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Invasión de la Araucanía



La Ocupación de la Araucanía, también llamada Pacificación de la Araucanía —zona ubicada entre los ríos Biobío por el norte y Toltén por el sur— fue una ocupación y aculturación de los territorios de los indígenas mapuches que inició Chile en 1861, durante la presidencia de José Joaquín Pérez, y que se prolongó hasta 1883, bajo el gobierno de Domingo Santa María.[1]

En las tierras de la Araucanía habitaban más de 100 000 indígenas de los pueblos pehuenche y mapuche.[2]​ Dicho territorio se había mantenido autónomo a partir de los tratados alcanzados durante la denominada Guerra de Arauco contra la Corona española.

Luego de la independencia de Chile, ya en el período republicano, se celebró un parlamento general con los mapuches que habitaban al sur del río Biobío con la finalidad de acordar el estatuto que regularía las relaciones entre la naciente república y el pueblo mapuche; realizándose así el Parlamento de Tapihue en enero de 1825, que por no ser ratificado por el Congreso, tal como lo exigía la Constitución de 1823, nunca tuvo validez jurídica. Sin embargo, posteriormente sucedieron diversos hechos que obligaron al estado chileno a destinar recursos a la zona de la frontera.

Durante la Revolución de 1851, el general José María de la Cruz, líder del movimiento golpista, reclutó a varios loncos mapuches y sus clanes para alzarse en armas contra el gobierno, esto lo pudo lograr gracias a la relación de amistad que mantenía el general con los caciques, entre ellos Maguin.[3]​ Cuando su insurrección fue aplastada por el general Manuel Bulnes, los caciques en vez de rendirse junto a De la Cruz se replegaron a la frontera junto con varios miembros descolgados del antiguo ejército, dedicándose al pillaje y al robo de ganado, por los siguientes 4 años. Esto motivó al gobierno a movilizar al segundo batallón del segundo de línea, hasta enero de 1856. Además los indígenas apoyaron a los liberales rebeldes en la Revolución de 1859 lo que aumento el resentimiento contra ellos de parte del gobierno central.[4]

A mediados del siglo XIX la posición de la población chilena, frente a los todavía independientes mapuches no era favorable. En la prensa de la época se vertían opiniones como la siguiente:

A inicios de dicha centuria las principales agrupaciones indígenas eran:

Además había otros grupos menores bajo soberanía chilena desde la independencia o uno años después: los lafquenches o costinos de la provincia de Arauco, los huilliches de Valdivia, Llanquihue y San Juan de la Costa (cerca de Osorno) y los de la Isla Grande de Chiloé. Los primeros participaron de la Guerra a Muerte y de la rebelión de 1881; aunque de forma menor.[25]​ Esta menor participación en el caso de los huilliches del continente, fue a consecuencia de la adquisición de parte de sus tierras ancestrales en el periodo colonial previo a la independencia de Chile; que fue producto del establecimiento de la propiedad hacendal en la zona, la que marcó el inicio de la diferencia en la historia de la propiedad en el territorio huilliche respecto a lo acontecido en la zona de la Araucanía. Por ello posteriormente establecida la República de Chile, sería la colonización de Llanquihue, y el proceso de crecimiento y expansión de las ciudades y pueblos asentados en el ancestral territorio huilliche, los hechos que llevarían a la actual distribución de las comunidades huilliches en la zona; y que significaron finalmente la disminución de los territorios de las comunidades huilliches y el arrinconamiento de su población hacia los sectores de la costa y la cordillera.[26]

Respecto al número de habitantes de la población indígena de esa época en territorio autónomo, la población según el informe publicado por El Anuario Estadístico de Chile realizado entre 1868 y 1869:[27][28]

El gobierno de Chile tomó la decisión de ocupar la Araucanía después de que el francés Orélie Antoine de Tounens había aparecido en la zona en 1861. Tounens creó el Reino de la Araucanía y la Patagonia y fue elegido regente por importantes loncos de la zona, tomando el nombre de Orélie Antoine I.

De esta forma, las autoridades decidieron aplicar el plan propuesto por el general de Ejército Cornelio Saavedra Rodríguez. Dicho plan incluyó no solo acciones militares, sino además la penetración a los territorios mediante el traspaso de la cultura chilena al otro lado de la frontera. Se buscaba fundar ciudades, construir obras públicas tales como caminos, telégrafos y crear escuelas y hospitales. Las tierras conquistadas serían traspasadas a colonos chilenos y europeos sin ningún costo para fomentar el cambio demográfico en la zona y desarrollar la producción de trigo.

