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Rupicola peruviana



El gallito de las rocas peruano ,[4]​ (en quechua: tunki) o simplemente gallito de las rocas[5]​ (Rupicola peruvianus), es una especie de ave paseriforme de la familia Cotingidae, una de las dos perteneciente al género Rupicola. Es nativo de la región andino - amazónica del noroeste y oeste de América del Sur. No se conocen subespecies. Su pariente más cercano es el gallito de las rocas guayanés (R. rupicola) y es notable por la increíble belleza de su plumaje. En Ecuador se lo puede encontrar en las estribaciones occidentales de los Andes.

Se le denomina también gallito de las rocas de los andes (en Perú), gallito de las sierras (en Venezuela), gallo de la peña andino (en Ecuador), gallito o gallo de roca andino (en Colombia),[3]gallito de monte, berreador o chaperón.[cita requerida]

Se distribuye por los contrafuertes andinos desde el oeste Venezuela pasando por Colombia, Ecuador y Perú hasta el centro oeste de Bolivia.[6]

Esta especie es considerada localmente no poco común en su hábitat natural, los altos y húmedos bosques de neblina de la Amazonía ubicados en la vertiente oriental de la cordillera de los Andes entre los 500 y 2400 metros de altitud, donde prefiere los barrancos y quebradas[7]​ (también conocidos como yungas).

Hace décadas los gallitos de las rocas se encontraban, no solamente en las vecindades del Orinoco, sino en las matas de monte vecinas al agua, en los climas medios y fríos de todo el país, pero su belleza incomparable y su popularidad los convirtió, desde principios del siglo pasado, como se lee en el testimonio de Humboldt, en aves perseguidas por muchos, Actualmente está sufriendo fuerte presión de captura y tráfico teniendo en cuenta que un ejemplar puede alcanzar $ 7,000 en el mercado ilegal externo.[cita requerida]

Por estas razones, se puede considerar que los gallitos de las rocas están en peligro de extinción, pese a su clasificación actual como preocupación menor en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Presentan un marcado dimorfismo sexual. El macho posee un plumaje muy colorido, combinación de naranja y negro. Las hembras, en contraposición, poseen un plumaje de color austero y apagado, dominado por tonos en marrón. Se alimenta sobre todo de frutos diversos cuyas semillas digiere y dispersa siendo así un instrumento de la naturaleza en la preservación de su entorno ecológico.[8]

El pico corto, las patas y los dedos son fuertes. Ambos sexos tienen una cresta de plumas en forma de disco permanentemente desplegada (mucho más grande en los machos). A pesar de los brillantes colores en los machos, por lo general son difíciles de observar cuando no están en sus campos de despliegue, pues son ariscos y viven en cascadas muy profundas o en colinas remotas de tierras bajas.

Por lo general es silencioso, Son principalmente diurnos, aunque tienen actividades al atardecer donde salen a buscar frutas.

El gallito de las rocas peruano es frugívoro, se alimenta de una gran cantidad de frutos silvestres(secos), los que crecen en grandes cantidades en el bosque de montaña de las vertientes orientales andinas.

Los gallitos de las roca son, sin duda, únicos, pero muchas de las aves más conspicuas de los bosques tropicales son también eminentemente frugívoras. Esto es consecuencia de que entre el 50% y 80% de los árboles de la selva amazónica producen frutas como mecanismo de propagación. Además de su probada abundancia, factores adicionales como la disponibilidad y diversidad de los frutos silvestres determinarán que sea posible hallar frutas en cualquier estación o época del año, aunque la calidad del alimento no sea la misma durante todo el año.

Según las investigaciones realizadas por biólogos de campo, la abundancia de alimento en la zona donde habita permite que en poco tiempo el gallito de las rocas macho satisfaga sus necesidades alimentarias, quedando libre para dedicarse a su complejo sistema de competencia dentro de la bandada. La hembra, en cambio, se encarga sola de la incubación y el cuidado de las crías. Esta dedicación uniparental podría deberse a que el tráfico continuo del macho por las cercanías del nido atraería la atención de los depredadores (águilas, serpientes, hurones y coatíes), añadiendo un factor de riesgo al de por sí peligroso esfuerzo de criar una camada de polluelos. El color apagado de las hembras toma entonces un valor fundamental, ya que sirve, junto a sus poco conspicuos nidos, para evitar ser detectada por sus enemigos.

Su nombre, dice Humboldt, se asocia con las rocas porque habita en cañadas húmedas de gran profundidad en las que frecuentan las barrancas o peñas empinadas; allí entre huecos crían sus polluelos.

En un estudio realizado en el sudeste peruano mencionan que la reproducción se inicia en el mes de octubre con la formación de leks y termina con la incubación en los meses de noviembre a febrero, la hembra se encarga sola del cuidado del huevo y la cría, la incubación dura de entre 40 a 42 días, pero las crías permanecen con la hembra los primeros tres meses (Quispe & Florez, 2006)

Pero entonces, surge la pregunta obvia: ¿Qué es lo que ofrecen los machos a estas autosuficientes hembras?. La respuesta parece ser, simplemente, sus habilidades como cantantes y bailarines. Las singulares demostraciones de los machos, bailando y cantando en lugares seleccionados del bosque conocidos con el nombre escandinavo de lek, constituyen una eficaz forma de selección entre los machos de la especie. El macho que baile mejor a los ojos de la hembra, y aquel que regrese puntual cada día a la sesión de baile evitando ser presa de los depredadores, será elegido para brindar sus genes a las nuevas generaciones de gallitos de las rocas.

De las muchas hipótesis que existen sobre la formación de leks, parece que la de los gallitos de las rocas se aproxima a la de la Teoría de los Sitios importantes (Hotspots en inglés) de acuerdo a un estudio realizado en el sureste peruano donde se comparan cuando menos 20 diferentes características del hábitat (Quispe & Florez, 2006), resaltaron entre las más importantes, la composición vegetal, la iluminación y la cercanía de los lugares de anidamiento.

Cuando se exhiben en leks, emiten una variedad de llamados como graznidos y gruñidos sonoros que alcanzan la cacofonía cuando la hembra se aproxima. Ambos sexos emiten un alto y quejoso «uaank?» o «quaannk?», especialmente en vuelo.[7]

El gallito de las rocas es el ave símbolo de Perú.[5]

Su forma exótica es muy popular, pues su figura ha sido plasmada en grabados, pinturas y fotografías que se publican por doquier. La figura del gallito es el símbolo de la Sociedad Vallecaucana de Ornitología.[9]

La especie R. peruvianus fue descrita por primera vez por el naturalista británico John Latham en 1790 bajo el nombre científico Pipra peruviana; localidad tipo «Chanchamayo, Junín, Peru».[6]

El nombre genérico masculino «Rupicola» deriva del latín «rupes, rupis»: roca, y «colere»: habitante; significando «habitante de las rocas».[10]​ y el nombre de la especie «peruvianus», se refiere a Perú, país de la localidad tipo de la especie.[11]

Berv & Prum (2014)[12]​ produjeron una extensa filogenia para la familia Cotingidae reflejando muchas de las divisiones anteriores e incluyendo nuevas relaciones entre los taxones, donde se propone el reconocimiento de cinco subfamilias. De acuerdo a esta clasificación, Rupicola pertenece a una subfamilia Rupicolinae Bonaparte, 1853, junto a Carpornis, Phoenicircus y Snowornis.

Según la clasificación del Congreso Ornitológico Internacional (IOC)[13]​ y Clements Checklist v.2017,[14]​ se reconocen cuatro subespecies, con su correspondiente distribución geográfica:[6]



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