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Orosius



Paulo Orosio (en latín, Paulus Orosius) (¿Braga, provincia de Gallaecia?, c. 383-¿?, c. 420) fue un sacerdote, historiador y teólogo hispano, posiblemente natural de Bracara Augusta (lo que hoy se conoce como Braga, Portugal).[1]​ Aunque hay algunos interrogantes sobre su biografía, como la fecha exacta de nacimiento, se sabe que fue una figura de gran prestigio desde el punto de vista cultural, dado que tuvo contacto con las grandes personalidades de su época, como Agustín de Hipona o Jerónimo de Estridón. Para relacionarse con ellos viajó por ciudades de la costa meridional del mar Mediterráneo, como Hipona o Alejandría.

Dichos viajes determinaron su vida y su producción intelectual. Con san Agustín no solo conversó sobre temas teológicos, sino que pudo colaborar con él en la elaboración de la obra La ciudad de Dios.[2]​ Además, este lo eligió en 415 para viajar a Palestina e intercambiar información con otros autores, lo que también le permitió participar en un concilio en Jerusalén y, de vuelta, portar las reliquias de san Esteban. Finalmente, su fecha de fallecimiento tampoco se sabe con exactitud, aunque, en cualquier caso, no parece posterior a 423.[3]

A lo largo de su vida escribió tres obras, de entre las cuales sobresale la llamada Historiæ adversus paganos. Se trata de uno de los libros con más repercusión de la historiografía en el paso de la Edad Antigua a la Edad Media, así como de la hispana de todos los tiempos. Además, es el escrito en el que el autor pone de manifiesto su metodología histórica. Es básicamente una narración histórica desde los primeros tiempos hasta el momento en el que vive, aunque dando un papel preeminente a los pueblos paganos.[4]

Paulo Orosio fue una figura altamente influyente tanto desde el punto de vista divulgativo (Historiæ adversus paganos fue una de las principales obras utilizadas hasta el Renacimiento para estudiar la Antigüedad) como historiográfico (su metodología histórica tuvo gran repercusión en historiadores posteriores).[5][6]

A pesar de que su obra ha tenido una gran repercusión, su biografía está cargada de interrogantes que impiden reconstruirla con precisión y seguridad. Dichos interrogantes, por la escasez de fuentes, son especialmente pronunciados en su nacimiento y su fallecimiento.[7]​ No obstante, se trata de un autor ampliamente estudiado y por tanto existen diversos estudios que proponen fechas para ambos sucesos.

Las principales referencias para la biografía de Orosio provienen de los escritos de Genadio de Marsella y Braulio de Zaragoza, aunque no hay que olvidarse de sus propias obras.[7]​ Además, Orosio es mencionado en algunas cartas de san Agustín.

Respecto al apelativo de Paulo Orosio, la duda no está en «Orosio» sino en el nombre antepuesto de «Paulus». Básicamente, el problema está en que no se sabe completamente si se llamó así o si simplemente era Orosio y con el paso del tiempo se le incorporó el otro nombre. Esto pudo ocurrir debido a que la sigla «P» de presbítero siempre acompañaba a su nombre, y con el paso del tiempo posiblemente se generó la confusión.[8]

Sin embargo, esta idea tiene lagunas de base, pues ya en autores inmediatamente posteriores a Orosio aparece el nombre Paulo. De hecho, incluso el propio Casimiro Torres Rodríguez, uno de los principales estudiosos sobre la figura de Orosio, señala que Paulo pudo ser la acepción cristiana y Orosio la indígena, una teoría que tampoco habría que descartar.[8]

Sea como fuere, es un tema que ha sido ampliamente estudiado, para el cual la teoría más actualizada quizá sea la de Pedro Martínez Cavero, otro gran estudioso de la figura orosiana.[9]

En cuanto a su origen, se trata de un tema polémico aunque prácticamente resuelto.[1]​ Fundamentalmente hay cuatro teorías en torno a este tema, que escuetamente resumidas son:

