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Tunisia



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Túnez[3]​ (en árabe, تونسAcerca de este sonido Tūnis; en bereber, Tunest; en francés, Tunisie), cuyo nombre oficial es República Tunecina (en árabe, الجمهورية التونسية‎, romanizadoel-Jomhūriya it-Tūnisiya, en francés, République tunisienne), es un país soberano situado en el norte de África, más concretamente en la costa mediterránea. Su forma de gobierno es la república semipresidencialista. Su territorio está organizado en 24 gobernaciones o wilayat. La capital es Túnez, la ciudad más poblada, que le da el nombre al país.

Es el país más pequeño del Magreb, ubicado entre las estribaciones orientales de la cordillera montañosa del Atlas y el mar Mediterráneo. La superficie de Túnez es de 163 610 km²,[1]​ con una población estimada en 11,8 millones de habitantes. Aproximadamente el 40 % de este país está compuesto por el desierto del Sahara, mientras que el resto es suelo fértil y adecuado para la agricultura; además, tiene 1148 km de costa.[1]​ Limita con Argelia al oeste y Libia al sureste.

En la antigüedad, Túnez estaba habitado principalmente por bereberes. La inmigración fenicia comenzó en el XII a.c. Estos inmigrantes fundaron Cartago, una potencia mercantil importante y rival militar de la República Romana. Cartago fue derrotada por los romanos en 146 a. C. Los romanos, que ocuparon Túnez durante la mayor parte de los siguientes ochocientos años, introdujeron el cristianismo y dejaron legados arquitectónicos como el anfiteatro de El Djem. Después de varios intentos que comenzaron en 647, los musulmanes conquistaron el conjunto de Túnez por 697, seguidos por el Imperio Otomano entre 1534 y 1574. Los otomanos dominaron el territorio durante más de trescientos años, hasta que, durante su decadencia en el XIX, Francia estableció un protectorado sobre el país en 1881. En 1956, el país se independizó como una monarquía constitucional, que fue derrocada al año siguiente. El líder del partido Neo-Destour, Habib Bourguiba, declaró la República y se mantuvo como presidente hasta su derrocamiento en 1987, siendo reemplazado por Zine El Abidine Ben Ali, del partido Agrupación Constitucional Democrática. Ben Ali gobernó despóticamente el país hasta que el 14 de enero de 2011 renunció en medio de lo que se conoció como la revolución tunecina, una revuelta social a gran escala que culminó con el llamado a elecciones legislativas libres y la redacción de una nueva constitución, que rige el país desde 2014. Ese mismo año, se realizaron las primeras elecciones presidenciales[4]​ y legislativas bajo la misma.[5]

Bajo la constitución actual, Túnez es una república semipresidencialista y unitaria que adopta la democracia representativa como forma de gobierno. Túnez es considerado por diversas organizaciones de derechos humanos como el único país sinceramente democrático del Mundo Árabe.[6][7]​ Se le adjudica también uno de los índices de desarrollo humano más altos de África.[8]​ Tiene acuerdos de asociación con la Unión Europea, es miembro de La Francofonía, la Unión del Mediterráneo, la Liga Árabe, la Unión del Magreb Árabe, la Organización para la Cooperación Islámica, la Gran Zona de Libre Comercio Árabe, la Comunidad de Estados del Sahel-Sahara, la Unión Africana, el Movimiento de Países No Alineados, el Grupo de los 77; y ha obtenido el estatus de aliado principal no perteneciente a la OTAN. Además, Túnez es un estado miembro de las Naciones Unidas y del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Las estrechas relaciones con Europa, en particular con Francia[9]​ y con Italia,[10][11]​ se han forjado a través de la cooperación económica, la privatización y la modernización industrial.

La palabra Túnez deriva de Tunis, conocida por los griegos clásicos como Tynes, la capital del actual país de Túnez. El nombre Tunis puede ser atribuido a diversos orígenes. Puede ser asociado con la deidad fenicia Tanith (o Tunit), o con la expresión bereber ens que significa "caer".

Al igual que en español, en el árabe nativo, el mismo nombre es usado tanto para el país como para la ciudad: تونس y solo por el contexto puede uno diferenciarlas. Con este fin los geógrafos e historiadores franceses a comienzos del siglo XIX adoptaron el vocablo Tunisie para designar al país, como parte de sus esfuerzos para dar nombres a los nuevos territorios y protectorados ocupados. La mayoría de los idiomas europeos siguió el ejemplo, pero en español la versión Tunicia no prosperó.

En el territorio del Túnez actual floreció la ciudad de Cartago, fundada en el siglo VIII a. C. por los fenicios de Tiro. Hacia el siglo VI a. C., Cartago había sojuzgado a las tribus libias y anexado las antiguas colonias fenicias, controlando de este modo toda la costa del norte de África, desde el océano Atlántico hasta la frontera occidental de Egipto, así como Cerdeña, Malta, las islas Baleares y parte de Sicilia. En el siglo V a. C., el navegante cartaginés Hannón (530-470 a. C.) emprendió un viaje a lo largo de la costa atlántica del norte de África. El poder marítimo permitió a los cartagineses extender sus asentamientos y conquistas, formando un imperio disperso dedicado al comercio. Entre sus empresas comerciales destacaban la minería de plata y plomo, la fabricación de camas, una industria maderera en las montañas de la cordillera del Atlas, la fabricación de cerámica, joyería, y la exportación de animales salvajes provenientes de las junglas africanas, del marfil y el oro. Cartago estuvo en guerra casi continuamente con Grecia y Roma durante 150 años. Las guerras con los griegos, que comenzaron en el 409 a. C., se produjeron por el dominio de Sicilia, situada aproximadamente a 160 km al norte de Cartago, que formaba un puente natural entre el norte de África y la península itálica.[12]

Fue definitivamente conquistada por la República romana al ser derrotada en las guerras púnicas en el siglo II a. C. Cartago fue destruida y la influencia cultural asiática y africana en la actual Túnez fue mermada por la influencia romana. El territorio del Túnez moderno fue administrado casi en su totalidad bajo el nombre de la provincia romana de África, y se convirtió en uno de los graneros de Roma.