En poco tiempo, Cornelio Saavedra Rodríguez pudo ocupar la zona hasta el río Malleco, lugar donde refundó la ciudad de Angol y el fuerte de Negrete.[29]Mulchén y Lebu, en 1862. Por el territorio costero, alcanza a avanzar hasta el río Toltén. Esta primera ocupación se llevó a cabo con relativamente poca resistencia, pero luego se produjo una sublevación de los mapuches que habitaban las cercanías del río Malleco, bajo el mando del lonco Quilapán. En el año siguiente más de 1500 soldados estaban concentrados en Angol para operaciones en el interior araucano.[30]

En diciembre de 1867 se habían reunido 4000 a 5000 guerreros mapuches en la zona montañosa de Chihuaihue, provenientes de Moquehua[cita requerida], Boroa y La Imperial.[31]​ Los arribanos de Quilapán lograron coordinar una rebelión con los abajinos costeros al mando de Catrileo, Coñoepan, Marileo y Painemal, con 3000 lanzas cruzaron la cordillera de Nahuelbuta al poniente de Angol y fueron a salir al norte del río Malleco donde unieron sus fuerzas y lograron victorias en Traiguén, Curaco y Perasco gracias a su combinación del malón con tácticas de guerrilla. Sin embargo, otras fuentes, como Saavedra, consideraban que los abajinos y arribanos aún con los contingentes venidos de las pampas no superaban las 4000 lanzas.[32][33]

En enero de 1869 1500 mapuches son derrotados en Chihuaihue por el general José Manuel Pinto. Los araucanos se reorganizaron y atacaron Angol, ante esta situación el Ministro de Guerra, Francisco Echaurren, marchó con refuerzos a Cautín. En la costa el coronel Saavedra ocupó Cañete y Tucapel, sofocando la rebelión de 1500 guerreros en Purén. El 25 de septiembre los mapuches y el ejército llegaron a un acuerdo en Angol. Poco duró el acuerdo ya que Quilapán volvió a rebelarse con 3000 lanzas siendo derrotados el 25 de enero de 1871 por un ejército de 2500 soldados en Collipulli.[34]​ Si en 1869 la guerra ofensiva de Saavedra -consistente en atacar pueblos, robar ganados y quemar rucas y provisiones- había sido un éxito al tomar por sorpresa a los araucanos, para el verano de 1870-1871 fue un fiasco debido a que los indios se adaptaron y optaron usualmente por retirarse y evitar el combate frontal.[35]​ Las críticas al método usado por los militares llevaron a la disminución de las operaciones ofensivas y a optar por consolidar las conquistas logradas, se edificaron un gran número de fuertes y pueblos en la costa de Arauco y en el valle del río Malleco-Traiguén.[36]​ Esto trajo una relativa calma en la región por los siguientes diez años.[37]

Saavedra organizó también varios parlamentos de manera de impedirle a su principal enemigo, Quilapán, reunir fuerzas con otras etnias. Así, por ejemplo, cuando el cacique intentó una alianza con los abajinos y los huilliches del sur del Cautín para poder reunir más de 8000 lanzas, Saavedra se lo impidió gracias a los parlamentos del Toltén (24 de diciembre de 1869) con los huilliches y de Ipinco (19 de enero de 1870) con los abajinos.[38]​ Al final, Quilapán quedó solo con las 2500 lanzas que pudieron reunir los arribanos por su cuenta.[39]

La Guerra del Pacífico, que enfrentó a Chile contra Perú y Bolivia en el norte del país, significó que las fuerzas del ejército de Chile se concentraran en este conflicto en particular, situación que fue aprovechada por los mapuches para lanzar nuevos ataques a los puestos ubicados en las zonas fronterizas. Según el historiador y antropólogo chileno José Bengoa esa fue la primera vez en toda su historia que los muy descentralizados mapuches se unieron en una sola insurrección.[40]​ Esta nueva sublevación ocurrida en 1880 se materializó en pérdidas para ambos bandos. Pero, una vez finalizada la guerra que enfrentó a Chile contra Bolivia y Perú, el ejército instruido por el gobierno de Domingo Santa María retomó en forma vigorosa la campaña de incorporación de la Araucanía. El Coronel Gregorio Urrutia estuvo a cargo de la anexión del restante territorio.

En Chile, el 27 de enero de 1881, 3000 indígenas atacaron Traiguén arrasando con las haciendas y el ganado.[31]​Tras ser rechazadas sus incursiones en Traiguén y el fuerte de Lebuelmán los mapuches se encaminaron, sumando cada vez más lanzas a atacar el fuerte de Los Sauces, entonces tenían unas 1500. Su asalto fracasó y cuando atacaron la línea del Malleco que creían desguarnecida fueron masacrados, con esto las tropas chilenas pudieron seguir su avance, cruzaron el Cautín, y el 24 de febrero fundaron el fuerte de Temuco.[41]​ Los aborígenes respondieron atacando dos caravanas matando 100 personas, en los cerros de Ñielol, ese mismo mes.[42]