Por último, la fecha de nacimiento no consta en ningún lugar, pero se han hecho cálculos que aportan una más que posible. Si en 415 hay constancia de que san Agustín habló de Paulo Orosio como «un joven presbítero», eso significa que en ese momento no podía tener más de 40 años —por ser joven— ni menos de 30 —por ser presbítero—.[14]

De ese modo, habría una horquilla de diez años que permitiría fijar la fecha entre 375 y 385, aunque la fecha más aceptada se fija en 383, debido a que eso supondría que cuando Orosio llegó junto a san Agustín tendría 32 años, es decir, pasaron dos desde que fuera ordenado presbítero.[9]

A pesar de la escasez de fuentes al respecto, si se da por buena la fecha de nacimiento del apartado anterior —o, al menos, la horquilla de diez años entre 375 y 385— habría que enmarcar a Paulo Orosio en un momento de auge cultural junto a Hidacio, los Avitos o el propio Orosio.[15]​ También hay que tener presente que el priscilianismo estaba en pleno desarrollo.

Las teorías clásicas plantean que Paulo Orosio podría pertenecer a una familia de buena posición social,[16]​ lo cual le permitió acceder a una buena formación. Esta se desarrolló en términos cristianos, aunque Orosio, aceptando que nació en Braga, tuvo siempre un fuerte conocimiento de la cultura rural del momento.

La historiografía contemporánea señala que desde la juventud de Orosio se tenía la imagen de que era locuaz y erudito,[17]​ aludiendo a afirmaciones tanto de san Agustín como del papa Gelasio I. En cualquier caso, todo lo referente a la juventud del autor no son más que hipótesis y conjeturas, pues, como ya se ha dicho, junto a su desaparición, es la época peor conocida de su biografía.

En principio, es seguro que Paulo Orosio vivió en Gallaecia (Hispania noroccidental) hasta 409, pero a partir de ahí, y hasta 415, no hay ninguna fecha segura. La cronología tradicional, o al menos la más extendida,[19]​ plantea la sucesión de hechos que se desgranará en los siguientes párrafos.

Al parecer, Orosio tuvo que salir de Braga a raíz de las invasiones germanas. La fecha en que esto se produjo no está clara, pero lo que no se pone en duda es que salió de allí abruptamente. Incluso, el propio Orosio afirma que fue perseguido hasta la misma playa en la que embarcó.[20]

De entre todas las fechas planteadas para la salida de Braga, que van desde 409 hasta 414, lo más operativo es quedarse con las dos más aceptadas:

Lo cierto es que una vez Orosio salió de la península ibérica tenía claro que su destino era Hipona, para encontrarse con el mayor intelectual de la época: san Agustín. Desde su llegada, Orosio pasaría a formar parte del equipo que trabajaba junto a Agustín de Hipona, por lo que es posible que el autor colaborase en la elaboración de La ciudad de Dios o que al menos conociese la obra.[2]

En 415, san Agustín encargó a Orosio una tarea que solo podía realizar alguien de su más profunda confianza: viajar a Palestina para encontrarse con Jerónimo de Estridón, otro escritor con el que las relaciones no eran precisamente buenas.

El viaje a Palestina respondía a un doble motivo: el interés de Orosio, que quería tratar con Jerónimo de Estridón diferentes temas teológicos —en especial el relacionado con el origen del alma— y el interés de san Agustín, que le mandaba para estrechar lazos con dicho intelectual y para recabar información sobre la herejía pelagianista.[21]

De hecho, en 415, una vez instalado en Belén junto a Jerónimo, Paulo Orosio se entrevistó con el propio Pelagio por mandato de san Agustín. Además de recabar información sobre el pelagianismo, Orosio participó en 415 en un concilio en Jerusalén, en el cual Orosio mantuvo un enfrentamiento con Juan II —obispo de Jerusalén—, que le acusó de hereje ante todo el cónclave. Para defenderse, Orosio escribió su segunda obra, Liber apologeticus, en la cual rechazaba dicha afirmación de manera tajante.[22]

