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Colonización europea de las Américas



La colonización europea de América empezó a finales del siglo XV después de que Cristóbal Colón llegara en 1492 con el apoyo de la Corona de Castilla. A partir de ahí, el Imperio español, el Imperio portugués, y desde comienzos del siglo XVII, el Imperio británico (1608), Francia (1609) y los Países Bajos (1625), conquistaron y colonizaron una gran parte del territorio americano.

El Imperio español y el Imperio portugués fueron los primeros en realizar la conquista, y se asentaron principalmente en el sur de Norteamérica, Centroamérica y en el área andina de Sudamérica (Imperios azteca, Maya, Muisca e inca, respectivamente). Imperio español fue la potencia que mayor presencia colonial logró en América. En el Caribe, dominó sobre todo Cuba, La Española, Puerto Rico, Jamaica, incluyendo la península de Florida dentro de sus posesiones caribeñas. Desde los asentamientos antillanos, logró extenderse por todo el continente americano: en América del Norte llegó a derrotar al Imperio azteca, ubicado en una pequeña parte del actual México, donde fundó ciudades, además de formar una sociedad mestiza con tlaxcaltecas, tarascos, mixtecas, zapotecas y cientos de otras[1]​ tribus indígenas. A partir de ahí, se expandió por América Central, incorporando a la tribu de habla maya, así como a los pipiles, a los niquiranos y a los pueblos de habla ngäbe de Veragua (Panamá). Desde Panamá, se emprendió la conquista de la zona andina de América del Sur hasta la zona central del actual Chile. Al mismo tiempo, en busca de la Sierra de la Plata y las tierras del Rey Blanco se fundaron ciudades en el estuario del Plata y sobre las márgenes de los ríos Paraná y Paraguay, siendo Asunción la más importante de ellas.

Portugal se apropió de la mayor parte de la franja costera atlántica de la parte norte de América del Sur, que más tarde originaría el Estado de Brasil. Inglaterra estableció trece colonias en la franja costera atlántica norteamericana, además de en algunas islas caribeñas. Francia ocupó la actual Guayana Francesa en Sudamérica (aún bajo su dominio), Luisiana en el Golfo de México, algunas islas del Caribe, y la región canadiense de Quebec. Países Bajos estableció colonias en Norteamérica (Nueva Ámsterdam, que luego sería Nueva York), norte de América del Sur (Guyana neerlandesa, hoy Surinam) y algunos asentamientos en islas caribeñas (Antillas Neerlandesas y Aruba).

Fue poblada y ocupada en parte de su extensión, muy probablemente por culturas asiáticas que ingresaron al continente por el área de Beringia, en el norte. La población americana, realizó dos revoluciones neolíticas originarias, en Mesoamérica y en Norte Chico (Perú), que expandirían culturas agrocerámicas por todo el continente y generarían dos grandes centros de alta civilización. Las culturas y civilizaciones en América surgieron y se desarrollaron sin contacto con las culturas y civilizaciones africanas, asiáticas y europeas, por lo que resulta adecuado hablar de la existencia de dos mundos: los llamados "mundo antiguo" (africano, asiático y europeo) y "nuevo mundo" (americano). Las culturas mesoamericanas habían denominado a la tierra que ellos alcanzaron a conocer con los nombres de Abya Yala o Cem Anáhuac.

Se sabe de la existencia de los restos de un efímero asentamiento vikingo en el este canadiense.

La exploración y colonización española de América fue con diferencia la más importante de entre todas las europeas. En poco más de un siglo, la Corona de Castilla exploró, conquistó y pobló enormes territorios en el norte, centro y sur del continente americano. Desde Santo Domingo y posteriormente en Cuba se iniciaron grandes expediciones a tierra firme, que exploraron, cartografiaron y luego colonizaron amplios territorios. Tras la conquista de los reinos Azteca e Inca y el sometimiento de otros pueblos, los territorios españoles se organizaron en dos grandes virreinatos inicialmente; el de Nueva España, con capital en Ciudad de México y el del Perú, gobernado desde Lima. Más tarde, con la expansión y asentamiento en el sur, se crearon los Virreinatos de Nueva Granada y de Río de la Plata. En algunos casos los pueblos aborígenes plantaron resistencia a los conquistadores, entre ellos cabe destacar a los Mapuches del centro de Argentina y Chile, que fueron declarados como nación independiente después de la prolongada Guerra de Arauco que costó el mayor número de vidas españolas en el Nuevo Mundo.[1]​ Algunas regiones, como la Patagonia, el Gran Chaco, la Amazonía y los desiertos del norte de Mesoamérica no fueron completamente controladas por el Imperio Español.

La colonización fomentó el desarrollo de la agricultura, la minería, y el comercio, este último jurisdicción de la Casa de Contratación con sede en Sevilla. También dio lugar a la fundación de nuevas ciudades, la llegada de pobladores españoles y la introducción de esclavos procedentes del África subsahariana, especialmente en la región del Caribe. El interés de la Corona era tanto material como espiritual. La existencia de oro y plata atrajo a nuevos pobladores y fomentó muchas expediciones en distintas latitudes. Sin embargo, la Corona también impulsó la evangelización de los indígenas con el envío de incontables misioneros de distintas órdenes religiosas a América, los cuales construyeron iglesias, escuelas, hospitales y hasta universidades. La Universidad San Marcos de Lima fue fundada en 1551 por los dominicos y es la más antigua de América. Ese año también se creó la Real y Pontificia Universidad de México, la segunda más antigua del continente.

