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Wilhelm von Humboldt



¿Qué día cumple años Wilhelm von Humboldt?

Wilhelm von Humboldt cumple los años el 22 de junio.


¿Qué día nació Wilhelm von Humboldt?

Wilhelm von Humboldt nació el día 22 de junio de 1767.


¿Cuántos años tiene Wilhelm von Humboldt?

La edad actual es 257 años. Wilhelm von Humboldt cumplió 257 años el 22 de junio de este año.


¿De qué signo es Wilhelm von Humboldt?

Wilhelm von Humboldt es del signo de Cancer.


¿Dónde nació Wilhelm von Humboldt?

Wilhelm von Humboldt nació en Potsdam.


Friedrich Wilhelm Christian Carl Ferdinand, barón de Humboldt (Potsdam, 22 de junio de 1767-Tegel, Berlín; 8 de abril de 1835), llamado habitualmente Wilhelm von Humboldt, y, en español, Guillermo de Humboldt, fue un erudito y hombre de estado prusiano, uno de los fundadores de la Universidad de Berlín (en la actualidad Universidad Humboldt de Berlín).[cita requerida]

Humboldt fue uno de los intelectuales prusianos de mayor y más perdurable influencia en la cultura de su país. Si su obra se contempla en relación con la de su hermano, Alexander von Humboldt, será difícil encontrar dos hermanos que hayan enriquecido su época con tal impulso investigador y tanto saber. Wilhelm dedicó sus esfuerzos a las letras, enfocando sus trabajos hacia problemas tales como la educación, la teoría política, el estudio analítico de las lenguas, la literatura y las artes, además de trabajar activamente en la reforma del sistema educativo y en la diplomacia de su nación, Prusia.[cita requerida]

Por parte de padre, los hermanos Humboldt provenían de una familia burguesa de Pomerania. Su abuelo había sido oficial del Ejército Prusiano y había sido elevado a la nobleza por méritos militares y a petición propia en 1738. Su hijo, Alexander Georg, tras retirarse del servicio militar, fue nombrado chambelán de la esposa del heredero de la corona por Federico II de Prusia, hasta el fracaso de ese matrimonio en 1769. Tres años antes, en 1766, Alexander Georg se había casado con la rica viuda de origen hugonote Elisabeth von Holwede, nacida Colomb, y había conseguido el Palacio de Tegel y los terrenos circundantes a través de la esposa. En la educación de sus hijos Wilhelm y Alexander, en verano en Tegel y en invierno en la ciudad de Berlín, no se ahorraron medios.

Los padres contrataron a varias personas de renombre para la educación de sus hijos. Entre ellos Joachim Heinrich Campe y, desde 1777 y durante más de 10 años, Gottlieb Johann Christian Kunth, que coordinaba y planificaba la educación, además de supervisar a los diferentes profesores. Como preparación para su formación universitaria, los estudios incluían macroeconomía, estadística, derecho natural y filosofía. Kunth, que también había conseguido una posición de confianza en la administración de las propiedades de los Humboldt, se convirtió, tras la muerte de su patrón, en un consejero imprescindible para la viuda y también en el administrador de los bienes de los hermanos Wilhelm y Alexander. Wilhelm a cambio impulsó más tarde el ascenso de Kunth a colaborador del Barón de Stein durante la era de las reformas en Prusia y además cumplió el deseo de Kunth de ser enterrado en el panteón familiar en Tegel tras su muerte en 1829.

Con 13 años Wilhelm ya hablaba griego, latín y francés con fluidez y conocía a los autores más importantes de las correspondientes literaturas. Su enorme capacidad de estudio preocupó a menudo a las personas cercanas. En el marco de la educación preparada por Kunth, los hermanos visitaron la casa del médico Markus Herz, erudito con intereses diversos que daba clases de filosofía y física. También entraron en contacto con el salón de la esposa de Herz, Henriette Herz, por la que Wilhelm sintió una fugaz pasión. Como miembro del Bund der Freunde (Alianza de amigos) del matrimonio, uno de los muchos Tugendbund (Alianza o Agrupación moral) existentes, a la que pertenecían tanto un reglamento como una revista secreta, Wilhelm entró más tarde en contacto con Caroline von Dacheröden, que pertenecía al Bund como miembro externo y que finalmente se convertiría en su esposa.

