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Acolmiztli Nezahualcóyotl



Nezahualcóyotl (también escrito como Netzahualcóyotl)[1][2][3]​ (1402-1472) (en náhuatl: Nezahualcoyōtl 'coyote que ayuna') fue el monarca (tlatoani) de la ciudad-estado de Texcoco en el México antiguo y se convirtió en el principal aliado militar y político de los mexicas, pueblo con el que estaba emparentado por la rama materna, aunque no se considera de etnia mexica sino chichimeca.

Ejerció el poder y se desempeñó notablemente como poeta, erudito y arquitecto. Era hijo del sexto señor de los chichimecas, Ixtlilxóchitl (en náhuatl: Ixtlilxochitl 'flor oscura') señor de la ciudad de Tetzcoco, y de la princesa mexica Matlalcihuatzin, hija del tlatoani mexica Huitzilíhuitl, segundo señor de Tenochtitlan. Al nacer, le fue asignado el nombre de Acolmiztli (en náhuatl: Acōlmiztli ‘felino fuerte’) pero las tristes circunstancias que rodearon su adolescencia hicieron que se cambiara el nombre por el de Nezahualcóyotl que significa «coyote que ayuna», entendiéndose el ayuno como una forma de sacrificio.[cita requerida]

Nezahualcóyotl nació en un año indígena denominado Ce-tochtli (1-conejo), que equivale a 1402; en un día de su calendario llamado Ce-mazatl (1-venado), cuya fecha equivalente ampliamente difundida es el 28 de abril[4]​ (según otras fuentes y correlaciones el día equivalente debería ser el 4 de febrero).[5]

En 1414, cuando contaba con apenas 12 años, su padre lo designa su sucesor y realizan las ceremonias de "juramento", esto en medio del clima bélico que se vivía ya que Tezozomoc quería expandir sus dominios hacia el Acolhuacan. A principios del siglo XV el mayor centro de poder en la cuenca de México era Azcapotzalco, capital de los tepanecas. El señorío tepaneca bajo Tezozómoc tenía tintes tiránicos, y después de un relativo fracaso militar, mediante una conspiración palaciega logró expulsar de Tetzcoco y eventualmente, dar muerte a Ixtlilxochitl, padre de Nezahualcóyotl. Tiempo después este tuvo la oportunidad de participar en una alianza con los mexicas, que además de vengar la muerte de su padre, logró derruir el poder tepaneca.

Una vez que recuperó el reino, Nezahualcóyotl gobernó Tetzcoco. Asimismo, ganó reputación de sabio y obtuvo fama como poeta. Su formación intelectual quedó reflejada no solo en la arquitectura de la ciudad, sino también en sus manifestaciones poéticas y filosóficas. Nezahualcóyotl llegó a construir un jardín botánico adornado con pozas de agua y acueductos en Tetzcotzingo, donde eran habituales las reuniones de poetas e intelectuales. Algunos historiadores han manifestado que aun cuando los acolhuas profesaban el politeísmo, él comenzó a desarrollar la idea de un dios único, al cual llama Tloquenahuaque. Varios de sus versos se encuentran actualmente plasmados en los muros del Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México.

Desde su infancia y durante su adolescencia, Nezahualcóyotl recibió una educación muy completa correspondiente a su linaje. Estudió primero en el palacio con tutores designados por su padre, y más tarde en el calmécac, escuela de estudios superiores donde asistían los jóvenes de las clases privilegiadas y gobernantes. De esta forma aprendió la escritura, los ritos y tradiciones ancestrales de sus antepasados chichimecas-toltecas, la historia, las enseñanzas y las doctrinas heredadas por los mexicas y acolhuas venidos del norte y las artes de la guerra y la política, que lo prepararían para gobernar a su pueblo.

Aunque Netzahualcóyotl era heredero nato del reino de Texcoco, no vivía como un príncipe rodeado de lujos y comodidades, pues en esos años su padre enfrentaba el asedio de los tepanecas de Azcapotzalco, cuyo belicoso rey, Tezozómoc, ya había conquistado Tenayuca y Culhuacán, y ambicionaba extender su imperio hacia la región norte del gran lago. La intención de Tezozómoc era asesinar al rey Ixtlilxóchitl y a toda su familia para poder apoderarse del trono de Tetzcoco. Para entonces, el reino texcocano se encontraba debilitado, no contaba con aliados comprometidos, ni tenía las suficientes armas ni el ejército necesario para sostener una guerra y repeler la invasión.