La llegada de Cristóbal Colón a América está considerada como uno de los hechos más importantes de la historia universal por las consecuencias que tuvo y debe relacionarse con el primer viaje alrededor del mundo realizado por la tripulación de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano pocos años después, que abrió paso a la conquista del mundo por parte de Europa.

La llegada de Cristóbal Colón supuso el inicio de la conquista de América, al llevarse a cabo la invasión de las islas de La Española (por los Colón y Nicolás de Ovando), Puerto Rico, Jamaica y Cuba (esta última por Diego Velázquez los monos se apoderaron seguidos por la de los Mexicas (por Hernán Cortés), la del Imperio Inca (por Francisco Pizarro), hasta su fin con las reales cédulas de Felipe II de reconocimiento de la conquista, pero a partir de ese momento comenzaría la llamada «colonización de América», con la intervención de neerlandeses, franceses e ingleses, que a diferencia de españoles, no procuraron evangelizar ni civilizar en el sentido positivo a los indígenas, ni construyendo infraestructura: villas, pueblos, ciudades, caminos, conventos e iglesias, sino que los demás europeos se enfocaron a comerciar con los indígenas, creando para ello puestos comerciales y factorías, especialmente desarrollando el trueque de objetos europeos por pieles de todo tipo de animales, causando una de las primeras catástrofes ecológicas del mundo moderno.

La Monarquía hispánica por el contrario, procuró recrear las condiciones sociales, de sistema de producción y condiciones de trabajo (pero incorporando a los indígenas como mano de obra forzada) con casi las mismas condiciones políticas, ideológicas, religiosas de la España de su tiempo en los territorios del Nuevo Mundo.

Por otro lado, el contagio de las enfermedades que los europeos portaron involuntariamente a América (viruela o tifus) produjo un marcado descenso en la población americana. También hubo enfermedades de América que llegaron a Europa, como la sífilis.

Con la asimilación cultural y religiosa vino la introducción del idioma español y del portugués en sus respectivas zonas de influencia. La religión católica pasó a ser oficial. Con el tiempo, se generó por primera vez en la historia una gran población mestiza, tanto genética como culturalmente, por la convivencia de pueblos originarios, africanos subsaharianos y europeos.

La principal riqueza generada por los territorios españoles y colonias portuguesas en América fue la extracción del oro y la plata. En los primeros 150 años de conquista, 17 000 toneladas de plata y unas 200 toneladas de oro arribaron a España.[2]

Otra importante consecuencia de la llegada de los europeos a América, fue la difusión mundial de los alimentos que habían sido desarrollados por las culturas americanas y que hoy se estima constituyen el 75 % de los alimentos consumidos por la Humanidad, entre ellos el maíz, la batata, la calabaza, el tomate, el chocolate, el cacahuate o maní, la vainilla, los ajíes, la palta o aguacate, todos estos originarios de Mesoamérica, con justa razón nombrada por los conquistadores «el cuerno de la abundancia», y la papa (o patata como se denomina en algunas partes de España) originaria de los pueblos nativos de los Andes. Otros productos importantes desarrollados en América son la goma y el tabaco.[3]

Por otro lado, primero los españoles y después el resto de europeos llevaron consigo a América animales tan útiles como los caballos, los burros, y demás ganado como las vacas castellanas, los bueyes, las ovejas y animales de granja como los cerdos, las gallinas, los conejos. También llevaron algunos árboles frutales, la cebada, la avena, el centeno y el trigo de la península ibérica y la caña de azúcar de las islas Canarias o Madeira, que tanto éxito tuvo en el Caribe, o el mismísimo café de las colonias portuguesas de África.[4]

La llegada de Colón a América causó también una gran expansión de la navegación y el comercio entre pueblos que se volvió mundial.

A partir de 1776, los colonos ingleses en América terminaron organizando un nuevo tipo de sociedad a partir de conceptos novedosos como independencia, constitución, federalismo y dieron origen a los Estados Unidos que, en el siglo XX, reemplazaría a Gran Bretaña como potencia mundial dominante.

Lista de posesiones:

El auge de la colonización portuguesa en América comenzó motivada por razones económicas y estratégicas. Por un lado, las económicas a causa de la merma en las ganancias en el comercio con el Oriente y las posibilidades mercantiles del árbol de Brasil, de cuya corteza se producía un tinte rojo usado para teñir textiles. Por el otro estratégicas, por el temor a una invasión española o francesa de su territorio.

En 1530, la Corona portuguesa expulsó a los franceses que rondaban las costas de Brasil, ya que eran tierras que pertenecían a Portugal desde el año 1500.

En 1533, el rey de Portugal dividió el territorio de Brasil en 15 franjas o capitanías, de 150 millas de ancho cada una, lo que influyó en el carácter privado de la colonización portuguesa. Estas capitanías fueron repartidas u otorgadas a nobles portugueses de forma vitalicia y hereditaria a fin de obtener el mayor rendimiento con el mínimo de costos para la metrópoli. Los nobles que recibieron las mismas se comprometieron a evangelizar a los aborígenes, reclutar colonos, y a desarrollar económicamente la capitanía.