El objetivo que la madre pretendía conseguir con esta exigente educación era la cualificación para importantes cargos de gobierno. Estaba previsto que Wilhelm estudiara Derecho y Alexander economía. Todavía bajo la tutela de Kunth, los hermanos comenzaron sus estudios en la Universidad de Fráncfort del Oder, que Wilhelm abandonó tras un semestre para matricularse en la primavera de 1788 en Gotinga.

En Gotinga se independizó de las directrices que le habían dado y siguió sus propios impulsos e intereses. En sus estudios, en vez de dedicarse al Derecho, profundiza sus conocimientos de Filosofía, Historia y lenguas antiguas y estudia con grandes maestros como Georg Christoph Lichtenberg y Christian Gottlob Heyne. En 1788 también conoce a su futura esposa, Caroline von Dacheröden. El intercambio de cartas entre los dos convirtió este matrimonio en el ejemplo a seguir en lo que se refiere a cortejo amoroso para la burguesía alemana del siglo XIX e incluso del XX.

Desde Gotinga, Humboldt realizó un viaje hacia finales de 1788 a la región del Rin y del Meno con el amigo de juventud de Goethe, Friedrich Heinrich Jacobi, en la que conoce al circunnavegador Georg Forster. En verano de 1789 vuelve a partir de viaje con su antiguo maestro Campe hacia el París revolucionario. Además de la Revolución en sí, le interesa el estado de los huérfanos de la ciudad, de la que se informa en el orfanato. Humboldt pasa las navidades de 1789 junto con su prometida en Weimar, donde conoce a Friedrich Schiller y Johann Wolfgang von Goethe.

A comienzos de 1790, tras terminar los cuatro semestres de su carrera, entra a trabajar a servicio del Estado y obtiene un puesto en el Departamento de Justicia, donde se amplía su educación para formar parte de la judicatura, aunque también consigue la calificación necesaria para entrar en el servicio diplomático. Ya en mayo de 1791 busca la licencia dando como excusa razones familiares. Las razones no están claras, puede que la función de juez no fuera satisfactoria para él a largo plazo, que el desarrollo de sus inclinaciones y gustos siguieran otros derroteros o que hubiera aceptado el puesto de juez solamente para lograr la aprobación de su madre y de su futuro suegro, el Presidente de la Cámara Dacheröden. Tras la boda, el 29 de junio de 1791, el matrimonio vivió en la hacienda de Dacheröden en Turingia. Allí ambos se dedicaron a profundizar sus conocimientos en griego antiguo, cultura, arte y filosofía y mantuvieron un intercambio de cartas intenso con el filólogo de lenguas antiguas de Halle, Friedrich August Wolf. Su preocupación con la antigüedad clásica le servía para «el conocimiento filosófico absoluto del hombre».[1]​ El genio griego lo entendía como «ideal de aquello que nosotros mismos quisiéramos ser y conseguir».[2]

Humboldt, gracias a su aprecio por los filósofos antiguos, característica de la época del neohumanismo, y sus amplios conocimientos sobre el tema, se convirtió en socio menor del clasicismo alemán (Berglar) cuando se trasladó en 1794 con su familia a Jena, donde estaba trabajando Schiller. El papel que tendrá a partir de ese momento, inicialmente frente a Schiller y más tarde también con Goethe, era el de un análisis agudo, una crítica constructiva y un consejo versado que tuvo gran influencia tanto en las baladas y el Wallenstein de Schiller, como en el Herrmann und Dorothea de Goethe.

Sobre el conocimiento idealizado de la Antigua Grecia de Humboldt y su influencia posterior en el sistema educativo alemán, Berglar comenta: «Aunque Humboldt no pueda compararse de lejos en profundidad con Goethe, en dinamismo con Schiller y en creatividad con ambos, quizás haya ejercido mayor influencia que ambos y con seguridad ha ejercido la influencia más duradera sobre el desarrollo alemán». Hasta 1797 Humboldt mantuvo la estrecha relación con Schiller en Jena. La relación fue interrumpida en 1795/96 y terminó con la muerte de Elisabeth von Humboldt, la madre, cuyo capital pasó a manos de los hijos y los hizo independientes. Mientras que Wilhelm se ocupaba del palacio de Tegel, el hermano Alexander empleó el dinero para financiar su viaje científico a América.

