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Economía argentina




La economía de Argentina es la segunda más grande de América del Sur según datos de 2020, solo superada por Brasil.[24]​ Junto con este, son los únicos países sudamericanos en integrar el G-20, que reúne a la mayoría de las economías más grandes, ricas e industrializadas del planeta. Argentina cuenta con grandes recursos naturales y se beneficia de ello —especialmente de sus extensas llanuras de tierras fértiles—,[25]​ tiene un sector orientado a la explotación y exportación agrícola de avanzada tecnología,[26]​ considerable desarrollo de su industria nuclear[27][28]​ y satelital,[29]​ una base industrial diversificada sustitutiva de importaciones,[30]​ un desarrollo científico-tecnológico considerable por no tratarse de un país desarrollado,[31]​ y una población alfabetizada virtualmente en su totalidad,[32][33][34][35]​ con una considerable tasa de afiliación sindical.[36][37]

A principios del siglo XX, la Argentina era uno de los países con mejores perspectivas,[38]​ pero al mismo tiempo representaban poco menos de la mitad de los de Australia y Estados Unidos.[39]​ sin embargo entre 1974 y 2002, varias depresiones económicas afectaron su desenvolvimiento.[40]​ En el año 2016, el Banco Mundial calificó a la Argentina como una economía de ingresos medios.[41]​ En ese mismo año, el país tenía una renta per cápita de más de 16 000 dólares estadounidenses en paridad de poder adquisitivo (PPA).

Según un informe anual de la ONU sobre el Desarrollo Humano para el año 2016, Argentina es la cuarta nación iberoamericana con más alto índice de desarrollo humano detrás de España, Chile y Portugal, y por delante de Uruguay.[42]

Es uno de los mayores productores de soja del mundo, después de los Estados Unidos y Brasil, con 48 millones de toneladas en el año 2011.[43]​ El país es uno de los mayores exportadores de carne en el mundo y su producción se ha reconocido numerosas veces como la de mejor calidad. Es el primer productor mundial de girasol, yerba mate, limones y aceite de soja, segundo en miel y manzanas, el más grande productor de trigo y lana[44]​ en Latinoamérica,[45]​ entre otros cultivos. Es el mayor productor de vino en América Latina, quinto en el mundo y el principal productor de biodiésel a nivel global.[46]​ A nivel continental, en 2014 se encontraba en cuarto lugar en producción de petróleo (después de Brasil, Venezuela y Colombia)[47]​ y posee la tercera reserva de gas más grande del planeta.[48]​ El Yacimiento Aguilar en Jujuy es la mayor concentración de minerales de plomo y cinc de Sudamérica y el Bajo de la Alumbrera en Catamarca es uno de los yacimientos para la extracción más grandes de oro y cobre en América Latina, siendo la Argentina el décimo tercer mayor productor de oro del mundo.[49]​ Argentina es el más importante productor de software de Sudamérica y ocupa el segundo puesto en cuanto a fabricación de autopartes, después de Brasil.[50]

El país mantiene una deuda externa de aproximadamente 120 000 millones de dólares (2009), equivalente al 38,7% del PIB. El monto de la misma se debe principalmente a las operaciones realizadas durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983),[51]​ período en el cual la deuda creció un 364% y a una toma masiva de préstamos externos durante los dos gobiernos sucesivos de Carlos Menem, debido a la política de dólar barato llevada adelante por la ley de convertibilidad.[52]​ En este último el crecimiento de la deuda fue del 123%. La relación entre el PIB y la deuda externa alcanzó su punto crítico en enero de 2002 cuando representó el 190% del PIB. Desde entonces una combinación de reducción de la deuda, moderación en la toma de nuevos créditos y aumento considerable del PIB, redujeron la deuda externa a poco menos del 41,5% del PIB.

La inflación es otro de los problemas que ha enfrentado la economía argentina. En el país en año 2020 se registró una inflación anual de un 36.1%, mientras que la de 2019 fue de un 53.8%.[53][54][55]​ Entre los años 1945 a 1975, la tasa anual promedio fue de dos dígitos, con un gran pico de tres dígitos en 1959 (129,5%), y picos superiores al 30% en 1948 (31%), 1951 (36,7%), 1952, 1966 (31,9%), 1971 (34,7%), 1972 (58,5%) y 1973 (60,3%).[56]

La población argentina, en cierta forma, se encuentra acostumbrada a los altibajos que de vez en cuando afectan a la economía nacional. Sus ciudadanos saben cómo actuar frente a nuevas situaciones desfavorables que luego vuelven a retornar a la normalidad.[57]​ Diversas irregularidades en las estadísticas han propiciado que el Fondo Monetario Internacional, en una medida sin precedentes, haya recomendado suspender al país del derecho al voto y otros derechos relacionados dentro del organismo.[58][59]

En 2002 durante el momento más crítico de la crisis, los valores de pobreza estaban cercanos al 54% y los de desempleo del 21,5%. Durante los años siguientes estos indicadores sociales lograron reducirse muy considerablemente. En el país, los índices de indigencia y la pobreza se miden a partir de la información del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que realiza el INDEC a partir de la estimación de la Canasta Básica de Alimentos y la Canasta Básica Total. A partir de 2007, cuando el INDEC fue cuestionado por la supuesta injerencia por parte del Ejecutivo para alterar el indicador IPC y por tanto alterando los resultados en los indicadores de indigencia y pobreza, se dio una proliferación de mediciones privadas para la inflación, la indigencia y la pobreza. En el primer semestre de 2012, el índice de pobreza se ubicó en el orden de 6,5%, siendo la más baja de América Latina para ese año, por debajo de Uruguay (6,7%). Según la Cepal (que realiza la medición a partir de la Encuesta Permanente de Hogares del propio INDEC) la pobreza en la Argentina en 2012 fue la más baja de América Latina para ese año, por debajo incluso de Uruguay (5,7%).[60]​ En octubre de 2013, el INDEC decidió discontinuar la publicación de los indicadores de pobreza e indigencia debido a discrepancias en la metodología. En enero del 2016, tras el cambio de gobierno, el INDEC fue intervenido y modificó la metodología de medición, lo cual dio como resultado que en el segundo trimestre del 2016 se calculaba un índice de pobreza del 32,2%.[61][62][63]​ Este índice colocó al país levemente por encima del promedio de población en condiciones de pobreza en Latinoamérica, 28% según Cepal. La metodología fue criticada por diversos sectores, que señalaban que por razones políticas se mostraba una sobreestimación de los índices de pobreza e indigencia, atribuyendo la situación a la gestión previa.[64][65][66][67]


El Banco Mundial considera de «clase media» a aquellas personas que reciben un ingreso por día y per cápita de entre 10 y 50 dólares; con este parámetro, el Banco Mundial estableció a fines de 2012 que Argentina había duplicado su clase media desde 2003,[68][69]​ representando un aumento de 9.3 millones de personas (25% de la población) siendo el mayor crecimiento de la Región.[70]

La Argentina forma parte del bloque regional conocido como Mercosur, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay Uruguay y Venezuela, en tanto que Bolivia se encuentra en proceso de adhesión. Dicho bloque constituye el mayor productor de alimentos del mundo, tiene un PIB de 3,3 billones de dólares, lo que representa el 82,3% del PIB total de toda Sudamérica y cuenta con más de 270 millones de habitantes (cerca del 70% de América del Sur), lo que lo convierte en el bloque más grande, más poblado, económicamente más poderoso y mejor integrado de Latinoamérica.[71][72]​ Como consecuencia del tamaño del bloque económico Mercosur, las relaciones comerciales entre la Argentina y Brasil aumentaron hasta volverse de primera importancia para ambos países. Argentina y Brasil son los dos socios más grandes, influyentes y económicamente más poderosos del bloque,[73]​ y desde la formación del Mercosur se han dado numerosos choques entre ambas potencias sudamericanas:[74][75]​ la balanza comercial entre ambos países comenzó a tornarse deficitaria para la Argentina desde junio de 2003, lo que constituyó motivo de preocupación para empresarios y funcionarios de ese país.[76]​ Dicho déficit fue revertido brevemente en mayo de 2009 y nuevamente revertido en el 2012 lográndose superávit con Brasil.[77]​ En 2006, los gobiernos de la Argentina y Brasil firmaron una serie de acuerdos bilaterales, entre los que se encuentra la cláusula de adaptación competitiva y los acuerdos referidos a los intercambios comerciales del sector de los automotores para reducir las asimetrías presentes en el bloque.[78]​ Dichas asimetrías han sido motivo de queja de los países más pequeños como Uruguay y Paraguay, quienes se ven en desventaja frente a los socios económicamente más grandes, Argentina y Brasil y han criticado el tutelaje que ejercen estos últimos sobre el bloque.[79]

En la segunda mitad del siglo XVI, el Alto Perú, Tucumán, y Paraguay, donde se había concentrado la colonización ya que los indígenas eran numerosos y sedentarios, exigían la creación de un puerto en el Atlántico Sur para establecer lazos comerciales más cercanos con España, disminuir el aislamiento y frenar la amenaza de incursiones extranjeras en el Río de la Plata. La Corona española autoriza la segunda fundación de Buenos Aires. En 1573, el gobernador Juan de Garay fundó una ciudad intermedia: Santa Fe y en 1580 fundó la ciudad de Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre ―conocida actualmente como Ciudad de Buenos Aires― como parte del Virreinato del Perú.

Durante el último tercio del siglo XVI, gracias a la introducción de la técnica de la amalgama con mercurio, la producción de plata se había duplicado, como así también la mortalidad de los indígenas.[80]​ La ciudad de Potosí llegó a tener una población de 160 000 habitantes y se convirtió en el principal mercado de consumo de Hispanoamérica.[80]​ En este contexto, Buenos Aires se convirtió en la entrada y salida natural de los productos altoperuanos y del Paraguay. Por un lado entraban insumos y miles de esclavos negros para reemplazar a la menguante población indígena y por otro lado salía la plata extraída del cerro Potosí.

Debido a la salida no autorizada de metales preciosos por el Puerto de Buenos Aires, en 1594 el rey prohibió el comercio con este puerto y estableció que toda la producción de plata producida en el Alto Perú debía salir a España a través del puerto de Lima, con algunas excepciones para evitar el desabastecimiento de la población: la autorización de fletar dos embarcaciones anuales con productos de la zona (cueros, principalmente). Esta situación llevó como única solución al contrabando, que pasó a ser la actividad económica más rentable de la Buenos Aires colonial.

Durante la era colonial, la economía de Tucumán y Cuyo estaba dedicada a la producción de insumos y bienes de consumo para los mercados del Alto y Bajo Perú, Buenos Aires y Paraguay. Se producían, vinos y aguardiente de Cuyo, mulas de Córdoba, tejidos en Salta y Tucumán, carretas de Córdoba y Tucumán, etc. Desde el punto de vista económico Córdoba estaba ligada comercialmente al Alto Perú; mientras que la región de Cuyo estaba vinculada a Santiago de Chile.

En la región pampeana, la principal actividad económica era la ganadería. El origen de la explotación ganadera en las pampas, se remonta a 1536 ―cuando Pedro de Mendoza introdujo los primeros equinos― y a 1580 ―cuando Juan de Garay introdujo entre 300 y 500 vacunos―.[81]

Desde su creación como Virreinato del Río de la Plata hasta la actualidad, Argentina, es uno de los países con mayor superficie apta para el desarrollo de la agricultura en el mundo, hecho que le ha dado ventajas comparativas. Durante siglo XIX la economía rural estuvo casi completamente dedicada a la ganadería y la agricultura.[82]

Para el año 1608, existía en Buenos Aires un numeroso plantel de ganado cimarrón que se fue multiplicando en libertad en los campos cercanos. En 1609, el Cabildo de Buenos Aires acordó la matriculación de las personas interesadas en participar en la caza y matanza del ganado vacuno cimarrón, denominadas «vaquerías». Tenían por objeto la explotación del ganado vacuno para obtener su cuero, desechándose la carne. Esta etapa duró aproximadamente hasta mediados del siglo XVIII.[81]

La «Ley de Tierras» de 1754, tuvo un papel fundamental en el nacimiento de la estancia, en la medida que la acción de vaquear, sirvió como antecedente para aspirar a la propiedad, contribuyendo a la distribución latifundista de la tierra.[81]​ Cuando el ganado cimarrón comenzó a disminuir su número, fue necesario internarse cada vez más en territorio bonaerense. Comienza así el momento de las estancias, del ganado marcado y de una mayor utilización del animal: nacieron las fábricas de cebo y los saladeros.

La fundación de la Colonia del Sacramento por los portugueses enfrente de Buenos Aires en 1680, vino a reafirmar el crecimiento del contrabando. La pelea entre España y Portugal por el Río de la Plata continuó en 1724, cuando el gobernador español Bruno Mauricio de Zavala funda la ciudad de Montevideo para evitar la toma de esa bahía por un contingente proveniente de Brasil.

En el año 1776 España crea el Virreinato del Río de la Plata, para echar a los portugueses del Río de la Plata, abarcaba lo que hoy es Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y partes del sur de Brasil, del norte de Chile, del sureste de Perú, y las islas Malvinas.