En el siglo V, los vándalos al mando de Genserico invadieron la región. En el VI, Belisario la recuperó para el Imperio bizantino. En el siglo VII se convirtió en parte del califato omeya y abasí, bajo el nombre de Ifriqiya. Durante esta época se fundó la ciudad de Kairuán. Posteriormente los bereberes nativos alcanzaron el poder con el beneplácito del califato fatimí, y se derrocó la dinastía aglabí, colocándose en su lugar la dinastía de los ziríes. En 1045, los ziríes renunciaron al chiismo, y los fatimíes enviaron a los Banu Hilal, una confederación de beduinos, a acabar con los ziríes. De esta manera, la región fue devastada y la próspera industria agraria se arruinó.

En 1159, los almohades dominaron la región, siendo expulsados en el siglo XIII por los hafsíes, que gobernaron Ifriqiya. Allí se refugió y murió Luis IX de Francia cuando iba de camino a las cruzadas.

El fin de la Reconquista española en 1492 abrió las puertas del norte de África a este país. En 1504 el corsario berberisco Uruj, mejor conocido como Barbarroja, estableció su cuartel general en Túnez. Este famoso pirata nació en una isla griega del mar Egeo. Una de sus primeras hazañas fue la captura de dos galeras propiedad del papa Julio II cargadas de riquezas. Barbarroja rindió tributo a la llamada “Sublime Puerta” (Turquía), ofreciéndole un cuarto de sus capturas y declarándose vasallo de su sultán.

Túnez pronto se transformó en refugio de los piratas berberiscos, enemigos acérrimos de los cristianos del Mediterráneo. Las continuas depredaciones de los tunecinos motivaron en 1509 las expediciones organizadas por el cardenal Cisneros, que adelantó los fondos necesarios para equipar 20 000 hombres. Cisneros entró con sus tropas en la ciudad de Orán, y Pedro Navarro sometió Bugía, Argel, Túnez, Tlemcén y en el año 1511 la ciudad de Trípoli. Pero al intentar someter la isla de Gelbes, las fuerzas españolas, agotadas, fueron acometidas por los moros. Los pocos sobrevivientes de la batalla fueron reembarcados por el general Navarro, pudiendo escapar de la muerte.

En 1516, Barbarroja mudó sus cuarteles a Jijil, y al mando de una escuadra de 16 galeones y 6000 hombres atacó la ciudadela española de Argel. Sus aventuras en la región finalizaron cuando el emperador Carlos I de España envió un ejército de 10 000 soldados al norte de África que derrotó a los corsarios. El famoso corsario Barbarroja murió durante la batalla, pero toda la región continuó bajo el poder de los moros y piratas. Por este motivo en 1535 el rey de España Carlos I partió rumbo a Túnez con todas sus fuerzas. La Goleta fue tomada el 16 de julio, y Túnez cayó pocos días después. Carlos I repuso en el trono a Muley Hassan, obligando a dejar La Goleta con dos millas de terreno en circunferencia. Al proponerse el rey español la conquista de Argel en 1541, las tempestades destrozaron gran número de sus naves.

En 1573, Túnez vuelve a caer en manos de los turcos, siendo objeto de una nueva expedición española. El 1 de octubre Juan de Austria, después de la victoria de Lepanto, se dirigió a La Goleta con 104 naves y 20 000 hombres y conquistó Túnez. Pero un año después Túnez cayó otra vez en poder de los turcos, convirtiéndose en un vilayato administrado por un gobernador. Bajo el dilatado gobierno otomano, el país conoció un período de relativa estabilidad hasta el año 1881.

La administración imperial fue desarrollada por administradores nativos, conocidos como beys. El primero de ellos, al-Husayn ibn Ali (1705-1740) fundó la dinastía de los Husáin, consolidando el Beylicato de Túnez; bajo su gobierno el país consiguió un relativo grado de autonomía y una gran prosperidad. La piratería berberisca fue una actividad que logró gran florecimiento bajo los auspicios de la dinastía de los Husáin. A finales del siglo XVII y principios del XVIII, un gran número de Estados mediterráneos pagaban tributos de forma regular al gobierno tunecino para proteger de posibles ataques a sus flotas. Esta situación cambió a comienzos del siglo XIX, cuando la acción conjunta de varios países occidentales acabó con las bases corsarias de Túnez y otras situadas a lo largo de la llamada costa de Berbería, en la costa norte de África. Como resultado de la pérdida de los ingresos procedentes de los actos de piratería, el gobierno de Túnez se vio envuelto en enormes deudas, a las que contribuyeron las incontroladas extravagancias personales de los beys y los gastos para sofocar las frecuentes revueltas internas.

A finales del siglo XVIII la autoridad otomana sobre Túnez era meramente nominal. Los principales acreedores de Túnez fueron Francia y Gran Bretaña, quienes tenían grandes ambiciones imperiales en el norte de África. En 1830, Francia conquistó y se anexionó Argelia y puso sus ojos en Túnez. En el Congreso de Berlín de 1878, Francia permitió a Gran Bretaña ocupar la isla mediterránea de Chipre a cambio de ver reconocidos sus intereses en Túnez. En 1881 el ejército francés ocupó el país con el fin de subyugar a las tribus que dificultaban la presencia francesa en Argelia; el 12 de mayo de ese mismo año el regente firmó el Tratado de Kasser Said (conocido como el "Tratado de Bardo", rechazado por Italia ya que había una numerosa colonia de italianos en Tunicia[13]​), por el cual Túnez pasaba a ser protectorado francés. En 1883 ambos países firmaron la Convención de Marsa.[14]

Durante la Segunda Guerra Mundial, Túnez fue una de las colonias francesas leales al régimen proalemán de Vichy; en consecuencia las tropas italianas y alemanas se instalaron en su territorio, donde terminaron acorraladas por los Aliados. Tras el final de la Guerra, Túnez continuó bajo el control colonial de Francia hasta alcanzar su independencia en 1956.

El año 1934, con la formación del Partido Néo-Destour (Nueva Constitución) (NDP) dirigido por Habib Bourguiba, marcará el inicio de la lucha tunecina por su independencia. En 1955 Túnez consiguió el autogobierno y, en 1956, la independencia como una monarquía constitucional. En 1957, se derrocó la monarquía proclamándose la República, con Bourguiba como Presidente.