Tras la muerte de la madre no fue posible trasladarse a la hacienda de Tegel, ya que la campaña de Italia de Napoleón convertía el lugar en inseguro. Wilhelm, junto con su familia, se trasladó a París, que todavía vivía tiempos revolucionarios, donde conoció a algunos personajes importantes de la época, como al Abate Sieyès, Madame de Staël y al pintor revolucionario David. Desde París realizó dos largos viajes en 1799 y 1801 al País Vasco (España), que se mostrarían fructíferos sobre todo en sus estudios lingüísticos del idioma vasco.

En el verano de 1801, Humboldt volvió con su mujer e hijos a Tegel, aunque solo por un año. Ya en la primavera de 1802 se le ofreció la oportunidad de ir a Roma como enviado de Prusia ante la Santa Sede. Sus conocimientos de diplomacia y su título de consejero diplomático habrían demostrado finalmente su utilidad. Se presentó al puesto como hombre de mundo y aristócrata, un puesto que no debía resultar muy atractivo debido a la reducción del tamaño de los Estados Pontificios tras la invasión francesa (sus territorios septentrionales habían sido transferidos a la República Cisalpina —desde 1802 República Italiana) y a que el papa era dependiente de Napoleón en ese momento. Humboldt no estaba muy ocupado con su trabajo de representante consular de los ciudadanos prusianos, lo que le daba tiempo y oportunidad para, junto con Caroline, convertir la sede diplomática, que se encontraba cerca de la Plaza de España, en uno de los centros de la sociedad romana. Aquí, además de representantes de la curia romana, fueron huéspedes entre otros Luciano Bonaparte, todavía príncipe, Luis I de Baviera, los escultores Bertel Thorvaldsen y Christian Daniel Rauch, además del joven Karl Friedrich Schinkel, Ludwig Tieck y August Wilhelm Schlegel junto con Madame de Staël.

La fascinación que Roma provocaba en Humboldt y que justifica su estancia de seis años allí, la resume en su carta a Goethe del 23 de agosto de 1804:

En el verano de 1805, tras su vuelta de la expedición a América, Alexander visita durante tres meses a su hermano y a su cuñada en Roma. Alexander, que ya era celebrado en Alemania como el segundo Colón, se dirige tras la visita a París para estudiar la enorme cantidad de materiales que se había traído de la expedición. Esto señala de forma clara la intensa comunicación y el vínculo de cariño entre los dos hermanos, a pesar de sus diferentes caracteres. Una imagen que puede aclarar su comportamiento y trabajo complementario es la apelación que recibieron de "dioscuros prusianos".

La liquidación del Sacro Imperio Romano Germánico por Napoleón, la caída de Prusia en manos francesas tras la derrota de Jena y Auerstedt, así como la ocupación francesa de Berlín en 1806 encontró a Humboldt en su puesto en Roma, lo que le afectó sobremanera aunque la distancia le protegiera de consecuencias graves. En otoño de 1806 escribe al Ministro de Exteriores Karl August Príncipe de Hardenberg:

Por lo visto no había un puesto para él en Berlín y Humboldt permaneció en Roma hasta octubre de 1808, cuando los Estados Pontificios habían sido invadidos de nuevo por los franceses e incorporados directamente al Imperio Francés. La vuelta a Alemania solo fue posible tras tomarse unas vacaciones para arreglar asuntos económicos privados y para evaluar los daños en el palacio de Tegel, que había sido saqueado. A su llegada recibe la noticia de que, a consecuencia de las reformas realizadas en el gobierno prusiano por von Stein, debía tomar las riendas de la Sección de Culto y de Educación Pública (Sektion des Kultus und des öffentlichen Unterrichts). Existía una buena razón para que el Barón von Stein se empeñase en que Humboldt era en ese momento la persona adecuada para el puesto. El estado militar prusiano, tal como había sido creado por Guillermo I y tal como había sido engrandecido por Federico II, estaba arruinado y se encontraba en un estado de humillante sumisión a Napoleón. Para salir de esa situación por sus propias fuerzas, según von Stein y sus correligionarios había que realizar profundas reformas, creando espacio para los deseos de libertad que la Revolución francesa había despertado en la burguesía, patrocinando la propia responsabilidad de las personas y de esta forma conseguir para el Estado y la Nación nuevos recursos.