Lo primero que hizo Orosio al encontrarse con Jerónimo fue entregarle la correspondencia que traía para él de parte de san Agustín, lo que implicaba que el viaje estaba concebido desde el primer momento como de ida y vuelta, pues también debía entregar la correspondencia de Jerónimo a san Agustín a su vuelta. En paralelo a esto, a fines de 415 aparecieron las reliquias de san Esteban, y parte de estas fueron encomendadas a Orosio para que las trasladase hasta Braga.[23]​ Eso marcaría tanto el inicio de su viaje de regreso como, desde el punto de vista actual, de una nueva época de su vida carente de fuentes para su estudio.

Dado que las reliquias de san Esteban aparecieron el 26 de diciembre de 415, Orosio no pudo partir con anterioridad a esta fecha. Aunque su idea era ir a Braga, tenía que pasar a la fuerza por Hipona —de hecho llevaba escritos de Jerónimo para san Agustín—, y también hay constancia de que pasó por Jerusalén y por Alejandría, aunque esto último no se sabe si lo hizo a la ida, a la vuelta o en ambas ocasiones.[24]

Durante su segunda estancia en Hipona, mantuvo una larga entrevista con san Agustín, en la que le entregó la correspondencia que portaba de parte de Jerónimo y le informó del encuentro que tuvo con Pelagio.[25]​ Durante este reencuentro con san Agustín se gestó la gran obra de Paulo Orosio, las Historiæ adversus paganos. Sin embargo, surgen problemas a la hora de datar tanto la elaboración como la finalización del libro, para lo cual hay opiniones de diversos tipos:

Tras la publicación de las Historias, no hay apenas información sobre Paulo Orosio. Se sabe que estuvo en Menorca, pero se desconoce la fecha en que falleció. Esta ausencia de referencias a Orosio pudo deberse a un distanciamiento con san Agustín, el cual no hace ninguna referencia clara a las Historias de Orosio una vez publicadas. Genadio de Marsella indica que el autor vivió, al menos, hasta el fin del mandato del emperador Flavio Honorio, que se prolongó hasta 423, pero no hay ninguna noticia de Orosio desde 417, y parece poco probable que un autor tan activo estuviese seis años sin dar noticias.[3]

Existen más posibilidades, desde una posible muerte repentina hasta una suerte de leyenda que habla de que Orosio finalmente llegó a Hispania, fundó un monasterio cerca del Cabo de Palos y terminó allí sus ideas, algo que hoy por hoy parece poco probable.[3]

Aunque el escrito más importante de Paulo Orosio fueron las Historiæ adversus paganos, también hay que tener en cuenta las otras dos obras que se conservan del autor, conocidas generalmente como Commonitorium y Liber apologeticus.[28]

El nombre completo del primer libro es Consultatio sive commonitorium ad Augustinum de errore Priscillianistarum et Origenistarum (en español: Consulta o advertencias de Agustín acerca del error de los priscilianistas y de los origenistas).[27]​ Su cronología está salpicada por los mismos claroscuros que la biografía de Orosio, pues en principio es una obra destinada a san Agustín y por tanto su fecha de redacción tiene como límite su llegada a África, entre 409 y 414 tal y como ya se ha desgranado.[29]​ El segundo límite cronológico se encuentra en 415, fecha tradicional de publicación de la obra Liber ad Orosiumcontra Priscillianistas et Origenistas, en la cual san Agustín responde al Commonitorium de Orosio.[30]

El libro no solo estaba dirigido a Agustín de Hipona, sino que estuvo precedido por conversaciones con el santo.[31]​ En él, no solo se relata su viaje a África, sino que se hace una aproximación al priscilianismo y al origenismo, se pide consejo a san Agustín sobre algunos temas teológicos y, en definitiva, se exponen algunas inquietudes de Orosio.[32]