En 1418, los tepanecas sitiaron la ciudad de Texcoco durante 30 días. Bajo la amenaza de muerte lanzada por Tezozómoc, el rey Ixtlilxóchitl, errante y furtivo, tuvo que abandonar su palacio. Mientras las huestes de Tezozómoc rastreaban los alrededores de la ciudad para encontrar al rey y príncipe texcocanos, estos se refugiaron en las cuevas de Cuauhyacac y Tzinacanoztoc, rodeados de unos pocos leales. No pudiendo ocultarse allí por mucho tiempo, Ixtlilxóchitl ordenó a su hijo que se adentrara en el bosque, mientras él y unos pocos hombres trataban de detener sin éxito el avance de sus captores. Sin embargo, estos anticiparon su ataque y lo sorprendieron en el bosque. El príncipe Nezahualcóyotl, oculto entre las ramas de un árbol, fue testigo de cómo su padre luchó hasta caer abatido por las lanzas tepanecas.

Luego de presenciar el asesinato de su padre, Nezahualcóyotl, de apenas 16 años, logró escapar y huyó. Antes había pedido a sus partidarios que cesaran la resistencia y que, por el momento, se sometieran a la tiranía de Tezozómoc, mientras él buscaba el apoyo de otros pueblos y encontraba el modo de liberarlos. Una vez que Tezozómoc se apoderó completamente de la ciudad, ordenó la captura de Nezahualcóyotl y ofreció una recompensa para quien se lo entregara vivo o muerto; sabía que el legítimo príncipe heredero representaba un peligro pues intentaría liberar a su reino.

A partir de entonces y durante los siguientes dos años, Nezahualcóyotl debió eludir el acoso y las asechanzas de sus perseguidores. Clandestinamente, recorrió varios poblados con el fin de conseguir aliados y mantenerse informado de los planes del rey usurpador.

Un tiempo se mantuvo encubierto en Tlaxcala, donde pudo pasar inadvertido disfrazado de campesino. De ahí se trasladó a Chalco y se incorporó como soldado al ejército de los chalcas, pero fue descubierto y encerrado en una jaula. Toteotzinteuctli, el soberano de esa ciudad, lo condenó a muerte para congraciarse con el tirano Tezozómoc. Sin embargo, Quetzalmacatzin, hermano del gobernante chalca, se compadeció de Nezahualcóyotl y lo ayudó a escapar, cambiando sus ropas y ocupando su lugar en la jaula. Nezahualcóyotl pudo salir de Chalco y regresar a Tlaxcala sin ser reconocido; mientras tanto, su protector fue ejecutado en su lugar, acusado de traición.

Es hasta 1420 cuando concluye ese periodo errante, luego de que las tías de Nezahualcóyotl, hermanas de su madre y esposas de los gobernantes de Tenochtitlan y Tlatelolco, solicitaron al rey tepaneca el perdón para su joven sobrino. Tezozómoc consintió que Nezahualcóyotl viviera en Tenochtitlan, ciudad donde el príncipe sin trono fue afectuosamente recibido.

Durante los siguientes ocho años, gracias a la hospitalidad de su familia materna, Nezahualcóyotl pudo continuar con su educación y adiestramiento militar, lo cual le permitió convertirse rápidamente en un guerrero; de igual modo cultivó su vocación por las artes y las ciencias. En esos años, Tezozómoc le otorgó un palacio en Tetzcoco y le autorizó a viajar entre las dos ciudades. Sin embargo, Nezahualcóyotl no había olvidado los sucesos que provocaron su exilio. Decidido a recuperar su trono, planeaba la estrategia para cumplir su objetivo. Para entonces, el viejo Tezozómoc, debilitado y gravemente enfermo, sospechaba de las intenciones de Nezahualcóyotl y, casi al borde de la muerte, encomendó a sus tres hijos Maxtla, Teyatzin y Tlatoca Tlitzpaltzin asesinar al príncipe destronado.

Nezahualcóyotl, al tanto de los planes de sus enemigos, se refugió en Tenochtitlan bajo la protección de su tío, el rey Chimalpopoca. Un año después sobrevino la muerte de Tezozómoc, y Maxtla ocupó su lugar como soberano de Azcapotzalco. Aunque conocía el propósito de asesinarlo, Nezahualcóyotl asistió al funeral del patriarca tepaneca. El heredero de Tezozómoc no estaba dispuesto a ceder el trono de Tetzcoco a Nezahualcóyotl, y decidió hacer prisionero a Chimalpopoca como represalia contra este por haber ayudado a su enemigo; al mismo tiempo, envió a un grupo de mercenarios para buscar y ejecutar al temerario príncipe.

