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Erythroxylum coca



Erythroxylum coca, de nombre común coca (en quechua: kuka), es una especie sudamericana de la familia de las eritroxiláceas, originaria de las escarpadas estribaciones de los Andes amazónicos.[1]​ Es una especie cultivada originaria de los Andes de Bolivia, Colombia, Ecuador, Chile, Argentina y Perú pero también crece de manera silvestre.[6]

La planta de coca siempre ha tenido un papel importante en las culturas andinas, tanto para fines rituales en la relación entre los humanos y la naturaleza, como agente psicoactivo para inducir trances ceremoniales, como energético para el trabajo, para el trueque entre productos, como digestivo, y con fines analgésicos y curativos en intervenciones médicas. Es utilizada en todos estos aspectos desde hace miles de años por culturas andinas como las naciones chibcha, aymara y quechua. La planta de coca se hizo conocida en el mundo entero por sus alcaloides, de los cuales se obtiene, mediante un proceso químico descubierto en el siglo XIX en Europa, el clorhidrato de cocaína (también llamado coca o cocaína), una sustancia que es un potente estimulante del sistema nervioso central y con alta tendencia a provocar dependencia. Desde 1885, extractos de la hoja de la coca han sido y vienen siendo utilizados en los productos Coca-Cola.[7][8]

La planta de la coca es un arbusto que crece hasta los 2,5 m de altura, de tallos leñosos y hojas elipsoidales, medianas, muy fragantes y de color verde intenso. Sus flores son minúsculas y de color blanco. Sus frutos, de color rojo, no tienen pulpa ya que son como semillas de forma ovoide y miden alrededor de 1 cm de largo.

Geográficamente, el cultivo de Erythroxylum coca o Erythroxylum coca var. coca se extiende desde Ecuador hasta Bolivia, a ambos lados de la cordillera. Esta variedad de coca no se encuentra presente en Colombia o en la selva baja o llano amazónico, como si ocurre con Erythroxylum novogranatense var. novogranatense (coca colombiana) y Erythroxylum coca var. ipadu (coca amazónica).[9]

La coca crece adecuadamente en las tierras cálidas y húmedas de los Andes (región Yungas o Selva alta), en un rango de altitud que va desde los 500 hasta los 2000 m s.n.m.[9]​ Sin embargo, cultivos en altura fuera de ese rango son posibles en determinadas regiones. Crece incluso bajo la sombra de grandes árboles en las regiones tropicales.

Erythroxylum coca fue descrita por Jean-Baptiste Lamarck y publicado en Encyclopédie Méthodique, Botanique 2: 393 en 1786.[10]

Erythroxylum: nombre genérico compuesto que viene del griego erythro-, que significa 'rojo', y del griego ξύλον, que significa 'madera'.[11]

coca: epíteto que proviene de la palabra quechua kuka que identifica la planta.

En Bolivia y Perú, las formas tradicionales de uso y consumo de la hoja de coca, así como su cultivo, son legales por parte de cada gobierno hasta cierta cantidad en toneladas y hectáreas para, justamente, evitar la producción de cocaína. Esta planta es apreciada por la mayoría de la población indígena de cada país, especialmente en las zonas rurales para hacer rituales de agradecimiento a la madre naturaleza. La coca se cosecha hasta tres veces al año de manera manual en la zona de las Yungas bolivianas (en el Departamento de La Paz, Bolivia), se cosecha 4 veces al año en el Chapare del Departamento de Cochabamba (Bolivia) y hasta seis veces en el Alto Huallaga (Perú). En Colombia, el cultivo de hoja de coca esta prohibido en todas sus formas por parte del estado si se pasa de las 20 unidades o plantas;[12]​ aun así, los indígenas en los resguardos de la Sierra Nevada de Santa Marta y en el Departamento del Cauca cultivan ciertas cantidades para sus rituales religiosos. Las hojas son arrancadas por el peciolo y secadas al sol para su posterior venta y comercialización. Una misma planta puede ser cosechada durante diez años.