Las teorías del Estado que proponía Humboldt estaban, desde hacía mucho tiempo, en la misma línea. En su tratado de 1792 Ideen zu einem Versuch, die Grenzen der Wirksamkeit des Staates zu bestimmen (Ideas para un proyecto de delimitación de la efectividad del Estado) escribe:

A favor de la nominación de Humboldt para este puesto, en un momento de cambio radical, hablaba su apoyo insistente a la educación como medio para asegurar una existencia digna para el hombre:

Humboldt dudó antes de aceptar el cargo de Responsable de Educación, ya que no era un puesto de ministro y, por lo tanto, no respondía directamente al rey, sino que tenía el rango de Jefe de Sección y estaba supeditado al Ministro del Interior von Dohna. En primera línea temía no tener la suficiente libertad para la importante tarea que significaba la reforma del sistema de educación. Tras adaptarse finalmente al puesto y sus circunstancias, Humboldt comenzó una frenética y sorprendente actividad reformando, apoyado por sus colaboradores Nicolovius, Süvern y Uhden, con rapidez y profundidad los planes de estudio, la formación del profesorado y los exámenes de las escuelas primarias, secundarias (Gymnasien) y de las universidades. Como culminación de su reforma está la fundación de la Universidad Humboldt de Berlín, de la que dice Berglar: «Nunca más un ministro de educación pudo mostrar una lista de candidatos a profesores con más orgullo». Entre los profesores más brillantes que pertenecieron a la Universidad en un principio están Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher, Friedrich Carl von Savigny, Johann Gottlieb Fichte y Barthold Georg Niebuhr. El plan de Humboldt para la Universidad de Berlín era la creación de unidades de investigación y enseñanza para la relación entre alumnos y profesores. Ambos, alumnos y profesores, debían permanecer libres de exigencias y limitaciones por parte del Estado. Humboldt partía del principio de que las universidades también cumplen las exigencias del Estado siendo responsables de su propio ejercicio, simplemente desde un punto más elevado y con medios que el Estado no podría producir por sí mismo.

Se ha criticado el ideal educativo de Humboldt tomando como base realidades sociales y problemas económicos, puesto que su ideal estaba íntimamente ligado a su existencia de una aristocracia privilegiada y, por lo tanto, prescindía de una universalización de la educación. Sin embargo, él mismo no solo no habría discutido, sino que habría enfatizado, que su elitista sistema de educación debería adaptarse bajo otras circunstancias. Prueba de ello es —además de otras propuestas para la creación de una sociedad burguesa en la que el aprendizaje durante toda la vida fuera posible— su informe de diciembre de 1809 al rey:

Humboldt nunca había renunciado durante su actividad reformadora al propósito de mejorar su puesto en el gobierno para conseguir más independencia y mayor igualdad frente a sus colegas del gabinete. Tenía la esperanza de convencer al rey de las ideas de von Stein. Tras reconocer finalmente que no había conseguido nada en este sentido, presentó su dimisión del cargo tras un año de ejercicio, quizás con la esperanza de que fuera un medio de presión final. Se tardó dos meses y medio en aceptar su dimisión, durante los que estuvo en discusión el nombrarlo Ministro de Interior o de Exteriores. Debido a que había unido la aceptación inicial del puesto en Educación con una petición de vuelta al servicio diplomático tras la finalización del servicio, se asoció la admisión de la renuncia con el nombramiento de Enviado Especial y Ministro Plenipotenciario en Viena, en parte para mitigar su desilusión.

Humboldt fue criticado por dejar los cargos que ocupaba en el gobierno. Egoísmo, voluptuosidad, comodidad y arrogancia son algunas de las acusaciones que se le hicieron. En contra hablan el incansable celo que mostraba, también al servicio del Estado, cuando era necesario. Sin embargo, en un punto se mantuvo firme durante todos esos años: su servicio a la comunidad no era incondicional. Cuando las circunstancias políticas amenazaban con atarlo de manos y pies y con alienar su propia imagen, cuando su derecho a cambiar y formar era recortado de forma inaceptable o era puesto en peligro, cuando no veía posibilidad de hacer valer sus convicciones, en ese momento terminaban para él sus obligaciones. ¿Había que esperar otra cosa del gran teórico y practicante de la vida?