Nezahualcóyotl, desafiando el peligro, llegó a Azcapotzalco para interceder por la libertad de Chimalpopoca. Maxtla fingió ser benevolente, pero trató de asesinarlo a traición. Nezahualcóyotl consiguió salir ileso y escapó hacia Tetzcoco. Entonces Maxtla preparó una nueva trampa para eliminarlo. Convenció a Yancuiltzin, hijo natural del padre de Nezahualcóyotl, para que invitara a su medio hermano a un banquete y una vez que estuviera solo en su casa lo matara. Sin embargo, Nezahualcóyotl es advertido del siniestro plan por un amigo y, para librarse de la muerte, dispuso que un labriego se hiciera pasar por él para asistir al banquete de Yancuiltzin. Allí, el supuesto Nezahualcóyotl es decapitado y su cabeza fue entregada como trofeo a Maxtla, quien creía que al fin había acabado con el invencible príncipe. Sin embargo, no tardó en enterarse de que Nezahualcóyotl aún estaba vivo. Enfurecido, Maxtla dio órdenes a sus principales capitanes para que se dirigieran a Tetzcoco en busca de Nezahualcóyotl y lo aniquilaran sin piedad alguna.

De nuevo, el príncipe texcocano tuvo que huir de una feroz persecución. En múltiples ocasiones logró salir indemne de las emboscadas ordenadas por Maxtla. Este, al no poder dar alcance a su escurridizo oponente, descargó su venganza contra Chimalpopoca y alevosamente lo asesinó, lo cual daría un drástico giro en favor de Nezahualcóyotl, pues los mexicas, indignados, decidieron romper su alianza con Azcapotzalco y nombraron a Izcóatl como su nuevo rey. Esto acarreó que Tenochtitlan fuera sitiada por Maxtla.

Entre tanto, con gran habilidad diplomática, Nezahualcóyotl consiguió atraerse los favores de otras ciudades descontentas con la tiranía tepaneca y organizó un frente común, cuyo peso principal recayó en los tlaxcaltecas y los huejotzincas. El formidable ejército aliado alcanzó victorias en Otumba y Acolman antes de tomar Texcoco en 1429.

Enseguida Nezahualcóyotl dedicó sus esfuerzos a liberar México y Tlatelolco. En una cruenta batalla, destruyó Azcapotzalco después de un sitio de ciento catorce días. Maxtla murió a manos de Nezahualcóyotl, quien, dispuesto a inaugurar una época de esplendor en el Valle de México, consiguió sellar un pacto confederal con Itzcóatl, de Tenochtitlan y Totoquihuatzin, señor de Tlacopan, pacto conocido como la Ēxcān Tlahtolōyān.

Cuando en 1472 falleció Nezahualcóyotl, subió al trono su hijo Nezahualpilli, quien gobernó la ciudad hasta el año 1516, continuando la política expansiva emprendida por su antecesor. Su nieto Ixtlilxóchitl II inició una guerra contra su hermano [iximatzin]] y se alió con los conquistadores españoles. Participó también en el Sitio de Tenochtitlan. Después de la conquista del Imperio mexica, otro de sus nietos, Juan Bautista de Pomar, obtuvo una de las casas nobiliarias de su abuelo en Texcoco y escribió una historia con la intención de reclamar sus derechos sobre el legado de su abuelo. Fue también un noble novohispano, escritor e historiador, y el creador de una de las obras más importantes de la poesía náhuatl, Romances de los señores de Nueva España. Uno de los biznietos de Ixtlilxóchitl II, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, fue un distinguido alumno del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco y, en 1612, fue nombrado gobernador indígena de Texcoco, y al año siguiente, del pueblo de Tlalmanalco.

El gobierno de Nezahualcóyotl no solo representó un modelo de gobierno y administración, el rey también emprendió extraordinarios proyectos de construcción y arquitectura en Tetzcoco y Tenochtitlan. Tuvo especial interés por las obras de servicio y ornato, por lo que edificó presas, acueductos, palacios, templos, monumentos, calzadas y jardines. Gracias a su visión estética, buscó armonizar los requerimientos de los sistemas urbanos con las condiciones naturales del medio ambiente. Además de dirigir la urbanización de su reino, hizo edificar más de cuatrocientas casas y palacetes para los señores y caballeros de su corte, cada uno de acuerdo con el rango y los méritos de su habitante. Entre las grandes obras realizadas por Nezahualcóyotl se encuentra el Templo Mayor de Texcoco que estaba dedicado a Huitzilopochtli y a Tláloc, a cuya terraza superior se ascendía a través de 160 escalones.