El uso de las hojas de coca en el área andina se remonta, cuando menos, a unos seis mil años antes de nuestra era.[13]​ Se han hallado evidencias arqueológicas y arqueobotánicas en varias culturas ubicadas en el Periodo Formativo como Valdivia hasta el Horizonte Tardío como la Inca.[14]​ Hasta el día de hoy continúa siendo común su uso entre los actuales grupos indígenas y tradicionales de las zonas andinas de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú.[15]

Hasta antes del surgimiento del imperio incaico (aproximadamente en el año 1400 de nuestra era), el uso de la coca estaba al alcance de la población en general. No obstante, en tiempo de los incas la coca pasó a ser controlada por el Estado inca y a ser considerada un artículo de lujo; y utilizada durante los ritos sacerdotales únicamente por los emperadores incas y nobles. Posteriormente, sin embargo, su consumo fue estimulado por los conquistadores españoles para extender las horas de trabajo de la mano de obra originaria y desde entonces su uso volvió a ser ampliamente difundido entre la población indígena de los Andes.[cita requerida]

El chaqchar, piqchar o acullicar (términos de idiomas originarios andinos) es el acto de introducir las hojas de coca en la boca y humedecerlas con saliva, formando un bolo, el cual se mantiene entre los dientes y la parte interna de los carrillos, para lentamente extraer las sustancias activas y estimulantes. Para lograr los efectos deseados, es necesario agregar periódicamente un poco de componente alcalino a la mezcla, usualmente ceniza alcalina (mayormente bicarbonato de calcio de origen vegetal). Esto se logra con la llipta, "lliqta" o toqra (un comprimido de ceniza en forma de panecillos o bloques fabricados de la ceniza del tallo de la quinua) o simplemente con la ayuda de un palillo previamente humedecido con saliva y sumergido en cal apagada dentro de un puru (en estos casos ocasionalmente se observa quemaduras en la mucosa bucal de algunos "acullicadores" que utilizan este sistema). Además de usarse para mitigar las sensaciones de hambre, sed o cansancio, puede usarse con fines rituales tradicionales y sociales. En este sentido, el 6 de diciembre de 2005, en Perú el Estado declaró oficialmente a los usos culturales tradicionales de la hoja de coca como patrimonio cultural inmaterial de la nación.[16]​ Con esta medida, se buscaba darle oficialmente el valor cultural, social y espiritual del consumo tradicional de la hoja de coca, y legitimar su uso ancestral.

En Bolivia, akullicar es una práctica diaria en la dieta del boliviano común, esta costumbre no solo se restringe a la población indígena, también lo realizan los mestizos o blancos, cabe la aclaración de que el consumo es mayor en la gente que vive en la zona occidental del país, correspondiente a los departamentos de La Paz, Oruro, Potosí, Sucre y Cochabamba. Es muy frecuente que cuando se llega al aeropuerto de La Paz, personas que provienen de lugares bajos (es decir, que viven en alturas menores a 1000 metros sobre el nivel del mar) tengan que tomar té o mate de coca, ya que su consumo hace menos agresiva la permanencia en alturas superiores a los 3500 metros sobre el nivel del mar.

La hoja de coca posee efectos medicinales como digestivo, ya sea sola o combinada con otras sustancias (como infusión) y también como analgésico local mediante su uso en emplastos. Por otro lado, la infusión de hoja de coca es un excelente paliativo para el mal de altura para las personas que no están acostumbradas a vivir en las zonas alto-andinas, de modo que siempre en los hoteles de turistas se ofrece "té de coca" a los recién llegados.