Durante 19 años, la administración de las capitanías estuvo a cargo de los nobles, pero, en 1549, el rey nombró un gobernador general o "Capitán mayor" representante del rey que administraría toda la colonia. El propósito de este gobierno era que el rey de Portugal gobernara Brasil con el asesoramiento del Consejo Ultramarino, además de unificar el gobierno colonial. Sin embargo, aunque se pretendió quitar poderes a los capitanes generales, realmente continuaron dominando la colonia. Ellos perdieron solamente facultades políticas, pero mantuvieron sus privilegios económicos y continuaron con la esclavitud indígena. Aun así, los indígenas no fueron suficientes para la mano de obra, por lo que recurrieron al uso de esclavos africanos a partir de 1530.

Lista de posesiones:

Los procesos de colonización francesa se iniciaron a principios del siglo XVII, siendo la primera colonia viable la de Quebec en 1608, fundada por Samuel de Champlain. Durante el siglo anterior, los franceses habían intentado infructuosamente posesionarse en territorio norteamericano y, a pesar de las dificultades, durante el siglo XVI los barcos pesqueros franceses visitaban con regularidad la costa atlántica del norte del continente. Esto venía motivado principalmente por la demanda de pieles en los mercados europeos y, por ello, los comerciantes franceses iniciaron un lucrativo negocio con los aborígenes.

A principios del siglo XVII, Francia fundó puestos comerciales en Nueva Escocia, Annapolis y Quebec (primera colonia francesa, fundada como parte de una factoría peletera) en la actual Canadá y no dudó en apoyar a sus aliados comerciales, la Confederación Huronesa, en sus guerras con otros pueblos indígenas del este de Norteamérica conocida como las Guerras de los Castores. Otra colonia francesa fue fundada en Montreal, desde donde comenzó la exploración de la zona de los Grandes Lagos y del río Misisipi.

A diferencia de los primeros colonos ingleses, que se quedaron en las costas y utilizaron intermediarios para comerciar con los indígenas, los franceses se adentraron en los bosques con la intención de ampliar las fronteras comerciales y religiosas con los nativos. Por ello, para la primera mitad del siglo XVIII había establecimientos franceses en Detroit, Niágara, Illinois y Nueva Orleans. Estos puestos le proporcionaron a Francia el control de un territorio que se extendía desde Canadá hasta Luisiana.

El gobierno francés también fomento el establecimiento de colonias en el Caribe: en el transcurso del siglo XVII, conquistó las islas de Saint Christopher, Saint Croix, San Bartolomé, Granada, San Martín, Tortuga, Marie Galante y la parte oeste de La Española que se llamó Saint Domingue (Haití).

La importancia de las colonias francesas fue básicamente económica y militar. Se encontraban cerca de las principales rutas de navegación españolas, lo que permitía interceptar sus barcos y establecer comercio. Las islas francesas tenían una economía basada en la producción y exportación de azúcar, algodón, cacao y tabaco. Por otro lado la mano de obra esclava también generaba grandes ganancias. Eventualmente las colonias francesas tuvieron mayor población esclava negra que población libre blanca, uno de los factores que favorecieron su prosperidad económica.

Originalmente las instituciones administrativas del régimen colonial francés se asemejaron a las del inglés, ya que los contratos comerciales de colonización otorgaban gran libertad a los corredores de los bosques, como llamaban a los cazadores de pieles preciosas. Con el tiempo esto cambió, y se nombraron gobernadores que disfrutaron de prerrogativas similares a las capitanías generales del Brasil o los adelantados y primeros gobernadores de las colonias españolas. Sin embargo, para la segunda mitad del siglo XVII se impuso un régimen centralizado; más acorde con las ideas de Luis XIV, rey absolutista francés: Canadá fue convertida en provincia francesa, bajo el mando de un gobernador general supeditado al monarca, y el territorio fue dividido en señoríos que se otorgaron a nobles de la corte. Estos señoríos se subdividían en parroquias bajo la autoridad del cura o párroco y del jefe militar. Numerosos intendentes o funcionarios con poderes militares, fiscales y judiciales mantenían el rígido centralismo de la metrópoli francesa. Ese mismo régimen se impuso en las otras colonias francesas a partir de esta época.

Lista de posesiones:

Después de la llegada del explorador Juan Cabot (John Cabot) a la península de Labrador, en 1497, la corona inglesa llevó otra expedición encabezada por Sir Walter Raleigh, quien intentó establecer colonias en la llanura oriental en América del norte y fundó fugazmente Virginia, en 1585, en homenaje a la reina Isabel. Aunque la primera colonia o población viable inglesa en América fue la fundación en Virginia de Jamestown, el 14 de mayo de 1607, en ese día, el capitán Edward Maria Wingfield, elegido presidente del Consejo de Gobierno el día anterior, escogió una sección de la isla Jamestown en el río James, unas 40 millas (67 kilómetros) tierra adentro de la costa del Océano Atlántico (fuera de vista de los españoles), como un buen lugar para un asentamiento fortificado.

Las Trece Colonias, un puñado de pueblos fundados por oleadas de inmigrantes ingleses entre el siglo XVII y el siglo XVIII, no poseían los rasgos del rígido sistema feudal europeo. Las colonias del noreste, estaban formadas inicialmente por puritanos que fundaron Massachusetts. En las colonias del sureste (Virginia, Carolina y Georgia), donde la población estaba compuesta por grandes y pequeños propietarios y esclavos, se había organizado un sistema de esclavitud, en el que unos 500 000 esclavos negros explotaban plantaciones de tabaco, algodón y azúcar.

