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Sumo Sacerdote Caifás



José ben Caifás o Yosef Bar Kayafa (en hebreo y arameo: יוסף בַּר קַיָּפָא Iosef ben Cayafás) fue un sumo sacerdote judío, de la secta de los saduceos, que vivió entre el reinado de Augusto y el de Claudio[cita requerida]. Fue uno de los líderes de la conspiración que logró la condena a muerte de Jesús de Nazaret.[1]

En el año 18 d. C. Caifás fue nombrado sumo sacerdote por el procurador romano de Judea, Valerio Grato,[1]​ sustituyendo a Simon ben Camithus. Casado con la hija del ex sumo sacerdote Anás, se mantuvo como máxima autoridad religiosa judía durante toda la administración de Poncio Pilato, sucesor de Grato, ocupando el cargo durante dieciocho años. En el año 36 fue destituido por el procurador Vitelio.[2]

Como saduceo, Caifás no creía en la resurrección de los muertos, al contrario que los fariseos. Según el Evangelio de San Juan, las noticias sobre la resurrección de Lázaro realizada por Jesús alarmaron a los Sumos Sacerdotes, hasta el punto de que el Sanedrín (tribunal supremo de los judíos) se reunió en una sesión extraordinaria, para decidir lo que harían con Jesús. La reunión estuvo presidida por Caifás, en calidad de sumo sacerdote en funciones. No obstante, su suegro Anás, que mantenía una gran autoridad dentro del tribunal, influyó notablemente en la resolución del caso. De esta reunión salió la famosa frase de Caifás que plasma su pensamiento sobre Jesús[3]​:

Al anochecer, después de ser arrestado, Jesús fue llevado a la casa de Anás donde fue detenido, interrogado y golpeado. Anás se lo entregó a Caifás, pero como este no tenía la autoridad para ordenar la pena de muerte, lo llevó ante Pilatos, gobernante romano en Judea, para que decidiera su suerte.[4]

Los romanos no realizaban ejecuciones basadas en transgresiones a la ley judía; por tanto, el cargo de blasfemia no tenía validez para Pilatos. A pesar de que el Sanedrín deseaba que Pilatos ordenara la ejecución de Jesús, Pilatos al saber que Jesús era de Galilea, jurisdicción de Herodes Antipas, lo remitió a Herodes Antipas, que por esos días se encontraba en Jerusalén[5]​, para que se encargara del caso. Herodes con sus soldados menospreció a Jesús y se burló de él, vistiéndolo con una ropa espléndida como de reyes; y después se lo devolvió a Pilatos.[6]

La posición de Caifás era establecer que Jesús era culpable no solo de blasfemia, sino de proclamarse el Mesías, que podría ser entendido como el retorno del rey David. Esto habría sido un acto de sedición que podría merecer la pena de muerte por parte del romano.

El argumento de rebelión y sedición que presentó Caifás no le dio resultado, ya que Pilatos no lo encontró culpable, a pesar de que Caifás afirmó que el pueblo de Judea no tenía más emperador que el César Romano. Pilatos, en cambio, dejó que la muchedumbre decidiera la suerte de Jesús dándoles a escoger entre su liberación y la de un preso de nombre Barrabás. La muchedumbre, animada por los sacerdotes, escogió la liberación de Barrabás y la crucifixión de Jesús.[7]

Después de la crucifixión de Jesús, Caifás continuó persiguiendo a los primeros cristianos hasta su cese como máxima autoridad religiosa en el año 36. En una ocasión llevó a los apóstoles ante los líderes religiosos para advertirles de la prohibición de diseminar las enseñanzas de Jesucristo. Aunque la Biblia no dice nada más de él, se cree que Caifás murió asesinado, en la toma de Jerusalén por los romanos.[¿quién?]

Caifás es considerado junto con Anás el responsable de haber mandado a muerte a Jesús. En la Divina Comedia Dante Alighieri los sitúa en la fosa de los hipócritas castigados de la misma forma: están crucificados en la tierra y son pisados por los demás condenados, que están vestidos con capas de plomo (Infierno XXIII, vv. 110-126).

La llamada Tumba de Caifás o Tumba de la familia de Caifás fue descubierta accidentalmente por trabajadores que construían un camino en un parque, justo al sur de la parte antigua de la ciudad de Jerusalén.[1][8]​ Los arqueólogos encontraron doce osarios (cajas de piedra caliza para guardar huesos) conteniendo los restos de sesenta y tres individuos. El osario más bellamente decorado estaba inscrito con el nombre de José, hijo de (o de la familia de) Caifás. Ese fue el nombre completo del sumo sacerdote que arrestó a Jesús, como está documentado por Josefo, en su libro Antigüedades 18: 2, 2; 4, 3. En su interior estaban los restos de un varón de sesenta años, casi con certeza los de Caifás del Nuevo Testamento. Este extraordinario descubrimiento ha provisto por primera vez a los estudiosos con los restos físicos de un individuo nombrado en la Biblia.[9]

Sin embargo para Shuka Dorfman, director de Antigüedades de Israel, el hallazgo resultó ser un fraude. Así lo anunció al afirmar que (18 de junio de 2003): «El osario es real. Pero la inscripción es falsa. Lo que significa, es que alguien tomó una caja real y labró la escritura en ella, probablemente para darle una importancia religiosa».[10]

Gideon Avni, presidente del grupo de arqueólogos que investigaron el osario, dijo a los periodistas que la conclusión era unánime. Dicho comité también sostuvo que la piedra de la que fue tallado el osario era más típica del norte de Siria que del antiguo Israel.



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