A pesar de la independencia, Francia mantuvo su presencia militar por medio de una base naval en Bizerta hasta 1963. En ese año, tras un bloqueo por parte de la marina tunecina, los franceses se vieron obligados a abandonar definitivamente el país. Esta política de alejamiento del antiguo poder colonial, dio un nuevo paso el 12 de mayo de 1964 cuando por sorpresa, se expropiaron las tierras de los colonos extranjeros. Francia e Italia, países cuyos nacionales eran los más afectados protestaron y suspendieron la ayuda económica.[15]

El gobierno del Partido Socialista Desturiano (renombrado como Rassemblement Constitutionel Démocratique en 1988), convivía con el NDP e hizo que Bourguiba siguiera políticas socialistas en los primeros años de su mandato. Sin embargo, durante el decenio de 1970 abrió la economía a la inversión extranjera y permitió el desarrollo del sector privado.

Desde que triunfó su golpe de Estado en 1987, el presidente Zine El Abidine Ben Ali mantuvo el poder con ayuda de su partido la Agrupación Constitucional Democrática (RCD). Aunque formalmente multipartidista, el régimen político era considerado internacionalmente como dictatorial, y los partidos políticos de oposición apenas tenían acceso al parlamento.

En su política exterior se caracterizó por su apoyo y por convertirse en el anfitrión de los combatientes de la Organización para la Liberación de Palestina desde de su salida impuesta desde el Líbano siguiendo la invasión israelí en 1982. Túnez fue, además, uno de los países impulsores de la Unión Árabe del Magreb, constituida en febrero de 1989, concebida como un bloque político y económico en el norte de África, paralela a la Comunidad Europea, comprendiendo Argelia, Libia, Marruecos, Mauritania y Túnez. Túnez pertenece a varias organizaciones de cooperación internacionales, como la Liga de Estados Árabes, la Unión Africana (UA) y la Comunidad de los Estados sahraui-sahariano.

En 2001 la Unión Europea firmó acuerdos con Túnez para controlar la emigración clandestina, que se concretarían en el Grupo 5+5 en 2002 (Portugal, España, Francia, Italia, Malta y Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia). Un grupo terrorista vinculado a Al-Qaeda cometió un atentado el 11 de abril de 2002 en una sinagoga en la isla de Jerba, en el que murieron 15 personas.

Entre finales del 2010 y principios del 2011 se desarrollan una serie de protestas y disturbios que obligan al presidente Zine El Abidine Ben Ali a convocar elecciones para el año 2014. Posteriormente, la tarde del 14 de enero del mismo año, ante la continuidad de las protestas, abandonó el país, huyendo a Arabia Saudita y dejando el poder al primer ministro Mohammed Ghannouchi,[16]​ quien a su vez fue sustituido al día siguiente por el Presidente del Parlamento, Fouad Mebazaa.

El 23 de octubre de 2011 se celebraron elecciones libres a una Asamblea Constituyente una vez legalizados los principales partidos políticos de oposición e ilegalizado el antiguo partido gobernante. La votación dio lugar a una asamblea muy fragmentada en la que destaca el partido islamista Ennahda, seguido por los partidos laicos Congreso para la República (progresista), Ettakatol (socialdemócrata) y Partido Republicano (centrista, fruto de la fusión del Partido Progresista Democrático con otras fuerzas menores). La asamblea eligió a Mustafá Benjaafar, de Ettakatol, como presidente de la misma. El 10 de diciembre de 2011, la asamblea adoptó una constitución provisional y, dos días después, eligió al líder del Congreso para la República, Moncef Marzouki, como presidente provisional de la República. Marzouki propuso como primer ministro a Hamadi Jebali, secretario general de Ennahda, quien fue ratificado por la asamblea y formó un gobierno provisional de coalición entre los tres principales partidos. La Asamblea Constituyente continuó con sus trabajos para aprobar una nueva Constitución mediante complejas negociaciones.

El miércoles 6 de febrero de 2013 era asesinado el líder laico y de izquierdas Chokri Belaid ante su casa en Túnez. En el entierro celebrado dos días después las fuerzas políticas laicas hicieron un demostración de fuerza manifestándose y realizando una huelga general de 24 horas convocada por la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT), el sindicato más importante del país, pidiendo la dimisión del gobierno del islamista moderado Hamadi Jebali. Con estos hechos se puso en evidencia la polarización y el creciente enfrentamiento que vivía Túnez entre islamistas y laicos, y que explicaba que la Asamblea Constituyente elegida a finales de 2011 aún no hubiera conseguido aprobar la nueva Constitución. La respuesta islamista no se hizo esperar y tras el entierro un grupo de «barbudos» —como se conoce a los islamistas más radicales— agredieron a Najib Chebbi, líder del Partido Demócrata Progresista al grito de «¡Enemigo de Dios!» y al día siguiente, sábado 9 de febrero de 2013, las juventudes del partido del gobierno Ennahda realizaron una manifestación en defensa de la «legitimidad» del poder que ostenta su partido —obtuvo el 40 % de los escaños en las elecciones de 2011— y contra la «injerencia francesa» —gritaron «¡Francia lárgate! ¡Francia, basta ya!»— haciendo referencia a las declaraciones del ministro francés del Interior Manuel Valls que tras condenar el asesinato del opositor laico tunecino Chokri Belaid lamentó «el auge generalizado del fascismo islámico», lo que también provocó la protesta oficial del gobierno tunecino que calificó la declaración como «inamistosa».[17]

Como ha señalado el analista del diario español El País Ignacio Cembrero, "el proceso es similar al que vive Egipto. Si en este país la corriente islamista —los Hermanos Musulmanes y los salafistas— es mayoritaria excepto, acaso, en las grandes ciudades como El Cairo, en Túnez ambas fuerzas están bastante equilibradas. De ahí que el futuro del país descrito a veces como el laboratorio de la democracia en el mundo árabe sea una incógnita". Belaid no era el primer laico asesinado. En octubre de 2012 Lofti Nagdh, coordinador en Tataouine del partido laico Nidá Tunis, fue linchado por unos exaltados que aún no han sido detenidos. Los dos principales protagonistas de la violencia islamista son los salafistas y la Liga para la Protección de Revolución, que la oposición vincula con el partido gobernante Ennahda.[17]

El texto final de la nueva Constitución fue aprobado 26 de enero de 2014 por la Asamblea Constituyente con 200 votos a favor, 12 en contra y 4 abstenciones. Al día siguiente, el texto fue firmado por el presidente, Moncef Marzouki, presidente de la Asamblea Constituyente, Mustapha Ben Jaafar, y el jefe del gobierno saliente, Ali Larayedh, durante una ceremonia en la sede de la reuniones.