Con la sanción del Reglamento de Comercio Libre (de 1778, bajo la dinastía de los Borbones) se buscó proteger los intereses comerciales de los productores peninsulares en los mercados cautivos coloniales. El comercio libre tuvo consecuencias desastrosas para el interior del virreinato, [cita requerida] solo algunos sectores, como el aguardiente, las carretas, artículos de montura y transporte, y los tejidos de lana, pudieron sobrevivir.

En Buenos Aires, la sanción del Auto de libre internación (de 1778) y del Reglamento de Comercio Libre (de 1788) provocaron un verdadero «boom» exportador, pasándose de 150 000 cueros al año (en 1778) a 800 000 (en 1801).[81]​ Desde el punto de vista político, la instalación de la aduana en 1779, del Consulado de Comercio en 1794 y el establecimiento del Sistema de Intendencias en 1782, consolidaron el papel hegemónico de Buenos Aires y el debilitamiento del poder de Lima.

La Revolución de Mayo de 1810 desató una ola de cambios, al separarse el Alto Perú del Virreinato, se privó al Río de la Plata de su principal mercado consumidor[cita requerida] y de la región productora de metales preciosos. Las economías del interior quedaron aisladas y dejaron de cumplir el rol vinculante entre Buenos Aires y el Alto Perú, iniciándose un proceso de migración interna y despoblamiento del noroeste. La revolución abolió la servidumbre indígena y estableció la libertad de los hijos de esclavos (libertad de vientres).

Una vez declarada la Independencia en 1816, el país comenzó a depender de su principal comprador y vendedor: el Reino Unido. En 1827 fue el primer episodio de crisis de deuda de la historia. Argentina entró en cesación de pagos en 1827 y su recuperación demandó tres décadas. La siguiente crisis fue el episodio conocido como Pánico de 1890.[83]

En 1828, la oligarquía terrateniente bonaerense que dominaba la Legislatura consiguió modificar la Ley de Enfiteusis. Juan José Viamonte combatió la cláusula de la ley que prohibía a los enfiteutas adquirir nuevas tierras. El Estado de Buenos Aires por su parte «empeñaba todos sus efectos, bienes, rentas y tierras, hipotecándolas al pago exacto y fiel de la dicha suma de 1 000 000 de libras esterlinas y su interés».[84]​ En consecuencia, en 1828 se liquidó la escuadra naval y se dieron en pago dos fragatas que se estaban construyendo en Inglaterra. De este modo, cuando se produjo la ocupación de las Malvinas por los ingleses, cinco años más tarde, no hubo fuerza naval para contrarrestarla. Ferdinand White, espía británico enviado por Baring Brothers al Río de la Plata, condenó los aspectos delictivos de este acuerdo. De la suma recibida, solo llegaron al Río de la Plata en oro, como estaba convenido, el 4 % de lo pactado: 20 678 libras.[85][86]

La clase terrateniente bonaerense presionó para expandir la frontera, para ello en 1820 se realizó una expedición que llevó las fronteras a las Sierras Pampeanas y en 1833 la Campaña al Desierto liderada por Juan Manuel de Rosas expandió la superficie hasta el río Salado. Así, el latifundio se consolidó como la unidad económica principal de la provincia de Buenos Aires, gracias a la producción ganadera que garantizaba una excelente rentabilidad sin realizar demasiadas inversiones, ni contar con abundante mano de obra.[81]

Desde 1832 hasta 1850 la aduana de la provincia de Buenos Aires experimenta un crecimiento importante, pasando de 1.200.000 pesos plata a 4.000.000. Poniendo de manifiesto un crecimiento de la economía argentina durante el periodo del gobierno de Rosas, donde también crecen las exportaciones de cuero, lana y tasajo.[87]

Durante las décadas de 1830 y 1840 se acentuó la expansión económica de la Confederación Argentina, alentada por el comercio exterior. Las exportaciones de origen pecuario (cueros, carne salada, sebo y lana) y el número de embarcaciones extranjeras que llegaban anualmente al Río de la Plata con sus productos lograron duplicarse entre 1837 y 1852. La expansión del comercio estimuló la producción ganadera y saladeril y el enriquecimiento de los sectores vinculados a ella.[88]

A partir de 1850 comenzó el auge del lanar: ese año la exportación total de lanas alcanzó la cifra de 7681 toneladas; en 1855 llegó a 12 454 toneladas, y un año más tarde, a 14 972 toneladas. Al promediar la década de 1860, las estancias dedicadas al ganado lanar en la provincia de Buenos Aires comprendían una superficie de 16 millones de hectáreas; estando una cuarta parte de ellas en manos de inmigrantes irlandeses y escoceses, y una gran proporción bajo control de inmigrantes vascos. El total de ovinos en la provincia llegó a la cifra de 40 millones.[89]

Gracias a ello, Buenos Aires vivía una notable expansión económica sustentada por el ciclo lanar y las rentas de la aduana. En tanto la red ferroviaria, la primera de Latinoamérica, pasó de 573 kilómetros en 1868, a 1331 km en 1874.[90]

Durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento se construyeron grandes puertos, como los de Zárate y San Pedro. Se proyectó un puerto moderno en la Ciudad de Buenos Aires,[91]​ y se tendieron unos 5000 km de líneas telegráficas.[92]​ En 1891 se creó el Banco de la Nación Argentina.

En 1876 se realizó el primer embarque de carne congelada hacia Europa, y al año siguiente las primeras exportaciones de cereales.[93]​ La extensión de la red ferroviaria tuvo un gran impulso durante el Gobierno de Nicolás Avellaneda, llegándose a los 2516 kilómetros al final de su mandato: un aumento del 89 % en seis años.[94]​ Mediante la Conquista del Desierto, la agricultura pampeana pasó de cultivar unos 2 millones de hectáreas a más de 25 millones, ocurriendo una evolución similar con la producción de carne.[95]​ Con Bartolomé Mitre, en 1862, la deuda dio otro salto. Primero transfirió los compromisos de la provincia de Buenos Aires a la Nación, y después acordó otro empréstito con la banca inglesa por 2.5 millones de libras adicionales, para lanzarse a la guerra con Paraguay. Pero, nuevamente, de los 2.5 millones de libras asumidos como deuda, el país recibió solo 1.9 millones debido a los descuentos por el "riesgo país y las comisiones". Sarmiento, que sucedió a Mitre, también se endeudó para continuar la guerra y con el fin de "armar fuerzas militares para reprimir el levantamiento de Entre Ríos". Al final del gobierno de Sarmiento, la deuda ya alcanzaba los 14.5 millones de libras.[96]

En 1835 Rosas asumió su segundo gobierno. En diciembre de ese año se sancionó la Ley de Aduana que determinaba la prohibición de importar algunos productos y la imposición de aranceles para otros. En cambio mantenía bajos los impuestos de importación a las máquinas y los minerales que no se producían en el país. Estas medidas de carácter proteccionista impulsaron notablemente el mercado interno y la producción del interior del país. se promovieron tejidos, curtiembres, fundiciones, tintorerías, y productos agropecuarios; todos de distintas regiones del país y un fuerte apoyo a la industria vitivinícola.[97]​ Durante época de Rosas se desarrollaron con variado éxito una serie de emprendimientos de exploración y explotación de yacimientos mineros, entre ellas las Escombreras pertenecientes al establecimiento de Vladislao Augier y asociados. También en Chañar Punco, la Mina Capillitas también se establecieron establecimientos de fundición y elementos utilizados para la molienda del mineral. En la cima del cerro Bayo hasta Punta Balasto, tal como Fuerte Quemado, por ejemplo, donde se explotaron aluviones auríferos en 1853. En los alrededores de Río Blanco y Negra Muerta, localidades situadas en las nacientes del valle Calchaquí y en varias otras regiones cercanas de la provincia de Salta, en la zona de la Sierra de Rinconada, Santa Catalina, Coyahuaima, El Toro y Carahuasi, en la provincia de Jujuy fueron importante los minerales de oro y plata. La expansión del comercio estimuló la producción ganadera y saladeril y el enriquecimiento de los sectores vinculados a ella. Los gobiernos federales provinciales entregarían la tierra gratuitamente, y habrían de construir la infraestructura de colonias agrícolas. En la Puna se desarrolló una agricultura diversificada adaptada a las condiciones climáticas altitudinales y a la mayor disponibilidad de agua, desde la árida Puna, pasando por los valles y quebradas cultivando especies domésticas como el maíz, quinoa, papa, porotos, y diversas legumbres que eran exportadas a Perú y Bolivia. La Confederación se vio beneficiada por la acelerada introducción de adelantos técnicos, se habían introducido en el país los primeros Hereford y Shorthon, los primeros merinos y los primeros caballos frisones para tiro pesado.[98]

Los estancieros se habían fortalecido con la victoria en la larga guerra contra el gaucho y se preparaban para financiar la "guerra contra el indio" (1878-1885), por medio de la cual el Ejército Argentino aniquilaría a los pueblos indígenas que habitaban la pampa y la Patagonia, confiscando 10 millones de hectáreas (un territorio casi igual a Bélgica, Holanda y Dinamarca juntas) que fueron entregadas a 344 estancieros, a un promedio de 31.000 hectáreas por estanciero que se traduciría en el control completo del poder político por parte de los estancieros y el capital inglés, sobre todo a partir de 1880, con la instauración de un régimen oligárquico conocido como roquismo, de partido virtualmente único y sostenido en el fraude que permitía el voto cantado, que se mantendría en el poder hasta 1916.[99]

La oferta agropecuaria, constituyó la base del desarrollo económico de la Argentina en el período 1880-1930. La producción de carne y cereales, para el mercado mundial conocido como modelo agroexportador sobre el que se fueron forjando, desde los transportes hasta la organización política de la Nación.

Los políticos más influyentes de aquel momento, como Sarmiento, Juan B. Justo o Juan Alsina, sostuvieron la necesidad de estructurar el nuevo sistema económico sobre la base de la chacra (pequeña y trabajada por su dueño) y no de la estancia (basada en el latifundio). El modelo de desarrollo basado en la chacra tuvo relevancia sobre todo en la provincia de Santa Fe, de la mano de Aarón Castellanos, pero para fines de siglo, las presiones políticas y económicas de los estancieros y los ferrocarriles británicos, impusieron el modelo de la estancia como dominante del sistema económico argentino, cerrando el acceso a la propiedad de la tierra a los inmigrantes, que se volcaron hacia las ciudades.

Desde 1890 hasta 1930, mediante la llamada Conquista del Desierto, la agricultura pampeana pasó de cultivar unos 2 millones de hectáreas a más de 25 millones, una evolución similar ocurrió con la producción de carne, favorecida por el surgimiento del frigorífico. Las exportaciones argentinas pasaron de 70 millones de pesos oro en el quinquenio 1880-1884, a 380 millones en la década de 1910. Para la década de 1920, las mismas oscilaron en torno de los 800 a 1000 millones de la misma moneda.[95]

En el primer cuarto del siglo XIX el principal producto exportado era el tasajo, mientras que a mediados de siglo era la lana de oveja. Sin embargo, ya a finales del siglo las exportaciones de cereales (maíz y trigo), que anteriormente eran inferiores a las importaciones, aumentaron fuertemente y se convirtieron en el principal producto del sector primario-exportador argentino. En 1876 se realizó el primer embarque de carne congelada hacia Europa, y al año siguiente las primeras exportaciones de cereales.[93]

Hacia mediados del siglo XIX la economía Argentina comenzó a experimentar un crecimiento rápido por la exportación de sus materias primas provenientes de la ganadería. A finales del siglo XIX y comienzos del XX se desarrollaron barcos frigoríficos que hicieron posible el transporte de carne refrigerada.Durante este período la economía argentina enfrentó diferentes crisis asociadas al sector externo, siendo la crisis de la deuda en 1890 la que tuvo mayor impacto. El elevado nivel de importaciones, junto con el endeudamiento externo, condujeron a un estrangulamiento contante en el balance de pagos. En 1889, con la caída de los precios de exportación, los pagos de intereses y amortizaciones llegaron a representar 66.1 % de las exportaciones totales, lo que dio inicio a una profunda crisis económica que perduró hasta 1891 e implicó una contracción del producto bruto interno de 11.8 por ciento. La inmigración hacia Argentina, a su vez, resultó desincentivada por la recesión y caída de ingresos reales en este país.[100]​ Según Sansoni (1990) las pésimas condiciones de trabajo en las tareas agrarias, así como la característica estacionalidad de estas tareas, que dejaban a los trabajadores sin ocupación durante algunos meses. En el caso de los trabajadores golondrina, regresaban a sus países de origen en la época de baja actividad.

