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Juan José Feliciano Fernández Campero



Juan José Feliciano Fernández Campero y Pérez de Uriondo Martiarena (San Francisco de Yavi, Gobernación del Tucumán (hoy provincia de Jujuy), Virreinato del Río de la Plata, 15 de junio de 1777 - Kingston, Jamaica, 22 de octubre de 1820) fue un hacendado, político y militar argentino, que tuvo una actuación destacada en la Guerra de Independencia de la Argentina, después de haber sido oficial del bando realista.

Fue el IV Marqués del Valle de Toxo, "Conde de Jujuy", "Vizconde de San Mateo",[1]Caballero de la Orden de Carlos III, Coronel Mayor graduado de los Ejércitos de las Provincias Unidas del Río de la Plata. En algunos documentos aparece mencionado también con el nombre de Juan José Feliciano Alejo Fernández Campero.[2]

Hijo del III marqués de Yavi, Juan José Gervasio Fernández Campero y Martiarena y de María Josefa Ignacia Pérez de Uriondo y Martiarena (sobrina y esposa del tercer marqués). Fue en realidad el cuarto Marqués del Valle del Tojo, nombre legítimo del marquesado desde 1708. Su marquesado se extendía por el norte de las actuales provincias argentinas de Jujuy y Salta e incluían grandes extensiones del territorio de Tarija y Potosí actualmente (desde 1890) en Bolivia. Su marquesado constituyó lo que sería el único caso de nobleza otorgado en lo que luego sería la República Argentina (aunque Santiago de Liniers era Conde de Buenos Aires). Fue, junto con el Barón de Holmberg, uno de los dos nobles que lucharon en las filas independentistas argentinas.[3]

Además de ser pariente de Martín Miguel de Güemes, era primo hermano del coronel Francisco Pérez de Uriondo, del sargento mayor Pedro Nolasco Pérez de Uriondo y del teniente coronel Manuel Pérez de Uriondo.

Sobre el marquesado que heredó y los tres marqueses que le precedieron en la historia se cuentan fantásticas historias, que relatan acerca de su inmensa fortuna proporcionada por la plata extraída de la mina de Cochinoca. Según estas versiones, supuestamente sus antepasados habrían escondido sus tesoros en una red de túneles a la que se accedía desde el subsuelo de su casa en Yavi mediante un mapa grabado sobre un muro en la montaña con indescifrables jeroglíficos. Otra leyenda sostiene que lo ocultaron en algún lugar de Jujuy, llevándolo mediante cuarenta mulas cargadas de alforjas con plata hacia un destino desconocido.

En 1813 ocupaba el cargo de gobernador de Salta y jefe de la Caballería realista. Luego de intentar mediar entre las dos partes para evitar la inminente batalla fue decidido por la patriota Juana Gabriela Moro a pasarse a las filas patriotas.

El 20 de febrero de 1813, durante la batalla de Salta, el marqués comandaba un ala del ejército de Pío Tristán y cumpliendo su compromiso decidió retirarse sin atacar huyendo por las lomas de Medeiros, el "movimiento retrogrado qe. hizo la caballería enemiga" que relata en su parte del triunfo del general Manuel Belgrano, contribuyendo en mucho al triunfo de las armas patriotas. Belgrano lo designó su edecán y Comandante de la Puna, y el 27 de junio de 1814 el director supremo Gervasio Antonio de Posadas le extendió los despachos de coronel del Ejército del Norte.

Fernández Campero se incorporó así al combate a favor de la emancipación americana, acompañando como comandante de la Puna a su primo, el legendario caudillo Martín Miguel de Güemes, en una lucha que Leopoldo Lugones daría en llamar luego la Guerra Gaucha.

Lo acompañaron en la vanguardia de la frontera como sus subcomandantes de la Sección Volante el capitán Juan José Quesada, el Comandante de Gauchos Bonifacio Ruiz de los Llanos y los capitanes indígenas Diego Cala, Juan Antonio Rojas, Agustín Rivera y dos militares españoles pasados a sus filas, los coroneles Manuel Almonte y Fuente y José Antonio Acebey. En el año 1813, la Asamblea General Constituyente reunida en Buenos Aires decretó la abolición de los títulos nobiliarios en el territorio rioplatense y la desaparición de los títulos de nobleza, con lo cual Fernández Campero solo poseyó la calidad de rico hombre o hacendado, desapareciendo el título nobiliario otorgado a su antepasado, Juan José Fernández Campero y Herrera, por el Rey Felipe V de España en 1708.

Ante la movilización de los sectores campesinos y urbanos de Salta y la Puna, otros comandantes acompañaron a Martín Miguel Güemes en la llamada Guerra gaucha, entre ellos, Francisco Pérez de Uriondo en Tarija, Manuel Arias en San Ramón de la Nueva Orán, José María Pérez de Urdininea en Humahuaca, Bartolomé de la Corte, Domingo Arenas y José de la Quintana, estos tres últimos en Jujuy.