El 10 de julio de 2015 Túnez es designado por EE. UU. como aliado principal no miembro de la OTAN un estatus especial que comparten dieciséis países y que abre la puerta a la entrega de artículos excedentes de defensa y la organización de entrenamientos conjuntos.[18][19]​ Los países que ya cuentan con esta designación son: Afganistán, Argentina, Baréin, Egipto, Israel, Japón, Jordania, Kuwait, Marruecos, Nueva Zelanda, Pakistán, Filipinas, Tailandia y República de Corea.[20]

De conformidad con la constitución del 26 de enero de 2014, Túnez es una república con un sistema semipresidencial de gobierno, basado en la democracia representativa.[21]​ Bajo este sistema, el presidente de la república es el jefe de estado, elegido directamente por voto popular para un mandato de cinco años con posibilidad de una sola reelección, mientras que el gabinete está presidido por un Jefe de Gobierno designado por el legislativo. Aunque el país proclama la libertad de culto, la religión oficial es el islam y es una obligación constitucional que el presidente sea musulmán. La unicameral Asamblea de Representantes del Pueblo es el órgano legislativo del país, encargado de aprobar la legislación y ratificar al gabinete y al primer ministro. La asamblea cuenta con 217 escaños elegidos mediante representación proporcional por listas para un mandato de no más de cinco años. Desde las elecciones legislativas de 2014, con 68 mujeres electas, el parlamento tunecino es el legislativo con mayor porcentaje de representación femenina del Mundo Árabe.[22][23][24]

El sistema legal tunecino está fuertemente influenciado por la ley civil francesa, mientras que la ley de estatus personal se basa en la ley islámica.[25]​ Los tribunales de la sharia fueron abolidos con la independencia, en 1956.[25]​ Un Código de Estatus Personal se adoptó poco después de la independencia en 1956, que, entre otras cosas, otorgaba a las mujeres un estatus legal completo (lo que les permitía administrar sus propias empresas, tener cuentas bancarias y buscar pasaportes bajo su propia autoridad). El código prohibió las prácticas de poligamia y repudio y el derecho de un esposo a divorciarse unilateralmente de su esposa.[26]​ Otras reformas en 1993 incluyeron una disposición para permitir a las mujeres tunecinas transmitir la ciudadanía, incluso si están casadas con un extranjero y viven en el extranjero.[27]​ La Ley de Estatus Personal se aplica a todos los tunecinos independientemente de su religión.[25]​ El Código de Estatus Personal sigue siendo uno de los códigos civiles más progresistas en el norte de África y el mundo musulmán.[28]

En Túnez el número de partidos políticos se ha incrementado considerablemente desde la revolución, superando los 100 a la fecha, aunque la mayoría ya existían antes del derrocamiento de Ben Ali y simplemente fueron legalizados con posterioridad.[29]​ Túnez está incluida en la Política Europea de Vecindad (ENP) de la Unión Europea, que tiene como objetivo acercar a la UE y sus vecinos.

La capital de Túnez es la ciudad del mismo nombre, Túnez, y está ubicada en las siguientes coordenadas cartográficas: 36° 50' N 10° 9' E. Túnez se encuentra en el norte de África, entre el mar Mediterráneo y el desierto del Sahara, y entre Argelia y Libia. Cerca del 40 % de la superficie de su territorio es desértico, la otra parte está constituida por tierras fértiles.

En el norte, hay montañas y el clima es templado, con inviernos suaves, lluviosos, veranos calurosos y secos. El rango de temperaturas en el norte oscila entre 34 y 6 °C. En el sur, hay desiertos que se extienden hasta el Sahara. No obstante, a pesar de su aridez en el sur, en el norte existen bosques de pinos, y prados ideales para el ganado, en el noreste, así como huertos y viñas a lo largo de la costa oriental.

Solamente el 19 % de la tierra es cultivable, aunque su 13 % es de regadío (est. 1993). Túnez es el país más pequeño de los Estados del noroeste de África y ocupa el puesto número 89 en la lista de los países del planeta por su extensión. Tiene una superficie total de 163 610 km².[1]​ De esta superficie, 155 360 km², es decir, el 94,5 % de la superficie total, son terrestres.[1]​ El resto, 8250 km², el 5,5 %, son superficies de agua.[1]

El punto más alto de Túnez es el monte Jebel Chambi, al norte de la ciudad de Kasserine, y tiene 1544 m s. n. m.. La superficie del monte está cubierta de pinos.

Túnez posee 1034 km de fronteras con Argelia y 461 km de fronteras con Libia.[1]​ Además, posee una línea costera de 1148 km de longitud.[1]​ No obstante, su litoral está plagado de pequeñas islas. Entre la isla de Sicilia y Túnez existe una distancia de solo 130 km.

Los elefantes, inmortalizados por Aníbal al usarlos en sus batallas, se han extinguido en Túnez. Los leones también desaparecieron hace siglos, utilizados por los romanos en sus espectáculos. Los colonos franceses casi llevaron a la extinción al ciervo de Berbería y algunas especies de gacelas. En el norte pueden encontrarse en los bosques jabalíes, mangostas, puercoespines y jinetas. Las avestruces, cabras salvajes y antílopes están protegidos en el parque nacional de Bou Hedma. En el desierto se puede encontrar al escurridizo fenec, así como escorpiones y víboras cornudas. Una especie de varano también habita el desierto. El parque nacional del Ichkeul es un refugio de vida silvestre cercano a la capital, donde habitan aves acuáticas. Las aves migratorias, halcones, cigüeñas y águilas, llegan en primavera y otoño.

Túnez se puede dividir de norte a sur en varias regiones topográficas que se distinguen con facilidad. Empezando por el norte y yendo hacia el sur, en primer lugar se encuentra una serie de cadenas montañosas, entre ellas la cordillera del Atlas, en la llamada región del Tell, que ocupan la mitad septentrional del país y atraviesan el territorio tunecino transversalmente desde el suroeste hacia el noreste, con alturas que oscilan entre los 610 y los 1544 m s. n. m., alcanzando el punto más alto de esta cordillera, el llamado Jebel de Ech Chambi, que a su vez es el punto más alto de Túnez.