Entre 1870 y 1914, la economía argentina sostuvo una tasa media de crecimiento superior al 5 % por año.[38]​ Hacia 1913, los ingresos per cápita habían alcanzado aquellos niveles sostenidos por Francia y Alemania, muy superiores a países hoy más desarrollados que la Argentina, como Italia y España,[38]​ El comercio exterior es el exponente más representativo de la evolución del modelo agroexportador implementado a partir de la década de 1880. Desde 1882 a 1889 hay un marcado déficit en las cuentas comerciales del país, pero desde 1889 hasta 1905 la situación se revierte y hay superávit comercial. La composición agrícola los productos exportados pasa de ser un 6,7% en 1880-1884 a aproximadamente 60% en 1905-1909. Las carnes en el mismo periodo componen un 38,02 %[101]

Se produjo la expansión desmedida de la oferta monetaria y la inflación. Comenzaron las dudas acerca de la posibilidad del país para cumplir sus compromisos. Ante la depreciación del peso papel el gobierno empezó a vender el oro depositado en el Banco Nacional, en agosto de 1888. A fines de 1889, Juárez Celman intentó, mediante un cambio de ministros, calmar la situación. A principios de 1890 la provincia de Buenos Aires anunció la venta de sus ferrocarriles por 40 millones de pesos oro, siendo la privatización más grande de la historia hasta entonces.[102]​ El Gobierno se embarcó en una renegociación de la deuda con la casa Baring e inició una operación de salvataje del sistema bancario. El crecimiento de la deuda, tanto pública como privada, se tradujo en una excesiva expansión monetaria que llevó a una fuerte depreciación del papel moneda, amenazando la rentabilidad de los inversores, y paralizando la entrada de nuevos capitales. Los inversores británicos, perturbados por los informes provenientes de Buenos Aires retiraron los capitales masivamente lo que condujo a una crisis económica conocida como Pánico de 1890.

A partir de la década de 1850 comienza a desarrollarse un mercado de trabajo (contratación de trabajadores asalariados), principalmente en la provincia de Buenos Aires.[103]​ La escasez de mano de obra permitió altos salarios. Esto facilitó la inmigración masiva que fue sostenida cada año hasta la Primera Guerra Mundial. La mitad de los inmigrantes europeos eligió permanecer en la ciudad de Buenos Aires, su adición al mercado de trabajo ayudó a aliviar la escasez de trabajo en el campo. Las migraciones subsecuentes de nativos y extranjeros ayudaron a asegurar un mercado de trabajo para la economía de la región litoral.

El proceso coincidió y fue potenciado por la gran ola de inmigración que comenzó en ese momento y que se extendería hasta 1930. La población en 1869 alcanzaba a poco más de 1.8 millones de personas.[104]​ Para el año 1930, la población llegaba a los 11 millones.[95]​ La aparición y desarrollo de un mercado de trabajo permitió la subsecuente aparición y desarrollo de una considerable organización sindical del trabajo, que impulsó el alza de salarios y la mejora en las condiciones de vida de los trabajadores.

Como la inmigración europea, la inversión extranjera jugó un papel central en el desarrollo económico de la Argentina. Antes de la Primera Guerra Mundial, la inversión de capital era principalmente inversión de capitales extranjeros. Argentina era un caso atípico para la inversión extranjera, diferenciándose del resto de los países latinoamericanos, ya que en el período 1873-1923 el país concentró el 71 % de las inversiones extranjeras de la región.

Reino Unido, Francia y Alemania invirtieron considerables sumas de dinero en el desarrollo del país. Los fondos extranjeros fueron colocados en los sectores orientados hacia las exportaciones; los ferrocarriles en particular fueron construidos con el capital extranjero, solo entre 1887 y 1914, la extensión de la red ferroviaria había aumentado 5 veces aproximadamente: de 6700 km a 35 500 km.[105][106]​ Las sociedades anónimas de responsabilidad limitada recogieron la mayor parte de su capital por la inversión directa extranjera. El país experimentó un crecimiento anual promedio de 3.4 % durante el período 1875-1913.[107]

Una vez finalizada la Primera Guerra Mundial, los capitales estadounidenses y Wall Street comenzaron a figurar preeminentemente sobre la esfera internacional. El crecimiento económico argentino antes de 1914 fue alcanzado por las exportaciones a Europa. Primero la carne vacuna y luego los cereales fueron enviados a Europa, con una población en auge. El viejo continente se encontró cada vez más en la necesidad de importar productos alimenticios de Argentina.

En 1915 la decisión del Banco de Inglaterra de incrementar la tasa de interés provocó la reversión del flujo de capitales extranjeros hacia la Argentina y le impidió financiar el déficit en su balanza de pagos. El desequilibrio de la balanza de pagos se profundizó como resultado de la magra cosecha de 1913-1914. A partir de entonces, la economía argentina se deslizó hacia una profunda recesión. Los mecanismos de transmisión de la crisis fueron dos: la salida de oro hacia el extranjero y la caída de las exportaciones primarias. En el marco del patrón oro, dicha fuga provocó una severa reducción del circulante, un incremento de la tasa de interés y una sucesión de quiebras de empresas y negocios.[108]

Entre 1919 y 1929, el PIB de la Argentina creció al 3.61 % anual. La tasa de desocupación muestra un notable incremento, ya que alcanza en 1914 el 13,7%, frente al 5,1% de 1912. En 1915 llega al 14,5%, en 1916 al 17,7% y en 1917 toca el 19,4%, con un total de 445.870 desocupados frente a 1.887.981 personas ocupadas.[109]​ la economía argentina, alcanza el sexto puesto del PIB mundial en 1928.[110]​ Durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen se crea YPF, dirigida por Enrique Mosconi. En ocho años se logró casi triplicar la producción de petróleo, de 348 888  (en 1922), a 872 171 m³ (en 1929).[111]

La crisis mundial que desencadenó el derrumbe de la Bolsa en 1929 marcó el fin del modelo orientado a la exportación de los productos ganaderos y cerealeros de la región pampeana.

Después de la Crisis de 1929, un nuevo modelo de crecimiento económico surgió, aunque diferente al de otros países de la región. Por un lado sectores exportadores de productos ganaderos y cerealeros representados por grandes latifundistas, empresas frigoríficas y ferroviarias británicas, intentaron retornar al modelo agroexportador. El Pacto Roca-Runciman de 1933 entre Argentina y Reino Unido daba cuenta de dicho objetivo. Durante el período (1930-1975) el sector agroexportador permaneció sin cambios de fondo (no se realizó ninguna reforma agraria para redistribuir la propiedad concentrada de la tierra) y se superpuso a un nuevo modelo de industrialización orientado al mercado doméstico. El sector agroexportador estaba orientado al comercio internacional, sobre las pautas de la economía liberal clásica, con una presencia preponderante del latifundio y un bajo empleo de tecnología y mano de obra, sujeta a relaciones laborales paternalistas. Por otro lado, comenzó a surgir un modelo de industrialización por sustitución de importaciones, basado en gran medida en el sector estatal.

Durante el período de 1930-1943 comenzó a acelerarse el proceso de industrialización por sustitución de importaciones, con eje en empresas estatales con fuerte influencia militar, como por ejemplo, YPF, Fabricaciones Militares, filiales de grandes empresas estadounidenses y sobre todo una gran cantidad de fábricas pequeñas y medianas de capital nacional, especialmente en el sector textil.

Para 1935 en Argentina existían 40 606 establecimientos industriales, los cuales albergan a 590 000 trabajadores. Ese año, por primera vez en la historia del país, la producción industrial fue mayor a la agrícola-ganadera.[112]

El sector industrial se desarrolló orientado al mercado interno, con una presencia preponderante del Estado, sobre las pautas de economía keynesiana que irrumpía en Estados Unidos con el New Deal, y una gran demanda de mano de obra asalariada sujeta a relaciones laborales colectivas entre el trabajo y el capital.[113]

Una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, y ya con Juan Domingo Perón en el poder, la economía pegó un giro drástico. La inflación aumentó hasta casi 19% anual, la tasa de inflación más alta registrada en la historia del país. Se aplicó un modelo económico de sustitución de importaciones con el objetivo de incentivar el crecimiento y desarrollo de la industria nacional.

En 1952 el Gobierno peronista decidió saldar completamente la deuda externa. De esta manera, el país deudor de m$n 12 500 millones se convertía en acreedor por más de m$n 5000 millones. Con las divisas acumuladas durante la guerra se decide llevar a cabo la nacionalización de varios sectores considerados clave para el desarrollo del país: el Banco Central, los ferrocarriles, los puertos, etc. En un esfuerzo por limitar la dependencia del país del mercado internacional, medidas inducidas por el Gobierno como la nacionalización de la industria doméstica fue apuntada para alentar un desarrollo interno autónomo, a la vez que se ampliaba el mercado interno a través de políticas clásicas del Estado de Bienestar.[114]

Entre 1946 y 1948 se dio un fuerte impulso a la construcción de nuevos ramales y a la ampliación de la red ferroviaria, que llegó a contar en 1954 con más de 120 000 kilómetros.[115]​ la fundación de grandes empresas estatales como los Altos Hornos Zapla). Durante esta etapa se avanzó en el sector metalúrgico, como RyCSA (Rosatti y Cristofaro, que producía cosechadoras, acero, automóviles, entre otros), Siam Di Tella, que producía heladeras, sino además ventiladores, planchas, lavarropas y hasta máquinas de amasar y surtidores para YPF. El sector agropecuario se modernizó: a partir del desarrollo de la industria siderúrgica y petroquímica, se impulsó la tecnificación y la provisión de fertilizantes, plaguicidas y maquinarias, de forma que se hizo incrementar la producción y productividad agropecuaria.[116]

Durante el período peronista se dio un boom en el consumo: las ventas de cocinas aumentaron 106 %, la venta de heladeras 218 %, el calzado 133 %, los discos fonográficos 200 % y la venta de radios 600 %, alentados por los programas redistributivos del Gobierno y el crédito barato. Los préstamos al sector privado se triplicaron y las tasas de interés no superaban el 5 % anual, los préstamos a la agricultura se duplicaron y los préstamos a la industria se sextuplicaron.[117]

El aumento de inversiones públicas y extranjeras revitalizaron la economía, que creció en más de un cuarto en el período 1946-1948. Estos programas, entre otras cosas, ayudaron a erradicar las enfermedades tropicales en el norte y el problema recurrente con las langostas. Entre 1945 y 1948 la economía creció a un récord del 8.5 % anual, mientras que el salario real se acrecentó un 46 %.[118]

Durante este período la Argentina creció a tasas mayores del 5 % anual. A través del Primer Plan Quinquenal se llevaron a cabo un conjunto de importantes obras públicas, destinadas a modernizar la infraestructura del país, necesaria para el proceso de industrialización acelerado. Se construyeron centrales hidroeléctricas como el Dique Escaba (en la provincia de Tucumán), el Nihuil (en la provincia de Mendoza), Los Quiroga (en la provincia de Santiago del Estero) y seis diques con usinas en Córdoba, seis en Catamarca, cuatro en Río Negro y tres en Mendoza, la potencia instalada en centrales pasó de producir 45 000 kilovatios en 1943, a producir 350 000 kilovatios en 1952. También se construyó entre 1947 y 1949 una importante red de gasoductos que unió la ciudad patagónica de Comodoro Rivadavia con Buenos Aires. Con este gasoducto la distribución de gas aumentó de 0.3 millones de metros cúbicos diarios a 15 millones de metros cúbicos diarios, abaratando los costos en un tercio.[119]

La industria argentina se vio beneficiada por la imposibilidad de los países europeos de poder proveer sus productos al mercado mundial. Se exportaron manufacturas industriales en volúmenes considerables, principalmente a Latinoamérica y el Caribe. Algunas de las políticas que se tomaron en ese momento fueron los redescuentos, el Comité de Exportaciones y estímulo Industrial y Comercial, las Leyes de Promoción Industrial, la creación de la flota mercante del Estado, los créditos del Banco Industrial (1944) y la nacionalización del Banco Central (1946). Siguiendo teorías keynesianas, Perón quería instalar el Estado de bienestar, aumentando la seguridad social y mejorando la distribución del ingreso, aumentando el gasto y realizando inversiones simultáneas en diferentes sectores, como defensa, salud, educación y vivienda. La producción creció, el aumento en las exportaciones se volcó sobre la expansión del consumo.[120]

La metalúrgica y la de maquinarias eléctricas y no eléctricas, orientadas a ser industrias de base para el país. Las inversiones se orientaron hacia el aprovechamiento de las posibilidades que ofrecía un amplio mercado interno. Argentina llegó a tener durante este período la industria más fuerte, moderna y competitiva de América Latina.[121]​ Además de fundarse algunas poderosas empresas argentinas, como la Siam Di Tella Automotores.[122]​ Las ramas industriales privilegiadas en esta segunda etapa del proceso de sustitución de importaciones fueron la automotriz, la petrolera y petroquímica, la química.Uno de los objetivos de las políticas de industrialización por sustitución de importaciones era reducir la dependencia de los mercados externos, típica del antiguo modelo agroexportador. Con el fin de promover la industrialización acelerada del país, se alentó el ingreso del capital industrial extranjero.

En 1955, cuando la dictadura de Aramburu ―autodenominada «Revolución Libertadora»― derrocó a Perón, Argentina era un país acreedor y el Banco Central tenía 371 millones de dólares en reservas. En 1956, Aramburu tomó deuda externa por 700 millones de dólares, que no pudo pagar, dejando al país al borde del default.[123][124]​ Al finalizar la dictadura, Argentina se encontraba en default, y la deuda externa era de 1800 millones de dólares. El déficit fiscal que en 1957 era de 27 000 millones de pesos, en 1958 se elevó a 38 000 millones.[125]

Durante los años sesenta y setenta se llevó a cabo una política industrial desarrollista durante las presidencias de Frondizi e Illía. Durante estos años se profundizó en la política petrolera impulsada por Perón desde 1952.