Respecto al segundo libro, su nombre completo es Liber apologeticus contra Pelagium de arbitrii libertate.[33]​ Esta producción hay que enmarcarla en la participación de Paulo Orosio en el concilio de Jerusalén en 415.[34]​ En él se produjo un gran debate teológico, durante el cual el obispo Juan acusó a Orosio de hereje por sostener que el hombre no podía permanecer libre de pecado ni con auxilio divino.[34]

Para defenderse de tales acusaciones, Orosio redactó su Liber apologeticus, en el cual expone los motivos por los que participó en el sínodo —fue invitado por Jerónimo— y rechaza la acusación de herejía que se realizó sobre él.[33]​ No obstante, ninguna de las dos obras son de carácter histórico, a pesar de tener elementos que ayudan positivamente a la reconstrucción de la vida de Orosio.

La gran obra de Paulo Orosio es Historiæ adversus paganos, la única histórica en sí misma y la que sirve para desentrañar la metodología histórica del presbítero hispano. La fecha de elaboración del libro presenta problemas, pues no existe una teoría unánimemente aceptada por la historiografía. De todos modos, la línea más tradicional sitúa la redacción de las Historias entre 416 y 417.[26][35]

Una definición clara y concisa sobre el libro histórico de Orosio es la que Miguel Ángel Rábade Navarro ofrece en uno de sus artículos sobre el autor, en el cual habla de las Historias como de una «obra histórica universalista de carácter apologético y providencialista, cuyo fin primordial es comparar un pasado pagano con un presente cristiano a través de sus hombres, sus acciones y su medio geográfico y temporal».[4]​ Moralejo afirma que su tesis básica es "demostrar a los paganos laudatores temporis acti que no eran mayores las calamidades de la época contemporánea que las padecidas por la humanidad antes de abandonar a los viejos dioses en favor del Cristianismo".[36]​ Inicia así Orosio su recuento desde la creación del mundo recopilando los más notorios desastres sociales y naturales de todos los tiempos, lo que acabó valiendo a su obra en parte de la tradición manuscrita el título de Moesta mundi / Desdichas del mundo.[37]

Sea como fuere, se trata de una obra que tiene un origen concreto y un objetivo claro. Su origen responde a una petición expresa de Agustín de Hipona, que le pide una obra como complemento a su De civitate Dei en la cual se trace la historia haciendo hincapié en los pueblos paganos.[38]​ La fecha en sí, como ya se acaba de decir, no es de interés en este momento, al menos no tanto como el objetivo que tenía Orosio, que recogió la petición de san Agustín y trazó una obra cuyo objetivo era plantear que la decadencia de Roma —cabe recordar que en 410 se produjo el saqueo de Roma por Alarico I— no tenía que ver en absoluto con el cristianismo.[39]

A lo largo de los siete libros que componen esta producción, Orosio introduce algunos aspectos novedosos y otros que recogen la tradición historiográfica greco-romana.[40]​ Como premisa sobre el contenido hay que decir que Orosio en ningún momento trata de ofrecer una imagen negativa sobre los pueblos paganos —lo cual es una herencia grecorromana, pues los historiadores de ese momento histórico trataban de dar en líneas generales una imagen positiva del «enemigo»—.[40]

Tanto o más que historiador es Orosio historiólogo o filósofo de la historia.

El carácter universalista de la obra de Orosio quizá sea el matiz más destacable respecto a los demás. De hecho, a pesar de que casi todo es discutible respecto a este autor, desde su biografía hasta su producción, en este punto coinciden todo tipo de autores, desde clásicos como Menéndez y Pelayo hasta el moderno Torres Rodríguez.[41]​ Es más, su obra no solo se señala como universal, sino como la primera obra de historia universal de índole cristiana —o la última del universalismo clásico, si se prefiere—.[42]

Paulo Orosio no solo es un autor ampliamente estudiado, sino que dio su propia percepción de su metodología histórica en algunos de los prólogos de las obras que componen sus Historias. Tenía muy claro su objetivo: quería escribir desde la creación hasta los días en los que él vivió, lo cual es una declaración de intenciones clara hacia el universalismo historiográfico.[43]