En estos territorios se juntan los valles fértiles y las mesetas con las montañas. En esta zona es donde nace el río más largo de Túnez, el Majardah o Medjerda, de 460 km de longitud, que cruza la zona de oeste a este para luego llegar al golfo de Túnez, donde desemboca.

Hacia el sur, el paisaje cambia las montañas por una meseta con una altura de 610 m s. n. m. de media. Estas mesetas descienden poco a poco hasta una zona formada por lagos salados, conocidos como shatts o chotts, que se extienden de este a oeste y que, en su mayoría, se encuentran al nivel del mar. Entre estos lagos se pueden destacar el Djerid y el Bizerta. Esta zona se caracteriza por su naturaleza de estepa semidesértica.

En la zona más austral, los shatts se unen al desierto del Sahara, que ocupa el 40 % de la superficie total de Túnez. En la zona que está entre los shatts y el desierto del Sahara existen numerosos oasis; sobre todo en las cercanías de la ciudad de Gabes, situada en el centro del homónimo golfo de Gabes que recibe el mismo nombre, en la zona más cercana a la frontera con Libia. En esta región, los amplios oasis abundan, y en ellos crecen cerca de 400 000 palmeras datileras. Los oasis se utilizan también como campo de cultivo; estos cultivos llegan en parte hasta la costa.

Por el norte, Túnez limita con Argelia y describe una frontera que es definida por las irregularidades del terreno en la cordillera del Atlas, a excepción de la zona más al norte en la que la frontera es definida por el parque natural argelino de El Kala. Estas limes naturales se suceden a todo lo largo del sistema montañoso que atraviesa Túnez, pero cuando ese sistema desciende y aparece el desierto del Sahara, más concretamente, el Gran Erg Oriental, la frontera con Argelia se convierte en una simple recta, dado que no existe en ese territorio ningún accidente geográfico capaz de dar forma a una frontera.

La frontera con Libia está marcada principalmente por los altiplanos de la región libia de Tripolitania. Se puede observar que todas las fronteras naturales de Túnez vienen delimitadas por altiplanos y montañas, lo cual es debido a que en Túnez los ríos son casi inexistentes.

El relieve tunecino se basa en el Atlas telliano en el norte y la cordillera del Atlas en el centro del país. En el sur de Túnez se extiende una estepa semidesértica para luego convertirse en el desierto del Sahara.

El punto más alto del país, el Djebel Chambi, se encuentra en su centro, en la cordillera del Atlas, y mide 1544 m s. n. m. de altura. Alrededor de este pico se extiende el parque natural de Jebel Chambi. A su vez el punto menos elevado es el Shatt Al Gharsah, en el suroeste del país, en la frontera con Argelia, y está a 17 m por debajo del nivel del mar. Muy cerca de este shatt está el Shatt El Jerid, el más grande de Túnez.

Entre las ciudades de Bizerta y Tabarka se halla una prolongación del Atlas denominada cordillera de Dorsale, donde abundan los campos de cultivo. Esta región produce la mayor parte de los alimentos del país y exporta numerosos tipos de cultivo, como el de la aceituna o los cítricos. En el relieve del centro y norte de Túnez se alternan las grandes regiones montañosas de la cordillera del Atlas con las depresiones que generan algunos ríos o los shatts.

Túnez cuenta entre sus montañas con bastantes parques naturales, como el de Jebel Chambi, donde se encuentra el punto más alto del país, el Jebel Bu Hedma, el parque nacional de Ichkeul o el parque Bu Kornine.

En el sur se extiende el Gran Erg Oriental, donde destaca la planicie del terreno por el hecho de ser un desierto. Destacan las poblaciones de Tozeur, Douz y Medenin. En esta región la biodiversidad es escasa y la población en su mayoría es de origen berebere, en la antigüedad nómada, pero actualmente, la mayoría están asentados y han fundado ciudades y pueblos como Matmata. También habitan en esta zona los tuaregs, aunque en su mayoría han desaparecido. En esta zona escasean las ciudades y las vías de comunicación.

Según WWF, el territorio de Túnez se reparte entre cinco ecorregiones:

El parque de Ichkeul que tiene más de 12 600 ha, está inscrito en la lista del patrimonio mundial del UNESCO. Existen también 16 reservas naturales que sirven de hogar a muchas especies con un valor ecológico importante y ecosistemas vulnerables.

Según un estudio del programa mediterráneo de la WWF, la región de la costa noroeste sería uno los 13 sitios del Mediterráneo que tiene más diversidad de animales y vegetales.

Túnez se divide en 24 gobernaciones o wilayāt.

Túnez pertenece a varias organizaciones de cooperación internacionales como la Liga de Estados Árabes, de La Unión Africana (UA) y de la Comunidad de los estados saharui-sahariano (CEN-SAD).

En la antigüedad como consecuencia de la frágil economía del país, se permitió la circulación de monedas extranjeras en todo el territorio. Para ello el rey Muhammad III ibn al Husayn (1293-1299 hégira) utilizó una contramarca que contenía números en árabe y una estrella. Esta marca se estampó sobre monedas de plata de 8 reales españolas, 5 francos de Napoleón y talers de la reina María Teresa I de Austria. También existen algunas contramarcas con la palabra “TÚNEZ” en árabe.[30]

Túnez tiene una economía diversa, donde los sectores de mayor importancia son la agricultura, minería, energía, turismo, petróleo y empresas manufactureras. A Túnez le faltan los inmensos recursos naturales de los países vecinos, pero la dirección económica cuidadosa y exitosa ha traído una prosperidad razonable. Los productos agrícolas principales son trigo, cebada, aceite de oliva y las frutas, pero necesitan importar gran cantidad de otros comestibles, particularmente en años de sequía que han sido frecuentes en los últimos años.

Las tierras cultivables representan 4,9 millones de hectáreas, de los que 1,6 están destinadas a los cereales, otros 1,6 a los olivares y 0,4 a los campos irrigados.