En 1958 se firmaron contratos con empresas petroleras estadounidenses, que operarían por cuenta de YPF, con el propósito de lograr el autoabastecimiento de hidrocarburos. Por primera vez en la historia, el país logró el autoabastecimiento de petróleo, y pasó de ser importador a ser exportador de petróleo.[cita requerida]Hubo una inversión de 140 millones de dólares en industria petroquímica entre 1959 y 1961.[126]​ El gobierno de Frondizi coincidió con un período de intensas movilizaciones sociales y huelgas, que fueron reprimadas por las Fuerzas Armadas mediante un plan que llevó el nombre de CONINTES. También fueron intervenidos sindicatos y clausurados locales partidarios.[127]

El gobierno de Frondizi sufrió grandes presiones del poder militar, que le llegó a imponer los ministros de Economía liberales Álvaro Alsogaray y Roberto Alemann. Alsogaray, junto al general Thomas Larkin quien había sido contratado por el Banco Mundial, llevó adelante el denominado Plan Larkin, que consistía en abandonar el 32 % de las vías férreas existentes, despedir a 70 000 empleados ferroviarios, y reducir a chatarra todas las locomotoras a vapor, al igual que 70 000 vagones y 3000 coches. Manifestaciones y enfrentamientos se dieron por todo el país. Frondizi obligó a los trabajadores a presentarse compulsivamente al trabajo o quedar detenidos. El presidente Frondizi recurrió a la gendarmería y al ejército, dándole a los militares funciones de «policía interna», y sometiendo a los trabajadores ferroviarios al Código de Justicia Militar.[128]​ El golpe de Estado de 1962 concluyó con el gobierno de Frondizi, quien fue reemplazado por el presidente provisional del Senado, José María Guido.

El gobierno de Arturo Illia elaboró un Plan Nacional de Desarrollo para el quinquenio 1965-1969, la desocupación pasó de 8.8 % en 1963 al 5.2 % en 1966, se sancionaron las leyes de Salario Mínimo, Vital y Móvil, lo que redundó en una mejora en el ingreso de los trabajadores; y la Ley de Medicamentos, que abarató sus costos e impulsó la industria farmacéutica nacional, logrando el autoabastecimiento e incluso la exportación de medicamentos.[129]

Sin embargo, los planes de Illia fueron abortados tras un nuevo golpe de Estado, concretado el 28 de julio de 1966, que dio pie a una dictadura militar autodenominada «Revolución Argentina». El economista liberal Adalbert Krieger Vasena, revocó las medidas de nacionalización y control de capitales, y congeló los salarios y devaluó un 40 % la moneda nacional. Existieron sectores que se vieron perjudicados, como los sectores rurales y los empresarios nacionales, por la falta de protección y la desnacionalización. La tasa inflación continuó su marcha ascendente (según el índice de precios mayoristas de diciembre de cada año, las cifras indican que los precios aumentaron 3.9 % en 1968, 7.3 % en 1969, 26.8 % en 1970, 48.2 % en 1971 y 76 % en 1972).[130]​ Las provincias de Tucumán, Chaco y Misiones sufrieron enormemente al suprimirse las protecciones arancelarias (instaladas por el gobierno de Perón en 1955). Se aplicaron diferentes medidas económicas de corte liberal. Consecuentemente, el PIB cayó un 1.2 por ciento y aumentaron los precios mayoristas y minoristas. La producción agrícola disminuyó considerablemente, al igual que el sector industrial que sufrió una crisis. Disminuyeron las reservas, y aumentó la importación de combustibles en un 300 por ciento, enfatizando la dependencia extranjera de insumos.[131][132]​ El ministro de economía Krieger Vasena fue reemplazado por José María Dagnino Pastore. En 1970 en medio de una crisis económico-social, el dictador Onganía y su ministro fueron reemplazados, asumiendo el poder el dictador Roberto M. Levingston.

Entre 1973 y principios de 1976 sucede la etapa conocida como tercer peronismo, donde se suceden Héctor José Cámpora, Juan Domingo Perón y, tras su muerte, María Estela Martínez de Perón. La primera medida económica fue un acuerdo de precios y salarios conocido como Pacto Social, que sirvió inicialmente para disminuir la inflación y mejorar los salarios reales.[133]​ Para 1974 la inflación había caído a 30.2 %, casi la mitad del 79.6 % que había en 1972, en tanto el desempleo pasó del 6.1 al 2.5 %.[134]​ El crecimiento del PBI pasó del 3.5 % en 1969/72 al 6.1 % en 1973, y al 6.4 % en 1974. Tras la muerte de Perón en julio de 1974 se produce un drástico giro en la política económica con el nombramiento de Celestino Rodrigo como ministro de Economía, que conduce a una crisis conocida como Rodrigazo.

Las políticas económicas adoptadas desde el golpe de Estado cívico militar de 1976 por los gobiernos militares determinaron el declive de la actividad industrial,[cita requerida] una concentración progresiva de la riqueza e hicieron que la población perdiera el nivel de vida que había alcanzado a mediados del siglo XX.[cita requerida] La deuda externa nacional se elevó de 7875 millones de dólares a 45 087 millones de dólares desde finales de 1975 hasta 1983.[135]​ La relación entre la deuda externa y el PIB pasó a ser una de las más elevadas de América Latina donde los países ya cargaban con grandes deudas externas. Esto significó un serio obstáculo para las políticas de desarrollo. El Gobierno militar establece a Argentina como un país primario y financiero y no industrial. Las políticas que se aplicaron a partir de 1976 fueron la devaluación de la moneda, el congelamiento de los salarios y la liberalización de los precios.[136]

En 1978, el plan del ministro José Alfredo Martínez de Hoz mostró indicios de ser un fracaso en cuanto que la inflación anual llegó al 160 %, y el PIB descendió durante ese año cerca de un 3.2 %.[137]​ En 1979 la tasa de inflación llegó 139.7 % con una economía estancada. Además se generó una fuga del 25 % de los depósitos bancarios y los cuatro bancos más importantes del sistema fueron liquidados.[138]​ Durante su gestión, la deuda externa se multiplicó seis veces: desde 7000 millones de dólares a más de 40 000 millones de dólares.[139]

En el plano laboral, Martínez de Hoz decretó el congelamiento de salarios ―provocando una caída sin precedentes del nivel de vida de la población―, prohibió el derecho a huelga e intervino todos los sindicatos. El salario real, sobre una base 100 en 1970, había subido a 124 en 1975 (durante el Gobierno de Perón), pero en 1976, tras el golpe de Estado, en un solo año cayó a 79: fue el nivel más bajo desde los años treinta (según datos de la OIT, de 1988). Durante los dos primeros años de la dictadura cívico-militar, la participación del salario en el PIB se redujo del 43 al 25 %.[140]

Los años ochenta se consideran la «década perdida» para América Latina,[141]​ la Argentina creció a tasas magras.[141]​ En 1983, el país sostenía indicadores aceptables y según Orlando Ferreres, el desempleo rozaba el 4 %, menos del 10 % de la sociedad estaba bajo la línea de la pobreza y no existían indigentes. Sin embargo, el endeudamiento externo era un problema de importancia, con una deuda que había pasado de 7875 millones de dólares en 1975 a 45 087 millones de dólares en 1983,[142]​ a lo que se sumaba la crisis de la deuda latinoamericana que sucedía a nivel regional.

En 1985 se pone en marcha el Plan Austral, mediante el cual se creaba una nueva moneda y se congelaban los precios para disminuir la inflación. El Plan Austral funcionó bien al principio pero su efecto fue efímero.[143]​ Entre 1989 y 1990 se desató una hiperinflación del 5000% anual que elevó la pobreza momentáneamente hasta un inédito nivel del 47.3 % de la población del aglomerado Gran Buenos Aires.[144][145]​ Esta situación llevó a Alfonsín a adelantar las elecciones y entregar con seis meses de anticipación el cargo a Carlos Menem.

Las reformas económicas de los años noventa se basaron en la privatización de los servicios públicos y en la apertura de la economía. En 1991, el ministro de economía Domingo Cavallo recurrió a la paridad del peso con el dólar estadounidense (Ley de Convertibilidad) para hacer frente a la hiperinflación lo cual tuvo mucho éxito y también el país obtuvo un crecimiento notable.[146]​ El gasto público se duplicó en diez años, en especial a partir del año 1997 y el número de funcionarios públicos aumentó en un 40 % en ese mismo período.[147]

El PIB alcanzó los 330 000 millones de dólares en 1998, un incremento del 86.8 % respecto a 1990, lo que supone un 8.1 % anual de media.[148]​ El PIB per cápita nominal llegó a los 8300 dólares ese mismo año, el más alto durante los años noventa en América Latina.[149][150]

Durante la vigencia de la Ley de Convertibilidad de Domingo Cavallo, debido al crecimiento exponencial de la deuda pública y privada, en especial a partir de 1997 cuando cambió un poco el rumbo de la economía posterior a la renuncia de Cavallo.[151]​ el gasto público pasó de 46 351 millones de dólares (en 1991) a 82 842 millones de dólares (en 2001), un aumento del 79 %, produciendo un constante y creciente déficit fiscal. A pesar de que el presidente Carlos Saúl Menem vendió la mayor parte de las empresas públicas, la deuda pública externa pasó de $60 000 millones a $105 000 millones.[152]

En 1995, debido a la globalización, el efecto tequila provocó una retracción del PIB argentino del 0.9 %[148][153]​ y un aumento inédito de la desocupación hasta el 16.4 % en mayo de 1995.[154]​ Durante los años noventa Argentina mantuvo una desocupación estructural promedio de 11.8 % y en octubre de 2001 había un 18.3 % de desempleados.[155]

Este modelo económico produjo concentración económica en los sectores financiero, de servicios y agroexportador. La pobreza medida en el aglomerado Gran Buenos Aires osciló entre el 33.7 % en 1990, el 16.1 % en 1994 y el 26.7 % en 1999.[144]

Artículo principal: Crisis de diciembre de 2001 en Argentina

Los recurrentes problemas económicos llevaron en junio de 1998 al país a una recesión que se prolongó hasta el 2002. El punto más álgido estalló a finales de 2001 y provocó el fin de la Ley de Convertibilidad monetaria con importantes secuelas de crisis económica, política y social. Una corrida bancaria desestabilizó al sistema financiero y produjo la restricción a la extracción de dinero en efectivo, medida conocida como corralito. A fines de ese año el país declaró el default de la deuda externa y aplicó una devaluación del peso. La crisis llegó a un punto insostenible el 29 de noviembre de 2001, cuando los grandes inversionistas comenzaron a retirar sus depósitos monetarios de los bancos y, en consecuencia, el sistema bancario colapsó por la fuga de capitales y la decisión del Fondo Monetario Internacional de negarse a refinanciar la deuda y conceder un rescate. El riesgo país se elevó constantemente.

En noviembre de 2001 Domingo Cavallo junto a su equipo económico integrado por Patricia Bullrich, ministra de Trabajo, anunciaron severos ajustes. Se aprobó el aumento generalizado del IVA, un recorte del 13 % en haberes previsionales que afectaron a 533 401 jubilados, recortes del 13 % sobre el salario de empleados estatales, y se emitió deuda por valor de 3000 millones.[156][157]

Estas medidas enfriaron el consumo y conllevaron a una mayor caída de los niveles de empleo. El déficit fiscal se disparó a 4000 millones de dólares.[158]​ El desempleo pasó de 14.7 % en el año 2000 a 23 % a comienzos de 2001, niveles que marcaron un récord histórico en el país, superior incluso a los de la crisis de 1930.[159]​ Días después Argentina entró en default.[160]

Durante este período recesivo el PIB sufrió una pérdida acumulada del 19.5 %, registrándose el mayor descenso en el 2002 con una caída del 10.9 %. Una de las principales secuelas fue el aumento de la inequidad en la distribución de la riqueza en comparación con los demás países de América Latina. A nivel nacional la pobreza alcanzó al 57.5 % de la población, la indigencia al 27.5 % y la desocupación al 21.5 %,[161]​ todos niveles récord para el país.[162]

Luego de una semana en la que tres presidentes interinos sucedieron a De la Rúa, en enero de 2002 la Asamblea Legislativa eligió a Eduardo Duhalde como presidente. Duhalde designó a Jorge Remes Lenicov como su ministro de Economía, cuyas primeras medidas consistieron en una devaluación del peso y una pesificación asimétrica de depósitos y deudas. En abril de ese año, Roberto Lavagna sucede a Remes Lenicov y se mantiene en el cargo durante los primeros años de la presidencia de Néstor Kirchner.

En 2003 comienza un ciclo que continúa hasta 2015 formado por las presidencias de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner. La gestión económica de ambos gobiernos fue expansionista, aumentando el peso del estado en la economía mediante el aumento del gasto público asociado a seguridad social y la reestatización de empresas que habían sido privatizadas durante la gestión de Menem.