También, se utiliza en la medicina tradicional para resfríos, tos e inflamación de la garganta.[17]

En términos de la población originaria y rural de los Andes, la hoja de coca es considerada por mucha gente como una planta "mágica", debido a que sus propiedades estimulantes la hacen una planta excepcional y de ahí se deriva su papel de ofrenda a la tierra como agradecimiento a los frutos obtenidos de ella, y también como elemento central en ceremonias tradicionales propiciatorias para obtener la buena voluntad de las fuerzas naturales en las actividades humanas (siembra, cosecha, crianza de animales, etc.).[18]​ Otros de los usos rituales o místicos más difundidos son el soplar las hojas al viento ('soplar un kintu'), o dejarlas caer al azar, para leer la suerte, el destino, curar el "mal de amores", así como el ofrecerlas como tributo a los dioses y en lugares sagrados o Apus para congraciarse con las fuerzas de la naturaleza.[19][20]

Otro uso ritual es la lectura de hojas de coca: una forma de adivinación que utiliza las hojas de la planta de la coca.[21]​ Es una práctica tradicional de los Andes de Argentina, Bolivia y Perú.[22]​ Es utilizada como una forma de diagnóstico en la medicina tradicional andina.[23]

La empresa multinacional estadounidense The Coca-Cola Company es la única corporación en el mundo autorizada a importar, procesar y usar comercialmente hojas de coca para la elaboración de la bebida Coca-Cola.[19]​ El artículo 27 de la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961 fue desarrollado de manera ad hoc para tal fin.[24]​ Las hojas de coca son adquiridas legalmente con permiso del Departamento de Justicia de los Estados Unidos a través de Empresa Nacional de la Coca en Perú.[25][7]

La evidencia de uso de la hoja de coca más antigua es de por lo menos hace 8000 años, datado con la técnica de C-14, en restos arqueobotánicos en el sitio Nanchoc, en el valle del Alto Zaña, Cajamarca, en el norte del Perú.[13][26]

Se han encontrado también restos de los alcaloides cocaína y benzoilecgnonina en una bolsa de la cultura Tiwanaku de hace 1000 años en el sitio Cueva del Chileno en Bolivia.[27][28][29]

Los colonizadores europeos le dieron diferentes denominaciones, mientras los nativos la conocían como hoja sagrada por su expresa utilización entre los miembros de la casta superior de los nobles. Al parecer, durante el incanato el uso de esta hoja estaba restringido entre el resto de la población, por lo que también tenía la categoría de presente real para recompensar servicios.[cita requerida]

Algunos opinan que las facultades provocadas por la hoja de coca se consideraban como un hecho sobrenatural y por ello estaba presente en actos funerarios, entre otros. La utilización de hoja de coca está arraigada en la cultura boliviana y peruana.La eficacia de la hoja de coca como estimulante fue reconocida por los españoles desde el mismo momento en que llegan a Sudamérica en el siglo XVI. En los documentos etnohistóricos coloniales, cronistas de indias como Américo Vespucio, Gonzalo Fernández de Oviedo, Bartolomé de las Casas, Pedro Cieza de León, Juan de Betanzos, Agustín de Zárate, Cristóbal de Molina, Pedro de Aguado, Girolamo Benzoni, Juan de Matienzo y Hernando Colón, entre otros, describen los usos de las variedades de la hoja de coca por las culturas americanas desde Panamá hasta Chile y Argentina.[30]

En el siglo XVII, por ejemplo, el científico y sacerdote jesuita español Bernabé Cobo en su Historia del Nuevo Mundo (1653), brinda una descripción de uso personal de las hojas de coca:[31]

Sus efectos fueron descritos con lujo de detalles por los grandes viajeros foráneos del siglo XIX. Uno de ellos, el erudito botánico e historiador británico sir Clements R. Markham (1830-1916), recomendó el uso de la coca a todos los turistas y extendió esta recomendación a los miembros de los clubes de alpinismo de Europa:

from the day of my departure from Sandia, and,
besides the agreeable soothing feeling it produced,
I found that I could endure long abstinence from food
with less inconvenience than I should otherwise have felt,
and it enabled me to ascend precipitous mountain-sides
with a feeling of lightness and elasticy,
and without losing breath.
This latter quality ought to recommend its use
to members of the Alpine Club,

desde el día de mi partida de Sandia y,
junto al agradable sentimiento de consuelo que producía,
hallé que podía resistir una larga abstinencia de comida
con menos molestia de la que en otra forma hubiera sentido;
me permitía ascender escarpadas montañas
con una sensación de ligereza y elasticidad,
sin perder el aliento.
Esta última cualidad debería recomendarla
a los miembros del Clup Alpino

