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Leopoldo III de Bélgica



Leopoldo III de Bélgica (en francés, Léopold Philippe Charles Albert Meinrad Hubertus Marie Miguel de Saxe-Cobourg et Gotha; Bruselas, 3 de noviembre de 1901 - Woluwe-Saint-Lambert, 25 de septiembre de 1983) fue el cuarto rey de los belgas, entre 1934 y 1951, año en que abdicó en su hijo Balduino I de Bélgica. Su reinado estuvo marcado por la invasión de Bélgica por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, a la que Leopoldo apenas ofreció resistencia; la oposición que esto le granjeó en el público fue finalmente causa de su abdicación el 16 de julio de 1951.

Leopoldo nació como príncipe de Sajonia-Coburgo y duque de Sajonia. Se convirtió en príncipe heredero en 1909, a la muerte de su tío abuelo Leopoldo II de Bélgica, tomando el título de duque de Brabante en calidad de sucesor del trono belga.

Fue hijo del rey Alberto I y de Isabel Gabriela de Baviera. Fue hermano de María José de Bélgica, quien estuvo casada con Humberto II de Saboya y fue la última reina de Italia. A los 14 años de edad se enroló en la Primera Guerra Mundial, siendo el voluntario más joven del ejército belga, y combatió contra los alemanes como cabo en el 12.º Regimiento belga, mientras su padre dirigió el ejército en condición de jefe supremo de las fuerzas armadas.

Al terminar el conflicto, estudió en el colegio de Eton en Gran Bretaña, y viajó después por el mundo (Estados Unidos, Brasil, Congo y, tras su boda, Ceilán, Indonesia). Fue nombrado subteniente del ejército en 1922, tras haber pasado por la escuela militar; y recibió clases de los más grandes: el historiador Henri Pirenne para historia, el barón Mariel-Henri Jaspar y el ingeniero Georges Emile Léonard Theunis para ciencias políticas y el cardenal Mercier para filosofía y religión, así como el escribano Herman Teirlinck.[1]

El 10 de noviembre de 1926 contrajo matrimonio con la princesa Astrid de Suecia, quien se convirtió en una princesa sumamente popular entre la población belga debido a su extrema sencillez y carisma personal.

Convertido en rey a la muerte en accidente de su padre el 23 de febrero de 1934, Leopoldo III sufrió al año siguiente un accidente automovilístico en Suiza, falleciendo su esposa en el acto tras apenas dieciocho meses de reinado. La repentina muerte de Astrid de Suecia conmovió a grandes capas de la población belga, debido a la elevada popularidad de la joven reina y su destacado rol en paliar los efectos del Crack del 29 en Bélgica.

De este modo, Leopoldo III comienza un reinado que se presenta difícil a causa de la crisis económica que perjudica a toda Europa tras el Crack del 29, el ascenso de la extrema derecha en la propia Bélgica y las tensiones internacionales generadas por el expansionismo del III Reich.

El 10 de mayo de 1940 la Wehrmacht alemana invadió el territorio de Bélgica, precipitando al país en la Segunda Guerra Mundial. Como jefe supremo del ejército belga, Leopoldo III dirigió las tropas en la resistencia contra la invasión del Tercer Reich, pero capituló tras una breve campaña de 18 días en vista de la superioridad alemana sin obtener suficiente ayuda de Gran Bretaña y Francia (véase Batalla del río Lys). Cuando el gobierno belga presidido por Hubert Pierlot huye de Bruselas, le pide al Rey que marche a Londres para dirigir una resistencia desde el exilio (como ya habían hecho los monarcas de Holanda y Noruega). A pesar de ello, Leopoldo III consulta con juristas belgas y aparentemente se convence de que una rendición solo le afectaría en su condición de líder supremo del ejército, pero no como jefe del Estado belga. Leopoldo III acepta la rendición el 28 de mayo.

Leopoldo III y su entorno consideran que este acto es un auténtico sacrificio, pues el monarca compartía la suerte de sus soldados y su pueblo, pero la prensa francesa y británica lo tacha de "rey traidor" contra su gobierno. El gobierno belga refugiado en Londres evitó realizar tales calificaciones hacia su Rey, pero se temía que la permanencia de Leopoldo III en territorio bajo ocupación enemiga fuese pretexto para instalar en Bélgica un gobierno con nazis locales, considerando una traición que el monarca aceptase algún día ejercer sus poderes bajo el control de un ocupante extranjero. A la vez el gobierno belga en el exilio quedó debilitado por mantener una opinión diferente a la del Jefe de Estado de Bélgica, prisionero del enemigo.

Apresado prácticamente en arresto domiciliario en el castillo de Laeken, Leopoldo III evitaba tomar iniciativas políticas públicas que pudieran ser consideradas como colaboracionistas. El 19 de noviembre de 1941 se entrevistó con Hitler en Berchtesgaden para discutir la posición de Bélgica después de la guerra y para defender la causa de los prisioneros belgas aún retenidos en Alemania, pero que después será duramente reprochada en vista de que Hitler pretende la nazificación del país y su sujeción absoluta al III Reich, en un proyecto nazi europeo donde no hay espacio para la soberanía nacional belga. Aun así, se cree que la gestión personal del rey ante Hitler logra la liberación de 50. 000 soldados prisioneros y una mejora en el abastecimiento de alimentos para la población civil belga.