La enseñanza general: El sistema de educación consiste en la enseñanza general y universal frente a la especialidad, esto quiere decir, que la educación debe estar construida principalmente por la formación de la sensibilidad y la predisposición del alumno para crecer en múltiples intereses intelectuales, profesionales y técnico. Mediante este sistema se considera la importancia de forjar la individualidad y el desarrollo de la libertad responsable. Con base a una enseñanza general el hombre puede conseguir un mejor orden en la sociedad, ya que, fomenta en el individuo la solidaridad y la participación; y de esta manera, se genera la cultura para que el hombre supere su animalidad. La formación general impulsa en la persona la claridad mental, seguridad y capacidad crítica.

Los proyectos de Humboldt en materia de reforma escolar no fueron publicados hasta mucho después de su muerte, al igual que el ensayo fragmentario Teoría de la educación del hombre, escrito hacia 1793. Decía en él Humboldt nuestro último deber en la existencia es hacer que… mediante nuestra acción vital, el concepto de humanidad adquiera en nosotros un contenido tan rico como sea posible. Para ello hay que vincular nuestro yo con el mundo (GS, I. pág. 238) La educación según Humboldt no ha de ser individualista. Él siempre reconoció la importancia de una forma de vida individual, el desarrollo de cantidades formas individuales, (GS, III. pág. 358), pero señaló que la formación personal solo puede proceder de la organización del mundo. (GS, VII. pág. 33). En consecuencia, el hombre no solo puede, sino que debe participar en dicha organización.

Caroline von Humboldt se había quedado en Roma durante la actividad de su marido como reformador de la educación. En el otoño de 1810 se trasladó a Viena, donde se reúne con su marido para llevar una vida social representativa en su casa de la Minoritenplatz. A través de su amigo de infancia, Friedrich Gentz, Humboldt consiguió una visión clara de los objetivos del Ministro de Asuntos Exteriores de Austria, Klemens von Metternich. Así pudo predecir la posición de Austria y comunicarla a Hardenberg en el conflicto de Napoleón con Rusia y también en los comienzos de la guerra de liberación contra Napoleón. Asimismo consiguió por este medio influir en la entrada de Austria en la coalición contra Napoleón —para su biógrafo Scurla, el punto álgido de la carrera diplomática de Humboldt.

Tras la derrota napoleónica, durante el Congreso de Viena y en las negociaciones sobre la Confederación Germánica Humboldt trabajó como la mano derecha de Hardenberg y contribuyó con incontables memoranda al contenido del acta de fundación de la Confederación. El entendimiento con Hardenberg durante esta fase de la reorganización europea no fue duradero, el desarrollo y el resultado del Congreso debieron suponer ya las primeras diferencias entre los dos. El clima del Congreso, impulsado por Metternich, se inclinaba cada vez más por la Restauración, con lo que los principios e iniciativas liberales de Humboldt eran arrinconados, mientras que Hardenberg aceptaba la evolución de los acontecimientos. Tras finalizar las negociaciones, la utilidad de Humboldt en Viena estaba agotada por su enfrentamiento con Metternich.

En 1816 fue enviado a Fráncfort del Meno por un año para cerrar las últimas negociaciones territoriales abiertas en la Confederación Germánica. Seguidamente fue enviado a Londres, lo que equivalía a sacarlo de en medio. Hardenberg había comentado varias veces a Humboldt la posibilidad de que este pasara a dirigir un ministerio, y Humboldt —casi como condición para hacerse responsable de un ministerio— le había aconsejado una reforma del Consejo de Estado, que equivalía a una estructura de decisión colegial. Hardenberg se sintió atacado en su autoridad y liderazgo por Humboldt y exigió el traslado a Londres de Humboldt, que en 1817 había pasado varios meses en Berlín mezclándose en los asuntos de Estado.