La cortesía de los establecimientos turísticos de la sierra peruana al ofrecerles una taza de infusión de coca a los visitantes de las serranías del Perú, no es desde luego, una "mala costumbre" indígena, sino por el contrario una amable bienvenida moderna recomendada muy efusivamente por Alexander von Humboldt, D´Orbigny, Von Tschudi, Markham, Mantegazza, De Castelnau, Herndon, Gibbon, Squire, Marcoy y muchos otros. El trueque del acto de chaqchar la coca por el más refinado consumo de la infusión es una adaptación costumbrista cuya real efectividad es puesta en duda por muchos. En otras palabras, la hoja de coca es mucho más efectiva para paliar el mal de altura cuando se le agrega la sustancia alcalina al formarse el bolo de hojas en la boca, ya que sus sustancias activas son catalizadas mediante el uso del bicarbonato y son más eficientemente absorbidas por el cuerpo.

Rodeada por el ceremonial, formalidades y controles ejercidos por la comunidad, raramente es objeto de abuso o descontrol que pueda causar daño a la salud. En las relaciones sociales de la cultura andina, la coca es un obsequio que significa amistad y generosidad. El acto de compartir la coca y consumirla conjuntamente con otros es un hecho muy importante que sella relaciones de confraternidad y confianza entre los participantes. Además, en la medicina tradicional no existe otro remedio con tantos y tan vastos usos cuya efectividad ha sido comprobada. En todos estos sentidos, además de su efecto bioquímico, la coca es uno de los componentes más destacados de la psicoterapia popular nativa, lo que la hace un indispensable elemento de apoyo para la seguridad emocional del hombre andino.

El uso de la hoja de coca ha sido tradicional entre muchos de los indígenas de Colombia desde tiempos inmemoriales, especialmente entre los de la Sierra Nevada de Santa Marta. Ahí se puede distinguir la manera de hacerse en comunión con la planta entre las culturas de montaña y las culturas de las selvas amazónicas. Las primeras, prefieren mascar la hoja tostada, e irle mezclando cal, algunos elaborándola de conchas marinas, y otros con cal de piedra, conservándola en un pequeño calabazo llamado "poporo". En el Amazonas, las culturas que tienen relación con la planta de coca la tuestan y pulverizan, mezclándola con ceniza de plantas amazónicas; el resultado es un polvo verde que se llama mambe. Entre los indígenas colombianos, pese a la relación cotidiana que hace el resto de la sociedad (incluyendo el estado) de la planta con drogas ilícitas, la hoja de coca está revestida de religiosidad y se considera un elemento sagrado, rodeado de respeto y admiración. Los indígenas no entienden por qué esta planta se persigue en sus territorios, ya que no fue por su cultura ni sus costumbres el que algunas personas (narcotraficantes) hayan mal utilizado su alcaloide, convirtiéndolo en una sustancia destructiva para la salud humana (clorhidrato de cocaína), siendo una de las causantes de conflictos con el estado y de rechazo por parte de la sociedad colombiana. Pese a la prohibición e ilegalidad del cultivo, Colombia es el mayor productor de hoja de coca en el mundo para la fabricación ilegal de clorhidrato de cocaína, siendo Estados Unidos y Europa los destinos principales de esta droga ilícita.

Para parte de la población boliviana, incluyendo mestizos, quechuas y aymaras, el consumo de hoja de coca es también parte de la tradición y hasta de la gastronomía del país. El akulliku (mascado de coca) ya era practicado desde antes de la llegada de los españoles a tierras andinas. En Bolivia, de acuerdo al estudio sobre la hoja de coca del gobierno ("Estudio Integral de la hoja de coca", Instituto Nacional de Estadística, Bolivia, 2013) el akullicador o mascador es un personaje que esta presente en las actividades cotidianas del país (como es una fiesta o un velorio). En números redondos, 1 125 483 personas en Bolivia, es decir el 11,2 % de la población del país, practican el mascado de hoja de coca.