Después del triunfo de Inglaterra sobre Francia en la Guerra de los Siete Años (1756-1763), en la que Inglaterra recibió gran ayuda de las colonias económica y militarmente, colaboración a pesar de la cual se crearon nuevos impuestos sobre el azúcar y subieron los ya existentes (sobre todo en el papel timbrado que en aquella época que era muy utilizado en la administración y en los actos notariales).

Al estallar la guerra colonial, los colonos tomaron consenso de su poder, que usaron para oponerse al alza de impuestos decretada desde Inglaterra. La reyerta degeneró en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos (1776-1783).

Al principio los ejércitos ingleses parecían superiores, pero en 1779 se produjo una escalada en el conflicto: Francia y España decidieron entrar directamente en la guerra, convirtiéndose así la guerra de independencia en un conflicto internacional.

Más tarde, Países Bajos también se unió a la coalición formada por España y Francia, con ambiciones de ganar posiciones por el dominio de los mares. En 1783, Gran Bretaña reconocía la independencia.

Lista de posesiones:

(*): Actualmente en posesión del Reino Unido.

Desde mediados del siglo XVI, los comerciantes neerlandeses incursionaron en las colonias españolas de las Antillas, siendo el primer asentamiento la ciudad de Nueva Ámsterdam (la actual Nueva York), fundada en 1625. Posteriormente, se establecieron en las Antillas Menores (Curazao) y en el nordeste del Brasil (Nueva Holanda) de donde fueron expulsados en 1654. Sin embargo, las colonias de Surinam y parte de las Guyanas prosperaron durante los siglos XVII y XVIII al desarrollar una economía de plantación para abastecer de productos tropicales a la metrópoli y el resto de Europa. El sistema de plantación fue masivo, lo cual condujo a una de las mayores concentraciones de esclavos en el siglo XVII y a una feroz lucha de los mismos por su libertad.

En América del Norte, los neerlandeses comenzaron su entrada hacia 1609, cuando Henry Hudson, navegante inglés al servicio de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, navegó el río que lleva su nombre (en el actual estado de Nueva York), mientras buscaba un paso hacia el Pacífico. En 1621, la Compañía había establecido puntos comerciales en las cercanías de los ríos Delaware y Connecticut como en Nueva York y Albany.

En cuanto al régimen administrativo implantado por los neerlandeses durante la época colonial, en sus orígenes fue similar al inglés y al portugués dado el carácter de factorías o establecimientos comerciales que tuvieron sus efímeras colonias. Sin embargo, la colonia establecida en Brasil fue gobernada por un miembro de la familia real. En las islas también se estableció un gobierno subordinado a la Corona.

La mayor parte de las colonias neerlandesas en América fueron efímeras, conquistadas por ingleses y portugueses, y solamente permanecieran algunas posesiones en el Caribe.

Lista de posesiones:

(*):Actualmente en posesión de Reino de los Países Bajos

La única colonización bajo iniciativa gubernamental que llevaron a cabo los alemanes en América fue un fallido intento de establecer una colonia en la actual Venezuela entre 1528 y 1556. La iniciativa correspondió a la importante familia banquera de los Welser, quienes recibieron las tierras de manos del emperador Carlos V, a su vez rey de España bajo el nombre de Carlos I. El dominio militar de los pueblos indígenas fue obra de Ambrosius Ehringer, conocido como Ambrosio Alfinger por los españoles, quien esperaba encontrar en el territorio la mítica El Dorado. Con el fin de explotar las minas de oro que se esperaba albergaba la zona, llegó a Klein-Venedig un número apreciable de mineros alemanes, a los que se unieron unos 4000 esclavos africanos encargados de cultivar caña de azúcar. Tras varias desavenencias con los españoles los Welser hubieron de ceder finalmente sus derechos y el territorio se integró en el Nuevo Reino de Granada.

Otros intentos fueron las iniciativas de Brandeburgo-Prusia de conseguir colonias en el Caribe en el siglo XVII y XVIII (lo más cercano fue la Isla de Peter) y el ducado de Hanau en conseguir dominios en la Guyana; así como iniciativas del II Reich de conseguir dominios en un "Caribe alemán" para contrarrestar el poder de los emergentes EE. UU.

Por último, la Alemania Oriental recibió el Cayo Ernest Thaelmann de Cuba, pero debido a la Reunificación alemana no pudo ser reclamado.

Lista de posesiones y pretensiones:

El Duque Fernando I de Médici hizo el único tentativo italiano de crear colonias en América. Para este objetivo el Gran Duque organizó en 1608 una expedición hacia el norte de Brasil, bajo el mando del capitán inglés Thornton.

Desafortunadamente Thornton, a su regreso del viaje preparativo en 1609 (había estado en el Amazonas), encontró muerto Fernando I y todo proyecto quedó anulado por el sucesor Cosimo II.