Humboldt aceptó este trato solamente medio año antes de solicitar su renuncia, supuestamente por razones familiares. Hardenberg, que quería mantenerlo alejado de Berlín, denegó la petición y solamente un segundo intento dirigido directamente al rey logró en parte su objetivo: Humboldt fue encargado de nuevo de defender los intereses de Prusia en la Confederación Germánica en Fráncfort. En enero de 1819 le fue ofrecido definitivamente un ministerio y en concreto el de Ständische Angelegenheiten.[3]​ Bajo otras condiciones se hubiera podido aprovechar la oportunidad para sentar las bases de una monarquía constitucional y solucionar así la promesa de Guillermo III de Prusia de una constitución en el sentido de Humboldt. Esta posibilidad seguramente fue la que le llevó a olvidar la reforma del Consejo de Estado y aceptar la cartera de ministro —a pesar de las reservas de Hardenberg y sin tener en cuenta los planes propios de éste para una constitución. El público interesado, cuyas expectativas se habían despertado ya con la oferta a Humboldt, se alegró de la contestación afirmativa. No obstante, Hardenberg, que quería tener la cosa atada antes de la llegada a Berlín de Humboldt, lo mantuvo ocupado en Fráncfort hasta pasado el verano, antes de solicitar su viaje a Berlín.

Humboldt tuvo que hacerse cargo de sus responsabilidades en el momento más inconveniente para sus intenciones constitucionales. A la vez que se producía su investidura, Austria y Prusia negociaban y firmaban los Decretos de Karlsbad, por los que se preveía la opresión y persecución de ideas liberales en las universidades y en la vida pública. Ciertamente hubo diferentes esbozos de la constitución en la Comisión Constitucional nombrada por el rey, influenciados tanto por Hardenberg como por Humboldt, pero la suerte estaba echada y una evolución política en Prusia estaba impedida por los Decretos de Karlsbad. La lucha de Humboldt, en la que incluso logró ganar para su bando a varios de sus colegas, estaba perdida desde el principio. Su enérgica protesta por las medidas policiales arbitrarias que se llevaron a cabo durante la persecución de demagogos, tuvieron como consecuencia su destitución el 31 de diciembre de 1819, que se tomó con la tranquilidad que le caracterizaba.

A los 51 años, Humboldt se encontraba en la posición de decidir su propio destino de nuevo. Decidió convertir la hacienda familiar en Tegel en el centro de su nueva vida, aunque de forma que se adaptara a sus gustos e inclinaciones, lejos del Palacio del Aburrimiento de su infancia. El arte y la cultura de la Antigüedad le habían acompañado en su camino y se habían convertido en un criterio importante: a partir de ahora impregnarían también el ambiente hogareño. Como consecuencia se encargó a Karl Friedrich Schinkel el amplio y complejo proceso de remodelación del conjunto, un arquitecto que Humboldt apreciaba desde los días en Roma. El edificio existente fue ampliado con una solución osada, que introducía una fachada con cuatro torres de estilo clasicista y en el interior el espacio necesario, que más tarde llenarían Wilhelm y Caroline de esculturas de mármol y yeso con el paso de los años. Así se creó no solo una residencia única, sino a la vez el primer museo de antigüedades de Prusia.

La remodelación se inauguró en octubre de 1824, con la presencia de los príncipes herederos de Prusia y numerosas otras personalidades. La buena cooperación entre Humboldt y Schinkel, que se puso en evidencia en el proyecto, se repetiría pocos años más tarde en la construcción del Altes Museum (Museo de la Antigüedad) en Berlín, en el que Schinkel se encargó de la edificación y Humboldt, como presidente de la Asociación de Amigos del Arte, creada en 1825 para el fomento de las artes y los artistas, de la elección de los objetos de arte. Como consecuencia de la inauguración del museo en 1830, el rey volvió a mostrar a Humboldt su aprecio y le concedió algunas condecoraciones, además de pedirle que participara a partir de entonces en las sesiones del Consejo de Estado. Estaba claro que el rey no pretendía que Humboldt se implicara de nuevo de forma seria en política y este hizo uso de su lugar de honor de forma comedida.

En 1829, tras la muerte de Caroline, que le había apoyado y reforzado durante toda su vida, se inicia un proceso acelerado de envejecimiento acompañado por síntomas de Parkinson. Sin embargo, a pesar de su viudez, mantiene su ritmo de vida diario en su domicilio de Tegel y dicta todas las tardes un soneto. El del 26 de diciembre de 1834 contiene los siguientes versos:

Ich lieb' euch, meiner Wohnung stille Mauern,
und habe euch mit Liebe aufgebauet;
wenn man des Wohners Sinn im Hause schauet,
wird lang nach mir in euch noch meiner dauern.

