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Vuelo 107 de LAN Chile



El vuelo 107 de LAN Chile fue un vuelo comercial con destino a Buenos Aires y Montevideo que se accidentó el 6 de febrero de 1965, cuando el avión de pasajeros Douglas DC-6B, matrícula CC-CCG, serie 45513/104, se estrelló dentro del Cajón del Maipo, ubicado inmediatamente al sudeste de Santiago de Chile, cobrando la vida de sus 87 ocupantes.[1]

Con 87 fallecidos, se trata del accidente más mortífero de la aviación chilena y también fue el peor accidente de un DC-6,[1]​ el cual fue superado por el vuelo 954 de Olympic Airways, con 90 fallecidos, el cual sucedió 4 años después, en Grecia.[2][3]

La aeronave siniestrada era un Douglas DC-6B-404, número de serie 45513/104, equipado con 4 motores Pratt & Whitney R-2800 y había efectuado su primer vuelo en 1958 y entregado a LAN en agosto del mismo año.[1][4]​ Recibió originalmente el registro CC-CLDD, pero después se cambió a CC-CCG.[5]

Antes del accidente, el avión llevaba 17085 horas de vuelo acumuladas, pero se desconocen los ciclos acumulados.[1]

El sábado 6 de febrero de 1965, en el aeropuerto Los Cerrillos, el vuelo internacional 107 programado en un avión Douglas DC-6B, uno de los seis que tenía Lan Airlines, fue abordado por 80 pasajeros (51 chilenos y 29 extranjeros de diferentes nacionalidades: argentinos, peruanos, uruguayos, italianos, una estadounidense, checos, soviéticos y alemanes) y 7 tripulantes de la entonces institución de carácter estatal.[4]

La tripulación de vuelo estaba compuesta por el comandante Manuel Bustamante Astete —que tenía unas 11 000 horas de vuelo y había cruzado los Andes en 128 ocasiones; de ellas, 24 veces como piloto—, el copiloto Patricio Rojas Vender, el ingeniero de vuelo Dalmiro Jaramillo y el radio operador José Ramírez. Formaban la tripulación de cabina los sobrecargos Myriam Concha, Marcos Hasard Behar y Sonia Yebra.[6]

El avión despegó aproximadamente a las 8:06 de la mañana. El piloto decidió, en vez de tomar la ruta hacia Curicó y enlazar la ruta aérea establecida por El Planchón, escalar altura directamente sobre Santiago y se introdujo por el costado sur del Cajón del Maipo (ruta que se utiliza actualmente).

El avión estaba en perfecto estado operativo y podía alcanzar un techo operativo de 7600 m. Sin embargo, al parecer no alcanzó suficiente altura de seguridad (7500 m) para trasponer los primeros cordones de la cordillera de los Andes donde las alturas son, en promedio, de 5500 msnm.

Testigo del peor accidente de la aviación chilena revive la tragedia de hace 45 años (Diario El Mercurio, 6 de febrero de 2010)

La mañana del 6 de febrero de 1965, un avión LAN chocó con un cerro en el Cajón del Maipo. Sus 88 ocupantes fallecieron. El empresario Jorge Gómez (80), el primero en llegar al lugar, recuerda la dramática jornada.

Víctor Hugo Moreno Centro de Documentación Hace exactamente 45 años, en la mañana del 6 de febrero de 1965, se escribió el capítulo más negro de la aviación comercial chilena. A las 8:00 horas partió de Cerrillos el avión DC-6B-404 de la Línea Aérea Nacional con 81 pasajeros y 7 tripulantes a bordo, rumbo a Montevideo vía Buenos Aires.

El vuelo 107, piloteado por Mario Bustamante, por razones que hasta el día de hoy se desconocen, perdió el rumbo siguiendo una ruta equivocada, lo que provocó que se estrellara contra el cerro Catedral en el sector Lo Valdés en el Cajón del Maipo, a media hora del despegue.

Ningún sobreviviente dejó el violento impacto.

"Las escenas que se vivieron horas después del accidente fueron dramáticas", relata Jorge Gómez, la primera persona en llegar al sitio del suceso.

Hoy tiene 80 años y guarda aún en su retina las cruentas imágenes que le tocó ver ese día: "La primera impresión fue muy violenta. Era una verdadera carnicería. No había nada, sólo papeles volando. Los cuerpos estaban repartidos".

Miembro del Cuerpo de Bomberos de Quilicura, ese día Gómez estaba de vacaciones en Baños Morales junto a su familia, cuando desde su carpa vio estrellarse la aeronave contra el cerro, en el risco que une el cerro Corona y el cerro Valdés por el lado occidental. Avisó a Carabineros de Puente Alto desde un teléfono magneto de la época y subió junto a 4 arrieros en mula al lugar, de los cuales uno debió abandonar, conmocionado, el lugar inmediatamente.

Gómez intentó buscar documentación de los pasajeros y acomodó los restos de los cuerpos que se esparcían en el suelo: "Tuve un momento de recogimiento y una de las escenas que más me impactó fue la de un niño que estaba clavado en una roca. Era el único cuerpo que pude ver entero. Después de eso me arrodillé a rezar", recuerda.

Dentro de su memoria quedó el silencio que había en el lugar. "No logré identificar de entre todos los restos ni una sola cabeza; sólo había piernas y brazos, que después fueron juntados para ser entregados a los familiares".