Para seguir el devenir histórico a lo largo de su obra, Paulo Orosio utiliza la denominada teoría de la sucesión de los cuatro imperios universales,[44]​ la cual va trazando la historia tomando la premisa de que a partir de las ruinas de una gran civilización surge otra. Así, su propia teoría toma cuatro imperios históricos, Babilonia, la Roma pagana, Macedonia y Cartago, y un quinto, la Roma cristiana, como herencia de todos ellos.[45]​ De hecho, durante la narración los cuatro imperios tienen un mismo devenir y unos paralelismos muy marcados en oposición a la Roma que desea ensalzar.[4]

La novedad fundamental que aporta Orosio a la teoría descrita en el párrafo anterior es que introduce a Cartago entre Macedonia y Roma, algo que estudiosos como García Fernández destacan como hecho definitorio y definitivo.[39]

Otra característica importante de la obra histórica orosiana es la que se denomina como patriotismo.[46]​ En este sentido hay dos posturas claramente diferenciadas, una más tradicional impulsada por Torres Rodríguez y una más novedosa aportada recientemente por García Fernández.

La teoría de Torres Rodríguez habla de patriotismo en el sentido de que Orosio hace especial hincapié en los hechos que ocurren en Hispania, algo normal por la procedencia de Orosio, pero que él tilda no solo de patriotismo sino también de hispanismo.[46]​ Pone ejemplos al respecto con narraciones de acontecimientos en las Historias, como los ocurridos en Braga o en el hecho de que fuese el propio Orosio el encargado de trasladar las reliquias de san Esteban.[47]​ Incluso señala que las narraciones de Orosio son a veces argumento para los grupos nacionalistas gallegos de la actualidad.[47]

En oposición a esto está García Fernández, que en 2005 hace alusión explícita a Torres Rodríguez, señalando como exagerada la calificación de «patriótica» efectuada sobre la metodología histórica de Orosio.[48]​ En este sentido rechaza prácticamente todas las afirmaciones que hace Torres Rodríguez al respecto,[49]​ utilizando un concepto diferente y más de moda en la historiografía de comienzos del siglo XXI, pues habla de localismo.[50]​ Siguiendo esa línea, más que hispanismo señala una “actitud benévola” frente al indígena hispano,[50]​ algo que se puede relacionar con sus orígenes.

Un punto de interés más es el pesimismo con el que Orosio trata determinados temas y el exagerado optimismo con el que se refiere a otros. En líneas generales es pesimista respecto a todo lo pagano/pasado y optimista respecto a todo lo cristiano/presente, algo que sin duda es destacable por los duros tiempos que le tocaron vivir.[51]

Esta característica impregna todas las demás, en especial en cuanto a que a lo largo de su narración hace especial hincapié en los sufrimientos de los vencidos,[52]​ y las miserias de las guerras.[53]​ Respecto a esta característica se puede fijar una clara influencia de san Agustín, en cuanto a que lo que Orosio plantea son dos caras de una misma moneda al más puro estilo del dualismo agustiniano, en el que la vida cristiana está frente a una posibilidad negativa de muerte.[54]

Así, el pasado se presenta como una cadena de infortunios con ejemplos concretos, desde el diluvio universal hasta los naufragios de barcos en el mar Mediterráneo, y el futuro como algo optimista a pesar de la realidad en la que vivió.[54]

Para llevar la narración en una línea de sufrimiento y tragedia se fija en numerosas ocasiones en los derrotados, algo que choca con la historiografía romana que suele dar preeminencia a los victoriosos.[52]​ No obstante, desde el punto de vista historiográfico hay algunas asperezas que limar en este sentido, pues para tratar de conmover al lector y llevarlo a su postura Orosio a veces utiliza mitos y leyendas como si fuesen hechos históricos.[55]

