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Ternura (libro)



Ternura es el segundo poemario de Gabriela Mistral, poeta chilena y Nobel de Literatura. Publicado por primera vez en Madrid, por la Editorial Saturnino Callejas en 1924,[1]​ fue dedicado a su madre y a su media hermana Emelina, pilares fundamentales de su vida y fuente de inspiración directa de algunos de sus versos.[2]

Ternura fue una constante preocupación de la obra creadora de Mistral. Ya en 1915 la autora anunciaba con entusiasmo la publicación, para ese mismo año, de un volumen de versos escolares.[3]​ No obstante a fines de 1916 la poeta declaraba: «Como cantidad, hay material para más de un volumen; como calidad, creo que no la hay.»[4]

Fue finalmente 1924 el año en que este libro de poesía escolar fue publicado con el nombre de Ternura: Canciones de niños, remarcando el subtítulo el carácter y la intencionalidad de “Rondas”, “Canciones de la tierra”, “Estaciones”, “Religiosas” y “Canciones de cuna”, las secciones que dividían la primera edición.[5]Ternura dejó huella a lo largo de toda la obra de la autora, todos sus libros fundamentales, desde Desolación a Lagar, de Tala al Poema de Chile, contaron con poemas originados en este libro.[6]

Más de 20 años después de su primera edición, y en un afán de rehacer y reordenar sus canciones, jugarretas y cuenta-mundo, Gabriela Mistral decidió reorganizar Ternura, añadiendo nuevas secciones a la edición original, proyectadas desde y para un sujeto-lector más amplio y total.[7]​ Fue así que en 1945 se publicó en Buenos Aires la segunda edición de Ternura, por la Editorial Espasa-Calpe, edición en que las Canciones de niños pasaron a ser casi escolares y que dan cuenta de la importancia que la poeta siempre atribuyó a este libro, que no solo pretendía entretener y educar a los niños por medio de la poesía, sino que también llamar la atención de los adultos respecto de su responsabilidad en la educación de sus hijos, y en particular su responsabilidad con aquellos niños que vivían en situación de abandono.[2]

Ternura fue escrito originalmente como una reacción a la poesía escolar de la década de 1920 y que en nada satisfacía a la autora. En palabras de Mistral:

"He querido hacer una poesía escolar nueva, porque la que hay en boga no me satisface; una poesía escolar que no por ser escolar deje de ser poesía, que lo sea, y más delicada que cualquier otra, más honda, más impregnada de cosas de corazón, más estremecida del soplo del alma."[8]

En un proceso de reelaboración sostenido, esta poesía escolar fue nutriéndose de otros temas humanos, geográficos y divinos. Como toda la obra de la poeta, Ternura está colmada del sentido moral y religioso que ella ponía en la enseñanza. De acuerdo a Palma Guillén:

"La maestra debía (...) enseñar el amor a la Creación, la hermandad y la paz entre los hombres y la unión con Dios. (...) [Y mientras ella] enseñaba a leer y a cantar y a jugar, trataba de despertar en ellos [los niños], a través de la canción y la poesía, el amor al bien y a la belleza, y sobre todo el ritmo profundo que une todo lo creado.[9]

Este género de poesía que expresa la delicadeza, el juego, la fantasía, el animismo de la naturaleza, lo sobrenatural y trascendente, y el amor necesitado de protección de hijo y madre, parece vincular a la autora con los aspectos más amables de su existencia: su relación amorosa con los niños y con la naturaleza, el hacerse ella misma niña, ensimismada en la recuperación de su propia infancia.[10]​ Pero Ternura no está exenta del dualismo agónico que caracteriza la escritura mistraliana, solo que el lado positivo es aquí, excepcionalmente, el dominante. Contrariamente a lo que sucede en Desolación, aquí el bien se impone, incluso a la muerte, por las virtudes del poema-canción, del coloquio diurno y nocturno de la madre, con su alma, con su hijo y con la Madre Tierra.[11][12]

La maternidad como fuente de poesía marca el carácter general del libro. Sus poemas cantan el gozo de la maternidad, la maravilla del hijo, su gracia, la armonía de la tierra y las criaturas. Después del desfogue de la tremenda energía pasional de Desolación, esta segunda obra nos revela la vitalidad potente, el ansia de dicha inocente y la espiritualización de la voluptuosidad de antaño, que es la ternura.[13]

Ternura, en su edición definitiva, se divide en siete secciones: “Canciones de cuna”, “Rondas”, “La Desvariadora”, “ Jugarretas”, “Cuenta-mundo”, “Casi escolares’’ y “Cuentos”, además de contar con una sección explicativa llamada "Colofón con cara de excusa". Cada sección consta de diversos poemas y gira en torno a una temática. Siguiendo el análisis de Borda-Malo Echeverri[14]​:



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