Durante el comienzo del mes de noviembre se produjo el último alzamiento indígena: unos 6000 a 7000 conas participaron de los combates, resultando muertos o heridos más de mil.[43]​ Según Horacio Lara las tribus araucanas en aquellos momentos, ya menguadas en sus números por la guerra constante, podían movilizar solamente 8000 lanzas: 2.000 de los arribanos, 2.000 de los abajinos, 1000 de los costinos y el resto huilliches. Sin embargo, gracias a la hábil diplomacia chilena las tribus jamás actuaron como un solo grupo.[44][45]

En el caso de Lumaco los ataques se iniciaron el día 5 al mando de Luis Marileo Colipí con 300 a 1000 lanzas. El fuerte fue defendido por 45 guardias nacionales y 20 soldados dirigidos por el capitán Juan Barra.[46]​ Para el 15 la batalla había terminado.[47]​ Los fuertes de Budi y Toltén quedaron sitiados[48]​ mientras que Nueva Imperial fue destruida el día 7 y los habitantes sobrevivientes tuvieron que huir a los cerros.[49]​ Al mismo tiempo Tirúa fue atacada sin éxito y desde ahí se lanzaron varias expediciones punitivas.[50]​ El fuerte de Ñielol fue asaltado el 9 de noviembre, los mapuches estuvieron cerca de tomarlo pero tuvieron que retirarse tras sufrir cientos de bajas.[51]

Sin embargo, el mayor enfrentamiento se produjo en la Batalla de Temuco, entre el 3 y el 10 de noviembre. El fuerte, dirigido por el mayor Bonifacio Burgos, resistió el embate de 4000 guerreros (algunos los elevan al doble)[42]​ al mando del cacique Esteban Romero. Los mapuches se retiraron tras sufrir más de 400 bajas.[52]

A mediados del mes los combates cesaron y las tropas chilenas llevaron varias operaciones de castigo para asegurar la región. En el verano del año siguiente los pehuenches fueron definitivamente sometidos.[53]

En su campaña, Urrutia erigió diversos fuertes, llegando hasta la zona donde se encuentra el Lago Villarrica y refundando la ciudad del mismo nombre el 1 de enero de 1883. Con esta acción se concluyó realmente la Guerra de Arauco como tal, después de más de trescientos años de conflictos.[54]

El fin de la Guerra implicó la ocupación total de la Araucanía a la efectiva soberanía del territorio de Chile. De ese modo, el gobierno chileno llevó finalmente a cabo uno de sus principales proyectos de estado, anhelado incluso desde la época de los españoles, quienes en el periodo colonial no lograron instalarse en la Araucanía debido a la resistencia llevada a cabo por los indómitos mapuches. Con ello, el gobierno chileno logró conquistar el territorio mapuche y así unir el territorio al norte del Biobío con los territorios al sur de Valdivia que había logrado conquistar o colonizar tras el proceso de independencia.

Tras su derrota, los mapuches fueron concentrados en «reducciones», pequeñas reservas generalmente separadas unas de otras por áreas ocupadas por inmigrantes chilenos y europeos. En 1929, existían 3078 reservas comprendidas en 525 000 hectáreas que eran consideradas una concesión del estado chileno y de propiedad comunal para los indígenas y que recibían el nombre de «títulos de merced». Usualmente, la tierra asignada, que representaba el 6,18 % del territorio ancestral mapuche, era de clima severo e infértil[55]​ lo que unido al antiguo estilo de vida seminómada de los mapuches y a su organización social de clanes y familias generaron conflictos internos entre ellos. Sin embargo, los mapuches demostraron una gran capacidad para adaptarse a esta nueva situación.[56]

Posteriormente en los territorios ocupados, de forma similar a lo realizado en la zona de Llanquihue, se procedió también a realizar una colonización en la cual se les entregaron tierras a colonos chilenos y europeos, principalmente españoles, alemanes, franceses, ingleses, italianos y suizos. En total, hasta 1901 habían llegado 36 000 europeos, 24 000 contratados por la agencia de colonización y 12 000 llegados por sus propios medios.[57]

Más tarde, solo ocurrirían rebeliones menores, como la ocurrida en 1934, en la cual 477 campesinos y mapuches (que se habían rebelado contra los que consideraban, abusos por parte de los administradores de los aserraderos instalados en la recientemente abierta región del Biobío) fueron muertos por el Carabineros de Chile en la llamada masacre de Ránquil. Otros 500 fueron hechos prisioneros y, según denunció el senador por Temuco Juan Pradenas Muñoz, solo 23 fueron conducidos a la capital para ser sometidos a juicio siendo los restantes presumiblemente desaparecidos.[58][59][60]

Sin embargo a pesar de la «pacificación» realizada en la región, los hechos acontecidos en este proceso propiciarían posteriormente el actual conflicto mapuche presente en la zona entre el gobierno chileno y algunas comunidades mapuches.



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