Con una «política de dólar alto», que permitiría producir bienes y servicios a precios competitivos en el mercado internacional, muchas industrias de Argentina habrían comenzado a reflorecer después de la crisis.[163]​ A mediados del año 2002 se comienzan a vislumbrar signos de recuperación económica[164]​ pero la crisis recién se vería superada en el tercer trimestre de 2005 cuando el PIB (en pesos y a precios constantes) superó el valor de 1998. Los indicadores como la pobreza y el desempleo, se redujeron en forma sustancial desde 2002, con valores de pobreza cercanos al 57.5 % y desempleo del 21.5 % en el momento más crítico de la crisis en 2002.[165]​ Sin embargo, se tardaría al menos hasta 2010 para recuperar el nivel de ingreso per cápita alcanzado en 1998.[166]

Entre 2003/2014 la industria se expande un 76,1%, mostrando hasta 2011 tasas promedio anuales de crecimiento industrial mayores al 8%.[167]​ En la industria, el comercio y los servicios se crearon unas 200 000 nuevas empresas.[168]​ Entre 2003 y 2013 la clase media se duplicó como porcentaje de la población total, lo que implicó un aumento en ese período de 9.3 millones a 18.6 millones de personas.[169]​ durante el mismo tiempo se crearon 6 millones de puestos de trabajo, alcanzando en 2013 una desocupación del 6.4 %, la más baja en 25 años.[170]

La crisis económica y sanitaria en Argentina iniciada en 2018 se refiere a una gran crisis económica, financiera y social iniciada el 25 de abril de 2018 durante la gestión del entonces presidente Mauricio Macri, que se encontraba en curso en diciembre de 2019, al momento de asumir la Presidencia de la Nación, Alberto Fernández. En marzo de 2020, se suma una crisis sanitaria debido a la pandemia del COVID-19, que impacta la salud, economía y condiciones sociales. Diferentes observadores [¿quién?] consideran que se tratan de dos crisis consecutivas: la crisis económica de 2018-2019, seguida de la crisis generada por la pandemia, iniciada en 2020.[178]

La crisis comenzó cuando los prestamistas internacionales decidieron no otorgar un nuevo financiamiento al gobierno argentino, dejándolo a las puertas del default, ocasionando una crisis cambiaria que devaluando el peso argentino frente al dólar estadounidense y llevó al gobierno a recurrir al Fondo Monetario Internacional. Esta situación tuvo efectos diversos, generalmente negativos, en la economía, en el que se encuentran el comienzo de varias intervenciones de reservas del BCRA al tipo de cambio para mantener estable a la moneda local hasta la actualidad, un programa de rescate financiero con el Fondo Monetario Internacional, la escalada de la prima de riesgo soberana, un aumento sustancial de la inflación, y, como consecuencia directa de este último, una caída de la economía, y el aumento de la pobreza y la desocupación.[179]​ En septiembre de 2019 el gobierno anunció restricciones temporal a la compra de dólares que duraría hasta diciembre de 2019 (lo que se conoce como «cepo»).[180]

La agricultura en Argentina es una de las bases de su economía. La producción de alimentos agropecuarios es, tradicionalmente, uno de los puntales de las exportaciones argentinas, principalmente la producción de granos (cereales y oleaginosas) y la cadena de la soja en conjunto (porotos, semillas, aceite, pellets alimenticios, harina y biodiésel), uno de los principales encadenamientos productivos del país.[186]​ Argentina es uno de los líderes en el mercado mundial de granos, aceites y subproductos.[187]

Es el primer productor mundial de yerba mate, es uno de los 5 mayores productores del mundo de soja, maíz, limones, pera y semilla de girasol, uno de los 10 mayores productores del mundo de uva, cebada, alcachofa, tabaco y algodón, y uno de los 15 mayores productores del mundo de trigo, caña de azúcar, sorgo y pomelo.[188]

En 2018, Argentina fue el tercer productor más grande de soja en el mundo, con 37 700 000 t (treinta y siete millones setecientas mil toneladas) producidas (solamente por detrás de Estados Unidos y Brasil); el cuarto mayor productor de maíz en el mundo, con 43 500 000 t (cuarenta y tres millones quinientas mil toneladas) producidas (solamente por detrás de Estados Unidos, China y Brasil); el duodécimo productor de trigo en el mundo, con 18 500 000 (dieciocho millones quinientas mil toneladas) producidas; el undécimo mayor productor mundial de sorgo, con 1 500 000 (un millón quinientas mil toneladas) producidas; el décimo productor más grande de uva en el mundo, con 1 900 000 (un millón novecientas mil toneladas) producidas; además de haber producido 19 000 000 t (diecinueve millones de toneladas) de caña de azúcar, principalmente en la provincia de Tucumán.[189]​ Argentina produce cerca de 2 000 000 t (dos millones de toneladas) de azúcar con la caña producida. En el mismo año, Argentina produjo 4 100 000 t (cuatro millones cien mil toneladas) de cebada, siendo uno de los 20 mayores productores de este cereal en el mundo.[190]​ El país también es uno de los mayores productores mundiales de semillas de girasol: en 2010, fue el tercer productor mundial, con 2 200 000 t (dos millones doscientas mil toneladas).[191]​ En 2018, Argentina también produjo 2 300 000 t (dos millones trescientas mil toneladas) de patata, casi 2 000 000 t (dos millones de toneladas) de limón, 1 300 000 t (un millón trescientas mil toneladas) de arroz, 1 000 000 t (un millón de toneladas) de naranja, 921 000 t (novecientas veintiún mil toneladas de maní, 813 000 t (ochocientas trece mil toneladas) de algodón, 707 000 t (setecientas siete mil toneladas) de cebolla, 656 000 t (seiscientas cincuenta y seis mil toneladas) de tomate, 565 000 t (quinientas sesenta y cinco mil toneladas) de pera, 510 000 t (quinientas diez mil toneladas) de manzana, 491 000 t (cuatrocientas noventa y un mil toneladas) de avena, 473 000 t (cuatrocientas setenta y tres mil toneladas) de frijoles, 431 000 t (cuatrocientas treinta y un mil toneladas) de mandarina, 302 000 t (trescientas dos mil toneladas) de yerba mate, 283 000 t (doscientas ochenta y tres mil toneladas) de zanahoria, 226 000 t (doscientas veintiséis mil toneladas) de melocotón, 194 000 t (ciento noventa y cuatro mil toneladas) de mandioca, 174 000 t (ciento setenta y cuatro mil toneladas) de aceitunas, 174 000 t (ciento setenta y cuatro mil toneladas) de plátano, 148 000 t (ciento cuarenta y ocho mil toneladas) de ajo, 114 000 t (ciento catorce mil toneladas) de pomelo, 110 000 t (ciento diez mil toneladas) de alcachofa, además de producciones menores de otros productos agrícolas.[192]

En ganadería, Argentina fue, en 2019, el 4.º productor mundial de carne de vacuno, con una producción de 3 millones de toneladas (solo por detrás de Estados Unidos, Brasil y China), el 4.º productor mundial de miel, el 10.º productor mundial de lana, el 13.er productor mundial de carne de pollo, el 23.er productor mundial de carne de cerdo, el 18.º mayor productor de leche de vaca y el 14.º productor mundial de huevo de gallina. [193]

Argentina es uno de los 10 productores de vino más grandes del mundo (fue el quinto productor más grande del mundo en 2018).[194]​ A lo largo de los años, la producción de vinos finos ha dado grandes saltos de calidad. Mendoza es la región vinícola más grande, seguida de San Juan. [195]

La agricultura y ganadería en Argentina son intensivas en capital y en 2018 el sector representaba el 6,14 % del PIB.[196]​ Hacia julio de 2016, el sector agrario empleaba, junto a la silvicultura, la caza y la pesca, a 337 196 personas,[197]​ sobre una fuerza laboral de 17,47 millones de personas, lo que representaba a menos del 2 % del total.[198]​ Al 2018, el 8,13 % de la población argentina vivía en áreas rurales, uno de los porcentajes más bajos del mundo.[199]​ El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca es la organización del gobierno nacional a cargo de la supervisión de la agricultura.

En el año 2002, el Censo Nacional Agropecuario realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos estimó que en las explotaciones agropecuarias residen 1 233 589 personas, siendo las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Misiones y Santa Fe las que concentran la mayor cantidad de establecimientos agropecuarios.[200]

Una parte sustancial de la producción agrícola se exporta sin manufacturación en forma de granos (soja, maíz, trigo y girasol), representando el 15% de las exportaciones totales.[201]​ El resto se destina como materia prima, principalmente a la industria de la alimentación. La soja se diferencia sustancialmente del resto de los productos agropecuarios por el hecho de que no se consume en el mercado interno y por lo tanto prácticamente la totalidad se exporta. Por el contrario, los cereales, lácteos y la carne vacuna constituyen la base de la dieta alimentaria de la población, razón por la cual una parte considerable se destina al consumo en el mercado interno.

Si bien Argentina se ha caracterizado lo largo de todo el siglo XX por ser uno de los principales exportadores de carne vacuna del mundo, a partir de 2009 comenzó una caída en las exportaciones cárnicas, motivadas en especial debido al tipo de cambio.[cita requerida] A partir de 2015, se comenzó a trabajar nuevamente para liderar el sector,[cita requerida] asimismo la carne argentina sigue siendo reconocida como la de mejor calidad en el mundo.[202]

Argentina es uno de los mayores productores lácteos a nivel mundial, la producción láctea de la Argentina se concentra en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa que conforman dos grandes cuencas lecheras: la “cuenca de abasto”, la cual produce mayoritariamente leche fresca para consumo, y la “cuenca de la industria” especializada en la elaboración de productos industriales tales como quesos y manteca. Hay más de 11.500 tambos con distintos sistemas de producción.[209]​La producción lechera en el país pasó de los 6600 millones de litros en 1992 a los 10 330 millones de litros en 1999. Continuando un crecimiento sostenido del orden del 5,03 % anual durante la década 2003-2013 llegando a los 14 311 millones de litros en 2014.[210][211]​ en 2015 creció la producción lechera un 3%.[212]​ En cambio, ya en el primer trimestre de 2016 el total producido cayó un 3 %, el primer trimestre de 2016. La combinación de fuerte devaluación y reducción de derechos de exportación a la soja y el maíz empeoró sensiblemente la ecuación de costos de los tamberos y su competitividad.[213]​ En 2016 se cerraron 460 tambos, la producción de leche en 2016 habría arrojado una caída del 11 % totalizando unos 10 100 millones de litros de leche.[214]​Argentina se encuentra entre los cinco mayores exportadores mundiales de trigo, con 20 millones de toneladas de saldo exportable.[215]

Argentina también destaca a nivel mundial por la producción de frutas y hortalizas, que constituyen un 3 % de las exportaciones totales. Tiene importantes centros de producción en los valles patagónicos, dedicados a la manzana y la pera, y en la región Noroeste productora de azúcar, cítricos y tabaco. En los últimos 20 años, la producción de azúcar registró un importante crecimiento, pasando de 1 500 000 t (un millón quinientas mil toneladas) anuales en promedio en la década de 1990, a 2 300 000 t (dos millones trescientas mil toneladas) en el período 2006-2010.[216]

El país es uno de los grandes países frutícolas del mundo, siendo el primer productor del hemisferio sur en frutas de pepita, de carozo y cítricos. Actualmente, exporta a todo el mundo más de 20 tipos de frutas y sus subproductos. El mayor crecimiento exportador se dio en los últimos 20 años: se cuadruplicó el volumen y se sextuplicó el valor exportado.[217]​ La Mesopotamia es también productora de cítricos, y la región de Cuyo, donde a su vez se destaca una considerable producción agroindustrial del olivo y la uva, es el primer productor de vinos de América Latina y el quinto productor del mundo, con 16 000 000 hL (dieciséis millones de hectolitros) por año.[218]​ Existen los oasis de las provincias de Mendoza y San Juan. Otros cultivos importantes son los melocotones y cítricos. Con una superficie de alrededor de 6000 km² (seis mil kilómetros cuadrados), la producción de fruta es de alrededor de 18 000 000 t (dieciocho millones de toneladas) anuales. En los últimos diez años, el país alcanzó un récord de producción y exportaciones en legumbres, peras, manzanas, algodón, tabaco, cítricos, miel, ajo, cebolla y uva de mesa. En el período 2003-2011, las ventas al exterior de las economías regionales aumentaron 212 %.[219]​ Las manzanas y las peras son las cosechas de frutas de carozo más importantes, producidos principalmente en los valles fluviales de Río Negro y Neuquén. En 2016 la producción de peras y manzanas fue la peor de los últimos 10 años y un 15,5 % menor al promedio de la última década. En materia de exportaciones, se comerciaron un 9,6 % menos de frutas en 2016. Alguna de las mermas más significativas de las economías regionales son las ventas de ciruelas de San Juan (−96,4 %), duraznos de Neuquén (−73,2 %), peras de Mendoza (−46,7 %) y manzanas de Río Negro (−18,2 %).