Cuenta con minas de fosfato, hierro y cinc. Túnez es un exportador modesto de petróleo. El sector industrial procesa la mina de fosfato y trabaja productos químicos derivados del petróleo. Las recientes caídas del precio del petróleo y de los fosfatos han obligado al Gobierno a someterse a las directrices económicas del FMI, aceptando determinadas reformas a cambio de préstamos blandos. De acuerdo con el British Philip's University Atlas del 2000, Túnez posee una reserva de fosfato en la parte central del país. El Gobierno ha recortado el gasto público, ha abolido el control del comercio e introducido medidas para hacer totalmente convertible al dinar.

Mientras permanece el peso del control gubernamental sobre los temas económicos, se ha ido reduciendo paulatinamente con un crecimiento de la privatización, una simplificación de la estructura en los impuestos y un enfoque más adecuado sobre la deuda. El crecimiento real promedió 5 % en la década de 1990, y la inflación siguió desacelerando para 2006. El incremento en el comercio y en el turismo han sido los elementos clave para un crecimiento económico estable. La asociación entre Túnez y la Unión Europea, la primera entre la UE y un país mediterráneo, entró en vigor el 1 de marzo de 1998. Bajo este acuerdo, Túnez aceptó facilitar el comercio con los Estados Unidos en la década de 2000. Mayor privatización y liberación del código de inversiones para atraer inversiones extranjeras, y desarrollo en la eficiencia del gobierno son los retos para el futuro de Túnez. Túnez es miembro de la Unión del Magreb árabe y de varias organizaciones económicas del Magreb.

La mayoría de la electricidad usada en Túnez procede de la compañía estatal STEG (Société Tunisienne de l'Electricité et du Gaz). En 2008, se produjeron un total de 13.747 GWh en el país.[33]

La producción de petróleo en Túnez es de alrededor de 97 600 barriles/día. El principal yacimiento petrolífero es El Bourma.[34]

La extracción de petróleo en Túnez comenzó en 1966. En la actualidad hay doce yacimientos petrolíferos.[35]

Túnez tiene previsión de contar con dos plantas nucleares, que estarían operativas en 2019. Ambas instalaciones está previsto que produzcan 900-1000 MW. Francia es una importante promotora de los planes plantas de energía nuclear en Túnez, tras haber firmado un acuerdo, junto con otros colaboradores, para hacer entrega de la formación y tecnología necesaria.[36][37]

El proyecto Desertec es un proyecto energético de gran escala consistente en la instalación de paneles de energía solar en el norte de África, con un tendido eléctrico entre esta región y el sur de Europa. Túnez será parte de este proyecto, pero el modo en que este proyecto pueda beneficiar a Túnez aún está pendiente de evaluar.

Los tunecinos actuales son descendientes de poblaciones nómadas del Sahara, los bereberes. Numerosos pueblos y civilizaciones han invadido, migrado y han sido asimilados en la población a través de los milenios, sobre todo los árabes y también los fenicios, romanos y vándalos. Según las estimaciones al año 2003, Túnez posee 10 102 000 habitantes, una tasa de crecimiento poblacional del 1,09 % y una expectativa de vida al nacer de 74,4 años. El grupo étnico dominante es árabe (98 %), mientras que los europeos, cristianos y judíos conforman el 2 % restante.[38]

El idioma oficial es el árabe, mientras que el francés, hablado con fluidez por la mayor parte de la población, tiene la consideración de idioma comercial.

La mayor parte de la población (un 95 %) profesa el islam suní, también está presente el islam chií en un ínfimo porcentaje entre la misma. El segundo lugar lo ocupa el cristianismo, siendo abrumadoramente católicos, el resto son protestantes, ortodoxos, anglicanos, adventistas y testigos de Jehová. El siguiente en número es el judaísmo, cuyos creyentes residen principalmente en los alrededores de la capital y en la isla de Djerba. Ha estado presente en el territorio durante más de 2 milenios.[cita requerida] También existe una pequeña comunidad bahaí.[39]​ Un estudio publicado en 2015 por Patrick Johnstone y Duane Alexander Miller estima que en el 2012 había 500 creyentes en Cristo de un fondo musulmán.[40]

Antes de 1958, la educación en Túnez era accesible a una pequeña minoría (14 %). Sin embargo, ahora es una prioridad muy importante para el gobierno tunecino.

Universidades importantes en Túnez:

Fenicios, romanos, judíos y árabes son algunos de los pueblos que se establecieron en las costas del norte del país y también en la zona sur, en el desierto. A estos pueblos se les sumaron, tiempo después, musulmanes de España y turcos otomanos. Esta mezcla cultural es propia de muchas zonas mediterráneas, como las tierras de Sicilia o las islas griegas con mucha historia, las cuales al igual que Túnez estaban expuestas constantemente a comerciantes, navegantes e imperios de toda la región. Culturalmente los tunecinos constituyen una nación bastante liberal. A lo largo de su historia han sido frecuentes los intercambios culturales con el resto de los pueblos mediterráneos. El arte ha estado muy influenciado por la mezcla cultural del país.

En el baile tradicional, podemos hablar del Raqs al Juzur o Raks al Balas, la danza del Jarrón. Esta danza se ha convertido en típica de Túnez. La bailarina, acompañada de instrumentos de viento como el “mizwid” (una especie de gaita) y de tambores, balancea un jarrón de arcilla o greda en su cabeza mientras sigue los golpes del tambor con sus caderas, enfatizados con cinturones adornados con grandes pompones. Los hombres también bailan esta danza, pero generalmente balancean torres de jarrones en sus cabezas.

Entre las actividades artesanales más antiguas se encuentra la fabricación de alfombras y la alfarería. Los centros más importantes de la alfarería y cerámica se encuentran en la isla de Djerba y en Nabeul, respectivamente. En cientos de talleres se fabrican diversas cerámicas y numerosos objetos de barro sin cocer. En su mayoría, los jarrones, jarros y azulejos siguiendo modelos antiguos en los que imperan colores como el blanco, el azul, el verde y el amarillo, todos muy característicos de Túnez. No se puede olvidar tampoco el excelente trabajo con el cincelado del cobre, una antigua tradición realizada con perfecta precisión.

La pintura es un arte contemporáneo muy presente en Túnez, con estilos que discurren desde las formas geométricas de Hédi Turki hasta la intrincada y libre caligrafía árabe de Nja Mahdaoui. Las galerías modernas se ubican en la capital y en los alrededores, y destaca el refugio de artistas de Sidi Bou Saïd.

