponderte”.[3]​ Mientras tanto, la incansable Inés ideó un plan para ayudar a escapar a su esposo: les dio 3,000 pesos en oro a los guardias del convento para que dejaran huir al príncipe. Éste trató de convencer a Maximiliano de huir junto con él. El emperador se negó en un principio, pero posteriormente aceptó.

El plan era entregarle a un custodio, de apellido Palacios, un pagaré por 100,000 pesos, quien si aceptaba lo podría cobrar al emperador una vez que éste fuera liberado. Si Palacios aceptaba el plan, tendría que llevar a Maximiliano el pagaré como señal de aceptación pero éste en vez de llevárselo al emperador, decidió delatar el plan al general Escobedo, quien además ya estaba enterado del ofrecimiento monetario a otros guardias. La princesa en su libro “Diez años de mi vida” plasmó su arrepentimiento por no haberle dado a Palacios el dinero en efectivo. Tras la acusación de Palacios, Inés fue escoltada a San Luis Potosí.

En junio de 1867 se declaró culpable a Maximiliano por 13 cargos y se le condenó a la pena de muerte, al igual que al príncipe de Salm-Salm. Tras el veredicto, Inés fue a hablar con Juárez para suplicarle de rodillas que perdone la vida de su esposo y la de Maximiliano. Tras levantarla cuidadosamente, Juárez perdonó la vida del príncipe como reconocimiento al valor de la princesa, pero a Maximiliano sólo le retrasó tres días el fusilamiento para que el ministro de Prusia en México pudiera verlo antes de la ejecución.

Según el príncipe de Salm-Salm, Maximiliano afirmaba que lo único que lo mantenía atado a la vida era Carlota, quien estaba en Europa siendo tratada por enfermedad. Justo cuando se disponía a redactar una carta de despedida a la emperatriz, Maximiliano recibió una carta en la que se le informaba que su esposa había muerto. Este hecho hizo que él no se opusiera más a su ejecución. Los príncipes de Salm-Salm regresaron a Europa por orden de Escobedo, quien temía algún intento por parte de ellos para evitar la ejecución de Maximiliano. Éste fue fusilado el 19 de junio de 1867 en el Cerro de las Campanas junto con los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía.

En 1870 la princesa estudió enfermería con el fin de acompañar al príncipe en el cuerpo del ejército del Rin. Que una mujer fuera enfermera en el campo de batalla era algo insólito, el general Karl Friedrich von Steinmetz le otorgó permiso para ir en el vagón hospital del ejército, pero Félix se negó rotundamente y la colocó como jefa del cuerpo de enfermeras del ejército.

El 15 de agosto de ese año el príncipe Félix fue herido de bala y murió tres horas después. Inés no pudo llegar a tiempo para despedirse. Ella siguió con su servicio hasta el final de la Guerra franco-prusiana. Gracias a su labor, el káiser Guillermo I de Alemania la condecoró con la Cruz de Hierro en 1871.

Durante varios años Inés vivió en Suiza e Italia, frecuentemente en compañía de sus amigos, el barón y la baronesa von Stein. En 1876 contrajo segundas nupcias con el diplomático británico Charles Heneage, pero el matrimonio fue efímero.

En 1899 regresó una temporada a los Estados Unidos, donde fue noticia de periódico. Por ejemplo, The San Francisco Call del 7 de mayo de 1899 le dedicó prácticamente su página 20 entera y habló de ella como la princesa que “sirvió bajo tres banderas y recibió la Cruz de Hierro alemana”.[4]

De regreso a Europa, se fue al sur de Alemania, donde instaló su residencia. Ahí escribió su libro de memorias: Ten Years of My Life. Fue publicado en Londres por Richard Bentley and Son en 1876. En él dedicó más de cien páginas a México. El 21 de diciembre de 1912 falleció en su departamento en Karlsruhe, Alemania. Está enterrada en Bonn.

Inés de Salm-Salm. Querétaro. Apuntes del diario de la princesa de Salm-Salm. México, Imprenta de Tomás F. Neve, 1869. [11]



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