Argentina es el mayor productor mundial de limón, con el 22 % de la producción global, en 2012 se produjeron alrededor de 1 800 000 (un millón ochocientas mil toneladas), el doble que en 1990.[220]​ Es el mayor productor y exportador de uvas,[221]​ el mayor productor y exportador mundial de peras, concentrando el 40 % de la producción del hemisferio sur,[222]​ el mayor exportador y segundo productor mundial de miel, concentrando un cuarto de las exportaciones mundiales de dicho producto,[223]​ y el cuarto exportador de vinos.[224]​ también es el mayor productor sudamericano de trufas negras.[225][226]

Además es el primer productor de ciruela del hemisferio sur.[227]​ El país exportó, en 2012, 817 090 t (ochocientas diecisiete mil noventa toneladas) de hortalizas y legumbres, como ajo, cebolla, garbanzos, papas, lentejas, calabaza, entre otras, teniendo como destino a más de 89 países.[228]

En la primera década del siglo XXI, el área sembrada con kiwis, bananas y mangos en la Argentina tuvo un gran crecimiento con el apoyo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Su superficie se duplicó en 10 años (2005-2015): entre ananá, papaya, palta, banana y mango, el total de producción en esas regiones es de 115 350 t (ciento quince mil trescientas cincuenta toneladas), con el requerimiento de una importante mano de obra durante todo el año por el volumen de crecimiento registrado.[229]​ Sin embargo, en el año 2017 la producción anual de bananas en Argentina fue la menor en 40 años.[230]

Argentina es el mayor productor mundial de yerba mate, con alrededor de 700 000 t (setecientas mil toneladas) al año (entre 56 y 62 % de la producción mundial), seguida de Brasil, con unas 500 000 t (quinientas mil toneladas) al año (entre 34 y 36 % de la producción mundial), y de Paraguay, con 50 000 t (cincuenta mil toneladas) al año (un 5 % de la producción mundial).[231][232][233][234][235]

En la actualidad, el petróleo en Argentina, junto con el gas natural y los productos petroquímicos, son el segundo mayor producto de exportación, responsables de un 20 % del total, de las cuales solo el 4,6% se exporta en bruto, sin industrialización. Argentina posee una considerable riqueza petrolera y gasífera, que le permite organizar una cadena de producción petroquímica que, junto a la cadena de la soja y la industria metal-mecánica, constituye la base de la economía nacional.

Los principales yacimientos se encuentran en la provincia del Neuquén, el golfo de San Jorge y la provincia de Salta. La provincia del Neuquén concentra cerca de la mitad de toda la producción de hidrocarburos. Una red de oleoductos y gasoductos transporta los productos a Bahía Blanca, donde se encuentra el principal polo petroquímico y a la conurbación industrial que se extiende entre Rosario y La Plata y que tiene como núcleo principal el Gran Buenos Aires.

Argentina posee la tercera reserva de gas más grande del planeta.[236]​ Según estimaciones del Departamento de Energía de los Estados Unidos, la Argentina ocupa el cuarto puesto mundial en reservas de petróleo no convencional y el segundo en gas pizarra. El país cuenta con reservas por 27 000 millones de barriles de petróleo no convencional.[237]

En la última década se produjo un proceso de renacionalzación del negocio de hidrocarburos. En 2012, se produce la estatización de YPF, la más importante empresa de hidrocarburos del país, en 2013 el grupo argentino Bridas compró los negocios de la estadounidense ExxonMobil en la Argentina, Paraguay y Uruguay, incluyendo 530 bocas de expendio en Argentina.[238]​ En 2015 la argentina Pampa Energía oficializó compra de Petrobras Argentina por u$s 892 millones y alrededor de 100 estaciones de servicio.[239][240]

Hacia el año 2015 YPF alcanzó un 62.5 % de participación de mercado argentino de naftas premium y 55.7 % de nafta súper.[241][242]​ Durante el primer cuatrimestre de 2016 YPF mostró una caída en sus ganancias operativas del 63.8 por ciento.[243]​ En el primer semestre de 2017 la producción de petróleo y gas en Argentina fue el peor en 25 años y estuvo apenas por encima de 1981, retrocediendo su nivel de producción 36 años.[244]

Se han perforado 260 pozos en la zona de recursos no convencionales de Vaca Muerta, con una inversión de 3000 millones de dólares, para este emprendimiento se ha asociado YPF a empresas como Chevron, Dow Chemical y Petrobras. YPF aumentó su producción en un 5,6 % en 2014 con respecto a la producción de 2011, mientras que la producción de gas se elevó al 31 % para el mismo periodo. Para ello se adquirieron el triple de equipos de perforación, pasado de 25 que había en 2011 a 75 para 2014.[245]

La extracción de crudo disminuyó en un 1,44 % durante 2014, según datos de la Secretaría de Energía. No obstante si se pone el foco en la producción por provincias, Chubut es la mayor productora, con un incremento de un 2,8 %, pero en Santa Cruz hubo un retroceso del 3,18 %. La producción de la provincia de Neuquén creció un 2,24 % gracias a los recursos no convencionales. En Mendoza la extracción de crudo también bajo en un 3,7 %. Las cuatro provincias citadas anteriormente representan poco más de ocho de cada diez metros cúbicos que se extraen. YPF fue la empresa que experimentó un mayor crecimiento en producción de hidrocarburos, con un alza del 8,85 % (gracias también a la adquisición de activos de Petrobras), mientras que Pan American Energy que explota en Cerro Dragón, provincia de Chubut registró un aumento del 2,69 %, mientras que Pluspetrol y Sinopec registraron bajas del 4,7 % y 15 %.[246]

Para 2018, la extracción de crudo disminuyó un 8,1% con respecto al 2014. No obstante creció un 2,1% con respecto al año pasado, siendo el primer año de crecimiento desde más de una década. En Gas Natural, la extracción superó la de 2014 en 13,5% (y en un 5,3% la del año anterior). El incremento en los montos extraídos, se explica fundamentalmente por el desarrollo de Vaca Muerta y la incorporación de nuevos yacimientos en la Cuenca Austral y fueron el resultado de la aplicación de importantes incentivos por parte del Estado Nacional.

La producción de petróleo de Argentina en 2017 fue de 580 000 barriles por día,[247]​ cayendo a 469 000 barriles por día en 2020 por falta de inversiones. La producción de gas natural también cayó entre 2015 y 2020, a poco menos de 798 000 barriles de petróleo equivalente en 2020. Después de casi veinte años como exportador de energía, una combinación de producción de petróleo en caída y consumo de energía en aumento ha significado que Argentina se convirtió en un importador de energía en 2011. Aunque Vaca Muerta tiene cerca de 16 000 000 de barriles de petróleo de esquisto técnicamente recuperable y es el segundo depósito más grande de gas natural de esquisto en el mundo, el país carece de la capacidad para explorar el depósito: se necesitan capital, tecnología y conocimientos que solo pueden provenir de las empresas energéticas offshore, que ven a la Argentina y sus erráticas políticas económicas con considerable recelo, sin querer invertir en el país.[248]

En 2017, Argentina fue el 18º mayor productor mundial (y el mayor productor de América Latina) de gas natural.[250]​ En 2020, el país fue el 28º productor de petróleo más grande del mundo, extrayendo 440,300 barriles / día.[251]

En energías renovables, en 2020, Argentina fue el 27º mayor productor de energía eólica del mundo, con 2,6 GW de potencia instalada, y el 42º mayor productor de energía solar del mundo, con 0,7 GW de potencia instalada. [252]

La minería en Argentina se beneficia de características geológicas que favorecen la explotación minera. La parte argentina de la Cordillera de los Andes media y austral ―unos 3500 km de norte a sur, aproximadamente la mitad de la longitud total de la cadena montañosa― que constituye su límite occidental, el ensanchamiento montañoso de la zona de la precordillera en las provincias de Mendoza, San Juan, La Rioja y Catamarca, los valles longitudinales entre ambas formaciones y los valles transversales, escasos en otros sectores del macizo andino, poseen un notable potencial para el desarrollo de la minería, en gran parte aún sin explotar.[253]​ La minería ha sido una actividad tradicionalmente poco importante en Argentina, pero hacia finales del siglo XX el sector de la minería a gran escala empezó a experimentar un fuerte desarrollo, sobre todo en el caso de la minería metalífera, que ha impulsado la apertura de nuevas minas y la continuidad de las explotaciones ya existentes, a veces con oposición social por el costo ambiental de las actividades extractivas.[254]

En minería, en 2019, Argentina fue el cuarto productor mundial de litio[255]​, el noveno productor mundial de plata[256]​, el decimoséptimo productor mundial de oro[257]​ y el séptimo productor mundial de boro. [258]

Históricamente la minería era escasa, pero se ha activado en la última década, fundamentalmente sobre minerales metalíferos: oro, plata, zinc, manganeso, uranio, cobre y azufre. Los recursos mineros se concentran en las provincias cordilleranas a lo largo de 4500 km. Las exportaciones argentinas de minerales pasaron de 200 millones de dólares en 1996 a 1200 millones en 2004, algo más del 3 % del total.[259]

La megaminería cuenta con la activa promoción de varios sectores, incluso en algunos casos las máximas autoridades de algunas provincias. Sin embargo, continúa en debate el tema de su sostenibilidad o sustentabilidad,[260]​ la cual, si se considera una de las primeras definiciones del concepto es «el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras, para satisfacer sus propias necesidades».[261][262]

Entre 2007 y 2012, la IED (inversión extranjera directa) orientada a la minería creció a una tasa anual del 47 %. En 2003, la minería generaba 79 000 puestos de trabajo ―directos e indirectos―, contra los 505 000 de 2013. En el caso de las exportaciones de minerales, que en 2003 equivalieron a 2900 millones de pesos, en 2013 crecieron a 23 059 millones. Entre 2003 y 2013, los proyectos de inversión en ejecución pasaron de 18 que había en 2003 a 614 en 2013, mientras que la producción de minerales que se multiplicó por diez.[263][264]​ Desde 2014 el país produce 1 000 000 de toneladas anuales de mineral crudo, y 400 000 de hierro concentrado, de las cuales exporta 50 000 toneladas a Estados Unidos.[265]

El yacimiento Aguilar (en la provincia de Jujuy) es la mayor concentración de minerales de plomo y cinc de Sudamérica, y Bajo de la Alumbrera (en la provincia de Catamarca) es uno de los yacimientos para la extracción más grandes de oro y cobre en América Latina, siendo la Argentina el cuarto productor mundial de litio,[266]​ el decimotercer mayor productor de oro,[267]​ el décimo de plata.[268]

El mar Argentino está ubicado sobre una extensa plataforma submarina, muy rica en recursos pesqueros, que alcanza un ancho de 550 km a los 52° de latitud Sur y 1890 000 km². Sin embargo, la pesca ha sido una producción marginal y debido a la crisis poblacional de la merluza (principal producto pesquero argentino) provocada por la excesiva pesca durante los años 1990, la participación del sector en las exportaciones totales se ha reducido de un 3% a un 2%.[273]​ La industria pesquera junto con la pesca aumentó sus ventas al exterior en los últimos años, arrojando en 2012 un saldo positivo de casi 1500 millones de dólares, un 70 % más que en 2003.[274]​ Durante 2013 se exportaron 133 000 toneladas de calamares, generando ingresos por 1500 millones de dólares incrementándose un 92 % en comparación con la temporada 2012, en la que se registraron 69 000 toneladas exportadas, logrando un récord histórico. Ese año la exportación pesquera subió un 17 %.[275]​ para el año 2014 las exportaciones crecieron fuertemente hasta los 1600 millones de dólares.[276]

El país también exporta importantes cantidades de merluza y langostinos. Durante el año 2013 se enviaron al exterior 72 840 toneladas de merluza común por 177.9 millones de dólares; 44 000 toneladas de langostinos por 283.1 millones; entre otros recursos pesqueros.[277]​ En cuanto a los mariscos, se exportaron 3223 toneladas de vieira y 1215 toneladas de centolla.[278]

la industria de la construcción aporta el 6,7% del PIB (2007) y ha sido la principal impulsora de la recuperación del empleo después de 2002, ocupando un 9,5% del total de la fuerza de trabajo en 2007.[283][284]​ Según diversos analistas, la década entre 2003 y 2013 en el sector de la construcción y el desarrollo inmobiliario en la Argentina fue uno de los mejores períodos en los últimos 50 años. En el año 2002 la construcción contaba con 70 000 obreros registrados y creció hasta los 380 000 de 2013.[285]

El Banco Mundial enumera los principales países productores cada año, basándose en el valor total de la producción. Según la lista de 2019, Argentina tiene la 31a industria más valiosa del mundo (57.700 millones de dólares), detrás de México, Brasil y Venezuela, pero por delante de Colombia, Perú y Chile. [287]

En 2019, Argentina fue el 31º productor mundial de acero, el 28º productor de vehículos, el 22º productor mundial de cerveza, el 4º productor mundial de aceite de soja y el 3º productor mundial de aceite de girasol, entre otros productos industriales. [288][289][290][291]

La industria manufacturera argentina es el sector que más valor aporta al PIB, con un 23 % del total en 2005, aunque su participación se redujo de un 17,5% en 2007 a un 15% en 2019.[283]​ El sector industrial manufacturero también es uno de los sectores principales de generación de empleo (junto con el comercio y el sector público), con 13% en 2007.[284]​ Hacia 2017 la actividad industrial representaba el 25,6% del PBI y generaba 22,4% del trabajo registrado, conformada por más de 115.000 establecimientos industriales que generaban 1.38 millones puestos de trabajo formales.[292]

En la industria argentina se distinguen dos grandes sectores, de tamaño similar, que aportan cada una, aproximadamente un tercio de las exportaciones totales:[293]​ la agroindustria, denominada manufactura de origen agropecuario (MOA) y la industria de origen no agrario, denominada manufactura de origen industrial (MOI)

Entre las industrias de manufacturas de origen agropecuario se destaca la industria aceitera, integrante de la cadena de la soja, la de mayor crecimiento en las últimas dos décadas, concentrando el 31,8% del total del sector alimentos y el 20% de las exportaciones totales del país. Luego le siguen la de la carne (11,1%), la de la leche (7,7%), la del café y chocolate (7,5%), la del vino y otras bebidas alcohólicas (5,7%), la del pan, pastas y galletas (4,5%), la de la harina de trigo (4,5%), la de la cerveza (4,1%), etc.[294]

Las principales ramas de las industrias de origen no agropecuario, son la fabricación de automotores que aporta el 8,7% de las exportaciones, química (5,6%) y metalúrgica (5,3%), maquinaria (3,4%) y plásticos (2,6%) (porcentajes correspondientes a 2006).[295]​ También son importantes las industrias del papel, de las piedras preciosas, caucho y textiles.