Sucesivamente, a partir de las primeras décadas del siglo XIX, hubo colonias de italianos en muchas naciones latinoamericanos, aunque nunca fueron controladas directamente por autoridades italianas como posesiones coloniales. La primera colonia de este tipo fue intentada por el italo-venezolano Luigi Castelli, que en 1841 quiso crear una colonia de toscanos en Venezuela para favorecer la agricultura local.[7]

Lista de pretensiones:

Después de la unión de Dinamarca y Noruega en 1536, la primera conservó las reclamaciones de la segunda sobre Groenlandia, que había poseído colonias en la isla hasta que éstas fueron destruidas a comienzos del siglo XV por un empeoramiento del clima (el comienzo de la "Pequeña Edad de Hielo"). En 1721 se volvieron a fundar colonias en la costa suroeste de Groenlandia y en la actualidad la isla continúa bajo soberanía danesa, aunque provista de autogobierno. Durante el restablecimiento del control danés se envió un gran número de misioneros que convirtieron la población autóctona inuit al Cristianismo.

Más al sur, en las Islas Vírgenes, la Compañía Danesa de las Indias Occidentales ocupó Saint Thomas en 1671, a la que se unieron Saint John en 1718 y Saint Croix en 1733, esta última adquirida a la Corona Francesa. Al contrario que en Groenlandia, la pesca tuvo un papel secundario en las Islas Vírgenes Danesas, donde la mayor parte de la economía giró en torno al cultivo y venta de caña de azúcar, en cuya producción se empleaban grandes cantidades de esclavos africanos. Estos compusieron pronto la mayor parte de la población, al mismo tiempo que los colonos neerlandeses y británicos dejaron en minoría a los daneses como principal nacionalidad europea de las islas. Las islas también sirvieron durante este tiempo como refugio para piratas.

Tras la abolición del comercio de esclavos en 1803 y su posesión en 1848, las islas cayeron en una crisis económica cada vez mayor y perdieron buena parte de su población. Tras varias décadas de negociaciones, Dinamarca vendió finalmente las tres islas a Estados Unidos en 1917.

Lista de posesiones:

(*):Actualmente en posesión de Dinamarca

Siguiendo el ejemplo de otras potencias europeas, Suecia fundó una serie de pequeñas colonias en América del Norte y el Caribe a partir del siglo XVI. Los colonos procedieron fundamentalmente de las regiones de Savo y Kainuu, en Finlandia (parte de Suecia hasta 1809), por lo que la lengua común de las colonias fue el finés y no el sueco. Entre 1638 y 1655 los suecos establecieron las colonias de Nueva Suecia en el actual Delaware y Nuevo Estocolmo (hoy Bridgeport) y Swedesboro en lo que hoy es Nueva Jersey. Estas efímeras colonias fueron conquistadas finalmente por los neerlandeses, que las unieron al territorio de los Nuevos Países Bajos.

En el Caribe, Suecia controló también de forma efímera las islas de Saint-Barthélemy (1785-1878) y Guadalupe (1813-1814), que fueron cedidas finalmente a Francia, a quien pertenecen actualmente.

Lista de posesiones:

La colonización rusa de América se desarrolló principalmente en el sur de Alaska (descubierta en 1732 por Ivan Fedorov),[8]​ donde a finales del siglo XVIII se establecieron factorías peleteras. No obstante, los dominios rusos en América se extendieron también al resto de Alaska y sobre las islas Aleutianas y la costa noroeste de América, llegando por el sur hasta el norte de California, donde despertaron los recelos de los españoles. Estos ocuparon como consecuencia la costa oeste hasta Vancouver, limitando por tanto la influencia rusa a Alaska.

No obstante, la población de la zona nunca superó los 40 000 habitantes bajo gobierno ruso, siendo la gran mayoría de estos indígenas de la etnia aleutiana; algunos de estos, entre los que cabe destacar a Pedro el Aleutiano, se convirtieron al cristianismo tras la llegada de misioneros desde Rusia. Finalmente, la poca rentabilidad de la colonia (en la que entonces se explotaban exclusivamente pieles animales) y las malas comunicaciones con el resto de Rusia determinaron su venta a Estados Unidos por 7 200 000 USD el 9 de abril de 1867. Con el dinero obtenido el zar esperaba reparar los daños causados por la Guerra de Crimea. De haber esperado un poco más, quizá sus súbditos hubiesen encontrado los valiosos yacimientos de oro y petróleo entre otros que aguardaban en el subsuelo de la colonia, y que fueron descubiertos por los estadounidenses a partir de 1890.

Lista de posesiones:

Noruega estuvo unida a Dinamarca en 1536 hasta 1814, pero debido a la anexión sueca de Noruega, esta última perdió todas sus colonias, que pasaron al Imperio colonial danés. Finalmente, Noruega obtuvo su independencia en 1905 y pudo obtener algunas colonias en este período.

Durante la exploración del noruego Otto Sverdrup entre 1898 y 1902 a las Islas Sverdrup, este las reclamó para Noruega, pero no se mostró mucho interés por parte del gobierno hasta 1928, cuando el gobierno noruego las empezó a reclamar y en 1930 fueron cedidas al Reino Unido.

Otra reclamación noruega fue la Tierra de Erik el Rojo en la isla danesa de Groenlandia entre 1931 y 1933, en el cual la Corte Internacional de Justicia falló a favor de Dinamarca.

Lista de posesiones:

Islas Sverdrup

Tierra de Erik el Rojo

Lista de posesiones en la unión con Dinamarca:

Groenlandia

Vinland

Las colonias escocesas se desarrollaron principalmente en las costas de América del Norte (actuales territorios de Estados Unidos y Canadá) y otra en Panamá.