Mounir Letaief es un pintor cuyo trabajo es muy representativo de la pintura tunecina. Siempre la misma y en constante innovación de una estética forjada en el substrato de una técnica mixta. Su pincel pone al descubierto contorno, color y espacio con una facilidad innata y una sensibilidad en las que combina el abstracto con lo figurativo. Su obra refleja un temperamento lúdico e intimista que capta las esencias auténticas de las escenas públicas. Más allá de lo visible el artista describe una visión, trabaja la materia, estudia la luz y matiza los tonos.

La pintura moderna tunecina se puede situar en la segunda mitad del siglo XX. La "Escuela de Túnez", compuesta por pintores como Ammar Farhat, Yahia Turki, Jelel Ben Abdallah, Abdelaziz Gorgi, Ali Bellagha, han sido considerados como los primeros artistas modernos. En esta pintura, el lenguaje pictórico traduce una nostalgia de una sociedad tradicional cambiando por los estándares de un mundo moderno. Este tema de la nostalgia, la autenticidad y el apego a las valores tradicionales son los elementos principales de la "Escuela de Túnez". Por eso se pueden encontrar muchas escenas cotidianas de las bodas, del hammam o el amor.

En los años sesenta, nace una nueva generación de pintores. Los movimientos pictóricos de esta época se abren al mundo internacional. Los artistas experimentan el abstraccionismo y formas pictóricas mezcladas con la caligrafía. Grupos artísticos se crean en 1963 con N'ja Mabdaoui, Lotfi Larnaout... Artistas como Mahmoud Sehili intentan desarrollar nuevas gamas cromáticas o juegos de luces. Todas estas innovaciones han permitido producir obras entre formas abstractas y figurativas.

Los estilos arquitectónicos abarcan desde los aportes púnicos y romanos hasta las casas alpinas de tejas rojas de Aïn Draham, la arquitectura islámica de las medinas árabes y los habitáculos subterráneos de los bereberes del sur. En Túnez se han descubierto gran número de mosaicos en un excelente estado de conservación gracias a la buena conservación de gran número de yacimientos arqueológicos de época romana por el abandono sufrido tras la caída del Imperio romano de Occidente y la crisis del Reino Vándalo. Los mosaicos datan de los siglos II al VI y proceden en su mayoría de casas privadas y baños públicos. El Museo del Bardo, en la capital, dispone de una magnífica colección, así como el Museo de El-Jem. También se puede disfrutar de los ubicados en su lugar original. El yacimiento que dispone de la mayor colección de mosaicos es Bulla Regia en el valle medio del actual Medjerda.

Los hammam (baños públicos) son uno de los centros de la vida tunecina, como en todo el norte de África y Oriente Próximo, y se consideran lugares indicados no solo para lavarse, sino para relajarse y charlar. Todas las ciudades poseen como mínimo un hammam. Una sesión incluye el baño, la sauna de vapor y una kassa, una friega vigorosa con un mitón grueso.

Sobre la música tunecina, existen estilos como el maluf, el nouba, el chghoul y El-Azifet. La música Maluf es una versión hispano-árabe de la música artística oriental musulmana, introducida por los refugiados andalusíes (moriscos) que llegaron a Túnez en el siglo XVII y es la más representativa de Túnez. Los conciertos se atienen a un programa y el maluf está compuesto por una serie de ritmos que se repiten siguiendo el mismo orden. A cada uno de estos programas se les llama nawabh. La música se ejecuta según una antigua tradición con instrumentos como el violín, el laúd, las panderetas, la gaita, el tambor, la cítara, pequeños timbales, flauta y daburka. Las piezas vocales se ejecutan en coro y utilizan tanto el idioma árabe literario como el dialectal.

El nouba es una forma clásica de música tunecina (el más antiguo, de origen andalusí), el chghoul y el bachraf (de origen turco). Entre los músicos, cantantes y compositores más conocidos figuran el conjunto El-Azifet (una rareza en esta parte del mundo, pues se trata de un grupo exclusivamente compuesto por mujeres), Khemais Tarnane, Raoul Journou, Saliha, Saleh Mehdi, Ali Riahi, Hedi Jouini y Fethia Khairi, aunque será complicado encontrarlos fuera del ámbito local.

Dentro del panorama global de la literatura árabe magrebí, la correspondiente tunecina se conoce históricamente como Ifriqiyya. La literatura de Ifriqiyya comienza su desarrollo a partir del siglo XI, cuando en los centros urbanos notables del país (Cairuán, Túnez, Mahdía, etc.) laboran unos cuantos poetas de cierto valor: Ibrahim, al-Husrá (m. 1022), Ibn Garaf, m. en al-Ándalus (1068), Ibn al-Tallá' y al-Kafif al-HusrI- (m. 1095). De la misma época es el gran antólogo y crítico de la literatura Ibn Raá-lq (m. 1064). El brillante Estado hafsí que gobierna Túnez a partir del siglo XIII promueve un interesante movimiento literario del que son exponentes los poetas Ahmad al-Gassiini, Garaf al-Din Abu-l-Fadl y Abu Zakariyá' (m. 1249), primer sultán hafsí independiente.

Como la emigración andalusí llega también a Túnez, tunecina es en buena parte la obra de los levantinos llm al-Abbár (m. 1260), secretario del sultán; lUázim al-Qartáŷanni (m. 1285), autor de una casida elegíaca por la pérdida de la zona oriental de al-Ándalus, y el polígrafo Abií-l-Hal~á~ de Baeza (m. 1255). Esta emigración andalusí, en la que se mezcla lo popular, lo intelectual y lo artesano, contribuye a dar a la cultura de Túnez una impronta particular, celosísimamente conservada hasta nuestro tiempo. La figura más grande de la literatura tunecina, el mayor historiador árabe de todas las épocas y uno de los primeros de la historia de la Humanidad, es otro descendiente de andalusíes: 'Abd al-Rahmán b. Jaldún (v.; m. 1406).