Fernández Campero combatió con el rango de Coronel graduado del Ejército de las Provincias Unidas del Río de la Plata desde 1813 hasta 1816, además de ejercer la comandancia general de La Puna con un ejército de más de seiscientos hombres montados y sostenidos a sus expensas, al que se llamaba "El Ejército Peruano".

Obtuvo la victoria en varios combates, como Puesto del Marqués, luego contra "Los Angélicos" y posteriormente en la batalla de Colpayo. En ese período bélico en la Puna se produjeron cuarenta combates, catorce de los cuales sucedieron en el mismo marquesado de Yavi. Fue un apoyo sustancial para las victorias de Güemes, con quien mantuvo un vínculo inquebrantable, inclusive cuando se produjo el enfrentamiento con el unitario José Rondeau. Sus tropas actuaron en los múltiples combates que se sucedieron en tierras de la Puna. Atendiendo a sus méritos, el director supremo Carlos María de Alvear lo ascendió el 24 de febrero de 1815 al grado de coronel mayor graduado del Ejército.

En ese momento independentista fue también electo diputado al Congreso de Tucumán por el partido de Chichas, hoy Bolivia, junto con su amigo el cura José Andrés Pacheco de Melo. No pudo incorporarse en razón de encontrarse en el frente de lucha, intentando detener el avance de José de la Serna.[4]​ Este último estaba al frente del ejército realista, que atacó el norte de las Provincias Unidas desde el Virreinato del Perú con el propósito de recapturar para la corona española el último baluarte independentista que quedaba en Sudamérica. Al tomar conocimiento de la Declaración de Independencia realizada en el Congreso de Tucumán, el marqués de Yavi redactó una encendida proclama independentista que se conoció como la Arenga de Santa Rosa, mediante la cual hizo juramentar fidelidad a sus soldados hacia la nueva Nación el 31 de agosto de 1816.

El año de 1816 fue el año decisivo en la acción de las montoneras de gauchos e indígenas de la Puna para detener las avanzadas realistas sobre Jujuy y Salta. Las partidas levantadas y sostenidas por el Coronel Fernández Campero resultaban indispensables para sostener el frente de batalla estabilizado en el borde del Alto Perú. Parte de la estrategia delegada por Miguel Martín de Güemes quien depositaba su plena confianza en la persona de su primo Fernández Campero, según lo testimonian las siguientes cartas. Desde El Moreno, el 14 de septiembre de 1816, Fernández Campero escribía a su primo:

Por su parte, Martín Miguel de Güemes le respondía a Fernández Campero con igual confianza y afecto, en una carta fechada en Jujuy el 14 de septiembre de 1816:

El 15 de noviembre de 1816, mientras escuchaba misa en su capilla de Yavi, él y su tropa gaucha fueron atacados por el coronel realista Guillermo Marquiegui, hecho conocido como “sorpresa de Yavi”; inútil fue la huida emprendida: caería el marqués como prisionero de las fuerzas realistas (partidarios de la monarquía colonial española). Fue tomado prisionero por los generales realistas Pedro Antonio Olañeta y Marquiegui, enviado a Lima y luego desterrado a España por su condición de noble alzado en armas contra la corona a favor de la emancipación. Pidieron por él ofreciendo canje de prisioneros José de San Martín, Belgrano, Güemes y el plenario del Congreso de Tucumán, lo que no fue concedido por los realistas.

Un capítulo aparte merece la población y los seguidores del Coronel Fernández Campero: fueron tomados prisioneros en Yavi, 36 oficiales patriotas junto a 340 combatientes. En un primer acto de represalia de los realistas fue pasar por las armas al comandante Diego Cala, mano derecha del Coronel Fernández Campero, por solo por el hecho de "ser indio nativo".[7]​ El resto de la población fue trasladada por la fuerza a Potosí, dónde la peor represalia sucedió el 6 de enero de 1817, según las declaraciones del teniente coronel patriota José Remigio Plaza, prisionero de los realistas, quien logró huir de su cautiverio:

Luego de esta cruel peripecia, pocos pobladores regresaron a su solar natal, elevando como ofrenda de gratitud, una imagen de la Virgen del Rosario en los altares de la Capilla de los Marqueses, dónde permanece hasta el presente.

Ante la captura del Coronel Fernández Campero por los realistas, el frente norte de lucha sufrió un grave contratiempo, movilizando a Martín Miguel de Güemes a buscar un cambio de prisioneros realistas por la persona del Marqués, recibiendo respuestas negativas por parte del General La Serna. En el Congreso de Tucumán, el diputado por Jujuy, Sánchez de Bustamante indicó que:

En un primer momento, Juan José Feliciano Fernández Campero logró escapar de los realistas en Tupiza, pero fue descubierto en Potosí, y nuevamente encarcelado. Por decisión del fiscal militar realista fue trasladado a Lima, junto a otros prisioneros patriotas, como el sacerdote Juan Valdez, el fraile agustino Indalecio Salazar, el cura Valverde, Don José Durán Castro, quince "paisanos" y el fraile Francisco Polanco. La acusación esgrimida era la de "traición a la Corona" en razón de que Fernández Campero, en su calidad de un noble con título de Castilla, además de oficial del Ejército Real, se había levantado en armas en contra del Rey Fernando VII, uniéndose a los rebeldes de las Provincias Unidas del Río de la Plata. El 23 de enero de 1818 arribaron a Lima, luego de viajar desde Tacna, siendo encerrados en las mazmorras del Fuerte Real Felipe de El Callao. Desde allí, se decidió trasladar a Fernández Campero hacia la Península.

