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Monte Etna



El Etna es un volcán activo en la costa este de Sicilia, en el territorio de la Ciudad metropolitana de Catania, Italia. Tiene alrededor de 3322 metros de altura, aunque esta varía debido a las constantes erupciones. La montaña es hoy en día 21,6 metros menor que en 1865. Es el volcán activo con mayor altura de la placa Euroasiática, el primero en referencia a la Europa geográfica y la montaña más alta de Italia al sur de los Alpes. El Etna cubre un área de 1190 km², con una circunferencia basal de 140 kilómetros.[2]

Hasta inicios del siglo XX, por lo menos, era frecuente que la población siciliana llamara Gibellu a este célebre volcán; tal denominación local deriva de la presencia árabe en el lugar durante la Edad Media. En efecto, Gibellu o Gibello deriva de la palabra árabe جبل ŷébel (monte, montaña). Aún hoy, se llama en Sicilia Gibello o Mongibelo a la montaña, quedando la denominación Etna para el cono volcánico.[3]

En la mitología griega, el Etna era el volcán en cuyo interior se situaban las fraguas de Hefesto, que trabajaba en compañía de cíclopes y gigantes. El monstruoso Tifón yacía debajo de esta montaña, lo que causaba frecuentes terremotos y erupciones de humo y lava.

Su nombre derivaba de la ninfa Etna, hija del gigante Briareo y de Cimopolia, o de Urano y Gea, que se convirtió en la deidad de este famoso volcán. Por ello, fue la juez que resolvió la disputa sobre la posesión de Sicilia entre Deméter y Hefesto.

Uniéndose con este último fue madre de los pálicos, los dos dioses de sendos géiseres famosos en la isla.

Haciendo abstracción de la mitología, el nombre deriva de la palabra cananea (o del fenicio) attanu (arder) y luego de la griega aithos (con el mismo significado de arder). Durante la ocupación árabe de Sicilia en la Edad Media, el Etna fue llamado Ŷébel Uhamat (Montaña de fuego), pasando a ser llamado durante siglos por gran parte de los italianos con la palabra mixta (románica-arábiga): Mongibello.

El Etna es uno de los volcanes más activos del mundo y está casi en constante erupción. Aunque en ocasiones puede ser muy destructivo, no está contemplado como un volcán particularmente peligroso, y miles de personas viven en sus alrededores e incluso en sus faldas. La fertilidad de la tierra volcánica hace que la agricultura extensiva, con viñas y huertos, se extienda a lo largo de las laderas de la montaña. Debido a la reciente actividad volcánica y a su población, el Etna ha sido designado como uno de los 16 Volcanes de la Década por las Naciones Unidas.[4]

En junio de 2013 el Etna fue declarado Patrimonio de la Humanidad por resolución del Comité de la UNESCO.[5]

La actividad volcánica del Etna comenzó hace aproximadamente medio millón de años cuando la humanidad apenas estaba dando sus primeros pasos, con erupciones bajo la superficie marina, costa afuera de Sicilia.[6]​ El vulcanismo empezó hace 300.000 años hacia el suroeste de la cumbre actual, antes de que la actividad se moviera hacia el centro actual hace unos 170.000 años. Las erupciones de ese momento comenzaron a construir el edificio volcánico principal, formando un estratovolcán en erupciones efusivas y eruptivas alternadas.

Desde hace 35.000 a 15.000 años el Etna experimentó algunas erupciones altamente explosivas, generando algunos flujos piroclásticos importantes que dejaron extensos depósitos de ignimbrita. La ceniza de estas erupciones se ha encontrado en lugares tan alejados como Roma, a 800 km al norte.

Hace miles de años el flanco este de la montaña experimentó un colapso catastrófico, generando un enorme deslizamiento de tierra, en un evento similar al que se vio en la erupción del Monte Santa Helena de 1980. El deslizamiento dejó una gran depresión en el costado del volcán, conocida como el Valle del Bove (Valle del buey). Una investigación publicada en 2006 sugiere que esto ocurrió alrededor del año 6000 a. C. y causó un enorme maremoto que afectó a varios lugares del Mediterráneo oriental. Ésta puede haber sido la razón por la que el asentamiento de Atlit Yam (Israel), hoy en día bajo el nivel del mar, fuera abandonado repentinamente en esa época. Incluso se ha especulado con que el maremoto provocado por este gigantesco cataclismo pudiera ser el hecho que dio origen al mito del Diluvio universal.

Las empinadas paredes del valle han sufrido numerosos colapsos posteriores. Los estratos expuestos en el valle proveen un importante y fácilmente accesible registro de la historia eruptiva del Etna.

Se cree que el más reciente colapso de la cumbre ocurrió hace unos 2000 años para formar lo que se conoce como la Caldera Piano. Esta caldera ha sido casi totalmente rellenada por erupciones de lava posteriores, pero aún es visible como un claro quiebro en la ladera de la montaña, cerca de la base del cono de la cumbre actual.