El 7 de septiembre de 1941, Leopoldo III contrajo matrimonio con Lilian Baels (1916-2002), una joven de 24 años hija de un destacado político conservador de Valonia, pero la noticia de esta boda recién se comunicó al público belga el 7 de diciembre. Leopoldo acordó que Lilian Baels no sería proclamada reina de Bélgica, sino Princesa de Rhéty, y los hijos que tuvieran quedaron excluidos de la sucesión de la corona. Se arguyó en defensa del Rey que dicho matrimonio sería postergado hasta la liberación de Bélgica, pero Lilian Baels ya estaba encinta y era preciso adelantar la boda. La popularidad de Leopoldo III se redujo entre la población por el hecho de realizar tan importante acontecimiento en plena ocupación enemiga, con la hija de un político conservador, y por el aún no borrado recuerdo de la difunta reina Astrid.

La opinión pública al inicio de la ocupación tendía a apoyar al Rey frente al gobierno en el exilio, pero la conducta opresiva del III Reich, la explotación económica alemana sobre Bélgica, el fortalecimiento de la Resistencia nativa y los propios acontecimientos de la guerra causaron que tal sentimiento se inviertese grandemente, cuestionándose si Leopoldo III había procedido con acierto al rendirse ante los nazis en vez de dirigir la resistencia desde el exterior, como hacían el rey Haakon VII de Noruega o la reina Guillermina de los Países Bajos.

En junio de 1944, tras el comienzo del desembarco de Normandía el rey Leopoldo y su familia son trasladados por las autoridades nazis a una fortaleza en Alemania por orden expresa de Hitler y de Himmler. Primero fueron recluidos en Sajonia y desde febrero de 1945 en Austria. De este cautiverio lo liberaría el ejército de Estados Unidos en abril de 1945.

Tras la guerra, los Aliados occidentales advirtieron que la opinión pública belga seguía dividida sobre el rol de Leopoldo III durante la ocupación alemana, y por ello se abstuvieron de apoyar su retorno a Bélgica para así evitar desórdenes internos. El hermano del rey, el príncipe Carlos, fue nombrado regente por el Parlamento en 1945 y se acusó a Leopoldo III de incapacidad para reinar por ordenar en 1940 que el Ejército belga capitulara ante los alemanes, por incluirse él mismo como jefe de Estado en semejante rendición y por negarse a seguir al gobierno legítimo hacia el exilio estando en condiciones de hacerlo. En 1945 todos los grandes partidos políticos belgas eran hostiles a una restauración de Leopoldo III, siendo este un asunto sobre el cual concordaba tanto el gobierno Pierlot en el exilio como los principales líderes de la Resistencia antinazi que habían emergido como figuras políticas de posguerra. Al faltar una decisión rápida sobre la denominada cuestión real, Leopoldo III se instala en Suiza pero sin abdicar. En 1946 el Parlamento inicia una investigación sobre la conducta del rey en 1940 sin que se pueda acreditar la existencia de una deslealtad que impida al monarca ejercer sus derechos.

Una consulta popular realizada en 1950 sobre el retorno del rey Leopoldo determina un apoyo del 57,68% a nivel nacional en favor del regreso, con una mayoría favorable al rey de hasta un 70% de los electores en Flandes, pero con una oposición superior al 40% en Valonia; ante el resultado se llama al rey para ocupar el trono en junio de 1950. Pese a esto, ocurren graves altercados en el país que ocasionan tres muertos, mientras en Valonia se hace evidente un masivo rechazo hacia la figura del monarca. Ante el temor de que su permanencia causase una guerra civil, Leopoldo III optó por abdicar en su hijo Balduino I el 16 de julio de 1951, cuando este cumplía la mayoría de edad.

Leopoldo III conservó su título de rey y continuó viviendo en el palacio de Laeken, donde Balduino le mantuvo en el papel de cabeza de familia. Esta situación acabó cuando el joven rey Balduino se casó. Entonces, Leopoldo se instaló con su segunda esposa y sus hijos en la propiedad real de Argenteuil, cerca de Bruselas. Dedicó el resto de su vida a su pasión, la antropología social, y organizó expediciones científicas a zonas tropicales (Alto Orinoco, en donde se bautizó un lago en su nombre, Darién, Amazonía, Zaire, Senegal) y enriquecerá con sus colecciones el Museo Real de Historia Natural belga. Tras ser sometido a una operación de by pass, falleció el 25 de septiembre de 1983, y sus restos reposan en el panteón real de la iglesia de Laeken (Bruselas).

Sus hijos son:

Con Astrid de Suecia:

Con Lilian Baels:

Asimismo, en 1940, tuvo una hija ilegítima, Ingebord Verdun, con Liselotte Landbeck, campeona de patinaje artístico austriaca, casada con el también patinador belga Robert Verdun. Liselotte fue contratada por el propio rey Leopoldo para enseñar a patinar a sus tres hijos mayores y, tras el nacimiento de su hija, se divorció mudándose a Suecia y contrayendo otro matrimonio en este país. Esta hija vive en EE. UU. y, hasta los años 90, no supo quién era su verdadero padre, a pesar de que lo sospechaba desde antes.[3]




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