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María Pilar Aquino



María Pilar Aquino (Ixtlán del Río Nayarit, México 6 de marzo de 1956) es una teóloga feminista católica de origen mexicano establecida en Estados Unidos. Actualmente, se desempeña como profesora investigadora de Teología y Estudios religiosos en la Universidad de San Diego.[1]​ Su producción teológica, entre la que destaca el libro Nuestro clamor por la vida. Teología latinoamericana desde la perspectiva de la mujer (1992), ha sido fundamental para la articulación de la teología feminista latinoamericana de la liberación, destacando en los campos de eclesiología, espiritualidad, interculturalidad y teología latina de Estados Unidos.

Aquino nació en el seno de una familia campesina. Sus padres participaron en el Programa Bracero, por lo cual emigraron a San Luis (Arizona, Estados Unidos), zona en la que tuvo contacto con el movimiento campesino de César Chávez.[2]​ Desde los 18 años y hasta 1983,[3]​ Aquino perteneció a la Sociedad de las Auxiliadoras de las Almas del Purgatorio, una congregación católica femenina de espiritualidad ignaciana de origen francés que tiene como carisma la atención de los más vulnerables.

Aquino reconoce que, siendo una joven catequista, fue influenciada por las religiosas católicas liberacionistas que trabajaban en la frontera de México y Estados Unidos.[4]

Obtuvo la Licenciatura en Teología en el extinto Instituto Teológico de Estudios Superiores (Ciudad de México), cuyos estudios estaban validados por la Pontificia Universidad Católica del Río Grande del Sur (Porto Alegre, Brasil). En 1991, obtuvo el Doctorado en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca (Madrid), bajo la dirección de Casiano Floristán, catedrático de Teología Práctica. Fue la primera mujer católica en obtener un Doctorado en Teología en esta universidad.[5]

Fue profesora de Teología en el Mount St. Mary's College en Los Ángeles (CaliforniaEstados Unidos), una universidad para mujeres de la Congregación de las Hermanas de San José de Carondelet. Fue parte de la Mesa Directiva de la Sociedad Teológica Católica de América y fue integrante del Consejo Directivo de la Revista Internacional de Teología Concilium. En 2000, recibió un doctorado honoris causa por la Universidad de Helsinki (Finlandia). Es actualmente profesora de Teología y Estudios Religiosos y directora asociada del Centro para el Estudio del Catolicismo Latino en la Universidad de San Diego (California, Estados Unidos). Participó en la fundación de la Academia de Teólogos Hispanos Católicos de Estados Unidos, asociación de la que e presidenta.a.[6]

En 1988, compiló las participaciones de las teólogas latinoamericanas reunidas en la Conferencia Intercontinental de Mujeres Teólogas del Tercer Mundo, celebrada en 1986 en Oaxtepec (Morelos, México) y organizada por la Comisión de Mujeres de la Asociación Ecuménica de Teólogos y Teólogas del Tercer Mundo (ASETT/EATWOT).[7]​ El lema del encuentro fue: "Hacer teología desde la perspectiva de las mujeres del Tercer Mundo". Durante el Congreso, se discutió sobre hermenéutica bíblica, cristología, la eclesiología, espiritualidad, entre otros temas.

En sus primeras incursiones en la teología, Aquino estaba fuertemente influenciada por la obra y pensamiento de Elisabeth Schüssler Fiorenza.[8]​ Para Aquino, la teología se entiende "como disciplina […] que articula el lenguaje de la fe, se entiende referida a una experiencia de vida, antes que a una exposición especulativa de verdades abstractas".[9]

Aquino ha sido crítica tanto con la teología de la liberación latinoamericana como con la teología hispana estadounidense. A la primera le cuestiona su perspectiva androcéntrica; a la segunda, su asimilación a los paradigmas de modernidad liberal y su énfasis excesivo en las cuestiones identitarias culturales, desdeñando la realidad socioeconómica de los latinos y las latinas en Estados Unidos y en América Latina.[10]

En 1992, fue publicada su tesis doctoral, Nuestro clamor por la vida. Teología latinoamericana desde la perspectiva de la mujer, en la cual se detalla la contribución específica de las mujeres a los procesos históricos de cambio y a la teología de la liberación, en tanto sujetos de reflexión y no como meros objetos de estudio.