Os amo, callados muros de mi morada,
y os he construido con amor;
si se ve la intención del inquilino en la casa,
perduraré en vosotros mucho tiempo después de mí.

Sus herederos — a pesar de todos los cambios que se han producido en los siglos XIX y XX – han contribuido a esta visión de Wilhelm con una perseverancia que merece ser alabada. El palacio se ha mantenido como residencia de la familia y como museo hasta el presente. Es de esperar que tras la restauración en curso (2006) se vuelvan a abrir al público el palacio y los jardines. Con lo que se cumpliría también la dicción de Fontane en su Wanderungen durch die Mark Brandenburg (Excursiones por la Marca de Brandeburgo):

Durante la década y media que Humboldt permaneció en Tegel, su principal ocupación fue la Lingüística. Los materiales necesarios los había reunido en parte él mismo en sus viajes, en parte en su extensa correspondencia y en parte en los descubrimientos de su hermano Alexander. A partir 1827, con el retorno de su hermano a Berlín, este visita con frecuencia a Wilhelm en Tegel. Tras la muerte de Wilhelm, Alexander, que le sobreviviría más de dos décadas, comentaría en una carta:

Junto con las lenguas ya mencionadas que aprendió de joven, aprendió inglés, español, vasco, húngaro, checo y lituano. Sus estudios científicos se extendieron a las lenguas indígenas de América, el copto, el antiguo egipcio, el chino, el japonés y el sánscrito. El origen de este impulso investigador era la filosofía antropológica de Humboldt, en la que el lenguaje era la clave de todo:[4]​ «puesto que el ánima humana es la cuna, patria y hogar del lenguaje, así van desconocidas y ocultas todas sus propiedades a parar a lo mismo». En un tratado sobre el carácter nacional de las lenguas se dice entre otras cosas que:

El entendimiento de forma avanzada entre las personas requiere una lengua común; y eso es según Humboldt el motor y el medio del avance científico:

Un encuentro especialmente fructífero de esferas de pensamiento se vivió con los hermanos Humboldt, uno del que se aprovecharía la posteridad. No es de extrañar que Wilhelm, como consecuencia del desempeño de sus funciones, fuera el que mostrara más patriotismo prusiano y que lo echara de menos en su hermano Alexander, que había pasado más tiempo en París, la meca de la ciencia. Pero en el fondo ninguno de los dos era estrecho de miras y en su trabajo científico les unía un planteamiento cosmopolita. De esta forma pueden comprenderse las siguientes frases de Herbert Scurla, que veía un legado común de los hermanos:

Humboldt realizó varios viajes al País Vasco[5]​ para estudiar el idioma vasco. El primero de estos viajes en 1799, efectuado en compañía de su mujer y sus dos hijos, y de su amigo el pintor Gropius hasta abril de 1800, le dejó una larga impronta. La impresión que Humboldt llevó de este viaje la describe A. Farinelli en su libro "Guillermo de Humboldt y el País Vasco"[6]​ así:


En abril de 1801 vuelve a Vizcaya "de costa a costa y aldea en aldea ... para oír la voz viva", esta vez lo acompaña su amigo Guillermo Bokelmann y en este viaje consultará obras de José Joaquín de Landazuri, Axular, Antonio Moret, Bourgoing, Dillon o Arnaud Oihenart. Conocería en el transcurso de sus visitas al País Vasco a Juan Antonio Moguel, del que diría que es uno de los lingüistas más doctos de Vizcaya, Pablo Pedro Astarloa, Larralde y al cantante Garat. Desarrolla y expone la teoría de que "el euskera es la lengua más antigua de Europa" y de que el pueblo vasco constituía el representante lingüístico más antiguo de las poblaciones primitivas de la Iberia precéltica, anterior a las primeras inmigraciones de los arios, se deriva del análisis paciente de los nombres de montañas, ríos, peñas, valles, aldeas, familias, hipotésis con las que coincide con Moguel, Larramendi, Astarloa y Erro en contra de la posición de estudiosos como Menéndez Pelayo o Echegaray.

Sus trabajos sobre el euskera se reflejaron en dos de sus obras:

Fue un admirador de la dicha lengua vasca de la que llegó a decir:




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