Lista de posesiones:

Desde el comienzo de la colonización francesa de las Américas, los miembros de los Caballeros de Malta habían sido prominentes en Nueva Francia (debido a que la mayoría de sus integrantes eran aristócratas franceses). En 1635, Isaac de Razilly sugirió al Gran Maestre de la orden, Fra ' Antoine de Paule, que los Hospitalarios establecieran un priorato en Acadia; sin embargo, Paulle rechazó la idea. El siguiente Gran Maestre Juan de Lascaris-Castellar estaba más interesado en los asuntos coloniales. En 1642 o -43 fue nombrado padrino de un converso de Abenaki en Nueva Francia. Montmagny representó a Lascaris en el bautismo.

En 1651, Los Hospitalarios, con la aprobación del Gran Maestro Lascaris, compraron Saint-Christophe, junto con las dependencias de Saint Croix, Saint Barthélemy y Saint Martin. Construyeron fuertes e impresionantes fortificaciones en San Cristóbal junto con iglesias, caminos, un hospital, etc. Fuera de la capital, el gobierno hospitalario era más precario. El asentamiento en Saint Barthélemy sufrió un ataque de los caribes y los que no fueron asesinados abandonaron la isla, por lo que se envió un grupo de 30 hombres para reemplazarlos, que creció a 100 en 1664. En 1657 una rebelión derrocó al régimen hospitalario en St. Croix. Por lo que se envió un nuevo gobernador para restaurar el orden, construir fortificaciones y un monasterio, y comenzar a despejar gran parte de los bosques de la isla para la agricultura de plantaciones.

A principios de la década de 1660, crecía la frustración de que las colonias no estaban obteniendo ganancias. La Orden todavía debía dinero a Francia por la compra inicial de las islas, y en Malta los caballeros debatieron si deberían volver a venderlas, por lo que en 1665 las vendieron a la Compañía francesa de las Indias Occidentales.

El ducado de Curlandia fue el menor de los países europeos que tuvo colonias en América. La colonización curlandesa de América consistió en la creación de una colonia en Tobago, Nueva Curlandia, entre 1654 y 1659 y de nuevo entre 1660 y 1689. Curlandia se estableció como un ducado en 1561, vasallo feudal de la Confederación Polaco-Lituana, en la actual Letonia. Tenía una población de solo 200 000 habitantes.

Bajo el duque Jacob Kettler, el ducado llegó a su máxima prosperidad. Durante sus viajes por Europa Occidental, Jacob se convirtió en un ferviente seguidor de las ideas mercantilistas. El trabajo en metal y la construcción de buques se desarrollaron. Se establecieron relaciones comerciales no solo con países vecinos, sino también con Gran Bretaña, Francia, los Países Bajos, Portugal y otros. Kettler estableció una de las mayores flotas mercantes de Europa, con sus principales puertos en Windau (actualmente Ventspils) y Libau (actualmente Liepāja).

Lista de posesiones:

Respecto a la manera en que los reinos europeos mencionados lograron la conquista de América, hay principalmente dos grupos:

En las zonas colonizadas por los españoles y portugueses se produciría una gran catástrofe demográfica de los indígenas de las zonas en las que se asentaron. La mayor parte de los indígenas murieron por el efecto de varias enfermedades (sobre todo la viruela y en menor medida el sarampión y las paperas, entre otras) contra las cuales no estaban protegidos. Asimismo, los escasos conquistadores emprendieron guerras aliados con los pueblos originarios, que llamaron guerras "justas" bajo su ideario medieval, para sometimiento de otros pueblos, donde se produjeron gran cantidad de muertos tanto allí como después en las condiciones de trabajo y vida impuestas y de las guerras de conquista sobre las culturas azteca, inca, muisca o chibcha y los pueblos mapuche, ranquel y het, wichí, pazioca (diaguita), guaraní, charrúa, de los abipones, chiriguanos, toba, arawak, etc.

Otra vez en las zonas colonizadas por ingleses y franceses se afirman las enfermedades que inicialmente también exterminaron a la mayor parte de los pueblos originarios. Pero esta vez en cambio, más tarde tras su independencia, las excolonias británicas y francesas utilizaron la guerra y las deportaciones masivas en los numerosos tratados con las poblaciones indígenas locales y que sistemáticamente fueron aislados por los gobiernos norteamericanos en las llamadas reservas indias para que no entorpecieran el desarrollo del país.

En el año 2006 un investigador estadounidense estima que en los primeros 130 años de la colonización europea murió el 90-95 % de la población total originaria de América.[9]​ Y justifica que esa fue la razón por la cual las potencias europeas debieron secuestrar millones de hombres y mujeres en África, para llevarlas como esclavos a América y reemplazar la mano de obra fallecida indígena.

Con el tiempo, la mayor parte del hemisferio occidental pasó a estar bajo el control de los gobiernos de Europa Occidental, lo que provocó cambios en su paisaje, población y vida vegetal y animal. En el siglo XIX, más de 50 millones de personas abandonaron Europa Occidental para dirigirse a América. La época posterior a 1492 se conoce como el periodo del Intercambio Colombino, un intercambio dramáticamente extendido de animales, plantas, cultura, poblaciones humanas (incluidos los esclavos), ideas y enfermedades contagiosas entre los hemisferios americano y afroeuropeo tras los viajes de Colón a América.[10]