Pero la delicada salud de Fernández Campero por los tormentos sufridos y el encierro determinaron que fuera desembarcado enfermo en Jamaica, donde el ex marqués murió en Kingston el 22 de octubre de 1820, luego de testar como coronel mayor del Ejército de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Sus restos fueron enterrados en el atrio de la Iglesia Católica de Santa María, según la partida firmada por el párroco católico de la isla.

Fue declarado Prócer de la Independencia del Perú mediante la ley del Perú Nº 6864, promulgada el 2 de abril de 1930, por el presidente Augusto Leguía. Dicha ley fue votada por el Congreso peruano y declaraba a Juan José Feliciano Fernández Campero acreedor de la gratitud nacional y establecía la repatriación de sus restos desde Jamaica, para ser depositados en el Panteón de los Próceres, en el centro histórico de Lima. Dicha ley continúa en vigencia, pero no fue cumplimentada en su momento. También fue conocido en aquella región como el marqués de la Guerra Gaucha. En el Monumento al general Güemes y sus comandantes de la ciudad de Salta está inscripto un epitafio en su nombre.

De su unión con Calixta Barragán y Gulliazasti nacieron sus hijos, Fernando María Campero Barragán —de notoria actuación pública en los sucesos políticos de la primera y segunda mitad del siglo XIX en el norte argentino y en la República de Bolivia—, su hija María Calixta Campero Barragán, —casada con Miguel Anzoátegui Pachecho de Melo— y su hijo menor José María del Pilar Campero, quien falleció en la infancia. Entre sus descendientes se encuentran la escritora y poetisa boliviana Lindaura Anzoátegui Campero, el obispo de Salta Julio Campero y Aráoz, el poeta boliviano Octavio Campero Echazú y el guerrillero boliviano Jaime Arana Campero. El presidente de Bolivia, Narciso Campero Leyes era su sobrino carnal por ser el hijo de Felipe Campero, su hermano. La familia de la extinta presidenta del Senado del Estado Plurinacional de Bolivia, Ana María Romero de Campero, y del actual senador boliviano por Tarija, Fernando Campero Paz, también descienden de don Juan José Feliciano Fernández Campero por vía directa.

El 11 de marzo de 2009, en una ceremonia encabezada por el Embajador argentino en Jamaica, junto con representantes diplomáticos de Colombia, Chile, México y Venezuela, representantes del gobierno y la Defense Force de Jamaica, se procedió a la exhumación simbólica de los restos de Juan José Feliciano Fernández Campero. Los mismos fueron recogidos en el lugar que correspondía al atrio del antiguo templo católico jamaiquino de la Holy Trinity Church (Iglesia de la Sagrada Trinidad), destruido por un terremoto en 1907 y que actualmente está ocupado por la Imprenta del Estado de Jamaica. La urna con los restos símbólicos fue entregada al Dr. Rodolfo Martín Campero, descendiente de la familia del Marqués. El propósito final de éste acto fue el inicio de una reparación histórica de su figura y su repatriación a la Argentina para su sepultura en la actual Provincia de Jujuy,- ver enlaces al pie-.

Finalmente, el 9 de abril de 2010, en el atrio de la Catedral de San Salvador de Jujuy, se realizó la ceremonia de inhumación simbólica de los restos del Coronel Juan José Feliciano Fernández Campero. Luego de 190 años de su muerte en Jamaica, sus restos retornaron a la Argentina gracias a las gestiones de sus descendientes ante el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la República Argentina. Dicha ceremonia fue presidida por autoridades civiles, militares y eclesiásticas de la Provincia de Jujuy, en el marco de las celebraciones del Bicentenario de la Argentina. Desde esa fecha los restos de quien fuera conocido como el "Marqués de la Guerra Gaucha" reposan en el atrio de la catedral jujeña junto a los restos de Teodoro Sánchez de Bustamante y los hermanos Gorriti.[10][11]

El 15 de noviembre de 2012, la Legislatura de la Provincia de Jujuy por unanimidad decretó que cada 15 de noviembre se conmemorará el "Día de los Mártires de Yavi", en homenaje a los indígenas y criollos que junto al Coronel Juan José Feliciano Fernández Campero, cayeron prisioneros de los realistas en la misma fecha, en 1816. Entre ellos se destacan el Comandante Diego Cala, quien fue pasado por las armas en forma inmediata "por ser un indio rebelde", como también mujeres y niños que luego fueron llevados a Potosí y entregados como esclavos. Este homenaje unió la gesta del Coronel Juan José Feliciano Fernández Campero y las de sus tropas con los homenajes llevados a cabo con motivo del bicentenario del "Éxodo Jujeño".[12]



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