A mediados del siglo XIX, y aprovechando la relativa independencia de que los gobernadores o beys tunecinos disfrutan en ciertos asuntos, se inicia en Túnez un levísimo despertar literario, con figuras como Muhammad Qabadú. Es el momento en que se afianza la prensa naciente (v. X) y cuando unos grupos de ulemas, como en la vecina Argelia, emprenden una labor de erudición y estudio de cuestiones específicamente islámicas que se continúa luego brillantemente, y que tiene gran repercusión en la formación de una élite intelectual contemporánea, de la que son representantes Hasan Husní 'Abd al-Wahháb (1883-1967) y Muhammad al-Fááil ilm 'Al-ur. Contemporáneo suyo es el poeta clásico y cortesano Muhammad Jaznadar (m. 1954).

Hacia 1925 irrumpe una generación de jovencísimos poetas, cuya obra será después dramáticamente tronchada en general, entre los que destacan 'Abd al-Razzáq Karabáka (n. 1904), Mahmud Burguiba (n. 1910) y sobre todo Abū-l-Qāsim al-Šabbī (1909-34), el más grande poeta tunecino y uno de los espíritus más sensibles de la literatura árabe contemporánea. Colega suyo es el raro y bohemio 'Al al-Du'á-i (m. 1949), y algo posteriores el narrador Balir Iráyaf (n. 1917), que escribe preferentemente en árabe dialectal, y Mahmūd Mas'adī, dramaturgo de interés.

Con la independencia empieza a dejarse oír la voz de la joven generación de escritores, que plantea una problemática bastante afín a la de sus coetáneos en otros países árabes, dada la menor dimensión del país, y sus más suavizadas diferencias ideológicas y sociales. Algunos nombres que destacan en este joven plantel son los de los poetas Mustafá Fársi, al-Tilátli y Nur al-Din Samúd, y los de los prosistas Muhammad R. Hamzáw-i y Ná-ya Támir.

Túnez se caracteriza también por su riqueza cultural, que se ve reflejada en sus festivales. Entre los más importantes destacan el festival Internacional de El Jem (música sinfónica), el Festival de Testour (música andalusí), Del Sahara, la Jornada Cinematográfica de Cartago.

El cine tunecino fue presente desde 1896, cuando los hermanos Lumière rodaron imágenes animadas de las calles de Túnez. En 1919, la primera película producida en el continente africano, Les Cinq gentlemen maudits de Luitz-Morat, fue rodada en Túnez. En 1966, el primer largometraje tunecino (95 minutos) Al-Fajr (El alba) fue dirigido y producido por Omar Khlifi.

Túnez es la sede del Festival de cine de Cartago desde 1966. Es el primer festival cinematográfico del continente africano y del mundo árabe.

Durante los años 80, Túnez tuvo la ambición de convertirse en un pequeño Hollywood mediterráneo. Hoy en día, una docena de películas extranjeras se ruedan al año en Túnez. El productor Tarak Ben Ammar, sobrino de Wassila Bourguiba, convenció grandes directores de rodar en sus estudios en Monastir. Roman Polanski rodó Pirates y Franco Zeffirelli su Jesús de Nazareth. A George Lucas le sedujeron los decorados naturales y las casas troglodíticas del sur tunecino donde fueron rodadas algunas escenas de Star Wars. Anthony Minghella rodó El paciente inglés en los oasis del suroeste del país.

En materia de cultura religiosa, es un país mayoritariamente musulmán. Existen pequeñas minorías judías y católicas. En los años cincuenta, la poligamia fue ilegalizada y también el divorcio por repudio. Asimismo se prohibió el matrimonio a las mujeres menores de 17 años, y se les otorgó el derecho a rechazar un compromiso.

El fútbol es el deporte más popular en Túnez. La selección de fútbol de Túnez, conocida como "Los águilas de Cartago," se ha clasificado a 5 ediciones de Copa Mundial de Fútbol, donde ostenta un logro que es ser la primera selección africana que ganó un partido en un Mundial, tras derrotar a México por 3-1 en 1978. En el ámbito continental, ganó la Copa Africana de Naciones 2004, la cual se celebró en el país.[42][43]​ Este título le dio el derecho de representar a África en la Copa FIFA Confederaciones 2005, la cual se celebró en Alemania, pero no superó la primera ronda.

La liga de fútbol es el "Championnat de Ligue Profesionelle 1". Los equipos más importantes son los siguientes: Espérance Sportive de Tunis, Étoile Sportive du Sahel, Club Africain, Club Sportif Sfaxien, Union Sportive Monastirienne y ES Metlaoui.

La selección de balonmano de Túnez ha participado en varios campeonatos del mundo. En 2005, Túnez finalizó en cuarto lugar. La liga cuenta con 12 equipos, siendo los más importantes el ES. Sahel y la Esperance S. Tunis. El jugador de balonmano más conocido es Wissem Hmam. En el Campeonato Mundial de Balonmano Masculino de 2005, Wissem Hmam fue el máximo anotador. Ha ganado la Copa África diez veces, siendo el combinado nacional con el palmarés más amplio. El último trofeo ganado es la Copa África de 2018 celebrada en Gabón, venciendo a Egipto en la final.[44]

La selección de baloncesto de Túnez es una de las más importantes en África. El equipo ganó el Afrobasket en 2011, el cual se celebró en el país en 1965, 1987 y 2015. Túnez es uno de los países del contiente pioneros en baloncesto, estableciendo una de las primeras ligas competitivas en África.[45]

En boxeo, Víctor Pérez ("Young") fue el campeón del mundo en peso pluma en 1931 y 1932.[46]

En los Juegos Olímpicos de Verano de 2008, Oussama Mellouli ganó la medalla de oro en los 1500 metros de estilo libre.[47]​ En los Juegos Olímpicos de 2012, ganó la medalla de bronce en los 1500 metros de estilo libre y la medalla de oro en la maratón de natación de 10 kilómetros.

En 2012, Túnez participó por séptima vez en los Juegos Paralímpicos de 2012. Obtuvo un total de 19 medallas; 9 de oro, 5 de plata y 5 de bronce. Acabó en decimocuarta posición en el medallero.

Túnez fue suspendido de la Copa Davis en el año 2014, porque la Federación de Tenis de Túnez ordenó a Malek Jaziri no competir contra Amir Weintraub, un tenista israelí.[48]​ El presidente de la ITF, Francesco Ricci Bitti dijo: "No hay cabida para los prejuicios de cualquier tipo tanto en el deporte como en la sociedad. El comité de la ITF ha mandado un fuerte mensaje a la Federación de Tenis de Túnez, en el cual este tipo de acciones no serán toleradas."[48]



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