La mayoría de los académicos que escribían a finales del siglo XIX estimaban que la población precolombina era de unos 10 millones; a finales del siglo XX la mayoría de los académicos  se inclinaban por una estimación intermedia de unos 50 millones, y algunos historiadores defendían una estimación de 100 millones o más.[11]​ Una estimación reciente es que había unos 60,5 millones de personas viviendo en América inmediatamente antes de la despoblación,[12]​ de los cuales el 90%, sobre todo en América Central y del Sur, perecieron a causa de una oleada tras otra de enfermedades, además de la guerra y la esclavitud.[13][14]

La práctica de la esclavitud no era infrecuente en la sociedad nativa antes de la llegada de los europeos. Los miembros capturados de tribus rivales solían ser utilizados como esclavos y/o para sacrificios humanos. Pero con la llegada de los colonos blancos, la esclavitud india "se mercantilizó, se expandió de forma inesperada y llegó a parecerse a los tipos de tráfico humano que hoy podemos reconocer".[15]

Si bien las enfermedades fueron la principal causa de muerte de los indios, la práctica de la esclavitud también contribuyó de forma significativa al número de muertes indígenas. Con la llegada de otras potencias coloniales europeas, la esclavización de las poblaciones nativas se incrementó, ya que estos imperios carecieron de legislación contra la esclavitud hasta décadas después. Se calcula que, desde la llegada de Colón hasta finales del siglo XIX, entre 2,5 y 5 millones de nativos americanos fueron forzados a la esclavitud. Los hombres, mujeres y niños indígenas solían ser obligados a trabajar en entornos fronterizos poco poblados, en el hogar o en las minas tóxicas de oro y plata.[16]​ Para extraer todo el oro posible, los europeos exigían a todos los varones mayores de 13 años que intercambiaran oro como tributo. Esta práctica se conocía como sistema de encomienda y otorgaba mano de obra nativa gratuita a los españoles. Basándose en la práctica de exigir tributos a musulmanes y judíos durante la Reconquista, la Corona española concedía un número de trabajadores nativos a un encomendero, que solía ser un conquistador u otro varón español prominente. En virtud de la concesión, estaban obligados tanto a proteger a los nativos como a convertirlos al cristianismo. A cambio de su conversión forzada al cristianismo, los nativos debían pagar tributos en forma de oro, productos agrícolas y mano de obra. La corona española se percató de los graves abusos que se producían e intentó acabar con el sistema mediante las Leyes de Burgos (1512-13) y las Leyes Nuevas (1542). Sin embargo, los encomenderos se negaron a cumplir las nuevas medidas y los indígenas siguieron siendo explotados. Con el tiempo, el sistema de encomiendas fue sustituido por el de repartimientos, que no fue abolido hasta finales del siglo XVIII.[17]

En la Revuelta de los Pueblos de 1680, la tribu Pueblo lideró un levantamiento que se saldó con la muerte de 400 colonizadores españoles y la recuperación de tierras indígenas. Andrés Resendez sostiene que ésta fue "la mayor insurrección contra la otra esclavitud".[18]​ Resendez también sostiene que los autores de la esclavitud indígena no siempre fueron colonos europeos. Afirma que el surgimiento de poderosas tribus indias en lo que hoy es el suroeste de Estados Unidos, como los comanches, condujo al control indígena del comercio de esclavos nativos americanos a principios del siglo XVIII. La llegada de colonos europeos al Oeste de Estados Unidos aumentó el tráfico de esclavos en el siglo XIX.[16]​ Existe un debate sobre si la población indígena de las Américas sufrió un mayor declive demográfico que la del continente africano, a pesar de que esta última perdió aproximadamente 12,5 millones de individuos a causa del comercio transatlántico de esclavos.[18]

En el siglo XVIII, el número de esclavos negros era tan abrumador que la esclavitud amerindia era menos utilizada. Los africanos, que eran llevados a bordo de barcos negreros a América, eran obtenidos principalmente en sus tierras africanas por tribus costeras que los capturaban y vendían. Los europeos negociaban los esclavos con los capturadores de las tribus africanas nativas locales a cambio de ron, armas, pólvora y otras manufacturas. Se calcula que el comercio total de esclavos hacia las islas del Caribe, Brasil, los imperios portugués, español, francés, holandés y británico implicó a 12 millones de africanos.[19][20]​ La gran mayoría de estos esclavos fueron a parar a las colonias azucareras del Caribe y a Brasil, donde la esperanza de vida era corta y había que reponer el número continuamente. En Estados Unidos se importaron un estimado de 600.000 esclavos africanos, es decir, el 5% de los 12 millones de esclavos traídos de África.[21]

Aunque la esclavitud iba en contra de la misión de la Iglesia católica, los colonizadores justificaron la práctica mediante la teoría de los cinturones de latitud, apoyada por Aristóteles y Ptolomeo. En esta perspectiva, los cinturones de latitud envolvían la tierra y se correspondían con rasgos humanos específicos. Los pueblos de la "zona fría", en el norte de Europa, eran "de menor prudencia", mientras que los de la "zona caliente", en el África subsahariana, eran inteligentes pero "más débiles y menos animosos". Según esta teoría, los de la "zona templada" del Mediterráneo reflejaban un equilibrio ideal de fuerza y prudencia. Estas ideas sobre la latitud y el carácter justificaban una jerarquía humana natural.[18]

