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Manuel Antonio Arboleda Scarpetta



Manuel Antonio Arboleda y Scarpetta, C.M., (Cartago, Estado Soberano del Cauca, 27 de febrero de 1870-Dagua, Valle del Cauca, 31 de marzo de 1923) fue un sacerdote y teólogo católico colombiano, arzobispo de Popayán.

Nació en el hogar formado por el general Simón Arboleda Arboleda, militar, político y diplomático, nieto del prócer Antonio Arboleda y Arrachea, y Eudoxia Scarpetta Delgado,[1]​ quienes se habían establecido temporalmente en la localidad de Cartago, donde Arboleda vio la luz. Quedó huérfano a los doce años de edad,[2]​ siendo acogido por su tía María Ignacia Arboleda Arboleda, viuda del general Tomás Cipriano de Mosquera, que lo crio en Popayán.

El 3 de octubre de 1883 ingresó en esa ciudad al seminario diocesano[2]​ y allí recibió instrucción en ciencias físicas y naturales, lenguas muertas, hebreo, francés e italiano, así como dibujo, música y artes. Atraído por la misión de sus preceptores vicentinos, "la evangelización de los pobres y la formación del clero", en ese claustro nació la vocación de Arboleda y optó por abrazar la vida religiosa. Su destacado desempeño académico llevó a sus superiores a enviarlo a París para que continuase su formación en el colegio de San Sulpicio.[3]

En Cali hizo votos el 2 de octubre de 1890[4]​ y fue ordenado sacerdote el 5 de agosto de 1894 en la Congregación de la Misión, también conocida como Sociedad de San Vicente de Paúl y cuyos miembros son denominados lazaristas, paúles o vicentinos. Su hermano Carlos también siguió la vida religiosa en la misma comunidad.

Después de ordenarse, sus superiores lo destinaron a apoyar la puesta en marcha de la escuela apostólica de Santa Rosa de Cabal, fundada en 1894 y la cual dirigió por casi una década, sirviendo en ella como docente y teniendo entre sus alumnos a futuras personalidades colombianas, como el empresario Jorge Garcés Borrero. En este período de su vida contrajo malaria y desde ese momento su salud empezaría a sufrir frecuentes quebrantos.

En 1905 fue nombrado rector del seminario diocesano de Popayán, en cuyas aulas había sido formado.[5]

El papa san Pío X lo elevó a la dignidad de arzobispo de Popayán en el consistorio del 18 de abril de 1907.[6]​ Arboleda se trasladó a Bogotá para recibir la consagración episcopal de manos de Francesco Ragonesi, nuncio apostólico en Colombia, quien le impuso el palio en solemne ceremonia celebrada en la catedral primada el 29 de junio del mismo año y en la que participaron como padrinos de consagración el Presidente de la República, General Rafael Reyes, y Juan Bautista Pombo Arroyo, amén de la asistencia de varios otros invitados del alto gobierno como el Ministro de Relaciones Exteriores, Alfredo Vásquez Cobo, el Ministro de Gobierno, Diego Euclides de Angulo Lemos, y diplomáticos de Ecuador, Chile, Estados Unidos y Brasil.[7][8]​ Tras su consagración, Arboleda recibió honores militares por parte del batallón "Calibío" en la Plaza de Bolívar y a continuación el Presidente Reyes ofreció un banquete en el Palacio de San Carlos en honor del arzobispo, acto en el que el Jefe de Estado y el alto prelado intercambiaron discursos pletóricos de referencias al saludable estado por el que atravesaba la relación Iglesia-Estado en ese momento:

Colombia aún no se recuperaba plenamente del impacto ni del saldo trágico que había dejado la Guerra de los Mil Días. De ahí que muchas de las voces que saludaron la llegada de Arboleda a la silla episcopal fincasen sus esperanzas en el papel de la Iglesia Católica y de él como arzobispo para que cesasen por completo las tensiones derivadas de las rivalidades políticas: «La nación tiene hambre y sed de paz, de justicia, de progreso. Desde la cumbre del poder, el Presidente de la República ha proclamado la concordia entre los hijos de una misma patria, de una misma Iglesia. Tal ha sido siempre el anhelo de los obispos colombianos. Y todos sabemos que iréis a ser en el Cauca no sólo prelado, sino padre; no sólo preceptor, sino modelo; no sólo la cabeza sino el corazón de vuestros diocesanos.»[10]

«En este país combatido tantos años por la fiebre de la destrucción, [Arboleda] va a introducir la fiebre de la edificación, la fiebre santa del bien que crea y fecundiza», presagiaba en tono esperanzador uno de los autores que contribuyeron a la edición especial que la Revista de la Paz dedicó al nuevo arzobispo el día de su consagración episcopal, en anticipo de lo que confiaban que llegaría a ser su labor.[11]