A partir de 2003 la industria ha tenido un proceso de revitalización competitiva, movido principalmente por la política económica de dólar alto. Aunque la actividad industrial está mayormente orientada a sustituir importaciones, la industria de los automotores aporta el 7 % de las exportaciones, mientras que el sector siderúrgico aporta el 3 % del total. Otros sectores industriales importantes son el textil y calzado, alimentario, químico, papelero, maderero y cementero. En el caso particular del sector industrial alimentario, en los últimos años se han desarrollado, en muchas provincias, economías de tipo agroindustrial, mediante la creación de industrias de procesado y envasado, sobre todo de productos frutícolas, hortícolas, lácteos,[296]vitivinícolas y cárnicos. La producción local de línea blanca creció fuertemente desde el 2003 a 2013, la producción de heladeras creció un 402 % y la de lavarropas y la de cocinas un 201 % cada una.[297][298]

Históricamente el país tuvo importantes sectores industriales como la industria naval relacionada con la Flota Mercante de Argentina,[299]​ que se redujo considerablemente a partir de los años noventa a raíz del proceso de privatizaciones[300]​ y que en la actualidad se ha recuperado.[300]

El Gran Buenos Aires es el área industrial más importante del país, donde se concentra la mayor parte de la actividad fabril de la Argentina. Otros centros industriales importantes se ubican en Córdoba, Rosario, Tucumán y Mendoza, San Luis, Santa Fe y Tierra del Fuego, muchos de ellos fomentados para descentralizar la industria. Entre 2009 y 2013, en Tierra del Fuego la producción de aires acondicionados creció de 0.57 a 1.5 millones; la de hornos microondas de 0.23 a 0.67 millones; la de televisores de 1.2 a 3 millones y la de celulares, de 0.4 a 14 millones.[301]​ En línea blanca, Argentina marcó récords de producción, con aproximadamente 1.1 millones de lavarropas, 1.1 millones de heladeras y frízeres, y 0.6 millones de cocinas.[302]

El período 2003-2012 se destaca por el avance de la producción de vehículos, de minerales no metálicos, de los insumos de la construcción, y de metalmecánica, la industria automotriz en la última década creció en promedio un 17 % anual. La producción metalmecánica tuvo un incremento del 7.5 % entre 2003 y 2012. En el caso del rubro textil, creció 3.8 % anual en los últimos años. Otros rubros que mejoraron en última década fueron la producción de papel y cartón, que pasó de un crecimiento anual promedio del  %; la de caucho y plástico 5.2 %; y la de edición e impresión al 6 %.[303]

En lo que respecta al sector industrial, cabe señalar que durante el período comprendido entre los años 2003 y 2013, la Argentina ha experimentado una tendencia opuesta al resto de la región en relación a la participación del PIB Industrial sobre el PIB Total. Mientras que para el conjunto de América Latina y el Caribe y para Brasil, la participación del PIB industrial ha disminuido a lo largo del período, en la Argentina se ha incrementado.[304]

También hubo un fuerte crecimiento en la producción de electrodomésticos, se espera que en 2013 una producción de 1 056 000 lavarropas automáticos, y unos 380 000 semiautomáticos, lo que marca un nuevo récord histórico.[305]

La producción de automóviles se incrementó desde los 169 621 vehículos fabricados en 2003 al récord histórico de 828 771 unidades solo en 2011, lo que representó un crecimiento del 388 %, y que se ajusta al 350 % de incremento a lo largo de los últimos diez años. La industria automotriz es el segundo sector industrial más relevante en términos de IED (inversión extranjera directa). En el período 2008-2013 se registraron inversiones por 16 900 millones de pesos en empresas automotrices, orientados a la producción de nuevos modelos, ampliación de plantas, desarrollo de proveedores y capacitación.[306]​ El sector automotriz experimentó durante la década 2003-2013 un crecimiento exponencial de producción de casi el 400 %.[307]

Desde el 2003 se duplicó el PIB industrial, al registrar un aumento del 105 %, con una fuerte suba de la productividad laboral. Se logró además un crecimiento diversificado, en especial en sectores de alto valor agregado: el sector automotor creció en este período un 409 %; el de minerales no metálicos un 177 %; la metalmecánica un 175 %; el textil, 158 %; el de caucho y plástico 102 %.[308]

Desde el año 2003, hasta el 2013, se registró un crecimiento de las exportaciones industriales del 274 %; incrementándose la participación de los productos de mediana y alta tecnología en las exportaciones: en el 2003 la participación fue del 17.4 %, y en el 2013 alcanzó el 25.3 %.[309]

En 2015, Argentina se consolidó como el quinto exportador mundial de camiones. Las exportaciones de camiones aumentaron un 18 % por encima del mismo período de 2014, superando así a grandes productores mundiales como China, Brasil, Canadá y Rusia.[310]

En los últimos años se ha dado un importante desarrollo en la industria electrónica, electromecánica y luminotécnica, el 70 % de las empresas de este sector son exportadoras. Se espera que en 2013 exporte 700 millones de dólares, a más de 60 países, entre ellos Alemania, Austria, Estados Unidos, India, Italia y Sudáfrica, entre otros.[311]​ Desde el año 2013 se producen chips en el país, con una capacidad de producción de 1150 millones de semiconductores al año. La inversión para realizar este tipo de producción en el país fue de 1200 millones de dólares.[312]​ A través de la sociedad del Estado INVAP, el país exporta sistemas de reactores nucleares y tecnología para el sector aeroespacial (especialmente mediante el diseño, construcción y operación de satélites).[313]

La industria del software produce 3700 millones de dólares y exporta por 900 millones, lo que posiciona a la Argentina como líder en Latinoamérica en esa industria. Entre 2003 y 2012, las políticas permitieron al sector del software constituirse en uno de los que más creció: las ventas se incrementaron un 313 %, las exportaciones un 414 % y el empleo 266 %. Cuenta con más de 4000 empresas, de las cuales solo el 2 % son extranjeras.[314]

Argentina ocupa el segundo puesto a nivel mundial en el ranking de crecimiento de exportaciones de servicios informáticos, las exportaciones de ese rubro crecieron 40 % entre 2005 y 2011, Argentina se encuentra al tope del ranking de países con más rápido crecimiento en el sector de servicios tecnológicos. En 2011, el país exportó servicios informáticos por 1786 millones de dólares, por encima de Malasia (1770 millones) y Rusia (1666 millones).[315]

Argentina es el único país del continente americano ―junto con Estados Unidos― que produce y exporta satélites.[316]​ Además produce chips de alta tecnología[317]​ y es ―junto con Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Rusia― uno de los productores mundiales de turbinas aeronáuticas, que exporta a México y a Estados Unidos.[318]

En el ámbito de la tecnología nuclear, a través del INVAP el país ha diseñado y exportado reactores nucleares para Australia, Perú, Argelia, Egipto y Emiratos Árabes Unidos.[319][320][321]​ INVAP es la única empresa en Latinoamérica reconocida por la NASA (de Estados Unidos) como apta para realizar sistemas satelitales completos, desde su diseño y construcción hasta su operación.[322]​ También es la primera y única empresa en Latinoamérica en desarrollar radares para el control del tránsito aéreo.[323]

Desde 2003 la industria farmacéutica argentina incrementó la producción más del 273 % y las ventas al exterior crecieron 193 % sus principales mercados son Brasil, Colombia y Uruguay. Solo en 2012 las exportaciones de medicamentos hacia América Latina crecieron 53 %[324]​ Argentina hizo grandes avances en los últimos años en materia científica a partir de investigaciones llevadas adelante por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en convenios con empresas del país y extranjeras y con el apoyo económico del Estado.[325][326]

Alrededor de 178 empresas de biotecnología instaladas en el país ―el 90 % de ellas de capitales nacionales― exportan anualmente 300 millones de dólares en producción de semillas, medicamentos, fertilización humana asistida y reproducción animal, campos en los que Argentina tiene una tradición en el tema y es líder en la región.[327]​ Argentina posee el 19 % de las startups tecnológicas latinoamericanas, siendo el segundo país latinoamericano, tras Brasil, con mayor cantidad de empresas de alta tecnología, por delante de México y posee cuatro de las 9 mayores empresas de star up latinas Despegar.com, Globant, MercadoLibre y OLX.[328]

Argentina es, con 6 759 000 turistas en 2017 según la Organización Mundial del Turismo, el país más visitado de Sudamérica y el segundo más visitado de toda América Latina después de México,[330]​ siendo superados en América también por Estados Unidos (82,9 millones) y Canadá (27,3 millones).[331]

Dotada de un inmenso territorio con grandes atracciones turísticas, una variedad de climas enorme, maravillas naturales, cultura, costumbres y gastronomías famosas a nivel internacional, un grado de desarrollo muy alto, buena calidad de vida y una infraestructura bien preparada, la Argentina es receptora de masivas cantidades de viajeros. El país presenta toda la gama de climas posibles: templado, cálido seco, cálido húmedo, frío seco, frío húmedo, semiárido, estepario, subantártico, subtropical, frío de montaña y una enorme variedad de microclimas.[332]​ El territorio argentino se extiende desde las más elevadas cumbres de los Andes en el oeste hacia los grandes ríos y las extensas playas y acantilados del Mar argentino en el este, desde la selva tropical de las yungas al norte hasta los valles, glaciares, lagos y bosques fríos de la Patagonia Andina en el sur hasta la Antártida. Las gigantescas distancias exigen en la mayoría de los casos viajes en avión.

La valuación de la moneda local tras la devaluación de 2002 favoreció el arribo de grandes cantidades de turistas extranjeros,[333]​ haciendo al país comercialmente más accesible que en la década de 1990.[333]​ Al encarecerse los costos para viajar al exterior, muchos argentinos también se volcaron al turismo nacional.[333]​ El repunte del sector es muy notorio: los ingresos por turismo receptivo ocupan el tercer lugar en el ranking de entrada de divisas como equivalente de exportaciones. En 2006, el sector representó el 7,41 % del PIB,[334]​ aunque hay que tener en cuenta que la salida de residentes argentinos con fines turísticos supera las entradas y equivale a un 12 % del PBI.[335]​ En 2010, el país recibió unos 4930 millones de dólares de ingreso de divisas.[336]​ Los extranjeros reconocen a la Argentina como una zona libre de conflictos armados, terrorismo o crisis sanitarias.[337]​ Los turistas extranjeros provienen principalmente de Brasil, Chile, Perú, Colombia, México, Bolivia, Ecuador, Puerto Rico, Uruguay, Costa Rica, Venezuela y Paraguay de entre los países latinoamericanos; los países europeos de España, Italia, Francia, Países Bajos, Alemania, Irlanda, Portugal, Reino Unido, Bélgica y Suiza; y de Estados Unidos, Canadá y China[338]​ de los países del resto del mundo.

El crecimiento del turismo fue muy importante en los últimos años, la llegada de turistas extranjeros se duplicó entre 2003 y 2011. En 2011 Argentina se destacó como el país con mayor crecimiento del turismo a nivel mundial.[339][340]​ Como consecuencia, los ingresos en dólares registraron un aumento cercano a 270 %. En 2012 ingresaron al país 5211 millones de dólares gracias al turismo.[341]​ Mientras que el turismo interno movilizó a más de 25.6 millones de viajeros, generando ingresos por 35 228 millones de pesos en las economías regionales.[342]

La capital del país, Buenos Aires, es la ciudad más visitada de América del Sur.[343]​ El país posee también una de las siete nuevas maravillas del mundo (las Cataratas del Iguazú).[344]​ Otros destinos principales son Salta, el glaciar Perito Moreno, San Carlos de Bariloche, Ushuaia, las Sierras de Córdoba, el Valle de la Luna, la Costa Atlántica y península Valdés, entre otros.

Argentina cuenta con una importante variedad de sitios montañosos, en varios de ellos se practica el montañismo y otros basan su atractivo turístico en el contacto con la nieve o en sus paisajes característicos. Los principales se encuentran en el oeste del país, en la Cordillera de los Andes, aunque también hay formaciones montañosas en las Sierras de Córdoba. Entre los sitios utilizados para el alpinismo se encuentra el cerro Aconcagua, la montaña más alta de América. Los parajes turísticos más importantes por su nieve son Bariloche y Las Leñas. Una formación conocida internacionalmente es la Quebrada de Humahuaca. El Tren a las Nubes es uno de los tres ferrocarriles más altos del mundo. Parte desde la provincia de Salta, y cruza la Quebrada del Toro pasando por Tastil ―considerada como uno de los principales centros urbanos prehispánicos de Sudamérica― donde se hallan ruinas arqueológicas.