Motivado por su amor por la naturaleza, en los bosques de Tezcutzingo y Chapultepec, sus lugares de recreación preferidos, preservó los manantiales y los árboles, condujo el agua por los montes, introdujo el riego, talló estanques y albercas en las formaciones rocosas, plantó flores, propagó variadas especies animales y ordenó la construcción de un zoológico y un jardín botánico. Asimismo destacan los famosos jardines de su soberbio palacio, así como el portentoso acueducto erigido en el bosque de Chapultepec para abastecer de agua potable a Tenochtitlan.

Su mayor obra, a solicitud de su homólogo y aliado Moctezuma I, fue un gran dique de piedra y madera (que los españoles llamaron «el gran albarradón») que se extendía por más de 16 km, que sirvió como defensa contra las inundaciones que afectaban a esa ciudad, y que además impedía que se mezclaran el agua salada y el agua dulce del gran lago. Esta gran obra le valió la reputación de mejor arquitecto de las Américas.

Recientemente se ha especulado que en realidad la palabra en náhuatl, coyotl, pudiera referirse en realidad al lobo y no al coyote. Esto se basa principalmente en el descubrimiento de un depósito ritual en la ofrenda número 126 del Museo del Templo Mayor. En esta se han encontrado 9 mil huesos de animales, entre ellos al menos huesos de 20 lobos. Estos animales eran de todas las edades y hasta con enfermedades degenerativas asociadas a la vejez, lo cual indica que los animales eran cuidados hasta una edad avanzada más allá de su esperanza de vida salvaje, esto en el famoso Zoológico de Tenochtlitlan.[6]

De acuerdo a la arqueóloga Ximena Chávez Balderas, muchas de las representaciones en los códices no son coyotes sino lobos:

Para honrar la memoria de este ilustre monarca prehispánico, se le ha dedicado una fuente en el Castillo de Chapultepec, diseñada por el artista Luis Ortiz Monasterio. Igualmente la obra de Federico Cantú en la Universidad Autónoma de Nuevo León, además de bautizar con su nombre un municipio y una ciudad del Estado de México.

Igualmente, en la Universidad Nacional Autónoma de México se erigió la Sala Nezahualcóyotl con su nombre.

En la ciudad española de Cáceres existe una estatua en su honor.

Su imagen aparece en los billetes de 100 pesos mexicanos, acompañado de uno de sus poemas más conocidos.

En el año 2005 su nombre fue inscrito con letras de oro en el muro de honor de la Cámara de Diputados del Congreso Mexicano.

En el municipio Texcoco, su lugar natal, se le construyó un monumento, así como también unas escuelas.

En el acto para conmemorar el Día Internacional de la Lengua Materna, efectuado el 21 de febrero del 2013 en el Museo Nacional de Arte, la Dirección General de Culturas Populares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a cargo de Miriam Morales Sanhueza, presentó la aplicación gratuita para iPad dedicada a la obra poética de Nezahualcóyotl: incluye 38 poemas que pueden leerse en náhuatl y en español. También se incluyó un facsímil digital de las primeras transcripciones conservadas de los cantos prehispánicos de Nezahuacóyotl y un cómic sobre su vida. La aplicación incluye una sección de multimedia con entrevistas a Miguel León-Portilla y a Patrick Johansson.[8]

Conocido como el "Rey Poeta", Nezahualcóyotl escribió numerosos poemas que se dice se conservaban en la Antigua Biblioteca de Texcoco, entre ellos el más conocido es el siguiente:

Amo el canto del cenzontle,
pájaro de las cuatrocientas voces.
Amo el color del jade,
y el enervante perfume de las flores,
pero lo que más amo es a mi hermano,
el hombre.

El anterior, es el poema que el gobierno mexicano publica junto a una efigie de Nezahualcóyotl, en la mayoría de los billetes de 100 pesos, a finales de la última década del siglo XX, sin embargo, una investigación indican que él podría no ser el autor de este poema, y que muchos más que él realizó se desconocen.[9]




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