Según Aquino, los supuestos de la producción teológica a partir de la perspectiva de las mujeres latinoamericanas, incluyen:

Otras características de la producción teológica de Aquino son:

En la obra Teología feminista latinoamericana, escrita en coautoría con Elsa Tamez, Aquino argumenta una teología feminista latinoamericana a partir de los siguientes puntos:

Según Aquino, la "espiritualidad neoliberal" se opone a las espiritualidades feministas de la Sabiduría, pues el neoliberalismo se basa en los "principios dogmáticos" de la eficiencia económica, la competitividad y la gratificación individual, además de constituir al mercado global como la instancia determinante que ordena, dirige y da significado a la existencia humana.

En la perspectiva neoliberal, las élites ejercen las "funciones sacerdotales" de mantenimiento del mercado global que funciona como una nueva religión. Se trata de una religión que crea una imagen invertida de la realidad en la que las personas no perciben los estragos del neoliberalismo, incluyendo "los cuerpos de las mujeres consumidos por la disciplina patriarcal". La espiritualidad del mercado global genera en el imaginario social un estado de resignación y una paralización política. Peor que eso, tiende a destruir las tradiciones críticas y a eliminar el pluralismo identitario tanto en la dimensión religiosa como en la cultural.

Como oposición a esta espiritualidad neoliberal, Aquino propone la deconstrucción de los mecanismos que sustentan el determinismo patriarcal por medio del fortalecimiento de las cosmovisiones feministas transformadoras y del apoyo a las luchas contra la globalización, fortaleciendo las luchas feministas plurales.

A diferencia de la propuesta de teología mujerista de Ada-María Isasi Díaz, Aquino insiste en reivindicar el nombre de feminista para su propuesta teológica. Con esto, la teóloga mexicano-estadounidense se propone desmontar el mito de que el feminismo es inexistente entre las mujeres latinas de sectores populares o que se trata exclusivamente de una corriente de mujeres de clase media y blancas.[11]​ Aquino rechaza la homogeneidad cultural de algunas propuestas teológicas feministas, incluidas algunas latinas, e insiste en la interculturalidad de la vivencia religiosa en Latinoamérica, allende las razas, identidades religiosas, etc.[11]

Aquino sostiene que la actividad teológica no debe ser neutra delante de los conflictos, pues se trata de un campo de lucha. Por ello, la teóloga argumenta que las prácticas teológicas deben ser evaluadas de acuerdo a su capacidad de apoyar u obstaculizar los procesos sociales y eclesiales orientados a generar paradigmas de justicia. En sintonía con las teologías de la liberación, cree que la relevancia de una teología no debe medirse por su elocuencia discursiva en las relaciones entre Dios y mundo, sino en su capacidad ético-política de reparar el sufrimiento injusto de las víctimas. El conocimiento teológico no debería, pues, funcionar como mecanismo generador de discursos deshumanizadores o legitimador de sistemas de dominación, sino como principio de liberación.

Entre las características de la teología articulada interculturalmente sobresalen:

Aquino no niega la dialéctica del cristianismo en América Latina y, por lo tanto, afirma que el cristianismo latinoamericano ha legitimado el uso de la violencia estructural del sistema y que existen sectores importantes que mantienen teologías monoculturales, dogmáticas y prácticas institucionales absolutistas. Por otro lado, reconoce que existen sectores que defienden de los derechos humanos, la justicia social y la cultura de paz. Ese sector progresista tuvo su origen con la actuación de Bartolomé de Las Casas y se fortaleció con los documentos aprobados en la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, realizada en Medellín (Colombia), en 1968.

Aquino es partidaria de la opción por la esperanza en otro mundo posible, a través de una teología de la liberación que apoya los movimientos alternativos a la globalización, que se interesan por las condiciones materiales de la vida de las personasdenuncian las injusticias del sistema que impiden a las mayorías y sectores populares vivir humanamente y proponer alternativas.



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