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Santiago Casares Quiroga



¿Qué día cumple años Santiago Casares Quiroga?

Santiago Casares Quiroga cumple los años el 8 de mayo.


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Santiago Casares Quiroga nació el día 8 de mayo de 1884.


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La edad actual es 140 años. Santiago Casares Quiroga cumplió 140 años el 8 de mayo de este año.


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Santiago Casares Quiroga (La Coruña, 8 de mayo de 1884 - París, 17 de febrero de 1950) fue un abogado y político español de ideología republicana que ejercería importantes puestos durante la Segunda República.

Desde temprana edad estuvo ligado al republicanismo y llegó a militar en varias organizaciones políticas. Amigo personal de Manuel Azaña, formaría parte de varios gabinetes presididos por este, llegando a desempeñar las carteras de Marina, Gobernación u Obras Públicas. Durante el período republicano también fue diputado en las Cortes.

En mayo de 1936 se convirtió en presidente del Consejo de Ministros, presidiendo el gobierno de la República en los meses que precedieron al estallido de la Guerra civil española. Considerado un líder ineficiente,[1]​ se mostró confiado frente a la conspiración militar contra la República y cuando la rebelión tuvo lugar no supo reaccionar adecuadamente ante los acontecimientos. Así, la figura de Casares Quiroga ha quedado vinculada al golpe de Estado de julio de 1936.[2]

Nació en La Coruña el 8 de mayo de 1884,[3]​ en el número 6 de la calle Estrecha de San Andrés. Hijo de Santiago Casares Paz (oriundo de Santiago de Compostela) y Rogelia Quiroga Moredo (considerada, dependiendo de la documentación, oriunda de Cambre o de La Coruña), el matrimonio tuvo 7 hijos aparte de Santiago, si bien solo dos más, Arturo y Ceferino, llegaron a la edad adulta.[4]​ Su padre, concejal republicano,[5]​ masón y ateo,[6]​ llegaría a ser alcalde de La Coruña en 1917. Desde los cinco de edad Casares Quiroga padeció una (crónica) tuberculosis.[7]

Concejal del Ayuntamiento de La Coruña desde 1907,[7]​ formó parte junto a Segundo Moreno Barcia y José Martínez Rodríguez del núcleo republicano coruñés que se coaligó a su vez con elementos regionalistas y neocarlistas para constituir la llamada Solidaridad Gallega.[8]

«Casaritos», como era conocido de joven, terminó sus estudios de derecho en Madrid, en cuya Universidad Central se doctoró con una tesis sobre Ramón de la Sagra.[7]​ Tuvo una hija nacida en 1910 en Madrid, Esther Casares Quiroga, a la que reconoció con sus apellidos y se llevaría de vuelta a La Coruña, y con la que al parecer Casares Quiroga continuaría manteniendo contacto durante al menos su adolescencia.[9]

Destituido como concejal del consistorio coruñés como consecuencia de su participación en una campaña anticlerical en 1917,[7]​ contrajo matrimonio en 1920 con Gloria Pérez Corrales,[10][11]​ con la que tuvo en 1922 otra hija: la actriz María Casares.[12]

Fue fundador en 1928 del Partido Republicano Gallego,[13]​ del cual también fue uno de sus dirigentes; con posterioridad fue dirigente de la regionalista Organización Republicana Gallega Autónoma (ORGA),[14]​ si bien Casares Quiroga mostraría escaso interés en promocionar el galleguismo.[15]

Participó en el Pacto de San Sebastián (1930), una plataforma integrada por los principales partidos que buscaban propiciar la caída del régimen alfonsino y la proclamación de la República, en representación de la Federación Republicana Gallega. Esta era una plataforma republicana formada por la ORGA junto con otras fuerzas republicanas gallegas como el Partido Radical, los federales, los radical-socialistas.

En diciembre de ese año, fue enviado a Jaca como delegado del Comité Revolucionario Nacional (CRN) en la clandestinidad para evitar que el capitán Fermín Galán Rodríguez —encargado de sublevar la guarnición de la localidad pirenaica dentro del plan general— se anticipase a la fecha acordada por el CRN, dando con ello al traste con el plan del Comité.[16]​ Casares Quiroga llegó a Jaca la noche del 11 de diciembre, pero se fue a dormir a un hotel y no informó a Galán.[17]​ Con ello, la sublevación tuvo lugar a primera hora del día siguiente, con éxito efímero. Cuando Casares se enteró del levantamiento, enfurecido, se desentendió de la situación.[a]​ Tras el fracaso de la intentona Casares Quiroga sería detenido por las autoridades.