En los últimos años ha tenido importancia la implementación del turismo enólogo, un turismo temático basado en la vitivinicultura con la iniciativa de la denominadas «Rutas del Vino» en las provincias de San Juan y Mendoza así como en los Valles Calchaquíes salteños, turismo que atrae numerosos turistas extranjeros para degustar los vinos argentinos.[345]

El turismo invernal tiene su máximo exponente en la región de los Lagos, ubicada al pie de la Cordillera de los Andes en las Provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego Antártida e Islas del Atlántico Sur; además de la práctica de deportes de montaña, la zona tiene como atractivos lagos de origen glaciar y Parques Nacionales rodeados de frondosa vegetación. En el centro de la misma, la ciudad de San Carlos de Bariloche a orillas del lago Nahuel Huapi y a pocos kilómetros del cerro Catedral, se posiciona como el principal centro invernal de Sudamérica, atrayendo a la mayor parte del turismo tanto nacional como extranjero.[346]

Durante los años noventa el sistema financiero argentino se fue consolidando y reforzando. Los depósitos crecieron fuertemente, pero durante la recesión económica y financiera de 2001, con la implementación del corralito y la devaluación asimétrica de préstamos y depósitos, muchos bancos técnicamente llegaron a la bancarrota.

A partir del crecimiento económico iniciado en 2003 los depósitos pasaron de $ 114 462 millones en diciembre de 2004 a $ 169 729 en diciembre de 2006, lo que implica un crecimiento de más del 48 %.[348]​ Durante 2007, el patrimonio neto del sistema mostró un alza de 3000 millones de pesos, mejorando la solvencia y solidez del sistema bancario argentino. La plaza financiera argentina es de las más desarrolladas de la región, y uno de las más avanzadas en gestión de activos y mercado bursátil[349]

Durante 2012, los depósitos en pesos aumentaron del 39.1 %, mientras que los créditos en esa moneda aumentaron en un 41.8 % interanual.[350]​ En 2013 los depósitos en pesos alcanzaron los $618 617 millones (aproximadamente 117 000 millones de dólares estadounidenses).[351]​ Durante 2013, el sistema financiero reforzó su solidez al acumular ganancias superiores a 26 000 millones de pesos, un 34 % más que el año anterior.[352]​ Durante los últimos años, los bancos mostraron un incremento sostenido en sus resultados netos, pasando de 4746 millones de pesos en 2008 a 29 169 millones en 2013, mostrando una de las rentabilidades más altas de Latinoamérica.[353][354]

En 2013, el índice Merval alcanzó su récord histórico,[355]​ y se consolidó como la segunda plaza bursátil de mejor desempeño en todo el mundo.[356]​ En 2014 se consolidó nuevamente como la Bolsa más rentable del mundo.[357]

Desde el punto de vista internacional, Argentina es uno de los países emergentes con mayor crecimiento en la última década.[361]​ Luego de la crisis de 2001, se mantiene destacada en Latinoamérica y se sitúa de nuevo entre las grandes promesas a nivel global. Según su tamaño, la economía de Argentina se sitúa como la tercera economía de América Latina. Fuera del ámbito continental, Argentina, Brasil y México son los únicos países de la región que forman parte del Grupo de los 20 (países industrializados y emergentes).

Argentina figura en el puesto 21.º de los países con mayor PIB, así como en el puesto 48.º en los países con mayor renta per cápita según el Banco Mundial. A nivel social, resultan sobresalientes los parámetros referidos su tasa de natalidad (2 niños por mujer) con una clara tendencia a la baja (lo que puede redundar en un estancamiento demográfico a corto plazo) y la penetración de Internet (79.4 % de la población)[362]​ es comparable con otros países industrializados del hemisferio norte. Además, según el Foro Económico Mundial, es actualmente el 37.º país con lo que respecta al Índice de Competitividad Global.[363]​ En la siguiente tabla se muestra el contexto socioeconómico de Argentina según datos del Banco Mundial, el Foro Económico Mundial y el CIA World Factbook. Según un estudio realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Belgrano, para mediados de 2017 Argentina se había convertido en uno de los países con mayor índice de pobreza de América Latina.[364]

Las exportaciones de Argentina son tradicionalmente de tipo agrícola. Hacia finales de 2015, alrededor de 100 firmas concentraban el 75% del total de las exportaciones. En ese ranking, de las 25 principales, doce se dedican a granos, oleaginosas y sus derivados; seis son automotrices; dos venden al exterior petróleo y gas; dos son mineras; otro par, siderurgia y aluminio; y una, alimentos. Ocho están vinculadas con bienes industriales de mediano-bajo contenido tecnológico: seis firmas fabrican autos; una, tubos de acero y otra, aluminio.[407]​ En 2018, las mayores exportaciones correspondieron a subproductos de elaboración del aceite de soja y maíz. El tercer lugar lo ocupó la exportación de vehículos de transporte de menos de 5 toneladas.[408]

Los destinos más importantes son el Mercosur, la Unión Europea y el NAFTA, aunque como resultado de una mayor inserción del país en el mercado mundial se incrementó el intercambio comercial con China, Rusia o la India, entre otros.

Entre 2003 y 2015, Argentina se transformó en una plataforma de inversiones y una puerta de entrada para otros mercados latinoamericanos, en especial en el sector automotriz.[411]​ Según el «índice de confianza en mercados» de la revista The Wall Street Journal, las empresas multinacionales europeas y estadounidenses consideran que Argentina, Nigeria, Venezuela y Vietnam se encuentran entre los países más atractivos para invertir.[412]​ Argentina es el quinto país latinoamericano con mayor recepción de IED (inversión extranjera directa), por detrás de México (12 659 millones) y por delante de Perú (12 240 millones).[413]

En 2012, los ingresos por IED (inversión extranjera directa) se incrementaron un 27 %, hasta totalizar 12 551 millones de dólares[414][415]​ Los aportes de capital alcanzaron los 3708 millones de dólares, la medidas impulsadas por el Gobierno alentaron la reinversión de ganancias en el mercado interno, que alcanzaron en 2012 los 7984 millones de dólares, más del doble que en el año 2011.[416]

En junio de 2013 se invirtieron en el país 8691 millones de dólares, con lo cual en el primer semestre se acumularon 48 483 millones de dólares en inversiones.[417]

Para 2014 se estimó una llegada de inversiones extranjeras de 50 000 millones de dólares. Las principales inversiones correspondieron a:

La inversión bruta interna fija representó en 2008 el 23.1 % del PIB,[419]​ 20.6 % en 2009[420]​ Creció fuertemente en 2010, 2011 y en 2012 alcanzó el nivel récord del 24.1 % del PIB,[421]​ finalizando ese año en 25.1 % del PIB.[419][422]​ continuando la tendencia creciente, 25.3 % en 2013 y 25.7 % en 2014.[423]

Acuerdos bilaterales promueven las inversiones estadounidenses, que se concentran en telecomunicaciones, petróleo y gas, energía eléctrica[cita requerida], servicios financieros, sustancias químicas, industria alimenticia, y en fabricación de vehículos. Las inversiones canadienses, europeas llegan en cantidades significativas. Desde 2000, también Brasil se convirtió en un país inversor en petróleo y alimentos. Empresas españolas invierten en petróleo y gas, telecomunicaciones, banca, y sectores de venta al público. España es el principal país inversor, seguido por Estados Unidos, Países Bajos, Brasil y Chile (BCRA, 2013). En 2015, durante el último año de Gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, la inversión extranjera en Argentina se incrementó de manera sustancial (un 130 % más que el año inmediatamente anterior).[422][424]​ En el primer semestre de 2016 hubo un vuelco en el panorama socioeconómico argentino, que provocó que los bancos estadounidenses de inversiones recomendaron no invertir en el país.[425]​ Durante 2016 la inversión extranjera cayó un 50 por ciento, ese año ingresó a Argentina la mitad de inversión extranjera que en 2015 debido a los cambios en la política cambiaria que posibilitaron la salida de dólares. En este sentido hubo ingresos por 6000 millones de dólares en Argentina en 2016, la mitad de lo recepcionado en 2015 y solo un 10 % de lo que le correspondió en 2016 por Brasil, según los datos del informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo.[426]​ La recesión económica, los bajos precios de los materias primas y el aumento de la inestabilidad monetaria fueron los principales factores macroeconómicos que impactaron negativamente.[427]

Las grandes empresas argentinas realizan fuertes inversiones hacia el exterior mediante sus empresas multinacionales latinas. El modelo de negocios argentino tiene gran presencia en el continente, más 140 marcas argentinas exportan sus conceptos de negocios al exterior, conocidos como franquicias.[429]​ En 2008, 19 empresas multinacionales argentinas contaban con alrededor de 19 000 millones de dólares en activos externos, las ventas en el exterior correspondientes a las multinacionales argentinas alcanzaron los 21 000 millones de dólares, empleando a 42 400 personas en el exterior.[430]​ Las empresas multinacionales argentinas se han beneficiado de varios años de crecimiento económico en el mercado nacional y en los principales mercados extranjeros donde operan. Un elemento particular de estas empresas ha sido el carácter altamente competitivo que han demostrado, además de las cuantiosas inversiones en los países destino, lo que se ha visto acompañado, además, por una importante contribución a la generación de empleo local. Cuatro años después, las 23 principales compañías transnacionales argentinas tienen 21 000 millones de dólares en activos en el exterior, cuentan con 278 filiales en 62 países y emplean a más de 41 000 personas en el extranjero.[431]

En 2005, Techint ―el conglomerado industrial más grande de Argentina― compró la mayor siderúrgica de México, Hylsamex, por 2110 millones de dólares[432]​ En 2009 compró SPIJ, una planta siderúrgica en Indonesia.[433]​ y en 2011 adquirió el 27.7 % del capital de Usiminas (Usinas Siderúrgicas de Minas Gerais, una de las más importantes de Brasil) por 2660 millones de dólares,[434]​ y la siderúrgica brasileña Confab por 2660 millones de dólares.[435]

El grupo argentino Arcor cuenta con 40 plantas industriales en América Latina y facturó en 2012 más de 3300 millones de dólares en el exterior.[436]​ El grupo argentino Impsa, controla un 20 % del mercado de energía eólica en Brasil, además posee una fábrica de equipos de generación eólica en Pernambuco, invirtiendo 250 millones de dólares. En 2013, el Grupo Pescarmona cerró un contrato para suministro de turbinas y generadores para la central hidroeléctrica de Belo Monte (Alagoas) por US$ 479 millones. Ferrovías (del grupo argentino Emepa) ganó la licitación para la operación y el mantenimiento del primer tren urbano de Lima (Perú), por US$ 290 millones.[437]

La empresa argentina Corporación América, que posee 45 aeropuertos en todo mundo, invierte en la construcción del Aeropuerto de Natal (que, cuando esté terminado, será el más grande de Latinoamérica).[438]​ La petrolera argentina Pluspetrol posee inversiones por 160 millones de dólares en el sector de hidrocarburos en Bolivia.[439]​ Durante 2014, el gigante argentino Adecoagro, propietario de empresas lácteas, semilleras y arroceras, invirtió 250 millones de dólares para construir una planta en Mato Grosso do Sul (Brasil).[440]

Argentina es miembro activo del Grupo de los 20, que reúne a los países industrializados y a los emergentes con economías más grandes. En 2009, junto a Brasil, logró que en la declaración de la Cumbre de Londres no se incluyera una propuesta sobre flexibilidad laboral,[441]​ e impulsó la incorporación de la OIT al grupo como miembro participante.[442]

En el marco de la Cumbre del G-20 de Toronto y la Cumbre del G-20 de Seúl de 2010, y en relación a la crisis que atraviesaban Europa y Estados Unidos, el país, en línea las posturas del bloque BRICS, propuso promover una mayor regulación de los mercados financieros con el objetivo de que la nueva fase de crecimiento no presentase la misma fragilidad e inestabilidad que la etapa previa. También propuso acompañar y alentar las medidas anticíclicas de impulso a la demanda agregada.[443]

También forma parte del Mercado Común del Sur (Mercosur), un bloque subregional integrado por Argentina, Brasil, Paraguay Uruguay y Venezuela. Que tiene como países asociados a Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Guayana, Perú y Surinam[444][445][446][447]

El Mercosur se constituye como el área económica y plataforma industrial, más dinámica, competitiva y desarrollada, no solo de Latinoamérica, sino de todo el Hemisferio Sur. Está considerado como el cuarto bloque económico del mundo, en importancia y volumen de negocios. El Mercosur tiene un PIB de 3.64 billones de dólares, lo que representa el 82.3 % del PIB total de Sudamérica. Cubre un territorio de casi 13 millones de kilómetros cuadrados y cuenta con más de 275 millones de habitantes. Siete de cada diez sudamericanos son ciudadanos del bloque.[448][449]

La matriz energética argentina, estructurada sobre la base de la producción y el consumo de energía eléctrica, petróleo y gas natural, alcanzaba los siguientes valores:[455]



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