Las erupciones del Etna no son todas iguales. Algunas ocurren en la cumbre, donde hoy día hay cuatro cráteres distintos: el Cráter Noreste, la Vorágine, la Bocca Nuova y el Cráter Sureste. Otras suceden en los flancos, donde existen más de 200 ventilaciones, variando su tamaño desde pequeños hoyos en el suelo a grandes cráteres de cientos de metros de diámetro. Las erupciones en la cumbre pueden ser muy explosivas y extremadamente espectaculares, aunque rara vez amenazan las zonas habitadas alrededor del volcán. Por el contrario, las erupciones en los flancos pueden ocurrir incluso a unos pocos cientos de metros de altitud, bien en las cercanías o en las mismas áreas pobladas. Numerosos pueblos y pequeñas ciudades se encuentran cerca o sobre los conos de antiguas erupciones laterales. Desde el año 1600 d. C. ha habido al menos 60 erupciones laterales e incontables erupciones en la cumbre. Casi la mitad de éstas ha ocurrido desde el comienzo del siglo XX y el 3.er milenio ha visto cuatro erupciones laterales, hasta ahora: en 2001, 2002-2003, 2004-2005, 2008, 2019 y 2020.

La primera erupción conocida del Etna es la registrada por Diodoro Sículo. El poeta romano Virgilio dio lo que probablemente sea una descripción de primera mano en la Eneida:

Se cree que una erupción del Etna en 396 a. C. frustró a los cartagineses en su intento de avanzar hacia Siracusa, Italia, durante la Segunda Guerra Siciliana.

Una erupción particularmente violenta y explosiva del tipo pliniano ocurrió en su cumbre en 122 a. C. y causó una pesada lluvia de tefra en el sureste, incluso sobre la ciudad de Catania, donde muchos tejados se hundieron. Como ayuda a la reconstrucción y para hacer frente a los efectos devastadores de la erupción, el gobierno romano eximió a la población de Catania del pago de impuestos durante diez años.

Se estima que en los últimos 11 años la montaña se ha estado desplazando a una velocidad de 14 milímetros por año.[7]

Durante los últimos 2000 años la actividad del Etna ha sido por lo general efusiva, con ocasionales erupciones explosivas en su cumbre. La más destructiva durante este período ha ocurrido entre marzo y julio de 1669 cuando, según se estima, se emitieron 830.000.000 de m³ de lava y obligó a abandonar la extensamente destruida villa de Nicolosi. El 11 de marzo, se abrió una fisura de 9 km de largo en el flanco sur de la montaña, extendiéndose desde la cota de 2.800 m hasta la de 1.200 m más abajo. La actividad migró cuesta abajo de forma continua y el ventiladero mayor finalmente se abrió cerca de la villa de Nicolosi. El cono de ceniza acumulado en el ventiladero en erupción se conoce con el nombre de Monti Rossi (Montes rojos) y es todavía un hito prominente del terreno.

Nicolosi fue rápidamente enterrada por flujos de lava y dos pequeñas localidades cercanas fueron también destruidas durante el primer día de erupción. Ésta fue extremadamente voluminosa y otras cuatro localidades fueron destruidas en los tres días siguientes por flujos de lava orientados hacia el sur. Después de aniquilar dos poblados de considerable tamaño a fines de marzo, la lava alcanzó las afueras de Catania a principios de abril.

Al principio, la lava se amontonaba sobre los muros de la ciudad, que eran lo bastante fuertes para soportar la presión del flujo. Sin embargo, aunque la ciudad estaba temporalmente protegida, la lava escurrió hacia el puerto, destruyéndolo. El 30 de abril, la lava pasó sobre los muros de la ciudad que entonces cedieron. Los habitantes construyeron muros cortando las principales calles de la ciudad para detener el flujo de lava, los cuales resultaron bastante efectivos pero no evitaron la destrucción de la parte occidental de la ciudad.

Durante la erupción, los residentes de Catania también intentaron desviar la lava flujo arriba. Según un relato posiblemente apócrifo, sus esfuerzos se toparon con la resistencia armada de los ciudadanos de un poblado que habría sido destruido si se hubiese desviado efectivamente la lava. Más allá de si este hecho ocurrió o no, se aprobó posteriormente una ley que prohibía la desviación artificial de los flujos de lava, que no fue revocada hasta 1983.

Mascali fue obliterada en sólo dos días, al destruir la lava todas las edificaciones. Este suceso fue utilizado por el régimen fascista de Mussolini con propósitos propagandísticos, que presentaban las operaciones de evacuación. Otro gran flujo de lava de una erupción en 1928 conllevó a la primera y única destrucción de un poblado desde la erupción de 1669. En este caso, la población de [n, asistencia y reconstrucción como modelos de planificación fascista. Mascali fue reconstruida en otra ubicación, y en su iglesia puede observarse el símbolo fascista de la antorcha, colocado encima de la estatua de Cristo.

Otras erupciones mayores del siglo XX ocurrieron en 1949, 1971, 1981, 1983 y 1991-1993, así como la primera erupción del siglo XXI en 2001.

El etna a tenido muchas erupciones en los últimos años

Avachinsky Volcán de Colima Etna Volcán Galeras Mauna Loa Monte Merapi Monte Nyiragongo Monte Rainier Sakurajima Volcán Santa María Santorini Volcán Taal Teide Ulawun Monte Unzen Monte Vesubio



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