Su contenido en vitaminas y determinados oligoelementos hacen que al mismo tiempo la infusión de coca constituya un complemento nutritivo de la dieta diaria. Estudios de la Universidad de Harvard sostienen que en 100 gramos de coca se pueden tener casi dos gramos de potasio que son necesarios para el equilibrio del corazón y se le atribuyen además propiedades adelgazantes.[37]​ Sabiendo que estas tisanas son tan ricas en estos nutrientes, se convierten en alimento y en medicina.

Existe controversia sobre si la hoja de coca puede ser recomendada como alimento por sus contenidos de alcaloides, principalmente la cocaína (0.56 g por cada 100 g).[41]

No obstante, la dosis letal se estima entre 0.5 y 1.5 g,[42]​ y considerando que la administración por vía oral absorbe solo el 33 %,[43]​ la absorción a través del acullico sería de 0.33 g, en el caso improbable que por un lado se masticara 100 g y por otro que la absorción sea completa.[44]​ Se han realizado investigaciones sobre la cantidad de cocaína absorbida por el cuerpo humano a través del masticado de las hojas concluyéndose:

Estudios científicos determinaron que la cantidad en sangre entera de cocaína luego del acullicado de 30 g de hojas fue de 98 ng mientras que en una dosis de cocaína fue 4890 ng.[44]

En cuanto al mate de coca, investigaciones han determinado que por una bolsita de hojas de coca (1 gr de hoja), se extrae en promedio 4.14 mg (bolsa de Perú) y 4.29 mg (bolsita de hojas de coca de Bolivia) de cocaína,[46]​ cantidades muy por debajo de la dosis letal de 0.5 a 1.5 g.[42]

La cocaína (metil benzoil ecgonina), el principal alcaloide tropánico presente en esta planta, posee propiedades estimulantes, anestésicas, terapéuticas y mitigadoras del apetito, la sed y el cansancio. Tradicionalmente, esta sustancia se ha obtenido en cantidades muy pequeñas y diluidas mediante la masticación con una sustancia alcalina de obtención natural (bicarbonato de calcio). También se obtiene de la hoja, de manera natural, otras sustancias ligeramente estimulantes mediante la infusión en agua hervida o el cocimiento (tisana), con un efecto similar al café o al té. Estas formas de consumo no causan dependencia ni tampoco ningún daño fisiológico, y su efecto estimulante tiene una duración similar al del café y el té.

La cantidad de cocaína contenida en las hojas frescas va desde un 0,4 % a un 1,0 % en peso. Aparte de esta sustancia, las hojas de la coca presentan otros alcaloides endógenos como tropacocaína, tropinona, higrina, cuscohigrina y cinamilcocaína, con sus isómeros trans cinamilcocaína y cis cinamilcocaína.[46][47][44][48][49]

La absorción de la cocaína en su forma tradicional es mucho menos rápida y eficiente que en las formas purificadas del clorhidrato de cocaína y no causa los mismos efectos psicoactivos y eufóricos asociados con el uso de la droga en su preparación química de laboratorio. La adicción, formación de hábito, daño corporal o neurológico u otros efectos nocivos del consumo de la hoja en su forma natural, no se han documentado ni demostrado científicamente.[44]

La hoja de coca es la materia prima que se utiliza para la producción de la cocaína, una poderosa sustancia estimulante y anestésica extraída químicamente de grandes cantidades de hoja de coca. Actualmente, dado que se ha visto sustituida como anestesia médica por análogos sintéticos como la procaína, la cocaína se conoce principalmente como una droga recreativa ilegal. El cultivo, la venta y la posesión de la hoja de coca sin procesar es, por lo general, una actividad legal en países como Bolivia y Perú, con un uso tradicional establecido, aunque el cultivo suele verse restringido para evitar la producción de cocaína. En Colombia, su cultivo y procesamiento esta penalizado en todas sus formas, lo que ha traído conflictos entre el estado y la población indígena del país, que responsabiliza a los narcotraficantes y a la demanda de cocaína por parte de los países consumidores del estigma que tiene la planta en la sociedad colombiana.[cita requerida]