Encarcelado en la prisión Modelo de Madrid, en marzo de 1931 fue juzgado en consejo de guerra junto a otros miembros detenidos del gobierno provisional republicano; Casares Quiroga estuvo defendido por Luis Jiménez de Asúa.[19]​ Al igual que el resto de acusados, se le impuso una pena de seis meses y un día de cárcel, si bien —por decisión del consejo de guerra— fue puesto en libertad provisional el 24 de marzo.[20]

Con la proclamación de la Segunda República pasó a formar parte del gobierno provisional: fue nombrado ministro de Marina en el gobierno provisional, cargo que desempeñaría entre abril y octubre de 1931.[21]​ Ese mismo año, durante las elecciones Cortes Constituyentes, obtuvo acta de diputado por la circunscripción de La Coruña.

Con posterioridad asumiría la cartera de de Gobernación durante el bienio republicano-socialista (1931-1933),[22]​ presidido por Manuel Azaña, del que Casares era amigo personal. También ejerció la cartera de Comunicaciones entre diciembre de 1931 y marzo de 1932, con carácter interino.[23]​ Durante su etapa como ministro de la Gobernación tuvo que lidiar con una elevada conflictividad política y social, la cual incluyó varias revueltas de signo anarquista y un fallido golpe de Estado (agosto de 1932) protagonizado por el general José Sanjurjo. Casares Quiroga se opondría a la conmutación de la pena de muerte de Sanjurjo, ya que en su opinión ello «rompe la firmeza del Gobierno, alienta a los conspiradores, y nos impide ser rigurosos con los extremistas».[24]​ En enero de 1933 su imagen pública se vio afectada por la violencia que emplearon las fuerzas de orden público durante los Sucesos de Casas Viejas,[25]​ que terminaron con varios muertos. No obstante, sería Azaña el que asumiera personalmente la defensa de la actuación gubernamental en lugar de Casares.[26]

Cesó como ministro de Gobernación con la caída del gabinete Azaña, en septiembre de 1933. En los elecciones generales de aquel año logró revalidar su acta de diputado, a pesar de que la ORGA —renombrada como Partido Republicano Gallego (PRG) en 1932— sufrió un fuerte descalabro electoral, al igual que otras fuerzas republicanas de izquierda. Un año después el PRG se unió con la Alianza Republicana de Azaña y los radicalsocialistas independientes de Marcelino Domingo para crear una nueva formación: Izquierda Republicana (IR).[27]​ Este nuevo partido, en torno al cual basculó el republicanismo de izquierdas, se acabaría integrando en el Frente Popular de cara a las elecciones de febrero de 1936. En dichos comicios Casares Quiroga renovó su acta de diputado por La Coruña.

Sería nombrado ministro de Obras Públicas en un nuevo gabinete presidido por Manuel Azaña.[b]

El 13 de mayo de 1936 asumió la presidencia del Consejo de Ministros,[29]​ tras el acceso de Azaña a la presidencia de la República. En un principio la idea de los dirigentes del Frente Popular había sido que Indalecio Prieto asumiera la jefatura del gobierno, pero llegado el momento se encontraron con el veto de Francisco Largo Caballero y la facción socialista que este acaudillaba.[30]​ Casares Quiroga aceptaría el encargo de formar gobierno «por lealtad».[31]​ Al cargo de presidente también se uniría el de ministro de la Guerra.[29]​ En el comienzo de su mandato se declaró «beligerante contra el fascismo»,[32]​ presentando su nuevo gobierno un proyecto de ley de actividades peligrosas y contra el terrorismo.[33]​ También organizaría el referéndum sobre el Estatuto de Autonomía de Galicia,[34]​ el cual sería aprobado en votación popular el 28 de junio.

Aquejado de tuberculosis,[35][36]​ no supo ver el alcance de la conspiración cívico-militar que había en curso contra la República y se mostró confiado de poder controlar el movimiento subversivo. Al parecer la idea de Casares Quiroga pasaba por esperar al fracaso de la intentona golpista y, entonces, responder al mismo con todos los medios posibles; esta estrategia, de hecho, ya había sido empleada exitosamente por el gobierno Azaña durante la fracasada «Sanjurjada» de 1932.[37]