Arboleda emitió en Bogotá su primera pastoral, que fue publicada por los medios locales el 1° de julio de 1907. Luego, se desplazó a la capital del Cauca en compañía del Nuncio Apostólico, con paradas en varias poblaciones de su vasta arquidiócesis, entre ellas Salento, Filandia, Cartago, Buga y Palmira, antes de llegar a Cali, en donde se le tributaron varios homenajes y, finalmente, a Popayán, ciudad que se había preparado para recibir al arzobispo de la manera más solemne posible: «Las calles por las que debía verificarse la entrada fueron engalanadas, la víspera, con exquisito gusto, desde el extremo norte de la avenida de Bolívar hasta la Catedral Metropolitana. Tres arcos severos y hermosos señalaron en aquella avenida el buen gusto de quienes los levantaron; las calles del Humilladero y laterales de la plaza de Caldas no desdecían de quien dirigía su composición, y sobresalió, sobre todas, la carrera de San Francisco por donde pasaron el Sr. gobernador del departamento y todos los altos empleados cuando fueron a hacer la visita de estilo a los recién llegados y estos, seguidos de todo el clero, cuando la retornaron.»[12]

Arboleda tomó posesión de la sede el 18 de agosto de ese mismo año[13]​ y al asumir la silla episcopal pronunció la frase: «Haré todo cuanto esté a mi alcance para ser bueno, afable y misercordioso con todos, especialmente con mis sacerdotes.»[a][14]​ Fue el primer sacerdote vicentino en alcanzar la dignidad episcopal en Colombia y el tercero en el mundo.[15]

Tras la desmembración territorial que sufrió el departamento del Cauca en los albores del siglo XX, al arzobispo Arboleda le correspondió organizar en 1911 la nueva diócesis de Cali, escindida de la de Popayán mediante decreto de erección del año inmediatamente anterior y dotada de autonomía administrativa a partir de entonces.[17]​ Durante ese tensionante proceso de reordenamiento territorial, Arboleda intercedió ante el Gobierno nacional para que al líder político, médico y filántropo bugueño Ignacio Palau y Valenzuela, artífice de la creación del departamento del Valle del Cauca, le fuese conmutada la pena de confinamiento a Mocoa a que se lo había condenado por "antipatriota" y "perturbador del orden", y se le permitiese cumplirla en Popayán, lo cual le fue concedido.[18]

El 27 de abril de 1912 ofició en la Catedral Metropolitana la Misa solemne con ocasión del centenario de la batalla de La Ladera, que contó con la presencia de autoridades civiles, eclesiásticas y militares.[19]​ El 23 de abril de 1916, durante las conmemoraciones por el tercer centenario del fallecimiento de Cervantes, Arboleda bendijo el recién inaugurado paraninfo de la Universidad del Cauca, ceremonia en la que sirvieron como padrinos Antonio Paredes, María Pardo de Paredes, el Gobernador del Cauca Miguel Arroyo Diez y su esposa Manuelita Olano de Arroyo.[20]​ En ese mismo año, el prelado encabezó en la catedral de Popayán las honras fúnebres oficiadas en memoria de los próceres payaneses Camilo Torres Tenorio y Francisco José de Caldas, con ocasión del primer centenario de su martirio, ceremonia en la que también se honró la memoria de los próceres Francisco Antonio de Ulloa, José Miguel Montalvo y Miguel Buch, cuyos restos fueron trasladados de la iglesia de San José a la catedral y, varios años después, al Panteón de los Próceres.

En diciembre de 1920, Arboleda viaja a Roma para efectuar una visita ad limina apostolorum en compañía de los demás obispos diocesanos colombianos. Durante su estadía en la capital italiana el papa Benedicto XV lo nombra prelado doméstico asistente al solio pontificio y de regreso a Colombia hace escala en París para recibir atención médica.

Se destacó por su erudición, oratoria y habilidad para las lenguas extranjeras, vivas y muertas, así como por el profundo dominio de la suya propia y de varias lenguas indígenas.[21]​ Fue reconocido dentro y fuera del Cauca por la austeridad de su vida, la solidez de sus conocimientos en las ciencias divinas y humanas, su modesta discreción, sus méritos como educador de la juventud, y su amplitud y benevolencia.[22]

Dentro de las obras que adelantó al frente de la arquidiócesis de Popayán se cuentan la dotación de la catedral con un órgano traído de Francia, estrenado el 12 de diciembre de 1909,[b][23]​ y la ampliación de la sede del seminario. Desarrolló una amplia agenda de visitas pastorales a los sitios más apartados de su diócesis y bajo su gestión se creó la prefectura apostólica de Tierradentro el 13 de mayo de 1921.[24]​ Así mismo, le correspondió adaptar los templos de Popayán a la llegada de la luz eléctrica y dotarlos de este servicio.

Sufrió quebrantos de salud que lo aquejaron a lo largo de varios años de su vida. Presintiendo la gravedad de su dolencia, un cáncer de estómago, planeó buscar nuevamente auxilio médico en Europa, mas su condición le hizo establecerse por prescripción de los galenos en la población de Dagua, donde su estado empeoró. El obispo de Cali informó al clero sobre el estado agónico del arzobispo y éste expiró sobre las 10:00 de la noche del Sábado Santo 31 de marzo de 1923 a los 53 años de edad, en ejercicio de su dignidad episcopal.[25]​ Luego de extraérsele el corazón, el cadáver de Arboleda fue trasladado en tren a Popayán, donde fue embalsamado por los médicos Gabriel Caicedo Arroyo y Domingo Arboleda y expuesto en cámara ardiente a la veneración de los fieles en la sede catedralicia por espacio de 60 horas.[26]​ Posteriormente, el cuerpo del prelado fue sepultado en la capilla de santa Bárbara de la catedral metropolitana de esa ciudad.

(Traducción del latinista Tomás Doria)[34]




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