Otra crítica tradicional a la obra de Paulo Orosio viene de la mano de este pesimismo/optimismo, el cual le lleva a ofrecer una narración que en muchos compases carece de sentido crítico.[56]​ Esto divide a la historiografía en autores que lo califican como tendencioso y otros que rechazan esta crítica, y le justifican diciendo que contempla la historia al modo que el cristiano contempla la vida.[56]​ Dicho de otro modo, la justificación tiene su base en el carácter providencialista de la obra del autor.[4]

Tampoco hay que pasar por alto la capacidad narrativa de Paulo Orosio. El autor tiene un objetivo claro: que los cristianos se defiendan de las acusaciones de los romanos no cristianos, que les acusan de que la llegada de los germanos es un castigo por dejar de lado al panteón de dioses clásico de la ciudad.[57]

En este sentido, los recursos narrativos que utiliza Orosio van más allá del pesimismo/optimismo que se ha visto en el apartado anterior para encauzar su argumento. La idea fundamental es que el pasado es peor que el presente siempre, simplemente por estar alejado de la verdadera religión.[57]

El hecho de que tenga su objetivo tan claro le lleva a ejecutar cada uno de sus relatos con un fin concreto. De este modo, hay sucesos que se narran de manera especialmente breves y otros que se presentan con todo lujo de detalles, lo cual no se hace por escasez de fuentes —Orosio afirma que el historiador debe ser selectivo con lo que tiene— sino más bien para hacer énfasis en lo que le interesa para refrendar su idea.[53]

El hecho de que su obra tenga una intención moral y apologética hace que se centre en sucesos poco habituales, como las miserias de la guerra sobre la población.[43]​ Esta elección de hechos es la que, en buena medida, posibilita que se hable de patriotismo, por ejemplo, pues siempre presta mucha atención a los sucesos en Hispania.

Paulo Orosio concede, y esto también es digno de ser destacado, una gran importancia a la Geografía para su labor como historiador.[58]​ La muestra de esto es la descripción geográfica del mundo que hace Orosio en el segundo capítulo del primero de los siete libros que componen las Historias.[58]

A pesar de que la descripción geográfica cuenta con algunas imprecisiones, como las referidas al empleo excesivo del sustantivo «Cáucaso» para referirse a otras cordilleras al margen de esta,[59]​ es destacable que se incluya un capítulo geográfico. Esto ha conferido valor, en la historiografía moderna, a la obra de Orosio, gracias a autores como Lucien Febvre o Fernand Braudel.

Tomando por cierto el supuesto distanciamiento entre Paulo Orosio y Agustín de Hipona en los tramos finales de la vida del primero, esto no tuvo que producirse en ningún caso a raíz de las Historias, y de hecho no afectó en absoluto a su distribución y repercusión.[60]

A pesar de todo lo que se ha dicho anteriormente sobre la obra de Orosio, respecto a que en algunas ocasiones ha recibido críticas concretas, esta tuvo éxito prácticamente desde su confección, y hasta el Renacimiento fue tomada como una de las principales obras de la historiografía hispana.[5]​ Este éxito hizo en buena medida que también se conservaran los otros dos escritos del autor.

Historiæ adversus paganos es una obra citada por todo tipo de autores, desde san Braulio hasta Dante Alighieri. Incluso, el propio Lope de Vega le dio un papel a Paulo Orosio en su obra El cardenal de Belén, lo que da buena cuenta de la longevidad de la fama de Orosio.[6]​ De hecho, la obra no solo fue citada por doquier, sino que fue uno de los principales libros escolásticos para el estudio de la historia antigua durante toda la Edad Media.[6]

La obra ha sido ampliamente copiada, y se conservan nada menos que 82 manuscritos y 28 incunables de los primeros tiempos de la imprenta.[6]​ Después se siguió copiando, e incluso se han conservado ediciones de la obra del siglo XVI en italiano y alemán.[6]

Respecto a las ediciones más actuales, desde el siglo XIX hay de todo tipo. En el caso de este artículo se ha trabajado sobre la edición de Torres Rodríguez, pero existen otras muchas igualmente válidas, tanto en castellano como en otros idiomas.



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