Ya en el mes de mayo el director general de Seguridad, José Alonso Mallol, entregó a Azaña y Casares Quiroga una lista de 500 implicados en la conspiración «con la recomendación de que se procediera a su detención».[38]​ Pero nada se hizo en ese sentido y la conspiración continuó su curso. El 15 de junio el gobernador civil de Navarra, Mariano Menor Poblador, avisó a Casares de una reunión de militares subversivos presidida por Mola en el monasterio de Irache, pero desde el gobierno se ordenó que no se tomara ninguna medida.[39]​ El 16 de julio varios miembros de la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA) visitaron al presidente para entrevistarse con él,[c]​ advirtiéndole de la inminencia de la sublevación y solicitándole la destitución de los generales Goded, Franco, Fanjul, Mola o Varela, así como otros muchos militares sospechosos (especialmente, africanistas como Yagüe).[40][41]​ Incluso un grupo nacionalista marroquí avisó al gobierno republicano de la implicación de oficiales del Ejército de África en la trama conspirativa.[42]​ Pero, a pesar de todo, Casares siguió sin hacer nada. Muy al contrario, en una ocasión llegaría a asegurar que el general Emilio Mola —cerebro de la conspiración— era «un general leal a la República».[43]

En aquel contexto se le atribuye frecuentemente haber pronunciado la siguiente frase: «Si los militares se quieren levantar, yo me voy a acostar».[44]

Cuando en la tarde del 17 de julio la guarnición de Melilla se sublevó, Casares Quiroga inicialmente se mantuvo optimista ante los acontecimientos.[45]​ Aquel día, viernes, había reunión del Consejo de Ministros. A pesar de la gravedad de los acontecimientos, no informó a sus ministros sobre lo sucedido; no sería hasta pasada una hora,[d]​ mientras intervenía el ministro Juan Lluhí, cuando interrumpió en seco la reunión y comunicó al gabinete lo sucedido en Melilla.[46]​ Tras abandonar la reunión se trasladó al Ministerio de la Guerra y tomó diversas medidas; entre otras, ordenó a varias unidades de la Marina de Guerra que se dirigieran a las costas del Marruecos español.

Sin embargo, la rebelión no tardaría en extenderse con éxito al resto del protectorado marroquí, y al día siguiente —18 de julio— esta alcanzaría la propia península, tras la sublevación de Sevilla —protagonizada por el general Queipo de Llano—, de Algeciras y de Córdoba. Casares continuó actuando como si todavía tuviese el control de la situación. En Madrid y otras capitales las organizaciones obreras, singularmente la CNT y la UGT, hicieron peticiones al gobierno para que autorizase el reparto de armas entre la población para resistir el golpe. Pero Casares Quiroga se negó rotundamente y llegó a decir: «Quien facilite armas sin mi consentimiento será fusilado».[47]​ Dio órdenes en este sentido a los gobernadores civiles. Tampoco se declaró el estado de guerra.[48]​ En cambio, se decretó la destitución de los generales Franco, Cabanellas, Queipo de Llano y González de Lara,[49]​ aunque la medida resultaría ineficaz. Exhausto por el rumbo de los acontecimientos,[50]​ dimitió en la noche del 18 de julio.[51]

Fue sustituido por Martínez Barrio, al frente de un gobierno que no llegó a tomar posesión, y por José Giral definitivamente.[52]

No ocupó ningún cargo público durante la guerra civil,[34]​ quedando en un segundo plano. Muy desacreditado ante los republicanos, en la zona sublevada la situación no fue mejor. El gobernador civil de La Coruña, el navarro José María Arellano, llegó al extremo de ordenar que se retirara su «odiado nombre» de todos los documentos públicos.[53]​ Tras la caída de Cataluña marchó a Francia junto con Azaña y Martínez Barrio. En la capital gala sufrió un incidente en el despacho de este último; al presentarse ante el secretario particular de Martínez Barrio, el profesor Juan Rueda Ortiz (hijo del anarquista Juan Rueda Jaime), este le replicó: "Pues tome usted en nombre de los republicanos españoles", lanzando un puñetazo acto seguido a la cara de Casares, el cual cayó de inmediato al suelo.[54]

En la primavera de 1940, ante la invasión de Francia por parte de los nazis, huye a Inglaterra ayudado por el doctor Juan Negrín, quien lo encuentra vagando en los muelles de Burdeos y espontáneamente lo invita a ir en un barco preparado por él; incluso lo alojó en su casa en Londres. Esto da una idea de la generosidad del entonces presidente del Gobierno de la República en el exilio, máxime cuando, según el historiador Juan Marichal, Casares era el político más opuesto, si cabe decirlo así de Negrín.[55]

Murió exiliado en París, en febrero de 1950.



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