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Henri-Benjamin Constant de Rebecque



Henri-Benjamin Constant de Rebecque (Lausana, 25 de octubre de 1767-París, 8 de diciembre de 1830) fue un filósofo, escritor y político francés de origen suizo.

Benjamín Constant procedía de una familia de hugonotes franceses emigrados a Suiza; el padre, Jules Constant de Rebecque, sirvió como oficial de alto rango en el ejército holandés, al igual que su abuelo, su tío y su primo Jean Victor Constant de Rebecque. Cuando la madre de Constant murió poco después de su nacimiento, sus dos abuelas se hicieron cargo de él. Profesores particulares lo educaron en Bruselas (1779) y en los Países Bajos (1780), y más tarde se incorporó a la Universidad de Oxford en Inglaterra, a la de Erlangen en Baviera y a la de Edimburgo en Escocia, donde conoció a dos destacados liberales whigs: el filósofo y político británico James Mackintosh y el historiador escocés Malcolm Laing.

Durante la Revolución Francesa empezó a sentir preocupaciones políticas de sesgo liberal y se unió sentimentalmente primero con la escritora feminista holandesa Isabelle de Charrière, relación que terminó en 1794 y describe en su novela psicológica y autobiográfica Le Cahier rouge (1807), y después con su compatriota suiza, la famosa intelectual Madame de Staël, tan feminista como la anterior; su colaboración con esta supuso la creación de un equipo de trabajo único. Apoyó al Directorio y obtuvo de él la nacionalidad francesa en 1798; en 1799 tomó el poder Napoleón y en los inicios de su imperio fue miembro del Tribunado, pero se opuso a su autoritarismo por sus principios liberales, por lo que le expulsaron del mismo en 1802. Entonces se exilió a Alemania con su amante Madame de Staël y allí ambos se empaparon de los principios de la estética romántica, que Staël plasmaría en su ensayo De l'Allemagne (1813 y 1814), considerado el manifiesto del movimiento en Francia; ambos contribuyeron a difundirlo en ella. Sin embargo, su relación de pareja fue deteriorándose y en 1806 rompieron de forma definitiva y muy traumática, al menos para Constant, quien reflejó esta experiencia en su novela psicológica y autobiográfica Adolphe (1816), considerada su mejor obra literaria, que obtuvo además un éxito resonante al narrar la descomposición de un amor. El año anterior Constant había aceptado colaborar a regañadientes con Napoleón formando parte del Consejo de Estado durante su fugaz retorno al poder en 1815 (Imperio de los Cien Días) por considerarlo un mal menor contra los ultrarrealistas defensores del absolutismo y del Antiguo Régimen; en realidad aspiraba a una reforma constitucional de sesgo liberal que llegó incluso a bosquejar en sus Principios de política (1815), donde proponía un liberalismo moderado, la división de poderes, la defensa de las libertades individuales y una monarquía constitucional inspirada en el modelo británico, ideas que siguió defendiendo como diputado durante la Restauración borbónica en Francia de Luis XVIII y Carlos X. De hecho, ante el giro ultrarrealista de Jules de Polignac en 1830 fue uno de los firmantes de la Carta de los 221 que propició la Revolución de julio de 1830. La subsiguiente «Monarquía de julio» de Luis Felipe de Orleáns lo nombró presidente del Consejo de Estado; pero aunque aún tuvo tiempo de publicar su De la religión considerada en su fuente, sus formas y sus desarrollos (1824-1830) falleció en París el 8 de diciembre de 1830.

A finales del siglo XVIII y hasta 1830 fue un político activo, miembro de la Asamblea Nacional situado en el ala liberal y crítica. Su modelo político trataba de imitar el inglés al que admiraba por diversos factores, tanto en el político como en el económico. Se mostró contrario a las teorías que admiraban las antiguas sociedades libres como las de la Grecia Antigua, incluso en una Francia que había conocido el Consulado, al considerar que estaban basadas en la esclavitud de la mayoría para beneficio de unos pocos, además de ser inaplicables a estados modernos mucho más grandes que la polis donde era imposible concentrar al pueblo en un foro para el debate público abierto y directo.

Su teoría de la libertad se basaba en la posesión y disfrute de los derechos civiles, del imperio de la ley y de la libertad en un sentido amplio, confrontada en este sentido a la actividad del Estado. Abogaba por una serie de principios (entre ellos la responsabilidad individual) sin los cuales la sociedad sería un caos y la libertad, inconcebible.

Su proyecto de participación política se sustentaba en el de los representantes elegidos por todos los ciudadanos que ejercerían el derecho de los ciudadanos en el parlamento. De nuevo el ejemplo de la revolución inglesa de 1688 con una monarquía constitucional y liberal era recurrente en sus planteamientos.

Contrario al belicismo de la época, se opuso a las tesis napoleónicas y, de manera general, al militarismo, al creer que era más interesante dirigir los esfuerzos de la nación al comercio como forma de expansión y de relación con terceros países. La mala experiencia, a su juicio, de la república, le hizo considerar la idea de una monarquía hereditaria limitada en sus poderes, con un sistema bicameral: una cámara de diputados libremente elegidos y un senado designado. Junto a ellos, el poder ejecutivo organizado en un Consejo de Ministros responsable de sus actos ante el poder legislativo aunque designado por el monarca.

Además, propuso –y en parte obtuvo- la aplicación de un sistema de descentralización administrativa desde el estado a las entidades locales para aproximar la gestión a los ciudadanos beneficiarios y descargar la burocracia del modelo centralista.

El modelo propuesto por Constant superaba los propios límites del sistema anglosajón basado en las tesis del jurista inglés William Blackstone que había unido la Corona al poder ejecutivo. Constant limitaba el poder real a la jefatura del Estado, aunque tendría capacidad para disolver el parlamento y nombrar y cesar ministros, pero se le impedía la capacidad de administrar el gobierno del estado. Su pensamiento moral y religioso recibió claras influencias de Jean-Jacques Rousseau y los pensadores alemanes, tales como Immanuel Kant.

La influencia de las tesis de Constant no fue inmediata, pero empezó a ocupar un lugar en la historia constitucional en distintos países. Así en Portugal (1822), Brasil (1824) y el estatuto de Cerdeña (1848), los nuevos textos fundamentales recogieron con variantes la teoría de Constant.



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