La prohibición del uso de la hoja de coca, excepto con fines médicos o científicos, fue establecida por la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961. La hoja de coca aparece clasificada en la Lista I de dicha Convención junto con la cocaína y la heroína. Según el texto de la Convención: “Las Partes obligarán a arrancar de raíz todos los arbustos de coca que crezcan en estado silvestre y destruirán los que se cultiven ilícitamente” (artículo 26) y “la masticación de hoja de coca quedará prohibida dentro de los 25 años siguientes a la entrada en vigor de la presente Convención” (artículo 49, 2.e).[50]

La inclusión de la hoja de coca en las listas de la Convención Única de 1961 se debe principalmente a un informe solicitado a las Naciones Unidas por el representante permanente del Perú, elaborado por una comisión que visitó brevemente Bolivia y el Perú en 1949, para “investigar los efectos del masticado de la hoja de coca y las posibilidades para limitar su producción y controlar su distribución”. El Informe de la Comisión de Estudio de las Hojas de Coca, publicado en 1950, llegaba a la conclusión de que los efectos del masticado de coca eran negativos, aunque la práctica se definía como un hábito y no como una adicción.[51]

El informe fue objeto de severas críticas por su explícita arbitrariedad, su imprecisión y su connotaciones racistas. Se criticó también la calificación profesional y los intereses paralelos de los integrantes del equipo, la metodología aplicada, y la selección y uso incompletos de la literatura científica que existía en ese entonces en torno a la hoja de coca.[52]

Según sus consumidores, la mayor parte de la información proporcionada sobre el uso tradicional de la hoja de coca y sus adaptaciones modernas es errónea. Este hecho habría impedido hasta el momento sacar a la luz los aspectos positivos de la planta, sus potenciales beneficios para la salud física, mental y social de los pueblos que la consumen y cultivan.[53]

En un intento por obtener reconocimiento jurídico para el uso tradicional de la coca, Perú y Bolivia negociaron el párrafo 2 del artículo 14 de la Convención de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas de 1988, en que se estipula que las medidas que se adopten para erradicar el cultivo ilícito y para eliminar la demanda ilícita, “tendrán debidamente en cuenta los usos tradicionales lícitos, donde al respecto exista la evidencia histórica”. Bolivia también realizó una reserva formal a la Convención de 1988, subrayando que “el ordenamiento jurídico de Bolivia reconoce la naturaleza ancestral del uso lícito de la hoja de coca que para una gran parte de la población de Bolivia se remonta a siglos atrás”.[54]

Sin embargo, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) –el organismo independiente y cuasi judicial encargado de la aplicación de las convenciones sobre drogas de las Naciones Unidas– negó la validez del artículo 14 de la Convención de 1988 por encima de las obligaciones impuestas por la Convención de 1961, así como cualquier reserva realizada por las partes, dado que "no eximen a ninguna de las Partes de los derechos y obligaciones que les incumben en virtud de los demás tratados de fiscalización internacional de drogas".[55]

En los últimos años, el régimen jurídico de la hoja de coca es cada vez más cuestionado. Incluso la JIFE afirmaba en su Informe anual correspondiente a 1994 que beber mate de coca "considerado inocuo y legal en diversos países de América del Sur, forma parte de una actividad ilegal según lo estipulado en la Convención de 1961 y en la Convención de 1988, aunque no era esa la intención de las conferencias plenipotenciarias en que se adoptaron dichas convenciones”.[56]

Sin embargo, en su Informe anual correspondiente a 2007, la JIFE llamaba a los países a ‘abolir o prohibir el mascado de la hoja de coca y la fabricación del mate de coca’. El Gobierno boliviano respondió anunciando que solicitaría formalmente a las Naciones Unidas la desclasificación de la hoja de coca de la Lista I de la Convención Única de 1961.[57]​ Esta petición la hace el gobierno boliviano, tomando en cuenta que la hoja de coca para gran parte de la población en Bolivia es parte de una tradición milenaria, ya que ha estado y esta presente en gran parte de las actividades que realiza la población boliviana.



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