En el avión viajaban 15 integrantes de un equipo de fútbol amateur del club "Antonio Varas", del Banco del Estado, quienes iban a disputar un partido a Uruguay. Entre los pasajeros viajaban ciudadanos de seis nacionalidades.

La tragedia conmocionó al país, y los funerales de las víctimas fueron acompañados por gran cantidad de personas que salieron a las calles a despedir a los fallecidos. El gobierno movilizó a sus ministros al sitio del accidente, y el Presidente, Eduardo Frei Montalva, asistió a la misa fúnebre presidida por el cardenal arzobispo de Santiago, monseñor Raúl Silva Henríquez.

Inmediatamente ocurrido el hecho, se designó al fiscal militar Julio Tapia para que esclareciera las razones del accidente.

Se barajaron diversas hipótesis para explicar el extraño cambio de rumbo que efectuó el piloto, pensando en un primer lugar en fallas mecánicas.

Sin embargo, el dictamen del fiscal -que después fue ratificado por la Corte Marcial- determinó que la acción temeraria e imprudente del capitán de vuelo Mario Bustamante quien usó una ruta no autorizada que le ahorraba tiempo de vuelo y ocasionó la tragedia, citándolo como el responsable exclusivo de la colisión, al no seguir la ruta establecida en el reglamento para los vuelos en dirección a Buenos Aires, estando todas las condiciones mecánicas y climáticas óptimas.

El investigador de accidentes aéreos de la Dirección General de Aeronáutica Civil, Patricio Cancino, confía en que la resolución final del caso fue la correcta, tomando en consideración los elementos de investigación de aquellos años: "Los que tomaron la decisión lo hicieron a la luz de las herramientas con las cuales contaban en esa época, en lo científico, en los conocimientos, en las habilidades, en la experiencia y en los datos".

Hoy, explica el experto, se cuentan con otros elementos de seguridad y prevención más integrales que ayudarían a esclarecer con mayor exactitud las reales causas del peor accidente de la aviación nacional.

El fatal accidente, no obstante, se transformó en una importante ayuda para ir mejorando las condiciones de trabajo en la aviación en Chile.

En la década de los 60 hasta la de los 80 el énfasis del trabajo de aprendizaje estaba destinado a lo técnico y la capacitación en esa área. Luego se pasó -hasta el 2000- al capital humano y su formación más integral.

Hoy se está apuntando a un sistema de intercambio de información, aprovechando los avances tecnológicos, en donde se comparte experiencia entre los diferentes países, con diversos sistemas de bancos de datos que permiten un fluido trabajo organizacional.

En la actualidad, uno de los trabajos que se llevan a cabo en la DGAC es la enseñanza en temas como la toma de decisiones y la percepción que deben tener los pilotos en vuelo.

El investigador explica que el piloto del Lan Chile 107 tiene que haber tenido la percepción de que el camino que se estaba haciendo era el correcto, por el paso San José de Maipo, sin haber alcanzado la altura mínima de 2 mil pies que se exige para volar zonas montañosas. En ese tiempo, los aviones debían llegar hasta Melipilla para tomar la altura y el vuelo necesario para cruzar la cordillera, pero Bustamante, por una inexplicable razón, decidió adentrarse en la boca del lobo.

Hoy día, con la caja negra se podría haber tenido la respuesta exacta de lo que ocurrió. Este instrumento comenzó a regir de forma obligatoria para los aviones construidos en la década del 60, pero el LAN databa de 1950, por lo que no contaba con este aparato, clave en la investigación de accidentes aéreos.

Cancino enfatiza en que este tipo de accidentes, como el de 1965 y como otros que registra la historia aeronáutica nacional, han ayudado a generar las buenas condiciones en que se trabaja en la actualidad en Chile: "Si uno mira lo que tenemos hoy a nivel de nuestra aviación comercial, tendríamos que concluir que nos sirvieron todos los fracasos del pasado, para ser considerados un ente de gran respeto a nivel mundial", finaliza.

Testigos oculares, ubicados en Lo Valdés, sector El Morado y Las Melosas, vieron al aparato intentando infructuosamente ganar altura para luego presenciar su choque y posterior explosión contra el risco que une el cerro Catedral con el cerro Corona, frente a la cara este del cerro Vega cerca del volcán San José, en el sector Cajón Lo Valdés y a una altura aproximada de 3800 m, en las coordenadas geográficas 33°51′59″S 70°05′35″O / -33.86639, -70.09306. aproximadamente, entre las 8:36 y 8:38.[4]​ Un testigo ocular señaló lo siguiente:

Las 87 personas perecieron en el accidente en forma instantánea. Tanto el aparato como los pasajeros se desintegraron al golpear los farellones y sus restos quedaron dispersos en un área relativamente pequeña como un macabro osario y aún son visibles hoy.

Se ignoran las causas que motivaron al piloto a tomar una ruta no autorizada. La comisión investigadora del accidente catalogó su comportamiento como un caso grave de indisciplina y error del piloto. LAN y la Comisión hablaron de indisciplina y error del piloto; sin embargo, nunca publicaron ni se investigaron los reportes de fallas anteriores que el comandante había informado en su debida oportunidad. Una semana antes, en un vuelo nacional al norte y comandando el mismo Douglas DC-6B, este profesional reportó fallas en el avión y, contraviniendo órdenes de la torre de control, retornó tres veces al aeropuerto Los Cerrillos por las fallas que presentó para que revisaran su avión.

Ha sido el peor accidente aéreo ocurrido en Chile hasta la fecha.



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