Durante la fiebre del oro del siglo XIX, floreció la esclavitud india en estados unidos. El terrateniente estadounidense John Bidwell obligaba a los niños indios a trabajar en su rancho asustándolos con historias de osos pardos devoradores de hombres. Justificaba su protección y el ofrecimiento de comida y ropa como un pago justo por el trabajo indígena. El capitán John Sutter pagaba a los esclavos indios con discos de metal perforados con agujeros en forma de estrella para llevar la cuenta del trabajo que realizaban. Dos semanas de trabajo significaban que podían recibir una camisa de algodón o un par de pantalones. Andrew Kelsey organizó la esclavización de quinientos indios pomo, a los que azotaron y fusilaron como entretenimiento. También violaron a las jóvenes indias. En 1849, los indios finalmente se rebelaron y asesinaron a Kelsey en lo que se conoció como la Masacre de la Isla Sangrienta. Otras leyes legalizaron un sistema de peonaje que permitía juzgar y castigar a cualquier indio que viajara sin un certificado de empleo adecuado. Estos documentos enumeraban los "salarios adelantados" como una deuda que debía ser pagada antes de que el indio pudiera ser libre de irse. Este sistema permitía a los rancheros controlar la migración de los indios y someterlos al reclutamiento laboral. La Ley de Indios de 1850 legalizó todo tipo de explotación y atrocidades contra los indígenas, incluido el "aprendizaje" de los menores indios que, en la práctica, otorgaba al solicitante el control tanto del niño como de sus ingresos. Así, el establecimiento de encomiendas, repartimientos, venta de mano de obra de convictos y peonaje por deudas sustituyó a la esclavitud formal instituyendo prácticas coercitivas laborales informales casi imposibles de rastrear, lo que permitió la continuidad del comercio de esclavos.[18]

El estilo de vida europeo incluía una larga historia de convivencia con animales domésticos como vacas, cerdos, ovejas, cabras, caballos, perros y diversas aves domesticadas, de los que procedían muchas enfermedades. A diferencia de los indígenas, los europeos habían desarrollado una mayor dotación de anticuerpos. El contacto a gran escala con los europeos después de 1492 introdujo los gérmenes euroasiáticos en los pueblos indígenas de América.[22]

Las epidemias de viruela (1518, 1521, 1525, 1558, 1589), tifus (1546), gripe (1558), difteria (1614) y sarampión (1618) arrasaron las Américas después del contacto europeo, matando entre 10 y 100 millones de personas,[23]​ hasta el 95% de la población indígena de las Américas.[24]​ La inestabilidad cultural y política que provocaron estas pérdidas parece haber sido de gran ayuda por ejemplo en los esfuerzos de varios colonos de Nueva Inglaterra y Massachusetts por hacerse con el control de la gran riqueza en tierras y recursos de la que las sociedades indígenas habían hecho uso habitualmente.[25]

Dichas enfermedades produjeron una mortalidad humana de una gravedad y escala incuestionablemente enormes, lo que ha confundido profundamente los esfuerzos por determinar su alcance total con verdadera precisión. Las estimaciones de la población precolombina de las Américas varían enormemente.

Otros han argumentado que las variaciones significativas en el tamaño de la población a lo largo de la historia precolombina son una razón para considerar las estimaciones más altas con precaución. Dichas estimaciones pueden reflejar los máximos históricos de población, mientras que las poblaciones indígenas pueden haber estado en un nivel algo inferior a estos máximos o en un momento de declive en el periodo inmediatamente anterior al contacto con los europeos. Las poblaciones indígenas alcanzaron sus últimos mínimos en la mayoría de las áreas de las Américas a principios del siglo XX; en varios casos, el crecimiento ha vuelto.[26]

Según científicos del University College de Londres, la colonización de las Américas por parte de los europeos mató a tanta población indígena que provocó el cambio climático y el enfriamiento global.[27][28][29]​ Algunos estudiosos contemporáneos también atribuyen las importantes pérdidas de población indígena en el Caribe a la práctica generalizada de la esclavitud y los mortíferos trabajos forzados en las minas de oro y plata.[30][31][32]​ El historiador Andrés Reséndez apoya esta afirmación y sostiene que las poblaciones indígenas eran menores a las estimaciones anteriores y que "el cruce de esclavitud, trabajo excesivo y hambruna mató a más indígenas en el Caribe que la viruela, la gripe y la malaria".[33]

Con el tiempo, la mayor parte del hemisferio occidental pasó a estar bajo el control de los gobiernos de Europa Occidental, lo que provocó cambios en su paisaje, población y vida vegetal y animal. En el siglo XIX, más de 50 millones de personas abandonaron Europa Occidental para dirigirse a América. La época posterior a 1492 se conoce como el periodo del Intercambio Colombino, un intercambio dramáticamente extendido de animales, plantas, cultura, poblaciones humanas (incluidos los esclavos), ideas y enfermedades contagiosas entre los hemisferios americano y afroeuropeo tras los viajes de Colón a América.[10]

La mayoría de los académicos que escribían a finales del siglo XIX estimaban que la población precolombina era de unos 10 millones; a finales del siglo XX la mayoría de los académicos  se inclinaban por una estimación intermedia de unos 50 millones, y algunos historiadores defendían una estimación de 100 millones o más.[11]​ Una estimación reciente es que había unos 60,5 millones de personas viviendo en América inmediatamente antes de la despoblación,[12]​ de los cuales el 90%, sobre todo en América Central y del Sur, perecieron a causa de una oleada tras otra de enfermedades, además de la guerra y la esclavitud.[13][14]

Este artículo es de la serie:
Historia de América.



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